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Francisco Velasco. Abogado e historiador

EL DESENFRENO

 

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 Están como niños con zapatos nuevos. Los reyes magos de las elecciones autonómicas regalaron a Izquierda Unida un montoncito de escaños y una montaña de poder. El comunismo siempre fue una doctrina, incluso una religión, sin practicantes ni ejercientes. No obstante, cuanto menor el ejemplo, mayor la proclamación de la idea. Son como los malos frailes que predican la vida mendicante y degustan manjares prohibitivos en los refectorios de sus monasterios o como los anacoretas que simulan  el éxtasis de la oración en soledad con el Altísimo mientras tras las bambalinas del cuadro barroco, todo un ejército de odaliscas satisface el hambre de compañía de estos mozos.

 

Nada tengo contra él en el plano personal. Apenas he coincidido en alguna tertulia televisiva y poco más. Francisco Javier Camacho puede ser un hombre simpático y educado. Se dice de izquierdas y, bueno, pues como si le llaman petenera, que no supo ponerle nombre. Émulo de su paisano Diego Valderas, ha machacado la senda política e ideológica del hoy vicepresidente de la Junta. Las huellas señalan  un camino casi idéntico. Poca gente con tan exiguos votos ha sacado tanto rédito a los mismos. Nunca supe cuál era su oficio ni me interesó el tema. Lo que sí es de conocimiento general, que lleva décadas viviendo de la política y gracias a ella. Bendita sea su estampa si la vida le ha concedido garganta para tanta tragadera y estómago a prueba de tripas.

 

La noticia es su nombramiento como Titular/Jefe/Director, llamen al niño como quieran, de la Oficina de Vicepresidencia de la Junta en Huelva. Sí. Como tal. Recuerdo cuando Alfonso Guerra colocó a su hermanísimo Juan de arreglatodo en la Capitanía General de Sevilla a cuenta del erario público y a costa de los chanchullos familiares. Aquella imagen asalta hoy mi cabeza si bien con matices diferenciadores. Valderas se monta un tinglado burocrático en la capital del Tinto y del Odiel para su refugio onubense. Al señor Camacho se unirán otros izquierdosos de similar perfil que, a su vez, engrosarán la nómina de empleados públicos que pagamos los andaluces. La Oficinita de Vicepresidencia es la monda lironda del cachondeo institucional. El paradigma de la poca vergüenza política se exorna con esta broma macabra del estalinismo bollullero.  

 

El señor Camacho se ha apresurado a declarar que esta libérrima designación será un reto personal importante. Y tanto. A ver cómo leches va a justificar su sueldo y el de sus ayudantes, que no serán tres ni serán extraídos del funcionariado en base a los principios de igualdad, mérito y capacidad. De qué manera explicará a los parados, a los recortados, a los maltratados, a los hartos, a los desahuciados y a los desgraciados que sufren las consecuencias de esta crisis que se planificó desde el gobierno de sus aliados psoecialistas, cómo se come el nuevo salario institucional que va a recibir.

 

La ideología de Camacho y de Valderas es de la misma tela marinera que la de Mario Jiménez y Caraballo. Puño en alto y corbata ausente otorgan marchamo de izquierda. Serán infelices morales. Para ese trayecto, señores de IU y de Psoe, en vez de oficina de vicepresidencia con minúsculas, monten una caseta de vicecarnavales en las colombinas. Si no este año, por la premura, para los que han de venir hasta que el pueblo recapacite y lleve su voto a graneros de mayor entidad.

 

Desenfreno. Si es de vientre, conlleva flujo precipitado. Por la boca o por el sitio por el que vamos los andaluces. Vivir para  ver.

 

Un saludo.

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