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JÚBILO
Valeriano es ministro de Trabajo del último gobierno del señor Zapatero. No se le cayó la cara de vergüenza cuando el 29-S se sumó a la huelga general contra la reforma y, al poquito, aceptó el nombramiento de defensor máximo de la reforma. Si al menos fuera la zorra cuidando el gallinero. Pero no. Valeriano fue la zorra ayer y el gallo del gallinero hoy. Aquí el que no corre, vuela. Mi temor es que el hombre se fracture el brazo con uno de estos bruscos cambios de chaqueta. A ver luego cómo firma las sentencias que condenan a los pensionistas. Trauma, digo.
Sabe el nuevo ministro que noventa y cuatro de cada cien españoles están en contra de ampliar hasta los 67 años la edad de jubilación. Y qué. Le importa a Valeriano una higa el parecer de sus súbditos. El padecer, cero. A él, con que le voten los de siempre, más chulo que un ocho.
Si la amiga Merkel nos invita a apretarnos el refajo, los pensionistas tendrán que renunciar a parte de la paguita con la que pensaban sobrevivir después de decenas de año de duro trabajo. Vivir para ver. En el mundo mágico de la señorita Pesois, qué es un jubilado. Nada. Un paria que ya no rinde. Un desahuciado sin ilusiones. Un estorbo. Toda la vida en el curro para que te ahoguen en lodazal ajeno. El Estado Leviatán se reedita y devora a sus hijos. Después, caerá la generación siguiente. Insaciable y voraz el Ogro.
A juntar unas perras más. El trasfondo de la cuestión es privarse de unos chatos y de unas cañas y meter un par de euritos diarios en la hucha de las aseguradoras. Total. Quien manda, manda. Polifemo sólo ve por el ojo de la codicia y Valeriano mira según qué espectáculo guste al César. Las pensiones son tan bajas que, si no te arrimas al economato, la vejez que nos viene te fundirá en el “mato”. Mato porque muero y muero porque no mato. No mato. Eco. Voces y ecos. Silencio.
Años de penuria. Escasez. El pueblo no está sojuzgado por las armas. Está preso de sus errores provocados por el engaño. Pierde dinero. Júbilo en rebeldía. Años finales de una vida que muere entre inseguridades. No hay un alma caritativa que le inyecte alegría. O esperanza de recuperar lo poco que tenían. O fe en un futuro más halagüeño. El júbilo se fue a Sevilla y el temor ocupó su silla.
Cosas de la vida. Dios. Dónde está la justicia de la tierra. Dónde. Tantos años en el tajo. Tajo al cuello. Pena. Se nos fue el júbilo.
Un saludo.
WIKIFISCALES
Cándido, Cándido. Que de ingenuo, nada y de inocentón, menos. Que lo de la toga manchada por el polvo del camino, es toda una declaración de intenciones. Que somos esclavos de nuestras palabras y dueños de nuestros silencios. Cándido, no cándido. No ingenuo. Ni hablar.
Los papeles secretos de la diplomacia estadounidense cantan que el Fiscal General del Estado, digo del Gobierno, ha asesorado al país de Bush y de Obama sobre cómo archivar el llamado caso Couso. Mentira, ha espetado a los preguntones el señor Conde. No admito que nadie piense que mis inferiores jerárquicos, ha subrayado el magnificente Fiscal Capitán General, hayan recibido "presiones" e "injerencias" en la toma de sus decisiones. Ni él ni don Javier -felicidades por su santo- Zaragoza. Faltara más. Tan excepcionales personalidades no se arredran ante nadie a la hora de cumplir con su deber en asuntos como las torturas de Guantánamo y demás actos execrables del otrora enemigo norteamericano. Dios. Cómo el tiempo zarandea a los parloteadores y escuchimiza a los falsos profetas. Cómo.
Don Conde está preocupado. No por él. Todo transparencia y pureza. Por la opinión pública. Los ciudadanos qué van a pensar, se lamenta contrito y dolorido. Se van a creer que la Fiscalía es podredumbre moral y penal. Y no, eso no. Lo de Wikileaks no es sino un montón de informes parciales y unilaterales que no tienen apoyatura, se excusa sin que nadie se lo haya pedido. Luego se autoacusa de forma manifiesta. El hombre. Ni se deja influir por Zapatero, va a dejar que se entrometa el enemigo yanky. Él toma sus decisiones en base a motivos estrictamente jurídicos, por el mar corren los peces y por el monte las sardinas. Que sí.
Que me lo creo. Que tan confío en el buen funcionamiento de la Justicia, que me trago hasta que Zapatero es el mejor presidente del mundo. Será por deglutir o por engullir. Será. Qué será, será. Hay que ver estos compañeros de Prisa la que están liando. Darle pábulo a cables confidenciales en vez de echarle un cable, como solían, a la asosiación de amigos beneficiados por el Psoe. Cómo son estos chicos. Con Polanco no pasaba esto. Zamora no se tomó en una hora. Y Zaragoza nada tiene que ver con Palafox. El que se apellida Zaragoza se hubiera rendido al menor embate. Este Zaragoza gusta de explorar, al parecer, con detalle la opción de no reclamar la jurisdicción universal, como pretendía Garzón.
Y ahora, qué. Garzón calla. Por el momento. Acaso pase factura. Tal vez sea demasiado tarde para ello. La familia Couso anda que se las tienta de indignación. Los gritones de “asesinos” no piden cuentas al hacedor de consignas contra la guerra de Irak. Han perdido la voz de tanto calumniar a Aznar y los suyos. La Fiscalía, presa en el principio de jerarquía, no se plantea, por favor, abrir una investigación. Anticorrupción ni está ni se le espera. Ah, la justicia. Ah, la ley. Qué estrecha para unos y que laxa y disoluta para la mayoría. A hacer puñetas Montesquieu. La igualdad de pitiminí se adueña de las libertades de las democracias vergonzantes.
Me conduelo. Me fastidio. Me jeringo y me jorobo. Todavía me expreso. El que no se consuela es porque no quiere. El Ministro de justicia, bien, gracias, y ustedes? Pues eso, que nos vayan dando. Cables, claro. Si por lo menos, Candi, hubiera sido La Gaceta la acusica. Pero el fuego amigo lo ha lanzado El País. País.
Un saludo.
LOS “CÓNYUGUES” DE LEIRE
He escuchado las declaraciones de doña Leire Pajín en una emisora de radio. No recuerdo cuál. De acordarme, lo diría. La ilustre Ministra de Sanidad del último Gobierno del insigne Zapatero se ha referido a la violencia de género. La también titular de Igualdad -Aído ha pasado a chupar banquillo- va a proponer al Consejo de Ministros una reforma del Código Civil (en adelante, C.C.) sobre la custodia de los hijos a los hombres imputados por delitos de violencia doméstica.
La señora Pajín, que también asume la cartera de Política Social, se ha mostrado partidaria de que a estos “cónyugues” se les niegue la custodia de los hijos. He consultado el Diccionario de la Real Academia Española a ver qué significa el término “cónyugue”. No me sonaba, la verdad. Descubro que la palabra no está registrada. Me pregunto cómo se atreven los académicos que dan lustre al castellano a contradecir a tan destacada representante del Poder Ejecutivo. Qué osadía. Si a doña Leire le da la gana decir cónyugue, se admite y ya está. Cónyuge debe ser otra acepción que designa al esposo de actitud no violenta. El maltratador es el cónyugue. El esposo bueno, el cónyuge. A la señora Bibiana la enviaron a la suplencia y la degradaron en la jerarquía acaso porque aludía a las miembras con toda impunidad, por más que el término tampoco halle acomodo en el Diccionario.
Si la señora Pajín lleva a cabo su política activa con la misma propiedad que transgrede el lenguaje, habrá que exigir un segundo diagnóstico del especialista y una re-lectura de la sentencia que, en su opinión, ha condenado al cónyugue, es decir, al maltratador.
Resulta que a servidor le repugnan los maltratadores, sean hombres o mujeres. Del mismo modo que siento asco hacia los privilegiados por razón de sexo, ideología, raza y otras circunstancias que se constituyen en prebendas y canonjías. Igual que me compadezco de los que sufren discriminación y persecución por defender principios morales o practicar determinados cultos religiosos. La igualdad es el gran derecho fundamental que adjetiva las libertades de un sistema democrático. Sin igualdad, ni la ley impera ni la democracia madura.
En fin, doña Leire, le recuerdo la acepción coloquial de prebenda: “oficio, empleo o ministerio lucrativo y poco trabajoso”. Y le traslado, con todo respeto, lo que sigue: el cargo que ostenta y detenta, merced a la extraordinaria capacidad selectiva del Presidente ZP para llevar adelante la gran Empresa Nacional, debe ser poco lucrativo y muy trabajoso. Tanto, que poca gente en nuestro país posee la preparación psicotécnica para desempeñarlo con similar acierto que Vd. Si yo fuera Zapatero, también la nombraría. Como no lo soy, tenga por seguro la acción contraria. No es por nada. Sencillamente por liberarla de tan pesada carga.
En cualquier caso, la animo a proponer a D. Víctor García de la Concha que incluya, de una vez, en el Diccionario el vocablo cónyugue para designar al esposo violento y maltratador. De esta manera, pondríamos a los cónyuges en su verdadero papel de amantísimos maridos y afectísimo padres. Y puesta a plantear, que miembra sea reconocido como el apócope de “mi hembra”. Lo mismo cuela. Para eso es usted Ministra por oposición. Cuánta oposición hay a que Vd. sea ministra.
Un saludo.
DEMOCRACIA SECUESTRADA
La primera vez. En la historia de la democracia, nunca un Gobierno ha militarizado un aeropuerto civil. Ni el 23-F. Nunca. Hoy, 3 de diciembre, sí. El Gobierno más inepto, incapaz, incompetente y chapucero que ha parido nuestro joven sistema democrático, se ha apuntado el indigno título de ser el primero en militarizar un servicio aeroportuario. Ni con Franco. Con el dictador, se podía. No había soberanía nacional, y en ese caso, todo desmán era posible. Pero en una democracia, por favor. La imagen de España no es una máscara putrefacta golpeada por la deuda financiera, ni un rostro tumefacto como consecuencia de los golpes de un paro desmadrado, ni una cara hinchada por las bofetadas del vecino marroquí. No es sólo eso. Es un cuerpo social descompuesto, roto, violentado, dolido y doliente.
Echarle la culpa a los controladores, un par de miles de trabajadores, de este desastre que en el día de hoy se han convertido los principales aeropuertos de España, es una perversidad, una malicia y una injusticia. Que han de ser responsables de su parte alícuota en esta inadmisible situación, por supuesto. Sin embargo, a un pequeño colectivo como el de estos trabajadores no se le puede culpar del caos. El Gobierno es, en suma, el gran hacedor de este mal asunto. Como lo es de la ruina moral que atraviesa el país. De la mano de un presidente zangolotino, narciso, inhábil, ignorante y torpe.
Ahora, de la mano del ejército, el Gobierno sale del armario dictatorial, tiránico, stalinista y sectario que lleva dentro. Muchos lo avisábamos. Lo veíamos con nitidez. A los huelguistas que querían quemar Madrid, mano de seda y comprensión complaciente. A los controladores, guante de acero con púas envenenadas. Hasta la Fiscalía se suma al linchamiento. La Fiscalía que está mirando a otro lado en las acusaciones vertidas por los papeles secretos que ha publicado Wikileaks, aquí se deja notar. Mirífico. Admirable. Entiende el Ministerio Público que estos controladores del aire son los mandamases del transporte por el cielo. Y en su calidad de altos inspectores del éter, hala, a investigar si han podido cometer un delito de abandono del servicio o, fíjense qué cosa, de sedición. Y, a medida que se calienten, de golpe de estado civil. Las asonadas democráticas van a ser lideradas por ciudadanos de a pie. Los espadones del ayer son los trabajadores aeroportuarios del hoy. Cosas veredes, amigo Sancho.
Sediciosos los controladores. Les quieren aplicar el artículo 544 del Código Penal e interpretan que estos peligrosos componentes de una banda están actuando de forma pública y tumultuaria, que están impidiendo, por la fuerza o fuera de las vías legales, la aplicación de las leyes o el legítimo ejercicio de sus funciones. Pues miren que bien. Las imágenes de televisión nos han mostrado a una multitud de pasajeros cabreados con toda la razón del mundo. Potenciales viajeros sin horizonte cercano de volar que se limitan a reclamar, a protestar, a nombrar a los parientes de varios y a amantes de algunos. En ningún momento, las cámaras han mostrado piquetes de controladores ni algaradas intimidatorias ni gente armada blandiendo porras o instrumentos de persuasión. Nada de eso. Ni ha habido tumulto ni se han levantado barricadas ni se han incendiado aviones ni se han saboteado máquinas. Nada de nada.
Y yo que creo que esta gente del Gobierno se está cebando con ellos. No se atreven con los grandes de Comisiones y del sindicato correa/gürtel y la toman con los más débiles. Débiles, sí, pero con razones. Que se equivocan en la medida y en el momento, estimo que sí. Pero que están siendo toreados -como por otra parte lo estamos casi todos los españoles- por este Gobierno de matamoscas y temeavispas, también.
