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Francisco Velasco. Abogado e historiador

VALDERAS AL AIRE

 

 Me quiere. No me quiere. Será verdad. Será mentira. Me lo creo. No me lo creo. Deshojo el trébol de cuatro hojas de don Diego mientras sopeso el poder del muchacho.

 

Dice el diario ABC que el vicepresidente de la Junta de Andalucía adquirió su segunda residencia a precio de saldo gracias al desahucio de su vecino. Será posible. De serlo, dónde está el límite. Por mucho que el anterior propietario de la vivienda ratifique la noticia, me cuesta encajar la burrada moral.

 

 Bueno, tal vez el quid de la cuestión radique en que, en aquella fecha, Valderas fuera un trabajador agobiado por su propio infortunio económico y aprovechara una coyuntura como la que se le presentó. Pero no. Monsieur Valderas era entonces presidente del Parlamento andaluz. Y antes había ejercido 15 años como alcalde de Bollullos. Es decir, que no era un desempleado ni percibía un salario basura. Que tenía poder, influencia y amigos.

 

He criticado con acidez el desarrollo político de Valderas. He fundamentado mi crítica en la coherencia de su ideología con la realización de sus actos políticos. Jamás he atacado a la persona a la que, por otra parte, no tengo el gusto de conocer. Pero si lo que cuenta el diario de Vocento se ajusta a la realidad documental y testimonial, el disgusto es mayor. Cuando un ser humano cae en charcos tan fétidos, el mal olor se prolonga hasta la eternidad.

 

Valderas no es Mgdalena. Desde luego. Ni tiene, eso me dicen, la tosquedad ni la tropeza dialéctica de la exministra. Ni tampoco los gustos exquisitos, y carísimos, de la hoy imputada en los EREs.

 

Deben ser las compañías. Cuando al gran jefe de Izquierda Unida se le abre la portezuela de un pacto con el Psoe gran hermano, es que se revoluciona. El color y el olor del dinero le pueden. Manda sus ideas a la eme y sale de la eme para emporcacharse con los más cerdos del lugar. Así le va. Tiene oficinas propias y herederos legales.

 

Esta izquierda es la que quiere regenerar el país. Por favor.

 

Un saludo.

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