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Francisco Velasco. Abogado e historiador

LA IZQUIERDA DE BARDEM

 

 Dónde irá el buey que no are. Conocí a un sindicalista de una formación radical de izquierdas que clamaba contra los dirigentes de una empresa multinacional que explotaba a sus trabajadores. Cuando cumplió cincuenta años de edad, se prejubiló en condiciones económicas óptimas. El hombre, joven aún, emprendió un negocio de hostelería con su señora esposa. Contrató a un par de camareras y, hale, a por los beneficios. Una llamada de atención precedió a la contratación: este es el horario del que disponéis y éstos los cuartos salariales que recibiréis. Se toma o se deja. Reivindicaciones a la patronal, ni una. A la calle antes de un estornudo repentino.

 

La izquierda de la miseria deja paso a la derecha sin escrúpulos en menos que tocan un céntimo de la caja. Y si no, que pregunten a esa familia de distinguidos pancarteros que son los Bardem. Mamá y niños. Los últimos representantes de esta dinastía de actores invierten sus ingresos del espectáculo en establecimientos de restauración. Pues que bien. Mientras generen empleo y riqueza, bueno para todos. Hasta que el jamón jamón es de recebo y lo vendan como jabugo.

 

El oscarizado actor cierra el local que tenía en Madrid. Que los beneficios no son los esperados, se queja. Por tanto, expediente de regulación y a la rúa. Los trabajadores, en fila y ya veremos si cobran. Si es el FOGASA el que ha de pagar, mejor que mejor porque la sociedad familiar se puede declarar insolvente, pobres, para atender las reclamaciones salariales.

 

Situaciones como la presente sacan de sus casillas a los mejores pensantes. Los villanos no lucen escarapelas de derecha o de izquierda. Lo son por indignos, ruines e indecorosos. Indignos, porque son muy inferiores en calidad y mérito a lo que pregonan. Ruines porque su cara no esconde el espíritu mezquino y avariento que les posee. Indecorosos en tanto su nivel de honra, pundonor y estimación ofende al común.

 

Con izquierdas como ésta para qué queremos ultraderecha. Con familias como la nombrada, qué necesidad tenemos de urdangarines, bárcenas, lanzas y otras especies parecidas. Bardem, Bardem. Quien no os conozca que os compre.

 

Un saludo.

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