Este articulista siempre ha defendido las razones laborales de los controladores aéreos. Persisto en mi defensa, por más que condene la forma de ejercer la presión. Salvo que, por responsabilidad derivada de un cansancio extremo, de una ansiedad insuperable, se sientan especialmente comprometidos en la defensa de la seguridad de los pasajeros y se nieguen a cooperar en lo que podría ser una ristras de catástrofes aéreas. En cuyo caso, si el autor de este artículo tuviera que volar hoy, estaría rendido al miedo de que quienes controlaran mi vuelo fueron gente cansada, saturada por la fatiga y, lo que es peor, en manos de militares no dominadores de esta difícil práctica laboral.
Una invitación al Gobierno. No es nueva. Sin embargo, ahí va. Váyanse. Convoquen elecciones y dejen al pueblo recuperar la soberanía hurtada. Militares, a los cuarteles. A los cuarteles. Zapatero, a casa. Con todo su gabinete.
Un saludo.
ESTADO DE ALARMA
La desesperación del Gobierno es la boina del etarra embozado. Unos ponen bombas. El Gobierno echa aceite al fuego. Estado de alarma, dicen. Esta gente quiere oficializar la situación creada en Barajas y en El Prat. Tan grave es la inquietud del orden público, que no les importa suspender las garantías constitucionales. Al contrario. Toman el rábano por las hojas. Y si quieres arroz, Catalina. Se toma el artículo 116 de la Constitución con la ligereza de un comando golpista. Ya puestos, que declaren el estado de excepción y, obiter dicta, el de sitio. Me dirán que este último sólo podrán proponerlo, pero no perpetrarlo. Pero les respondo que lo proponen, pagan al PNV y a los canarios de Coalición la cuota correspondiente de apoyo, y ya está, estafo, sí estafo, de sitio habemus. Estafo de sitio y estafo de alarma. O se creen que el Congreso de Diputados se puede resistir a una barbaridad democrática de esta índole, cuando los intereses crematísticos de un par de grupos parlamentarios se imponen al bienestar general.
PNV y CC se apuntan a lo que sea con tal de arrimar el ascua a su sardina nacionalista. Fíjense por qué arco se pasaba Arzallus el texto constitucional y traten de buscar los nexos posibles entre Coalición Canaria y el antiguo -¿extinto?- Movimiento para la independencia del archipiélago canario. Estado de alarma para esconder el verdadero estado que debe perseguir una democracia: el estado de bienestar. Pero de bienestar, poco y de estado, sido. Pretérito. Pasado. Olvido pensado y maquinado.
Estado de necesidad. El urgente remedio que lleva a un régimen ad “delenda” de las garantías constitucionales no puede conducir a un mal mayor que el que se trata de evitar. Y eso es lo que está pasando. Debido a la mala cabeza de este Gobierno nefando y zarrapastroso.
Los controladores pueden haber perdido la razón. Los motivos que han esgrimido son de peso. Sin embargo, el acto en sí es de una gravedad incuestionable. Se daña a miles de personas inocentes y se atenta contra la ya desvencijada economía del país. Sin embargo, una militarización como la declaración del estado de alarma son acciones desproporcionadas que revelan hasta qué punto el desatino se ha enseñoreado del Ejecutivo zapateril. La prevención anda reñida con esta pandilla de amigos conmilitones sociatas. Lo ocurrido era una canción del verano. Por lo audible, esperable, bailable y predecible. Para todos los que conocemos el problema de fondo. Para todos los que pretendemos ver sin necesidad de ser augures. Sociología elemental.
Ahora viene el llanto y el crujir de dientes. El Gobierno se solidariza, demagógicamente, con los ciudadanos víctimas de un perjuicio evitable. Pero no. El sr. Blanco cree que con su jeta de cemento armado puede insuflar el pánico a los españoles. No hay que persuadir ni disuadir, señor ministro de designación real, que no regia. Hay que convencer. Con razones. Con argumentos. Qué fácil hubiera sido crear, hace seis meses, una Bolsa de trabajo de controladores aéreos europeos. Qué fácil. Que rápido. Qué seguro. Qué legal. Qué democrático. Sin embargo, no. La catarsis no viene de una experiencia interior que aleje los traumas y beneficie a la ciudadanía. No. En el Psoe, las catarsis son ajenas, escandalosas, virulentas y compensadoras de las carencias del propio partido único.
Estado de alarma. Sí. Alarma del Estado. Se encuentra regido y administrado por una asociación de pandillones a los que la tecnocracia les suena a chino, a quienes la democracia les resbala por las comisuras de sus labios brisados por el marisco y el domperignon, y a cuantos hacen de España un patrimonio partitocrático. No hay más. Ahí radica la alarma. No en los controladores, que están haciendo un daño fortísimo pero coyuntural. El problema es de estructuras. De estructuras mentales y competenciales. Eso no se resuelve en un par de días. Máxime en una democracia. Elecciones, ya. Devuelvan al pueblo su soberanía. Métanse la alarma donde les quepa.
Los controladores han atravesado la línea roja de los intereses legítimos. La gente de Zapatero ha levantado una muralla roja que sólo cruzan los suyos. Ni uno más.
Un saludo.
ZARRÍAS, EL PRESUNTO
Toda persona acusada de delito tiene derecho a que se presuma su inocencia mientras no se pruebe su culpabilidad, conforme a la ley y en un juicio público en el que se le hayan asegurado todas las garantías necesarias a su defensa. (artículo 11 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos). El artículo 10.2 de la Constitución Española se expresa en los siguientes términos: “Las normas relativas a los derechos fundamentales y a las libertades que la Constitución reconoce se interpretarán de conformidad con ella".
Presunción de inocencia que se consagra en Estados donde impera el Derecho y no la mafia o el fascismo. Todos somos inocentes mientras no se demuestre lo contrario. Salvo que lo diga Zarrías, don Gaspar. Convendrán conmigo en que Gaspar es un ciudadano que ejerce su derecho a la libertad de expresión. Verdad que sí. No obstante, me darán la razón en tanto esa libertad no diluya como azucarillo en aguardiente el derecho de los ciudadanos a su inocencia penal. O lo que es lo mismo, a no ser considerados delincuentes mientras no exista condena firme. Don Gaspar que, para desgracia de este país, es Secretario de Estado (de alarma), niega a los controladores aéreos la presunción de inocencia. Acaso porque se pasa por el forro de sus pantalones los derechos humanos y por el siete de su corazón las garantías constitucionales.
De otra manera, no se explican sus injuriosas palabras sobre los trabajadores. O sí. Después de tantos años de correveidile del ex virrey andaluz, sr. Chaves, pasaportado éste a la vicepresidencia florero del Ejecutivo inane de España, Zarrías se considera con derecho de pernada verbal y trata a los inocentes como presuntos delincuentes. Es un enamorado de la España democrática. Se le nota. Vaya que sí. Los controladores, delincuentes. Y para que no se quede ahí su andanada dialéctica de barrio de hampa, arremete contra Rajoy y, ya que estamos, por qué no aprovechar el viaje y propinar un obsequio calumnioso al Partido Popular, en tanto cómplice de los supuestos huelguistas. Dónde no llegará la desesperación de los psoecialistas para exprimir el limón del desabrimiento y aplastar al enemigo único, sin importar otra cosa que su destrucción y su eliminación de la faz de la tierra.
Maldice Zarrías. Si Rajoy es uno de los miles de españoles afectados por la lamentable actuación de los controladores y la inaceptable gestión de ZP y los suyos, pues nada, se le acusa de estar disfrutando del sol de Lanzarote y de la molicie de los desahogados. Eso, por irse un par de días de la Península. Si Zarrías irrumpe así en la vida pública en su condición de alto cargo del Gobierno, qué no dirá y/o hará en su vida privada. No quisiera encontrármelo en la calle, no fuere que se perdiera en mi pecho una patada como la que aquel holandés propinara a Xabi Alonso en el partido final del Mundial. Zarrías sirve para eso de cocear con el verbo. Con otros apéndices menos inmateriales, no sé que no sé.
El oportunismo de Zarrías es obsceno. Obsceno y abyecto. Fascista. No se alarmen, señoras y señores. Zarrías y los suyos son así y no de más carne. Les va la marcha con las botas altas y la mano abierta mirando al cielo. Les va, les va.
Mientras tanto, el señor Zapatero estaba presuntamente escondido. Tal vez, avergonzado. Posiblemente. En cualquier caso, si es Presidente, entre el footing y los mutis por el foro, más bien parece presunto primer ministro que ministro primero. Nadie puede creerlo. Ni va a la Cumbre Ibroamericana ni da la cara en la sima aeroportuaria. Dónde estará ZP. Presuntamente, el presunto Secretario de Estado (de alarma) lo sabe. En Lanzarote, desde luego, no. En Madrid, tampoco. Al menos, nadie lo ha visto. Ni falta que nos hace.
Un saludo.
UN PASO MUY ATRÁS
La declaración del estado de alarma es constitucional, ruge la araña negra del Gobierno. Pues claro que sí, ¡señor!, ¡a sus órdenes señor! Como es constitucional el derecho a la igualdad y usted, ¡señor!, ¡a sus órdenes señor!, no ofrece respuesta a la discriminación creciente que sufre el colectivo de cinco millones de personas en paro. Como es constitucional, ¡señor!, ¡a sus órdenes señor!, que se proscriba la arbitrariedad y el Gobierno del señor Zapatero -a un paso de la defenestración presidencial de facto- ha hecho de ella el principio administrativo que corona sus actuaciones. Como es constitucional la defensa de la unidad de España y los separatistas vascos y catalanes con los que su Partido chanchullea trocando votos por millones de euros, no hace nada para restaurar el roto. Todo ello, con respeto, ¡señor!, ¡a sus órdenes señor!
A partir del estado de alarma que se ha sacado de la manga el Gobierno títere del Psoe, se pone sobre el tapete una realidad que, por multidenunciada, no todos aciertan a vislumbrar. La realidad es la tentación, qué digo, la vocación de los seguidores de Pablo Iglesias en disfrazar de aires democráticos su verdadero hábito negro de monjes del fascismo más repugnante y del totalitarismo más mugriento. El estado de alarma no es sino un aviso a próximos navegantes que se atrevan a surcar las malolientes aguas que cercan el castillo sin puente levadizo del Gobierno sociata.
Se advierte a los pilotos de líneas aéreas, a los funcionarios, a los pensionistas, a los barrenderos, a los fumadores, a los pacientes terminales, a las mamás recién embarazadas e incluso a los nazarenos, que, ojito, que pueden recibir un alarmazo en toda la boca y quedarse sin piños durante unos cuantos meses. Y, además de la mutilación dental, se les puede pasar factura por sutil trabajo odontológico e incluso talones de Iberhotel por transporte y alojamiento en prisión de cinco estrellas. El negocio del siglo. La política de austeridad arranca de la cooperación del pueblo. Si la gente se calla, obedece, se sienta tranquilita a ver la Noria de María Antonia, y a repetir a los comisarios de la checa de barrio el obligado ¡señor!, ¡a sus órdenes señor!, entonces, todo irá sobre ruedas. Entonces, todos seremos partícipes del celestial advenimiento del dios zapatero y de toda su parentela.
Un paso muy atrás. Lo del estado de alarma es una puñalada en el corazón de la democracia. Han esgrimido, como coartada inmunda, la actuación de los controladores. Ayer. Mañana, la rebelión de la granja. Los pollos, descabezados y los granjeros, con sus cabezas del tronco separadas. Las crisis son el escenario idóneo para el fomento de los extremismos. Los fascismos y los comunismos encuentran en la crisis el abono que hace crecer el proselitismo macabro. Cada movimiento tira de la cuerda en sentido opuesto hasta que la soga termina por romperse.
Basta mirar a nuestro alrededor para comprender cómo la crispación se va haciendo hueco en la masa social. La mentira política resuena con estrépito en según qué prensa. Los aduladores del demonio de Satán reciben la manutención que sostiene sus vacías existencias.
Se necesita una catarsis. No vendrá, como es de desear, de una liberación interior fruto de una profunda experiencia vital. Será, es, ¡señor!, ¡a sus órdenes señor!, efecto de una tragedia capaz de suscitar horror, temor o, al menos, compasión.
El estado de alarma es un paso de gigante hacia el averno de la dictadura. Y no será el último. De perdidos, al río, se dicen los militaristas del Psoe. ¡Señor!, ¡a sus órdenes señor!
Un saludo.
ZAPATERO, EL FELINO
Lo revelan los papeles de Wikileaks. La felizmente desterrada del Ejecutivo, la señora De la Vega, está muy ofendida por estos papeles. Sin embargo, ZP está feliz el hombre. Felino. Así calificaban su habilidad y astucia para la trepa política. Felino. No un tigre. Ni un leopardo. Ni una pantera. Menos, un lince ibérico. Gatito. La habilidad y la astucia de ZP es la del gatito bonito que acosa al dulce canario de la jaula de oro en casa de la abuelita. Gatito de dibujos animados. Durante muchos años, vivió de este cuento de la sonrisa beatífica. Hasta que se descubrió su verdadera personalidad. ZP es un felino con muy mala leche política. Un acomplejado de su ignorancia que suple con petulancia su falta de recursos.
