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Francisco Velasco. Abogado e historiador

EL DURO PRECIO DEL DIVORCIO

 

 El cese efectivo de la convivencia conyugal es, por sí, una decisión muy dura. En general y en todas partes. En Huelva, la situación resultaba más complicada. Un solo juzgado de familia. Uno solo. A partir de hoy, el procedimiento se agrava. Un mínimo de nueve meses de retraso para la adopción de medidas cautelares. Casi nada.

 

El éramos pocos y parió la abuela cobra actualidad en nuestra ciudad.  La juez titular de este juzgado abandona su puesto merced a su participación en el oportuno concurso de traslados. Ella se va a Sevilla con todo su derecho. La plaza de Huelva queda vacante. Por el momento. El magistrado sustituto no ha sido nombrado. Las causas acumuladas atascarán las cañerías de la justicia. El Consejo General del Poder Judicial tiene la palabra y la diligencia de gestión. A poco que sea previsor, no se conformará con un nombramiento. Firmará dos. Un titular y un refuerzo. A mucho que se precie de nociones elementales de prospectiva, apoyarán la creación de un segundo juzgado de familia.

 

Las cosas de palacio van despacio. Los sufrimientos de las familias discurren a velocidad de vértigo. Las medidas provisionales solicitadas se revuelcan en demoras inexplicables. Nadie culpe a jueces o a funcionarios. Supino error. El gobierno. Los gobiernos. Aquí nadie se acuerda de Santa Bárbara hasta que los truenos acoquinan a los pastores.

 

Los asuntos de familia siguen la senda de la propia institución. A la cola. Una sociedad en la que la familia deja de ser columna vertebral, se coloca en el disparadero. No sé cuántas revueltas habrían estallado en nuestro país si los padres no mojan la pólvora seca del estallido derivado de esta mala crisis. No toquemos a la gallina de los huevos de alimentos.

 

Un aspecto esperanzador en el túnel de los desalientos. Que los problemas de disolución conyugal pasen por el tamiz del mutuo acuerdo. No hay obstáculo que frene la velocidad imparable de estos procedimientos. Son los contenciosos, como la vida misma, los que roban los raíles de la comunicación judicial.

 

Un saludo.

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