Blogia
Francisco Velasco. Abogado e historiador

ETA Y ESTADO


 Términos antagónicos. No conciliables. Por su propia esencia y su definición, uno niega al otro. Y viceversa. Se ha intentado por todos los presidentes de la democracia. De una u otra forma, por todos. Actitud responsable. Siempre que sea legal. Si la ley permite la interlocución, habrá que detenerse en la legalidad de los procedimientos. Puede ocurrir que el mandato sea uno y las promesas sean otras.

 Las declaraciones de algunos "negociadores" del Gobierno con la banda terrorista ETA desvelan misterios profundos. Si, como parece, el señor Gómez Benítez, miembro del Consejo General del Poder Judicial, ha intervenido en el difícil cometido de la "conversación" con etarras, por qué no lo afirma categóricamente. Miren, sí, he celebrado tales encuentros con miembros de ETA. En nombre del Gobierno. En defensa del Estado. Sin embargo, -podrá argüir-, las actas publicadas sobre estas reuniones no se ajustan a la realidad. O han sido objeto de manipulación. O, más sencillo, son manifiestamente falsas.

 Y es que los encuentros han podido desarrollarse dentro del marco competencial del Gobierno de Zapatero. No discutimos ese aspecto. Sin embargo, las ofertas realizadas a los delincuentes de dicho grupo asesino exceden las facultades de los negociadores estatales, tanto por infringir la ley como por vulnerar la independencia judicial. De ser verdad, claro. Cómo se puede desgajar a Jarrai de ETA. Hasta qué punto no se extralimita quien vende la desaparición de la doctrina Parot. Cómo se vende la legalidad de ANV. Quiénes pueden suplantar el papel de Garzón o de toda la Audiencia Nacional. ¿Cuántos se fían de un ministro del Interior que, hoy, dice saber nada del Faisán y, ayer, era portavoz del Gobierno de los GAL?

 La realidad más naturalizada concede al animal la cualidad del instinto. El escorpión aguijonea. La cobra inyecta su veneno. Y así. Instinto. No cabe el amaestramiento ni la domesticación. Se las puede adoptar como mascotas. Pero en jaulas herméticas. So pena de perecer víctimas de su inercia de vida. Del mismo modo, el Estado no puede abdicar -soberano él- de su carácter institucional que monopoliza, en el interior de su territorio, el uso de la fuerza legal. No puede abdicar. Sí puede intentar modificar, transformar, reducir y hasta eliminar de raíz, a todos aquellos grupúsculos, bandas, organizaciones o entidades mafiosas y criminales que perturben la paz social y política de un pueblo.

 Puede y debe. Salvo que, a la luz de la realidad más prosaica, se demuestre que las modificaciones, reducciones o transformaciones no son posibles por la vía del diálogo, de la reinserción o del convencimiento racional. En esa coyuntura de imposibilidad exploratoria de vías pacíficas, no queda al Estado sino la aniquilación del enemigo potencial y actual. Por la vía del derecho. Sin atajos de gales, de faisanes y de otros males. Bajo la bandera de la legalidad más garantista.

 Lo que sí resulta un axioma es que ETA no cede. No cambia. No da un paso atrás. No se entrega ni se rinde. Busca lo que quiere y quiere lo que busca. Su razón fanática es el instinto destructor. Muere matando. Su escasa operatividad no implica que esté inactiva. Por el contrario. Hiberna porque se siente acorralada. Del obligado letargo sólo saldrá cuando algún Eguiguren maniobre para pactar otra tregua. Entonces, recuperará fuerzas y recompondrá la máquina de asesinar. Hasta la próxima.

 Estado y ETA. Paz y guerra. Razón y fanatismo. Habrá más Estado sin ETA. Con ETA no habrá un Estado. Si acaso, dos. Como mínimo, dos. El máximo, diecisiete. Más dos. Estado. España.

 Un saludo.

0 comentarios