Maestro de la ficción, sus historias son lineales. Su discurso, procaz, enfundado en sedosa entonación verbal. No escribe. Por eso, no escribe. Fuera de su meliflua disertación, se aprecian los vacíos y las carencias de un mensaje equiparable a la vaina de las habas. El fruto de otros se coloca en la funda del primer ministro. Se cree la Nuria Espert de la oratoria hispana y no es sino un mal sucedáneo de Castelar. Felino de papel coloreado.
Gatito rosa que se viste de rojo para simular su flaqueza. Cuanto más empuja el rubor de la izquierda, más deja ver la atrofia de su personalidad. Pura imagen en pantalla reflejada. Ni siquiera de carne y hueso. Holograma antiguo. Qué si no es su inasumible alianza de civilizaciones. Entelequia fruto de una calenturienta mente que se abstrae a fin de no aceptar la concreta miseria de su propia realidad. Qué si no su vehemente afán por recuperar la memoria histórica. Maldad que resulta de sus demonios familiares que gritan en la noche de Walpurgis. Qué si no la mano que mece la cuna del desencuentro español. En Madrid rinde al PNV lo que Patxi López niega en el País Vasco a Urkullu. Qué si no su alfombrada conducta ante el sultán. Qué si no su odio frenético al Partido de la Oposición. Qué si no.
Su comportamiento en el conflicto de los controladores aéreos nos ofrece un ejemplo de su capacidad de desaparición fantasmagórica. El gatito se ha quitado de enmedio. No sea que su carita deje entrever el lobo feroz, el monstruo despiadado, que anida en su interior. Gatito, en cojines mullidos. A dar la cara, el doberman blanco y la negra araña. Guardia pretoriana de un cónsul gatuno al que sirven y al que utilizan para gozar de las millonarias canonjías del poder que hoy ostenta y mañana -mañana- les será esquivo. Lo del estado de alarma es una vergüenza. Que no epata, pero sí arrebata de los ojos las vendas.
Nadie está exento de sorpresa en el mundo de este mamífero carnívoro. En la desmesura de su caligulesca gestión, concede y retira. A los enemigos de España, más que a los que luchan por construir el país. Ahora ha cancelado la subvención de cincuenta mil eurazos que, antes, regaló a una Asociación marroquí que, no ha mucho, propuso estrangular económicamente a Ceuta y Melilla y, ha poco, ha organizado una nueva Marcha Verde para reivindicar nuestras dos ciudades autónoma en el norte de África. No en Marruecos. Ceuta y Melilla son la España norteafricana. El enemigo en casa. El gato traidor. El vecino infiel. Una película esperpéntica protagonizada por frikis. La producción es cara. La paga el contribuyente español.
El guion -lo escribiremos sin tilde- es una xerocopia de los filmes del oeste rodados en el desierto de Almería. No valen una moneda de dos céntimos. Pero a cuenta de millones de monedas de este valor, se vacían las arcas de unos para llenar los bolsillos de dos o tres. El gatito es un carnívoro. No se dejen atrapar entre sus zarpas. Ocurre como con los vampiros. Actúan de noche. No sea que la claridad desmoche sus sanguinarias máscaras. Desconfíen. Muerde. La yugular.
Un saludo.
ARSÉNICO
En un lago de California. Bacterias que sobreviven en el arsénico. Vida extraterrestre. Nos preparamos para mutar. Los seres vivos. No nos basta el medio. Ni el ambiente. Marte se escenifica en las aguas manchadas de las minas de Riotinto. También en las aguas del lago californiano de Mono. Pronto, en las balsas de fosfoyeso de Huelva.
Las asociaciones ecologistas tienen razón. Lo de Huelva es una vergüenza. Acaso, un delito. Acaso. La conferencia impartida en la Universidad de Huelva por el Fiscal de Medio Ambiente, don Alfredo Flores, provoca salpullidos cuando se escuchan sus argumentaciones. Flores es un magnífico jurista y una persona cercana e incluso entrañable. Sin embargo, sus razones son circunstanciales y se ahogan en la coyuntura política.
Esconder los residuos radiactivos bajo un corsé artificial de cemento o de cualquier aislante es la equiparación de la suciedad doméstica al comportamiento reprobable de los gobernantes. Basura que se esconde bajo la alfombra. Porquería siempre que se trate de simples residuos. Delito tal vez si lo que se tapa es una bomba insalubre que puede estallar en cualquier momento.
Lo que parece acreditado es que la empresa ha incumplido varias de sus obligaciones. De tres metros de altura de apilación, a veinticinco. Se ha utilizado una de las balsas de decantación como vertedero de residuos sólidos urbanos de la capital onubense. No se ha ejecutado el tratamiento superficial de acabado y no han revertido al Estado las superficies tratadas. Podemos seguir en toda una ristra de faltas de compromiso. El penúltimo, que ha vencido el plazo de la conformidad que prestó la Dirección General de Costas para la planta de transbordo de residuos urbanos.
Derecho al trabajo y derecho a la salud. Incompatibles no son pero en este territorio se muestran irreconciliables. La crisis que atraviesa España invita a ser especialmente sensibles en esta solución. En cualquier caso, todo ha de pasar por la elaboración, de una vez por todas, de un estudio epidemiológico debidamente serio y riguroso que desentrañe el misterio de las balsas. Si son, o no, perjudiciales, y en qué medida, para la salud. La clave es la vida. Por encima del trabajo. Por encima de cualquier criterio de menos hondura.
Y si nos encontramos ante un delito, volvemos a las andadas. La Administración tiene el deber, conferido por el artículo 103 de la Constitución, de servir con objetividad los intereses generales. En caso contrario, se supedita el bienestar público a espurios intereses privados. El Ministerio Público no puede alegar falta de medios y escasez de recursos para justificar la mediocridad de sus acciones investigativas. Es deber de la Fiscalía promover la acción de la justicia.
Quien contamina, debe pagar. En dinero o en especie. Restaurando por sí o desembolsando los honorarios de otras empresas restauradoras. Pero limpiar la basura es una obligación innegociable. El delito recae en su autor pero también afecta a los cooperadores necesarios o a los indiligentes o a los omisivos, cuando tienen la potestad de intervenir en la evitación. No valen medias palabras ni gestos cara al tendido. Las administraciones no pueden culparse unas a otras. O se coordinan o mejor que desaparezcan. Si ellas mismas interrumpen la actividad gestora, a la calle con ellas. Con sus responsables irresponsables.
Vivir en arsénico. Es todo un síntoma. La que se nos avecina. Vecina.
Un saludo.
INÚTIL Y CARADURA
Mariano Rajoy ha calificado al Ministro de Entropecimiento, antes Fomento, señor Blanco, con las expresiones que dan título a este artículo. Inútil y caradura. O séase: inepto y descarado. Mariano tenía bien aprendida la lección de la contra. Refirió el líder del PP que reproducía los adjetivos cariñosos que, en la misma sede parlamentaria, pronunció, años atrás, el maravilloso señor Rubalcaba. Maravilloso, guapo, joven, esbelto, diamantino, señor Vicepresidente primerísimo del (des)Gobierno.
No sé si Rajoy explicaría a posteriori los requiebros dirigidos a ese modelo universitario que es el señor Blanco. No lo sé. En cualquier caso, siempre es necesario que a las lisonjas se una su fundamento. Si no, el exabrupto toma carta de naturaleza. Como quiera que el halago al ministro de Entorpecimiento trae causa reciente del caos aeroportuario, será fácil inferir que el Jefe de Génova basaba su piropo en la casuística llevada a cabo por don José Blanco. En cuyo caso, sin entrar en más honduras, las flores lanzadas al (ir)responsable de la cartera están más que justificadas.
El asunto de los controladores viene de lejos. Desde que se encargara el piropeado ministro de las negociaciones con este colectivo, las discrepancias se tornaron divergencias irretroactivas y éstas desembocaron en conflicto abierto. Del conflicto a la guerra, un pasito. La declaración bélica correspondió a los trabajadores. Es verdad. Sin embargo, el cierre del espacio aéreo sólo es atribuible al (des)Gobierno. En el meollo de la colisión, el “mandatodohacenada” que sustituyera a la “todomandanadahace” señora Magdalena Álvarez. Es lo que ocurre cuando se pasa al primer equipo a gente que ni en regional podrían tener asiento directivo. Son las cosas de la partitocracia. Si no, miren al presidente de la directiva.
Inútil y caradura. Lo que es capaz de soltar don Rubalcaba. En boca de tan eximio personaje, las alabanzas son digeribles. En labios de algún destacado representante del Partido Popular, una calumnia inadmisible. No sé yo. Si prosiguen comentarios como el presente, el Gobierno es capaz de sacar el decreto de las orejas de burro. Consiste en colocar unos apéndices auriculares de jumento a quienes se atrevan a criticar al maestro Blancuera, que no sabía leer y daba clases de filosofía en la universidad. ¿O es en la escuela?
Cuántos cortinones de humo han lanzado a los cielos con tal de que no se hable del paro, ni del fracaso educativo, ni de la sanidad empeñada o de la deuda creciente y del déficit imparable o de la incompetencia global de un Ejecutivo empeñado en deshuesar España como un jamón barato. Cuánta pólvora en vano.
Inútil y caradura. Más de uno. Blanco es el quinto o el sexto de la fila. Él ve la matrícula a unos cuantos de su gabinete que le han pasado en la curva.
Inútiles y caraduras. De lo primero, poco, pero de lo segundo, Rubalcaba lidera el ránking político. No es nadie el caballero.
Un saludo.
JACOBINOS Y BOLCHEVIQUES
“Hay en mis venas gotas de sangre jacobina,/Pero mi manantial brota de manantial sereno”. Hermosos versos del poeta único que Machado, D. Antonio, nos regaló en un soneto inmortal. Jacobina la sangre. Jacobina en cuanto defensora de la soberanía del pueblo y de la indivisibilidad de la nación. Jacobina distinta y distante de la idea de revolucionarios demagogos que llevaron a Francia a cotas de crueldad y de muerte inimaginables. La guillotina y el terror se estremecieron. Hasta el mismo Rey padeció el exacerbado jacobinismo de Robespierre y los suyos. Adversarios fuera. Opositores sin cabeza sobre tronco. Revolución burguesa teñida con sangre noble. Pueblo enfurecido y manipulado. La burguesía busca en el pueblo la dosis de venganza que siempre germina entre los más desfavorecidos. Burguesía demagógica vestida de tules populares. Mentira atroz que manejaron con la sutileza impía que en todo tiempo caracterizó a los no demócratas.
"Quien se arrodilla ante el hecho consumado, es incapaz de enfrentar el porvenir”. Trostky mamó la teta leninista y de Stalin saboreó la amargura de la venganza. Llevar la dictadura del proletariado a su culmen es lo mismo que pasar del precapitalismo al comunismo sin detenerse un tiempo en el escalón de la economía burguesa. Demasiada ascensión en tan poco tiempo lleva, como al buzo inexperto, a la explosión de los órganos vitales. Boom.
Jacobinos y bolcheviques irredentos. Sujetos ambos de una concepción del poder -nunca de la historia- que hunde sus raíces en la ambición de sus dirigentes. “Totum sub legs mittere orbem”, decían los romanos imperiales al reclamar el sometimiento de todo el mundo a las leyes. De todo el mundo. En todo momento y en cualquier espacio. La ley como parapeto frente a las dictaduras antiguas y modernas. La ley como imperio en un Estado que congrega en su torno a la ciudadanía y que a los ciudadanos sirve.
Albert Mathiez publicó un folleto, allá por 1920, en el que acercaba a jacobinos y bolcheviques amparándolos bajo el manto de la revolución que pudo ser y que nunca fue. Mostraba este historiador francés que la política se teje con hilos de praxis y no con música de utopía. El gran error de los tiranos es creerse que se puede engañar a todos todo el tiempo. Equivocación de maquiavélicos arrogantes cuya soberbia les hace abrir la boca cuando calladitos están más guapos. La presunción, la jactancia y la fanfarronería ha sido seculares enemigos de los tiranos. Se empecinan, antes que después, en enseñar a los pobres la ropa áurea que se ponen bajo la estameña pública. Tarde o temprano caen en las propias redes de su estupidez y terminan siendo víctimas de su propio pecado.
Quien quiera que haya llevado a cabo un seguimiento de las obras y de los discursos de Zapatero, podrá concluir lo que quiera al respecto. Sin embargo, salvo que sean tan fanáticos como el protagonista, llegarán al mismo puerto. Que allá donde dijo vía social, terminó siendo vía personal, la suya. Que cuanto defendió una legislación sin decretazos, hizo de esta defensa el peor ataque a su voluntad jacobina. Que en tanto se ofreció como adelantado de las clases obreras, cargó sobre éstas la losa infame de los impuestos, de los recortes salariales, del despido barato y de la burla de los banqueros. Que vertebrar a España en una arquitectura sólida exige que el Estado de las Autonomías no se convierta en la Autonomía de los estados. Que la constitución interna de un país no se puede despreciar en aras de una modernidad falsa.
Que Zapatero no tiene en sus venas gotas de sangre jacobina ni en sus meninges alberga neuronas de socialismo. Mentira. Zapatero es jacobino como Robespierre y bolchevique como Stalin. Si no, repasen las hemerotecas o tengan estómago para ver y escuchar sus mensajes públicos. No se puede ser más embustero. Pocos de entre éstos han sido pillados en su cojera moral en tan corto tiempo. Zapatero es uno de estos especímenes. Allá él y su conciencia. Allá.
