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Francisco Velasco. Abogado e historiador

PACTO DE MUERTE

 

 Muchos hablaban del impudor político del presidente Zapatero. En términos absolutos, la falta de vergüenza alarma. En términos relativos, siempre hay un escalón superior que atempera la maldad que se criticaba. Siempre hay un más del mismo modo que hay un menos. En el País Vasco se formalizó, hace casi un año, un Pacto de Estado. Con mayúsculas. Acuerdo histórico entre PSOE y PP para hacer gobernable aquella tierra de España y para liberarla del acoso independentista que se venía produciendo desde el PNV hasta ETA. Se hizo historia. Sin embargo, la historia no es sino un pasado presente y un pretérito que se adentra en el futuro cercano.

 

Patxi y Antonio. López y Basagoiti. Mestizaje patronímico para una alianza vasca. Vasca. Tan vasca como la de Ibarretxe y Otegi o la de Arzallus y Arana. Tan vasca como española. Vasca y española. No es vasca y castellana. No. Vasca y española. Patxi López y Antonio Basagoiti. Difícil matrimonio en una casi imposible coyunda.

Servidor escribía, meses atrás, que ese matrimonio era, todavía, rato. Que le faltaba el requisito de la consumación para que se considere canónicamente indisoluble. Que el vínculo era tan débil que los eslabones cerrados ni siquiera mostraban consistencia. Y que lo que acechaba a la pareja no era moco de pavo. Escribía entonces y subrayo hoy. Caza al acecho. El cazador no es ETA. El cazador es el PNV. ETA es la rehala, la jauría. Quien permanece agazapado, en lugar distinto, es el partido de Urkullu. ETA lleva a los venados a donde señala el cazador y conviene a su fin. A lugar propicio.

 

No falta a la formación que fuera de Ibarretxe grandes dosis de concentración y atención, de paciencia y autocontrol, de empaque físico y psíquico, de destreza y de puntería. En absoluto. Son expertos en la materia. Sin embargo, tienen claro que dependen del error estratégico de las piezas y de la eficacia violenta de los acosadores.

 

El PNV conoce, como pocos, la enfermiza soberbia de ZP, su carácter traidor a fuer de desleal, su imperiosa necesidad de sobrevivir al fuego que él ha provocado, aún a costa de la inmolación de miles de ciudadanos. La necesidad de Zapatero del apoyo del PNV se ha puesto de manifiesto, por enésima vez, a la hora de aprobar los Presupuestos Generales del Estado. ¿A cambio de qué? De pelas, por supuesto. El algo más se desvelará pronto. La presa a batir no es el poder en el País Vasco. La pieza a cobrar es el poder. El poder con mayúsculas.

 

PSOE y PNV forman empresas con una extensa clientela a la que hay que satisfacer. Todo un ejército de paniaguados esperan su ración. Perder el poder es letal para las aspiraciones de unos  y la docilidad interesada de otros. El matrimonio vasco debe anularse. Si no por el Tribunal de la Rota, por el juez de paz. O el de guerra. Da igual. El fin justifica los medios.


El movimiento etarra para instrumentar a sus presos no es casual. El aviso de Rubalcaba, bien interesado. La predisposición de Erkoreka a pactar con Alonso, más de lo mismo. Poco importa al PNV el destino de las víctimas del terrorismo etarra. El de los terroristas presos, sí. Y mucho.


El bipartito vasco tiene fecha de caducidad. Se ha establecido esta misma semana. La traición se perpetra con el apoyo peneuvista a unos Presupuestos Generales de la muerte económica de España. En suma, es lo que conviene a unos y lo que está dispuesto a ofrecer el otro. Días contados. Los cazadores y su cohorte, al acecho. No son furtivos. Lo hacen de día y de forma aleve.

 

La víctima -esta vez política- está al caer. Algunos son más vascos que otros. Otros odian a España. La odian. Nos odian. Los no demócratas. Los cazadores al acecho. En tanto, el ministro Alonso sonríe, se mofa y se cachondea. Chaves hace de conductor de la tranca disruptiva de la nación española. Sólo falta el matarife que corte el cuello. En ese momento, se acabó. El Pacto de Sangre se habrá sellado con la ignominiosa y abyecta cooperación del PSOE. España se muere a chorros, entre estertores. La España del desleal Zapatero.

 

Qué pena.


Un saludo.

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