Un saludo.
EA, EA, EA, EVO SE CABREA
El ariete futbolístico de Bolivia está cabreado. Todos la tienen tomada con él. Pues no y que el contrincante deportivo le pega con los testículos en su rodilla. La rodilla de Morales se resintió, claro. Injusta y desproporcionada la agresión. Menos mal que el árbitro puso al hormonal jugador en la calle y se aprestó a socorrer la dolorida rótula de tan ejemplar balompedista.
Ahora va y resulta que el chivato de Wikileaks revela el secreto de la viuda de Kirchner. Será negra la viuda, ¿o se dice la viuda negra?, mira que cooperar con las americanos malos contra el americano bueno del sur. No se puede entender. Los hispanoparlantes que odian a la madre patria tienen que aliarse, por propia naturaleza, contra el de habla inglesa, hijo putativo de la pérfida Albión o, en otras palabras, bastardo de la Gran... Bretaña. Para colmo de despropósitos, Evo y la sucesora presidencial de Eva, que son de izquierdas, se someten a la derecha imperialista de Obama. Para qué están las ideologías sino para quitarse de enmedio a los de ideas contrarias. Esta negra viuda es poco de fiar. No voy, dice indignado, porque no me sale de la parte con la que astilló mi rótula ese imperialista e indigno competidor en el campo de juego. No voy.
El pollo de Evo no está hecho para la boca del asno occidental. Tantos calvos europeos y estadounidenses son la consecuencia de una alimentación deficiente. Y, bueno, que sean calvos, pase, se muestra condescendiente don Evo, pero homosexuales, eso sí que no. Los pollos europeos están saturados de oligoelementos femeninos y, claro, así les va a esta gente. Igualico que nosotros, los bolivianos, que somos tan machos que golpeamos con los genitales las zonas más duras de las piernas ajenas. Nosotros seguimos el camino de la hombría. Los otros, se desvían en su ser como hombres, remarca el mandatario andino. Lo que sabe. Lo que piensa. Lo que dice.
Otra de sus grandes cimas filosóficas es la dicotomía naturaleza-capitalismo. Su conclusión es contundente: o naturaleza o muerte. O Evo o Adana. O macho o mariquita. O yo o el caos. Puro acto de demócrata convicto. Por él, iría a la Cumbre Iberoamericana. Pero la viuda no tiene gónadas del estilo del difunto marido y, en esas circunstancias, no parece muy oportuno exponerse a un ataque con órgano sexual distinto. Que si le fastidian la otra rodilla, que me expliquen cómo este justiciero va a recorrer los umbrales de la pobreza de su pueblo. No va y sanseacabó.
Además, su Chávez del alma se queda en Caracas. Y su Zapatero del corazón en Madrid permanece. Ellos sí que representan los valores imperecederos de defensa de los oprimidos. Vientos del pueblo les arrasan. Ellos no van. Vientos del pueblo les llaman. Voces de afecto, dice el muchacho. De desafecto, dice el pueblo.
La democracia de Evo, como la de sus homónimos venezolano y español, es particular, cuando llueve no se moja, como las demás. Está cubierta. Techada. Se jubila la libertad de expresión y ya puede caer el diluvio, que Evo no se queja. Ni una gota de agua. Si los diarios independientes de su país protestan porque "No hay democracia sin libertad de expresión", es porque están vendidos al ogro capitalista. Los bolivianos de pro son patriotas y apoyan sin chistar las decisiones del presidente. Los demás, antipatriotas.
¿Les suena? Como en Venezuela. Como en España. Los tres cabreados. El bueno, el feo y el malo. Tres eran tres. Evo se Cabrea, ea, ea, ea. ZP, también.
Un saludo.
EL FANTASMA GOLPISTA
Larga carrera la del golpismo en la España de los dos últimos siglos. Largo y repulsivo curso de deshonores. Nadie culpe, sin embargo, al espadón de la asonada. El militarote no es sino una marioneta de la poderosa e influyente minoría social que hace del país una colmena de muchos zánganos, pocos obreros y una reina displicente.
El golpe del 23 de febrero de 1981 ha sido el último. El último conocido. El último. Ojalá. Esta sucesión de asonadas constituye toda una exhibición de una mentalidad rayana en la propiedad más impenetrable. La casa-nación es mía, dice el elefante del color que quieran. Sólo mía. No sólo la calle. Toda la nación. Todas las calles y plazas son del golpista. Las abre y las cierra a su antojo y a su capricho hace plegar cualesquiera reinvindicaciones del pueblo.
Los pronunciamientos de Martínez Campos o de Pavía eran tañidos de la campana de Pavlov. Como aldabonazo férreo en la puerta blindada del Frente Popular fue el frustrado golpe del general Franco. Ojalá hubiese triunfado la iniciativa ilegítima del general ferrolano. Se hubiesen evitado cientos de miles de muertes. El fracaso del alzamiento llevó a la fratricida contienda. Un país no se puede construir sobre cadáveres. Los cimientos del sistema creado desde tan indeseada base conducen irremisiblemente a una arquitectura efímera. Salvo, claro, que la memoria sirva para alejar odios cainitas y siembre, en su lugar, pilares de vocación perenne.
El 23-F. Cuánto se ha dicho y escrito sobre la sedición -ahí si se puede hablar de sedición- de Tejero. Tejero fue todo un símbolo de una casta usurpadora habituada a empollar en nido ajeno. Tejero fue un símbolo. Un símbolo y un síntoma. La huella de una manada de dinosaurios que creíamos extintos. La democracia puede poner fin a las algaradas militaristas. Puede. Siempre que, claro, los que tienen la responsabilidad de dar frmeza al sistema y de conferir autoestima a un pueblo marcado por decenas de años en el yugo de una dictadura, crean que la democracia es el poder de la ciudadanía y no la escaramuza nominalista de que se valen para convencernos de que los ciervos disparan a los rifles.
El periodista Jesús Palacio -periodista, se mofarán algunos maledicentes- ha presentado un nuevo libro sobre el episodio histórico del asalto al Congreso de los Diputados de hace treinta años. Prologa la obra Payne, historiador de lujo -hispanista mediocre, contragolpearán otros- nada cercano a los mentideros de la política de partidos. Historiador que arropa al periodista y periodista que abre túneles entre la tierra muerta de la ocultación. Tierra para tapar salidas y para inhumar verdades. Las confesiones se guardan en recipientes herméticos pero no hay candado que resista la pericia de un cerrajero hábil.
En las desapariciones de personas, suele ocurrir que los más destacados en su búsqueda son los propios secuestradores y asesinos. Tratan de desviar atenciones multiplicando su presencia allá donde un grupo de rescate se congregue. Cuestión de tiempo. La urdimbre del cesto termina por apresar al malvado en su propio laberinto de mimbre. Resquicios escritos u orales dejan pasar la luz o suben el sonido de la delación. Asegura Palacios que la violación de la soberanía popular que perpetrara Tejero fue el fruto amargo de un ataque al neonato sistema dentro del vetusto juego de héroes de basura infiltrados en ese sistema. Los nostálgicos del franquismo no fueron los impulsores del crimen. Detrás del teniente coronel de la Guardia Civil existió una conjura de salvapatrias y comemierdas que predicaban castidad democrática mientras se revolcaban en un burdel con las más infestas hembras de lupanares innobles.
Treinta años se van a cumplir. El secreto está en la calle. Se busca alguna clave que permita, de una vez por casi todas, descorrer el manto. La clave no se ha de buscar en desiertos lejanos (Aznar dixit). Más cerca. Mucho más cerca. En los alrededores de la capital. Cui prodest. A los mismos que han utilizado a los controladores como muñequitos de pimpampún para darnos un decretazo de alarma con las bayonetas de la militarización. Justito a ellos. No cabe la casualidad. Determinadas bandas empuñan las leyes con el gatillo fácil de la legitimidad ilegítima que le han dado unas urnas previamente manipuladas.
Dicen que cómplices son los que ayudan al autor de un delito antes de que cometa el mismo. Del mismo modo que se cuenta que algunos abogados son los cooperadores necesarios de ese delincuente una vez consumado su acto asesino. En el 23-F hubo protagonistas ex ante y ex post. Muchos de ellos han salido a la luz. No todos. A poco que exploren cuáles son los grandes focos del incendio actual de la España de Calígula Zapatero, descubrirán los motivos de entonces y los de ahora. Ni en 1981 ni en 2010 se justifica una barbarie antidemocrática. Lo que sí se acredita es que son los mismos perros rabiosos con actuales collares más fashion.
No olviden que la historia no es lineal ni cíclica. Es dialéctica. Algunos han bebido de Sócrates las "escurrajas" de su filosofía. No son sino los buitres que se alimentan del mal ajeno. En este caso, los que arrebatan la soberanía al pueblo. Golpistas. Fantasmas. De carne y hueso. Entre nosotros.
Un saludo.
CANTONES
Los eruditos de la Española de la Lengua definen el cantonalismo como un sistema político que aspira a dividir el Estado en cantones casi independientes. Hasta ahí, todo bien. Oración enunciativa de carácter descriptivo. Muy bien. Sin embargo, la lengua se desarrolla, no puede ser de otra forma, al socaire de la sociedad. Y la sociedad cantonalizada, con perdón, descubre la existencia en el Estado de un desconcierto político caracterizado por una gran relajación del poder soberano en la nación. O sea, que la soberanía de la nación se disgrega de tal forma, que si se lleva el separatismo a sus últimas consecuencias, el Estado se reduciría a la nada y las más pequeñas comunidades pueden invocar su sentimiento de nación para reclamar su condición y su entidad de Ciudad-Estado. De polis. Como en Grecia. Casi nada.
La Primera República Española fue un ejemplo, a no seguir, de decoración musivaria cantonal. Todo un mosaico de ínfimos estados casi independientes. De libre federación. Nada de anclajes. El Estado unitario es, decían, la cuna de la explotación obrera. Anarquismo como filosofía. Asimetría federal como modelo. De Tarifa a Motril y de Loja a Cartagena. Cantones. Si Loja, también Motril. Sentimientos nacionales proyectables, incluso, por qué no, a la aldea más tribalizada.
Cantones. La descomposición, -corruptas las raíces por falta de riego democrático-, del Estado de las Autonomías puede conducirnos al fenómeno cantonal libre. Ni federalista ni confederal. Cada uno reduce el comercio al trueque, el capitalismo a la autarquía y la globalización a la subsistencia. Eso sí. Qué felices seremos los dos. Si yo no puedo separarme por las buenas, café para todos. Divide y vencerás. El sentimiento por encima de la razón. La víscera que puede a la reflexión. La resolución ya no precisa motivación. Porque sí. Porque los sentimientos se erigen en columna dórica y en gótico pilar. Sin contrafuertes ni arbotantes. Se sostiene por la ingravidez de sus elementos.
Elementos. Tierra, para los sin tierra. Agua, para los sedientos. Aire, que corra sin muros ni fronteras. Fuego, que te quema si los sintierra carecen de agua para apagar el incendio que el viento atiza. Cantones pirómanos y subversivos que mueren en su propia pequeñez reducccionista. En el mundo global, los cantones tienen el espacio de una hormiga en la madriguera de los yurumíes. Microscópico bocata di cardinale. Oso hormiguero que ni siquiera puede degustar tan liviano yantar.
Cantones fueron. Cantones pueden advenir. De nuevo. Si España es discutida y discutible, Motril no lo es. Ni Almansa. O Béjar. O Tarifa. Zarrías puede refundar el de Bailén. Leire, el de Alicante. Bibiana, el de Cádiz. Con tal de no bajarse del trono del sátrapa, algunos defenderán cantones como cavernas. Si al menos nos dejaran muestras como las de Altamira. Pero qué va. Aquellos seres humanos sí eran inteligentes. Tanto que sus descendientes formaron grandes Estados. Incluso imperios. Como querían los catalanes en la República. La Segunda. Verdad, Prat de la Riba. Verdad, Cambó.
“...ni al combatir al Estado español queremos otra cosa que rehacerlo con equidad y justicia, y con una organización más adecuada y perfecta, dentro de la cual Cataluña pueda encontrar una vida de libertad y progreso” (Prat de la Riba, 1900). Lo que les diga. Si no hay soberanismo, cantones. Lo que sea, con tal de cargarse a España. Lo que sea.
Un saludo.
LA TELEPÚ
Es la tele pública. Pública, o sea, según la inefable Magdalena Álvarez, que no es de nadie. De nadie. Salvo de ella y de sus confiteideólogos. La teleprí es otra cosa. De una manera u otra se juegan su dinero. Apuestan a ganar y emplean los ardides que les venga en gana. La telepú, no. La telepú utiliza pólvora del rey pueblo. No gana batallas para la ciudadanía soberana pero bien que la manipula a base de programas infumables.
En Andalucía, a falta de una, dos. Dos cadenas. Una dos y tres, tres televisiones en el redondel. Una, dos y tres, todos los partidos por el parné. Propaganda gratuita para uno, dos y tres. Lo que usted no quiera para mi casa es. Lo quieran, o no, los contribuyentes pagan como menú a la carta el plato del día, de todos los días. Canalsur. Una y dos. Y la tres, al caer. Servicio público al privado culto del líder carismático. Gracia la suya.
Los mushashos de la telepú son la mar de amables. La pasta que se llevan. La calidad de los programas. Desde la tecnópolis más primaria a la senectud más juvenil. Crean ilusiones y alejan los fantasmas de sus crisis. Los imedios y los petits, los nosequés y los no secuantos. Toda una pléyade de grandes comunicadores a los pies de los jeques de la hacienda andalusí. La izquierda siempre fue partidaria de la escuela pública, de la sanidad pública y de todo lo público que, de puertas hacia fuera, se muestra como escenario de sus vanidades electorales. La telepú, fíjense ustedes. Del periódicopú, no. Ver y oir, vale. Leer, ni que se lo piensen. No sea que se acostumbren. La que puede liarse cuando deje de haber analfabetos funcionales.
Las que tienen que servir, se sirven. Tienen menos espectadores que un partido de primera regional andaluza a las diez de la noche de un invierno nevado. Ellos hacen ver lo contrario. Si no, cómo pueden justificar el mano sobre mano diario. El poder prolonga su brazo corrupto por cualquier intersticio provocado por la hendidura de la más fina daga. Emplea sus funciones y medios en provecho de sus gestores y de sus mecenas, interesados en hacer de la redifusión un arte y del arte una malaya.
Cómo me gusta la telepú. Me regala tiempo para la lectura. Algunas teleprís me invitan al ejercicio del zapeo, con perdón. Articulación extrema de dedos. A estas últimas sólo pago el plus de la publicidad que no miro. A la telepú, nada abono. Me lo quitan directamente de mis impuestos. Contribuyo a la generación de parásitos. Dónde vamos a llegar. Piojos políticos cultivados con el dinero de los paganos.
Y la copla. La telepú andaluza es la copla. La tecnópolis sólo es copla. Bendita la copla. Viva la telepú, dice Zarrías. Hombrepú.
Un saludo.
HUELGAS SARGENTAS
Va Toxo, el secretario general de CC.OO., y lanza un aviso al navegante sin rumbo. Que te hago otra huelga sargentona. Sargentona. De general, poquito. Que el decretazo contra las pensiones me puede tocar la dignidad. Que si tiras por la vía de en medio, vas a saber lo que vale el arco del triunfo de un sindicalista, parece advertirle al mal orientado ex jefe fáctico del Gabinete ministerial. Que nos estás dejando a Méndez y a mí a la altura del betún. Que simules un poco. Que nos dejes en buen lugar, mecaschis en la mar.
Las pensiones. La reforma laboral. La alarma del estado. La deuda. El paro. El terrorismo. Las subvenciones. En la misma cadena de presos se halla la huelguecita que se nos anuncia. La cuerda de prisioneros del Gobierno asusta. Alrededor del cuello, un collar de hierro oxidado. Gobernar no es decretar. Es parlamentar. Quien a hierro mata, a hierro muere. Demasiadas puñaladas esquineras. Demasiadas para acudir ahora a la sorpresa.
Las palabras de Toxo tienen tanta esencia como el silencio de Méndez. Ninguna. Durante años han excusado las indecentes tasas de paro y han prohijado los dispendios de los autores materiales del galáctico incremento del desempleo. Han frenado cualquier reforma del mercado de trabajo en aras de argumentos insostenibles. Lanzaron denuestos contra la banca -en la que guardan sus pingües ingresos- y atacaron sin resquemor a la clase empresarial. Callaron como muertos en la militarización de los controladores. Porque no estaban afiliados a la mama sindical. Otra cosa será si se privatiza AENA y se hiere la sensibilidad del personal de tierra. Su curriculum de los últimos años es espectacular, por lo negativo y por lo antisocial.
Con todo, se podría conceder un plus de credibilidad a estos mendas del hotelazo de un montón de estrellas. Las subvenciones. Si de verdad están en desacuerdo con la política de coz al parlamentarismo, que rechacen las subvenciones que les ingresa el gran pateador. Que las devuelvan. Que dejen los cursos de formación del espíritu nacional socialista a los psoecialistas que de los cursillitos se aprovechan. Que metan las subvenciones en la hucha de los que nada cobran o de Cáritas. Que se les vea un gesto legitimador del cambio. Que se aprecie un mohín de remordimiento real y se materialice su propósito de enmienda.
Al menos, Toxo, que denunciéis la vergonzante inserción de los trabajadores de las empresitas públicas y de las fundaciones especiales en la nómina legal de los funcionarios. Que os opongáis a esa malévola intención de blanquear el trabajo negro.
Si tal hiciérais, uno admitiría un recuelo de verdad en la advertencia de huelga sargentona. Las cortinas de humo que son las manifestaciones de liberados se esfuman ante el telón de acero que han levantado los subvencionadores de la cosa y de las dos casas. El humo señala el foco del incendio. El fuego está en los millones de parados, en las pensiones debilitadas, en las hipotecas que no pueden pagarse, en las viviendas imposibles de adquirir, en el descenso del consumo, en el recorte de salarios y de derechos de los funcionarios. En tantas cosas más. Ahí está el fuego. Allí es donde hay que echar agua. Las manifestaciones y las huelguecitas son juergas de feria de aldea.
En cualquier caso, detened a los pirómanos. Tienen nombre y apellidos. Están bien localizados. A ellos. Hay que impedir que, como dicen los mexicanos, muestren la verdadera máscara fascista. Si salen del armario ideológico, todos verán la sangre dictatorial que corre a borbotones por sus arterias. Entonces, la democracia volverá a sepultarse bajo el pantano de la más abrupta tiranía. Entonces. Devolved las subvenciones. Seréis capaces...
Un saludo.
ALARMA Y AL ALMA
La prórroga del estado de alarma es un hecho inaudito. Inaudito e inédito. Nunca, nunca, se había perpetrado una decisión parlamentaria de esta jaez. El Psoe ha convertido su minoría en el Congreso en un acto vergonzante. Ha buscado el apoyo de tres grupos proseparatistas para salirse con la suya. La suya es seguir haciendo lo que les viene en gana. La suya es la pauta del tirano. Hacer del poder un mercado de compraventa y del parlamento un lupanar en el que el voto se prostituye en virtud del precio que se pague.
La alarma preventiva es de una gravedad intrínseca que hunde en un lodazal el concepto de democracia. La guerra de Irak fue preventiva. Como la apadrinó Bush y la bendijo Aznar, pusieron a uno y a otro en lo alto del palo mayor de la infamia dolosa. Allí los colocaron quienes hoy han asestado una puñalada a la soberanía nacional en el corazón de la separación de poderes. Mucha alarma. Poca alma.
Dónde radica la causa de la alarma preventiva. Qué señal lanza el enemigo para que el ejército se disponga inmediatamente al combate contra un enemigo desarmado en su propia estupidez. Qué peligro se cierne en el horizonte de treinta días para que el aviso de alerta precise llegar a un desmán de tal calibre. Cuál es el mecanismo que toca a rebato a la población española. Qué inquietud repentina amenaza a la sociedad civil.
Qué está pasando. Qué muro de la vergüenza se está erigiendo. El estado de alarma inicial y, especialmente, el prorrogado, es un cerco al alma del pueblo soberano. El demos ha perdido la kratia. Al pueblo le han robado la fuerza. Mediante un inconsútil boquete constitucional. El escalo a los controladores puede ser pasado mañana un cráter por el que el volcán de la dictadura arroje a los conductores de metro, a los taxistas, a los camioneros, a los transportistas, al personal de tierra de navegación aérea.
Del cráter a la embocadura. Se podrá limitar el movimiento de personas. Y requisar bienes. E imponer prestaciones a los ciudadanos. Incluso intervenir en fábricas y talleres. Por supuesto, hasta racionar productos y consumos de primera necesidad. Todo eso. Medidas disparatadas propias de un estado excepcional. Ni lo fue durante el puente de la Constitución ni lo es, bajo ningún concepto, su prolongación.
A ver si le va a ocurrir al Gobierno que sea aplicable al conflicto laboral de los controladores la reciente sentencia del Tribunal Supremo. Que ha dicho el máximo órgano jurisdiccional, respecto a la empresa municipal de transportes de Sevilla, que la huelga protagonizada por sus empleados ni fue ilegal ni fue encubierta ni una alteración colectiva del régimen de trabajo ni se produjo un abandono de los puestos. Por qué. Porque se ha podido probar que existía causa justificada. Causa justificada. Como lo puede ser el síndrome de angustia histérica colectiva. Angustia provocada por un empleador que hostiga, por una empresa gubernamental que bravuconea y por unos ejecutivos públicos que comprometen. La histeria puede ser la consecuencia irreversible de una situación de acoso. Llámenle mobbing. Como quieran denominarlo.
No se puede estar tranquilo. El alma da al ser humano aliento y espíritu. El alma de un Estado es el amor a la patria. Si la patria y la nación son discutidos por el Ejecutivo, el gobernante no tiene alma. Le falta alma. Le sobra alarma. Para los desalmados, pitos y bronca. Bronca repetida.
Un saludo.
PASTRANADA
La principal base naval rusa en el Mar Caspio es Astrakán. Y qué. Que el topónimo dio origen a la astrakanada. ¿Y? Que la astracanada fue la salida necesaria a la crisis de los sainetes durante el primer cuarto del pasado siglo. Bueno... Que el sainete es una pieza jocosa popular, desarrollada un solo acto que se representaba bien en el intermedio de la función principal, bien al final de la misma. Vale. Que, a su vez, el sainete fue la continuación del entremés propio del teatro del siglo de oro. Lleguemos. Que la astracanada es un entremés llevado a la cima de lo que en Europa se denomina la farsa. Pues me sigo quedando como al principio.
No. Verán. A ver si me explico. La astracanada supone la coronación teatralizada del disparate real. El único fin de la piececita es hacer reir. Ja, ja, ja. A base de equívocos o de chistes. Ja, ja, ja. Se configura como una parodia constante. No importa que el argumento resulte inverosímil. Lo esencial es que el personaje principal sea un fresco. Imaginen a Rubalcaba haciendo el papel de Fraga o a Leire en el rol de Santa Teresa del Jesús. O a Zapatero en la piel de Merkel. Al recién fallecido Leslie Nielsen como Obama. O a Mr. Bean haciendo de Teresa Fernández de la Vega. Entremés y sainete, se admiten. Pero astracanada. Ni La venganza de don Mendo glosó con tanta chanza el argumentario de la literatura histórica del gran Calderón de la Barca.
Vayamos a un ejemplo más concreto. A la Fuenteovejuna de Lope de Vega. El contenido social y reivindicativo de esta obra teatral no se compadecería con un tratamiento irrisorio de la rebelión del pueblo contra el tirano y frente a la injusticia del poderoso. El barroco del Diecisiete halla en la primera década del Veintiuno su clonación. La cosa no está para mucha broma si bien la burla del Gobierno se instala en lo alto. La mofa del pueblo adquiere tinte rojizo de crueldad inaceptable. Pero si de la crueldad hacen chacota y de la pobreza, befa, entonces la astracanada se impone.
Pues eso. Pastranada como astracanada. Pastrana es todo el Secretario General de la UGT andaluza. Dios, qué gran militancia si tuviera el sindicato un Marcelino Camacho. Dios, no. Qué gran líder si la filiación sindical viera más allá de sus narices.
Cámaras de video. Don Pastrana ha regalado, por Navidad, y porque le ha salido del forro de sus desvergüenzas, cuarenta cámaras de vídeo -cuarenta puñaladas le den- a los periodistas. Se ha gastado el hombre unos dos millones de pesetas. Lo que ganará para desprenderse de su sueldo. Que no, que lo paga con las cuotas de los afiliados o con una parte de las subvenciones o mire usted debajo del ladrillo. Con más de un millón de parados, el fresco de la pastranada agasaja a los plumillas. Y éstos, qué contentos, los receptan. Qué gracia tiene la chirigota y eso que el carnaval no adviene hasta después de la Navidad.
Es que me solazo tanto con la mojiganga que me complazco en el autorrecochineo. Es la ironía hecha escarnio. Qué bien. Ya saben. Ni entremés ni sainete ni astracanada. Ni siquiera zapaterona. Pastranada. El nuevo sub-sub-subgénero es la pastranada. El fresco, Pastrana. La claque, los periodistas amigos. Me parto.
Para cómicos como éstos, Aristófanes debió dedicarse al ladrillo. O a la piedra. O al acero. Al titanio, mejor. La dureza facial del pitorreo roza la perfección tecnológica. Sublime.
Un saludo.
LA RED DEL SANTO
O el santo en la red. Le tendieron una trampa. Una más. Perder el poder escuece tanto que, con tal de asirse al mismo, se hace lo imposible. Imposibilidad ética. Probabilidad fáctica. Las trampas al líder de la Oposición son evidentes. Igual que los partidos que germinan en el terror etarra para seguir mamando de la teta de las instituciones democráticas. Trampas señaladas en la que caen intencionadamente los demócratas cuando necesitan el refugio de los votos de los asesinos. La red del santo protege a Mariano. No se puede comprender cómo tan poco movimiento suscita tanta vigilancia. La red atrapa pero también amortigua. La red conspira aunque a veces protege.
El trampero dispone sus recursos. Cepos, lazos, redes para las perdices. El trampero es, además, tramposo. Utiliza como privadas las potestades públicas. Caza como furtivo y se exhibe como legal. Se rodea de una cohorte de guardas de coto. Aguzan el oído cuando el que acecha al venado es de la banda contraria e incumplen la obligación de perseguir el delito si el transgresor se inserta en la cuerda propia. Tramposo embaucador.
En Madrid, la red es la de San Luis. Comunica Gran Vía con el ensanchamiento final de la calle de la Montera. Calle madrileña de la Montera. Casi ná. El santo no pasa por Montera. Algún día harán pasar la calle por el santo. Antes de que el crujir de huesos y el estrépito de la losa destrozada rompa los oidos de quienes se hacen sordos a discreción y arbitrio.
El santo no baja de la peana. Ni le gusta procesionar. La trampa hará presa en quien la puso. Anda con pies de plomo sobre la hierba de la prensa escrita. De puntillas camina a la luz de los focos de las televisiones de fuego amigo del trampero. No se fía. Como para fiarse. Menudos son los mendas que se mueven entre la maquia y la jara. Conejos y jabatos, según el momento y el objetivo a batir. La red de caza y pesca. De computadoras que intercomunican. De transportes hacia el abismo. Matemática la red exacta. Inalámbrica en medio del barrizal y neuronal para no morir en el intento. De red social, poco. A red semántica no llegan. Cazar es el fin. Cualquier medio justifica el resultado.
Mariano se está escapando. La jauría anda detrás como posesa. Alerta se pone la fauna. Sitiado se encuentra el campo. Vallas por doquier. Cercas de espino electrificadas. A por él. La meta está muy cerca y la distancia acrece. El santo resiste la tentación de bajar a tierra. Los sacristanes le aferran al pedestal. Tranquilo, santo, el cortejo de plañideros sigue el camino del cementerio. La cruz del destierro les espera. El santo, no. El santo, en su sitio. Que se devoren ellos. Ya iremos a darle sepultura. Laica. Cristiana, si la piden. Como Voltaires de plastilina, al final piden el requiescat in pacem. Seguro.
Mariano. A lo tuyo. Mantén la compostura. La partida la tienes ganada a poco que permanezcas atento. La excepción acucia a ellos. A los furtivos. A los tramperos. A los tramposos. Santo. Santo. Santo.
Un saludo.
DIECIOCHO MESES
El plazo para que el tirano de Venezuela consume su traición a la democracia. Año y medio. Cuando uno nace golpista, golpista vive y golpista muere. No hay posibilidad de regeneración en un violador de menores ni en un fascista irredento. Chávez, que se sepa, no es violador de menores. Sin embargo, viola la democracia un día sí y el otro más se empeña. La pérdida de la mayoría absoluta remueve atavismos salvajes en los políticos que se enfundan el maillot amarillista de líder del pueblo. Es el sino de los que se llaman socialistas. Si el Gobierno cae en sus manos, todo se manipula para desempolvar los viejos hábitos autoritarios. Cuando el riesgo se cierne sobre su omnímodo mando, se emprende una carrera furibunda contra la Oposición. En el momento en que el peligro se hace inminente, juegan a la magia y, de manera tan basta como grosera, hacen del imperio de la ley la ley de su imperio.
Al cabo de un ciclo de relaciones políticas, sociales y económicas, la bella maquillada aparece como la auténtica bestia. Existe toda una panoplia de casos en la historia del último siglo, que nos indican que nos encontramos ante una patología de libro. Desde Hitler y Mussolini a Stalin y Castro. Desde Chávez a Pinochet. Excepcionar la legalidad constituye el primer síntoma de cuanto se barrunta, cual tormenta laberíntica, en las heces neuronales de estos artistas. De pronto, la ansiedad se apodera de sus mentes calenturientas y aflora la ambición despótica que reservaban, como maléficos brebajes, en la cava de sus almas desventuradas. Gobernar por decreto es el instrumento que utilizan como berbiquí sangriento. Se ensañan con los ricos y con los pobres. Con un oficio o un colectivo se empecinan especialmente. Adulan, el tiempo táctico necesario, a las fuerzas y agentes sociales en los que se sustentan. Terminado el efímero y programado romance, a las andadas vuelve el talibán.
En cualquier caso, nunca reconocerán la dimensión de su fraude ni el cariz de su mentira a los cuatro vientos. Cosa de transportes. Trasunto alimentario de primera necesidad. Colapso del consumo. Aparición de grupos terroristas muy peligrosos. Escalada de catástrofes. Lo que sea. Se trata de subvertir el orden constitucional como sea. De la democracia sin fondo a la dictadura de hecho, sólo dista el filo de un puñal. Subversión desde la cúpula. El pueblo, entonces, no sabe rebelarse. Mala cosa.
Los golpes de estado del siglo XXI se escriben bajo decretos-ley. Los pronunciamientos militares se tapan bajo el acero del boletín oficial. Los parlamentos son deudos de su propia dejación de potestades. La democracia cae víctima de los partidos que proclaman la pluralidad. Pura filfa. Falacia indecente. Innoble acción. Rastrera actitud. Vergonzante lacra.
Cuando se cultivan amistades peligrosas, el tonto de la película suele ser el listillo cobarde. Busca la protección del padrino. Chávez no es el tonto. Es el alcapone más despiadado. En Venezuela, el que llaman gorila rojo es un militar golpista bananero que se ha vestido el traje talar de la democracia. La sacrosanta fuerza del pueblo ha sido reducida a cenizas en una sacrílega pira. El padrino ha decidido. El listillo tonto se guarece a su espalda en aras de falsas ideologías. Aprovechará la primera de cambio para condenar a su protector y alinearse con los más fervientes defensores de la legitimidad constitucional. Mientras, gana tiempo para introducir decretazos.
Mamma mia. Lo que nos queda por ver. Dieciocho meses son dos embarazos. Aquí, no. Aquí no hay posibilidad de aborto. La dictadura va a nacer corporeizada en una informe criatura. No importa. La venderán como hija del amor. Del amor y de la paz. Son necesidades de los nuevos tiempos. Mamma mia. Dieciocho meses.
Un saludo.
AGUAYO
Doña Carmen. Consejera de Economía de Griñán. Gran facedora de enchufes poliédricos en la Junta. Española no andaluza. Manda. Lo que manda la señora. Dice. Lo que dice, ozú, lo que dice. Que los funcionarios no tienen por qué quejarse. Simples que son. Después de ganar sus oposiciones, es que estos funcionarios se creen más que nadie. Dice la señora. Perdónala, señor, porque aunque sabe lo que dice, no le importa no decir lo que sabe. Lo que sabe. Sabe que su canonjía gobernante conlleva mentir a troche y a moche. Sabe.
Sabe pero no se entera. Que los andaluces, de buenos, tontos. Pero de ahí no pasamos. Al menos, una creciente mayoría ha puesto proa a la mentira procaz de su (arre)Juntá. Entre los funcionarios de a pie, la paciencia estalló en mil griñanazos. Ya está bien. Ya era hora. El alud de enchufismo de décadas se ha convertido en un tsunami. El revolcón lleva al ahogo y la asfixia preludia la muerte. Ya vale. Doña Carmen, ya vale.
El Decretazo del enchufe de treinta mil amigotes ha sido demasiado. Los derechos de los empleados públicos han sido mancillados por la señora Aguayo con la complicidad, pagable y bien, de los sindicatos sin clase de la clase de maniobreros de pesebre. Que paralelas, las rectas. La Administración, convergente. Enclave público al que se accede mediante principios observables. La igualdad, el mérito, la capacidad, la objetividad, la transparencia. Principios. Normas o ideas fundamentales que rigen el pensamiento y la conducta. Comportamiento administrativo del que carece el decreto Aguayo. Fraude sin escrúpulos. Norma ilegal e inconstitucional. Repugnancia. Hedor. Pantano de aguas inmundas.
Rebelión cívica. Militarización represora. Castro. A los funcionarios, como a los controladores. Estado de alarma y de sitio. Que son más. Y ganan muchísimo menos. Pronto, multados. Que, también, represaliados. De Sanidad y de Educación. De Agricultura y de Salud. Todos al hoyo. Los del enchufe en carnet, “padentro”. Los de cejas quemadas por el estudio, “pafuera”. Ësta es la Andalucía de Griñán que antes virreinó Chaves. La charanga y la pandereta asociadas en banda de campanilleros de Pavlov.
Contra ellos. Aguayo no quiere a funcionarios independientes. Los necesita serviles. Agradecidos al empleador de turno. Manejables. Acosadores en potencia. Inquisidores. A las órdenes de. Incluso si el Psoe pierde las elecciones, que se escondan en el inmenso caballo de Troya administrativo. Cuando las aguas se calmen y el sopor del sueño sea inevitable, descenderán de la panza del cuadrúpedo y prepararán el advenimiento de los suyos. He ahí la cuestión. La izquierda fascista que tenemos concentra todos sus argumentos en descalificar al pueblo.
El pueblo, Aguayo, es el Estado. Puede haber pueblo sin Estado. Lo que no hay es Estado sin pueblo. La invito a rectificar, señora. Subsidiariamente, solicito su dimisión. Señora. Aguayo.
Un saludo.
LA SUCESIÓN
Zapatero dice que su futuro político sólo lo saben dos personas. Una, su esposa. La otra, un compañero psoecialista. Juega a las casitas. Secreto, secretito. Zapatero nos castiga con su silencio. Amiguitos por aquí. Uno, más amiguito del alma que los demás. De niños, vaya. De niñitos.
La prensa le sigue la corriente. Un nuevo juego se trae entre manos el presidente narciso. Adivina, adivinanza. Cuánta chorrada. Ahora, que entre la prensa del corazón. Me han transmitido las palabras de Muñoz Molina -pedazo de escritor- sobre Belén Esteban. Reprocha a El País la macroentrevista a la estrella de Telecinco. Sin embargo, cae en la misma trampa del periódico. Belén Esteban es noticia porque el pueblo se interesa. A falta de otro mensaje, el personaje es la noticia.
Belén Esteban no es presidenta de España. José Luis Rodríguez Zapatero, sí. Con la que está cayendo, chuzos de punta, reales y metafóricos, y nos viene ahora con el cuento de la buena pipa. Que me sucede Pepito o Juanito. Pero no se lo digo a nadie, anda. Por favor.
Hoy, día del Gordo, no sé qué suerte nos anunciarán los niños de San Ildefonso. Ojalá que los premios favorezcan a los más necesitados. A los más necesitados entre quienes han tenido la capacidad económica para comprar un décimo o una pequeña participación. Porque millones habrá que ni un euro puedan invertir en la diosa fortuna. El premio será, no obstante, el final del paro. Pero mucho me temo que ese no entra en el bombo. Otro premio que no saldrá es la seguridad para los pensionistas. Ni el reconocimiento a los funcionarios. Nada de cuanto aplasta el techo de nuestra economía y presiona los bajos de la sociedad española será cantado.
Como es seguro lo que les digo, me conformo con la esperanza de un cambio. Poca cosa pido. Un cambio de Gobierno. Vía electoral, por supuesto. Sin crispaciones. En paz democrática. La fe es lo último que se pierde. Ya hemos dado un paso. Zapatero habla de sucesión. Ya hizo bastante daño. De irse mañana, el mal será menor que si se larga pasado. Y así sucesivamente. Que se marche.
De una vez que parta con viento fresco. Pero que nos deje de monsergas con la sucesión. Y, sobre todo, que deje las chalanerías de los amiguitos para otro tiempo, otro lugar y otro foro. Para entender la dureza de la vida, me quedo con el afán de Belén Esteban. Para mí, su triunfo mediático tiene un mérito excepcional. Lo de Zapatero nunca fue éxito. Mucha propaganda y poca sustancia. Un puchero con exceso de agua y defecto de carne.
El Gordo empieza en la dimisión. Termina en la convocatoria de elecciones. Ay, el estado de alarma. Hasta mediados de enero, no llegarán este año las rebajas. Sucesión. Que Dios reparta suerte. Si también dinero, mejor que mejor.
Un saludo.
LOS HIJOS DEL FRANQUISMO
La cosa va de histriones. Actores de coro. Presentadores afectados hasta la gola y exagerados hasta la gula. Hombres-disfraces que hacen reir al público. Hermosa profesión la de hacer felices a la gente. No. No hacen felices. Procuran su risa. De la manera más soez. No importa cómo si la risa es el resultado procaz de un procedimiento hiriente.
Uno de estos personajes es Buenafuente. Cómico del hectómetro, que no de la legua. Graciosillo de medianoche que hace de la dizque izquierda su caja fuerte y de los medios afectos al poder psoecialista su cuota de pontazgo televisivo. El día que los amigos de Zp vean el caminito del destierro presidencial de su gran mecenas, no tendrán más opción que vivir de otras inyecciones dinerarias si quieren sobrevivir con sus gracietas dudosas.
Hijos del franquismo. Así ha llamado este buen hombre, de negro vestido, a la derecha. Él, no. El señor nació en el seno de una familia no franquista. Ni Roures. La derecha de Rajoy está marcada por el signo impuesto por los socialistas de Hitler. Hala, una crucecita para que sepamos quiénes tienen derecho a todo y a quiénes se ha de negar hasta el agua. Buenafuente es el sociólogo de cabecera del fascio de la secta. Qué barbaridad. Cuántos hijos del fascismo acusan a los que piensan distinto, de hijos del franquismo. Será que polos del mismo signo se repelen. O acaso que el gran inquisidor criara a su prole entre algodones de la ideología más reaccionaria, que no es otra que la del yo te defiendo y tú me financias. Ah.
Todos somos hijos del franquismo. Todos. Unos más dignos. Otros, más golfos. Los hay de todo pelaje y condición. Como en cualquier sociedad. Peor hubiera sido que hubiera llamado asesinos a los que votaron derecha. Como ya lo hicieron una vez, en 2004, verdad, Rubalcaba, lo harán otras quinientas. No tienen freno. Los hijos del fascio son así pues, de otra forma, se nombrarían hijos de la democracia, o de la concordia, o de la reconciliación. A cada uno lo suyo. A poco que las encuestas electorales arrojen un triunfo indiscutible de los populares y fracasen los intentos desestabilizadores protagonizados por la sectaria sexta, veremos lo que es un trasvase. Ríanse del trasvase del Ebro y del Plan Hidrológico Nacional.
Hijos de. E hijas. No se olvide, señor Buenafuente, del sector femenino. Todo el feminismo de quienes actúan como usted se limita a un acta de protocolo. Detrás de ese documento, vacío. Soledad. Los hijos de. De Dios. O de Alá. O de Mahoma. O de Jesucristo. Eso sí. Hijos de un dios mayor. Del franquismo, no, hombre, del franquismo, no.
Caricaturicen a la jerarquía de la Iglesia católica, que no les pasa nada. Blasfemen con imágenes cristianas. No tienen coraje ni lo que hay que tener para proyectar esas ilustraciones a la sociedad islámica. No tienen. Hijos de.
Un saludo.
VEHICULAR
Que sirve de comunicación entre grupos de personas de lengua materna distinta. De comunicación. El castellano debe ser lengua vehicular en Cataluña. Castellano y catalán. Pues claro. Que tenga que venir el Supremo a ordenar el tema, tiene narices. La Generalitat hace en aquella región de España lo que le da la gana. El Gobierno de Zapatero permite que en aquella comunidad autónoma se imponga la patente de corso de los nacionalistas. Cataluña para los españoles. Galicia, para los españoles. Y los países vasco y valenciano, para los españoles. En España, la lengua oficial es el castellano. La lengua vehicular no puede ser otra, salvo en aquellos territorios del país donde la vernácula de la tierra justifique la doble función comunicativa.
La lengua en Cataluña es tan rica que, en vez de una, tienen dos. Sin embargo, tan amantes del dinero fácil, los politiquillos catalanistas prefieren prescindir del patrimonio del castellano con tal de mantener una sensación de independencia. Prescindir y obviar. Obviar y humillar. La maldad de la destrucción sonre la bondad de la creación de prosperidad y de progreso.
La elección de Artur Mas como nuevo presidente del Gobierno autonómico catalán nos va a ofrecer un nuevo episodio del novelón separatista. Montilla se va pero se queda. Su funesta gestión a lo largo de los últimos cuatro años sólo es equiparable a la perfidia desplegada por su correligionario monclovita. Uno y otro se escabullen, por fin, no sin antes dejarnos servido el plato envenenado de los nacionalismos exacerbados.
Yo sé que uso harán de las sentencias del Supremo. Lo saben ellos y el propio tribunal lo malicia. La inmersión lingüística prosigue su andadura militar. Qué es una resolución judicial frente a un pelotón de fusilamiento. Se ríen los videlitas catalanes de las madres de la plaza de mayo de la jurisdicción. Qué risa, marialuisa. Esto es lo que hay, bravuconean. O lo tomas o lo dejas, provocan. El fascio se asienta en el regazo de la podredumbre moral. También se nutren los fascistas del crack económico, también. Sin embargo, el abono fertilizante de la miseria totalitaria es la propia ideología rompedora.
En Cataluña, los jerifaltes de la disgregación odian tanto lo castellano que confunden Castilla con España. La indignidad anida entre los más miserables que no se conforman con ser cabeza de león. Tienen que matar al rey de la selva para entronizarse como buitres.
El Supremo será contundente al resolver. No lo dudo. Veremos su firmeza a la hora de exigir a los catalanistas del poder el cumplimiento de la declaración judicial. De oficio, nada. Irán a remolque, como suelen. Carod rebuscará entre los restos del cadáver el ADN anticatalán de los magistrados a fin de mostrar urbi et orbi el ataque injusto a su pequeño país confinado en el noreste y secuestrado por la bruja castellana. Carod. Vehicular Carod. Conduce a la infamia y a la blasfemia. Es el mejor conductor del desastre de España. No tiene prejuicios. Ni juicio. Explote la nación española en mil pedazos. No es tanto querer a Cataluña como exterminar a España.
Vehículo. Castellano. Vehículo. Catalán. Dos por el precio de uno. Uno, a costa de todos. Los Montilla, Carod, Ridao, Laporta y otros sujetos sin predicado, caben en el mismo coche. Celular.
Un saludo.
INSUMISIÓN
En Derecho, se define la insumisión como el acto por el que alguien no se somete a la jurisdicción. Y la jurisdicción no es sino el poder de jueces y tribunales para juzgar y hacer ejecutar lo juzgado. Poder. Es decir, facultad de hacer algo. La Española de la Lengua adjetiva de potente a la persona que tiene capacidad y medios de dominar. Si carece de esta capacidad, se la denomina impotente. Impotente. La insumisión como fórmula magistral para descubrir la impotencia de quienes se creían provistos de autoridad y de mando.
Si el Tribunal Constitucional tumbó algunos de los artículos del fatídico Estatut catalán que tanto impulsara el pérfido Zapatero, el Supremo obliga a que el castellano sea lengua vehicular en la patria chica donde es patrona la Virgen de Montserrat. Poder y jurisdicción a la que no se somete la Generalitat. Poder y jurisdicción sumisos al Gobierno de esta Comunidad. Potente la una, impotentes los otros. Es así. No debe ser. Pero es.
El Derecho Público deja de ser garantizador. La Administración está llevando su autotutela a categoría de dictadura. Ya los tribunales no controlan a la Administración. Es la Administración la que parte el bacalao. La Generalitat se pasa las sentencias de los tribunales por donde el presidente Rubalcaba quiere. Que Rubalcaba no es presidente, me apuntan. Lo que tú digas, respondo. El presidente Rubalcaba es. Es. Y su ejemplo, entre arácnido y camaleónico, entre enterrador fosor y sepulturero laico, es seguido por sus compinches de partido. Cataluña adelante. Adelante Cataluña. España, sumisa. Insumisa, Cataluña. Muy bien. Pero que muy bien.
La crisis económica es muy preocupante. No cabe duda. Sin embargo, es la noche oscura que precisa el conspirador para matar en la más negra nocturnidad y con la mayor alevosía. Qué mejor para transitar hacia una pendiente de autodeterminación que una situación de gravísima incuria de prosperidad. Mientras los vigilantes se autocompadecen de su miseria, en tanto los trabajadores y los jubilados lloran su recorte salarial, los conjurados por el separatismo urden la acción criminal. La tempestad es el momento idóneo para el amotinamiento. Los velos de niebla no se disipan si la meteorología no coopera o si el carruaje no dispone de los faros adecuados.
Cataluña camina con paso firme hacia la independencia. Se aprovecha del río revuelto de la crisis y de la traición de los psoecialistas que desgobiernan. Las palabras de Oriol, hijo de Jordi, del exbanquero Pujol, anuncian la navidad de un nuevo Estado. Cataluña entra en una senda peligrosa que, cual arbolito no enderezado, avizora un crecimiento traumático. En la necesidad de conferir rectitud a lo que retorcido nace, las energías gastadas serán desmesuradas. Como excesivo el legado infame que se deja al nuevo Gobierno.
La insumisión preludia la catarsis. Catarsis trágica porque se llevará por delante ríos. Ríos. Y mares.
Feliz Navidad.
Un saludo.
CRISTIANOS PERSEGUIDOS
Dicen que el afán de justicia tiraniza el carácter. Dicen. Es preferible la injusticia al desorden, platicaba Goethe. Refería el filósofo y poeta alemán que la permanencia del desorden desembocaba en el caos y éste ejercía el efecto multiplicador sobre el atropello inicial. Este modesto articulista fue bautizado cristiano y, oficialmente, es miembro de la iglesia católica. Sin embargo, anda poseído, desde hace muchos años, por el virus del descreimiento. Valora la figura de Jesucristo como ser excepcional de la historia pero no entiende -cortas mis luces, raquítica mi fe- su divinidad. No la entiende. Pero sí comprende a los cristianos. Vaya que sí. A poco que uno explore las páginas de la historia, encontrará cientos de miles de ejemplos de entrega hacia los demás. La filantropía no comienza con Cristo pero el nazareno dio a esta virtud humana la esencia de lo extraordinario.
Millones de cristianos murieron en defensa de su fe. Otros tantos prefirieron el martirio antes que la apostasía. Cientos de miles renunciaron a los placeres terrenales en busca de llevar el evangelio allá donde la esquina del orbe nos oculta la mitad del mundo. Los cristianos, como los árboles, permanecieron en pie después de su muerte. Tanta fe no puede caer en el saco roto del olvido o de las persecuciones de los intransigentes.
Me he parado a reflexionar sobre las recientes palabras de Benedicto XVI. El Papa ha pedido solidaridad activa para con los cristianos que son perseguidos en Oriente Medio. Después de Roma, el cristianismo sufre los rigores del paganismo egoísta y, lo que es peor, del laicismo beligerante. La imagen de Jesucristo es quemada en la plaza pública y el símbolo de la cruz sucumbe a manos de iconoclastas desdichados. Se pretende borrar de la faz de la tierra todo lo que recuerde a Cristo. Enorme la valentía de los acosadores. Grande su desnudez moral.
España no escapa al fenómeno anticristiano. El nuevo antisemitismo toma forma de ataque a los cristianos. Dijo el Papa que el nacimiento del Salvador puede abrir perspectivas de paz duradera y de progreso auténtico. No lo sé. Sí deseo que la prosperidad sea resultado de la estabilidad social y política. El Prelado de Jerusalén ha exhortado a la paz en Oriente Medio. Sus palabras son bien elocuentes: Que Jerusalén se convierta en modelo mundial de entendimiento y de coexistencia entre las tres religiones monoteístas. Las tres.
Lo que no es de recibo es que Al Qaida amenace con atentados a los infieles y a los cristianos que celebren la navidad. Igual que no es de recibo que el laicismo sea una cuarta religión. Las persecuciones religiosas deben acabar. Como el maltrato a las mujeres. Los perseguidores de los débiles en su propia miseria se inmolan. Los santos inocentes son, hoy, los pobres, los perseguidos, los débiles. Hoy, como ayer. Santos inocentes. Inocentes santos.
Un saludo.
PLAGA INCURABLE
Lo ha dicho Vargas Llosa. El escritor. El gran Vargas Llosa. Norte de una generación de literatos marcada por la genialidad de sus creaciones. Lenguaje elevado a la máxima expresión de riqueza. El nacionalismo es una plaga incurable. Si lo sabrá él.
La ciudad y los perros es la obra del peruano que abrió la puerta de la modernidad en la literatura hispanoamericana. Es una crítica ácida al militarismo. Una respuesta mordiente a la confusión entre hombría y valor o entre prudencia y cobardía. Rechazó el arequipense la disciplina castrense previa a la inserción en la vía civil. No hay mejor disciplina que la interior. Ni mejor moral que la que surge del convencimiento personal. Ni mayor ética que la que se funde con la ley democrática. Todavía esta visión militar se halla presente en la sociedad. No somos capaces de tirar lejos de nosotros la costrosa capa de súbdito ni el cochambroso impermeable de “siempretenemoslaculpa”.
Muchas veces me he sorprendido cabreado al escuchar majaderías como que la escuela o la universidad preparan a los chavales para la vida. Serán cretinos. La vida es la escuela. La vida es la universidad. Los estudiantes son vidas cálidas que se ahorman en el yunque de la experiencia vivida y no en la bigornia de las circunstancias ajenas. Vargas Llosa aborrece las plagas y, en especial, las que no tienen cura. Sabe el genio que las locuras propias son culpas ajenas en mentes retorcidas por el odio. Lo sabe. De ahí la insania.
Los nacionalismos se sustentan de la fragilidad del Estado. Ante la firmeza, los separatismos claudican. En las dictaduras, los independentismos se arrugan pero se alimentan de su impotencia en terrenos de clandestinidad. Sólo un sistema democrático es capaz, por ser territorio de la soberanía del pueblo, de poner coto al desmán de esta epidemia insalubre. Democracia respetuosa pero entera y constante.
El Estado no debe ser como el Pantaleón de las visitadoras. No se debe hundir por la solidez de sus principios. Ni debe convertir el poder en la fiesta del chivo. La dictadura es un caleidoscopio que nos hace ver colores e imágenes radiantes siempre que no apartemos la vista de lo que el hacedor, el gran hacedor, quiere. De esa forma, se nos hurta el conocimiento de la corrupción, de las perversiones de la jerarquía, del machismo imperante o de la psicología más alienante. El Estado no podrá acabar con la plaga incurable de los nacionalismos. Es muy posible. Sin embargo, tiene el ineludible deber de ceñir sus límites al ámbito de su mismidad. Y esa identidad se queda en el limbo del pensamiento y en la libertad de expresión que la propia democracia regala a quienes pretenden robarla a los demás.
La plaga incurable de los nacionalismos, don Mario, puede hallar en los antibióticos de la moral, de la ética y de la ley, la asepsia que frena las metástasis. Algo es algo. Para ello, el cirujano ha de ser experto y la técnica, depurada. Si no, todo queda en palabras, palabras, palabras.
Un saludo.
JUVENTUD DESEMPLEADA
Alberto tiene 22 años. Terminó el Bachillerato no sin ciertos problemas. Chico de gran fortaleza interior, su indudable capacidad intelectual nunca caminó de la mano de su caudal académico de conocimientos. Cuando el río sufre el estiaje del verano y no se nutre de las lluvias vivificadoras de los equinoccios, su cauce se pelea con el vacío de agua y con el desierto de piedras y arena. Alberto venía a ser como ese afluente. Por más que se empeñe, si no recibe las aportaciones naturales de otros fluyentes, lo tiene crudo. El esfuerzo personal contribuye a mantener su rica vida interior. Necesita, sin embargo, el apoyo externo.
Durante años, la escuela primaria o el instituto de secundaria se limitaron a decirle que progresaba adecuadamente sin detenerse a explicar en qué consistía el progreso y qué se entendía por adecuado. La falta de motivación de las resoluciones humanas conduce a la desdicha de los interesados por las mismas. Se dictan sentencias presididas, la mayoría de ellas, por el fallo. Producir como churros decisiones, de cualquier origen social, constituye un craso error del sistema. Los paganos son siempre los más desventurados, quienes confunden aprobados con conocimientos y los que no quieren ver que ser suspendido es ser reprobado. Se pasa página y adelante. Que el tarro cognoscitivo ya se llenará el próximo años. Equivocación más indecente.
El Informe PISA refiere la catastrófica situación educativa de España en general y más singularmente de Andalucía. El informe PISA miente. Engaña y embadurna de edulcorante la realidad. Los datos son mucho peores de lo que se publica. A los propios evaluadores repugna mostrar la auténtica dimensión del fracaso. Los Gabilondo y los De la Chica, como antes hicieron sus predecesores, culpan a todos para salvarse ellos. Cínicos gárrulos portantes de ministeriales carteras y de almas corruptas. La juventud española no merece, Rubalcaba dixit, a unos golfos políticos que trampeen las cartas y se comporten cual cuatreros. La juventud española exige adquirir un nivel de conocimientos académicos de tan amplio volumen que inunde sus vidas y riegue sus posibilidades de encontrar un puesto de trabajo.
El desempleo juvenil en España, cercano al cincuenta por ciento de la población, constituye una de las vergüenzas más escandalosas del gobierno de Zapatero. Un chico puede definirse como gótico y vestir como punky si así se siente a gusto. El problema nace cuando la vestimenta o el escaparate son la manifestación de una disconformidad insuperable y alienante. No tienen estímulos. Sus padres nunca supieron conciliar la vida laboral con la familiar. Una playstation tiene más valor que un libro. Películas de dibujos animados entretienen a los más pequeños algunas horas a fin de que los padres se relajen durante el mismo tiempo. Los profesores expenden titulaciones a golpes de desencanto por alumnos que no leen ni quieren leer. Alma de fugitiva la familia y cuerpo de escapista la docencia.
Los Albertos y las Albertinas del mundo se cuentan a millones. Y crece el número. Los gobiernos de turno venden que la solución estriba en cambiar al búho de árbol, en modificar las pastas del programa educativo, en suministrar miles de portátiles inútiles, en hacer propaganda de la tecnología de última generación o en inflar presupuestos inanes. Los gobiernos que así actúan demuestran la degeneración de sus titulares. En cualquier caso, los jóvenes pagan el pato de tamaña incuria. El esfuerzo y la abnegación son consustanciales a la raza humana desde su más temprana edad. Suplir esas cualidades por una felicidad del rien faire y sustituir el esfuerzo por la renuncia al sudor de la frente, se convierten en otro de los ejes del mal.
El mal se reproduce en un cuerpo que aterra: el paro. Cuando cumplan los treinta y más años, estos jóvenes podrán tener acceso a un puesto de trabajo. Poco cualificado y peor pagado. Los engendros que dieron lugar a esta dramática realidad tienen a sus hijos bien protegidos. A los demás, bastante jodidos. Partía. Ahora, los engendros susodichos querrán paliar los errores sistemáticos y sistémicos con cursillitos de formación que llevan más dinero a sus arcas privadas sin proporcionar un mínimo de ayuda a los destinatarios. Generación perdida de jóvenes y pérfida generación de golfos politicos. La herencia es de aúpa. A beneficio de inventario.
Sin jóvenes, no es posible el desarrollo. Las reformas estructurales urdidas en la caverna siniestra de la Moncloa de Zapatero son inmunda basura. Aquí no hay quien viva. Sin jóvenes, no hay futuro.
Un saludo.
LA VERDAD DE LAS ARMAS
Las armas de ETA son de verdad. De las que matan. Armas de muerte y de dolor. La verdad de las armas pasa por la mentira de las promesas. ETA es sanguinaria. Su sangre se escribe con la parabellum. Parabellum. Prepara la guerra. Si vis pacem, para bellum. Julio César. Acaso Vegecio. La condicional es la búsqueda de la paz. La paz imposible en una selva de fieras.
Las palabras del delincuente Otegi sobre condena de la violencia huelen a rancia traición. Decía Schopenhauer que con ciertas personas es preferible la traición a la desconfianza. Antes, casi dos siglos antes, La Rochefoucauld afirmaba que la debilidad genera más traiciones que la voluntad renegadora.
Miedo y debilidad se dan la mano en el Gobierno de Zapatero. Debilidad del traidor que se quiere justificar como generosidad de diálogo. Mentira. Cada palabra de Rubalcaba se acuña en la horma de su interés partidista. La paz de ETA sólo vale si los réditos electorales se presumen cuantiosos. Que no, tres pitos importan al exportavoz del Gobierno de los GAL que la banda etarra firme un armisticio. Sería allanar el camino a la derecha que viene. No. Los débiles y los traidores comen del mismo mísero plato de lentejas.
Creer es sencillo. La credulidad se esponja en el charco de la certeza tangible. Creer es tener fe y ésta nace del mismo vientre que la caridad y la esperanza. La fortaleza se aloja en el castillo de la duda. He leído las declaraciones de Monseñor Blázquez. No se sustrae el obispo de Bilbao al determinismo geográfico e histórico de la sede de su apostolado. Entiende el prelado lo que Freud opinaba sobre la fe. Que confundimos deseo con realidad y que la confusión es producto de nuestra necesidad de hacer un dios a nuestra medida y de construir un orden moral a imagen y semejanza de la necesidad perentoria.
Todos hablan de que la organización matarife que ETA es, deje las armas. Sería la palabra hecha providencia. Las armas son verdad recurrente. Recurso de paso y útil de mano. El recurso es un bien, un acción, un procedimiento. Ni más ni menos. Se exige a ETA que entregue sus recursos armados. Se la insta a condenar la violencia. Pura palabrería engañabobos. A ETA hay que rendirla. Rendirla con el fragor de la ley y la fuerza de la coherencia política. Si Otegi y su tropa asesina no renuncian a la independencia del País Vasco, todo lo demás huelga. Luces de neón que consumen energía a cambio de escasa luz.
Zapatero y sus seguidores deben exponer esta máxima: no cabe la independencia de ninguna región de España. En el estado de derecho que España es, no tiene cabida el chantaje segregador. Que puede hacerse un espacio a la intención separatista, nada que objetar si se modifica la Carta Magna. En caso contrario, la democracia debe oponerse con firmeza. Es muy fácil. Se cambia la Constitución mediante la vía contemplada al efecto y, hala, independencia para Euskadi. Muy bien. El pueblo español, que es soberano, ha hablado. Albricias.
En tanto eso ocurra, las armas se entregarán o no. Sin embargo, lo realmente importante es que ETA renuncie a la independencia. Si no declara la mayor, el resto de evacuaciones verbales serán gaitas. Gaitas. Tamboriles de nuevas guerras. Y no. Eso, no. Las armas no dicen verdad pero la imponen.
Un saludo.
LEY ANTI-INTERNET
Que sí, que sí. Que cualquier excusa es válida si de suprimir libertades se trata. Que la libertad florece en una autopista solitaria. Cuando los vehículos circulan por la vía, la expresión libre se convierte en un profundo vergel. Cuando decimos amar la libertad, nos referimos a la nuestra. A la de los demás, ni un centavo. Los autores. Ah, los autores. Cuánto de original no tienen sus composiciones. Qué poco de inédito cubre sus obras. Cientos de mixtificaciones inundan su texto. El demonio del plagio tienta una y otra vez sus realizaciones. Autores. Libres. Y una leche.
La ley antidescargas es una coartada maldita. Vientos de secreto soplan con vehemencia. Vendavales antilibertarios descienden por doquier. Músicos y poetas. Poestas y músicos cantan a la libertad de su dinero. Aquí no paga nadie, parodio a Darío Fo. Sí, Darío, sí. Pagan los de siempre. La economía se contrae en su reducto fortificado y, fuera del mismo, libres son los pájaros y las flores. Las personas no pueden huir de la cautividad en sus mausoleos de ciudad cerrada. O sí. A través de la realidad virtual, que nos ayuda a escapar de la prisión de cemento y de frustración.
La ministra Sinde finde. Fin de libertades. Sin defensa. Finde y sinde. Antidescargas. En arquitectura, la descarga es el aligeramiento de un cuerpo cuando se teme su derrumbamiento por un peso excesivo. En el edificio de la vida, la libertad es grávida. Mucho. Demasiado. La ley de descarga es un freno a la libertad individual. De cada individuo, en el seno de un colectivo. Es el sino de la ideología versión Engels. Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia. La idea es obstruir sin que se note que la sangre afecte el funcionamiento de la arteria principal. Allá donde el Estado totalitario percibe el peligro de la fuerza popular, allí el Gobierno que articula ese Estado se muestra en su máscara áurea. Esa careta no es de oro. Es de papel. De papel de estraza. Con un envoltorio de defensa de derecho de propiedad intelectual. Mentira el convoluto. Falso el nuncio.
La ley antidescargas será. No lo duden. Demasiados intereses en juego. Las presiones de Obama no se pueden resistir. Es sí o también. La figura del acólito surgió en la umbría de un poder original. Su proyección es. Está. Está y es. Donde el jefe manda, el monaguillo obedece. Siempre fue. Será siempre.
Puestos a reprimir libertades, ley anti-internet. De una vez. Total. Los sustos, cuanto antes. Liberen a los ciudadanos de su carga de libertad y de su derecho a la comunicación. De una vez y para siempre. Nada de internet. Nada de libertad. Igualdad, qué es eso. Internet, una carga. La señora Sinde, otra. Acólita ella. Sacristán, él. ¿Él? Sí, Zapatero. Zapatero. El expresidente. El de las subvenciones. Sindecoro. Se autosubvenciona.
Un saludo.
ADIÓS AL AÑO, ADIÓS
La primera década del siglo XXI toca a su fin. Cien años antes, casi nadie vaticinaba la primera de las dos guerras que destrozarían al mundo. Los años diez anuncian dificultades. Muy graves. Como siempre, el pueblo paga las facturas de gobernantes infames. Se nos avecina una época de especial dificultad. Todo el mundo está sumido en problemas. España no es ajena a los mismos.
Dicho lo cual, quiero despedir el año con esperanza. Incluso con optimismo. La fe es un valor inquebrantable. Atrás quedan Himalayas. Cerca nos esperan Everets impenetrables. Pero ya metidos en la escalada, los montañeros nos aprestamos a la lucha contra los elementos.
Una cosa sí. El guía no sirve. Los sherpas, tampoco. Con ellos, lo más fácil, será dar tumbos por ausencia de oriente. Los reyes son magos pero no taumaturgos. El laberinto de obstáculos es sorteable. Basta con cambiar por chinitas de colores las migajas de pan que las aves se llevan. Las chinitas gustan de control austero. Las migajas hablan de corrupciones a base de millones de tabletas de chocolate del loro.
Ojalá que la felicidad se ponga de nuestro lado. Esa felicidad colmaría nuestros deseos de salud, trabajo y amor.
Permítanme un brindis. Por Zapatero. Con todo respeto. Brindo por el peor presidente de la historia de España. Brindo por que un rayo de luz ilumine su conciencia y dimita. Brindo porque un aura angelical alumbre, si no se va, sus decisiones gubernamentales. Brindo, en cualquier caso, por que rectifique, por enésima vez, y que esta última ofrezca muestras de sabiduría, para que piense en lo mal que lo está pasando el pueblo y en el bien que haría a este pueblo si sus decisiones descansaran en convicciones y no en alucinaciones.
Despido con ustedes el año dos mil diez. Al tiempo, les deseo mi ferviente propósito de ser un poco mejor en dos mil once. A mi familia, a mis amigos, a mis conciudadanos, felicidad para el próximo año.
Mucha felicidad.
Un saludo.





