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Francisco Velasco. Abogado e historiador

REAL FAMILIA

 

 El caso Urdangarín anuncia fuego. La humareda indica el lugar del incendio. Mas únicamente avanza la posición de las hogueras. Los cronistas se hacen eco de las funestas repercusiones que la posible imputación del yerno del trey supondría para la institución regia. La familia real española integra, además del monarca, a su esposa Sofía, al príncipe y a las infantas con sus respectivos cónyuges e hijos. Los demás parientes forman lo que se denomina familia del rey.

 

El matrimonio de los hijos de Juan Carlos es un asunto de Estado. Así lo contempla la Constitución cuando explicita en su artículo 54 que ha de ser aprobado por el propio rey y por las Cortes. Ello, so pena de perder los derechos sucesorios. Cualquier renuncia en el orden de sucesión habrá de resolverse mediante ley orgánica. No obstante lo anterior, la única persona inviolable y no sujeta a responsabilidad es la del rey. La única y va que chuta.

 

La ley diseña un marco y delimita el ámbito público de la institución aunque la esfera de privacidad de la familia está presente y bien presente. Comentaristas diversos han expresado su parecer sobre cómo han de actuar los reyes en el caso Nóos. La mayoría no duda en preservar la honorabilidad de la institución por encima de la unión de la familia. Se invita a la infanta Cristina a romper su matrimonio a fin de no perjudicar a la Corona. Se critica a la reina consorte por su reciente visita a su hija y a su yerno en Washington. A la primera se la anima a defender su deber filial por encima del de consorte. A la segunda se reprocha su imagen de madre antes que la de esposa del rey. Ojito.

 

Tiempo atrás escribí la analogía que servidor observaba entre los Borbón de España y los Romanov de Rusia. La nuestra es una gran nación aficionada a la sangre y adicta al dolor. Derribar ídolos es un deporte de masas. Hoy se reivindica la República más por fracturar el país que por convicción ideológica. La diana se ha puesto, hace años, sobre las cabezas de la monarquía. Un euro la tirada. Barato. Casi gratis. Pasearse por el precipicio no es una práctica recomendable. La escalada hay que dejarla en manos de especialistas. Los accidentes son frecuentes entre los aficionados a subir montañas y rocas peladas. El esfuerzo del rescate se une al precio en vidas y dinero de la operación. Dirimir responsabilidades es un ejercicio vano cuando los sujetos agentes van de progres o de carcas.

 

La monarquía sufre déficit de popularidad. La crisis ha contribuido a depreciar la alta consideración que, en general, se tiene del rey y de su familia. Filósofos ha que se manifestaron juancarlistas antes que monárquicos. Sofistas destacan su pasión por la república antes que declarar su respeto a la democracia coronada. Dice la leyenda que el godo Wamba ordenó decapitar a su chambelán por gritar silencio a los cortesanos que hablaban en las proximidades del dormitorio regio. No fueron los nobles parlanchines los que despertaron al rey. El causante del desvelo fue su hombre de confianza. La buena intención del consejero acabó en tragedia.

 

Uno piensa, desde la mentalidad del hombre mayor, que la infanta debiera renunciar a sus derechos al trono e incluso a la pertenencia a la familia real. En ningún caso, habría de romper la suya propia. Al menos por esta causa. Los motivos de ruptura matrimonial deberán discurrir por asuntos diferentes. La ciudadanía está ávida de grandeza moral y harta de noblezas de título. Si Urdangarín es un villano, que pague por sus hechos. Abandonar a su marido por las posibles fechorías de éste sería razón de peso si mediare engaño. En su ausencia, la malhechora sería ella. O su vínculo matrimonial vale un griñán de lata. Es preferible que proteja a su real familia que a la familia real. Sería todo un síntoma de normalidad democrática sin que se deteriore la figura del Jefe del Estado.

 

Y el discurso alcanza desde el primero al último. Lo que importa a la democracia es que sus más altos representantes sean un ejemplo de autoridad moral y de amor por su patria. El pueblo entiende deslices. Lo que no soporta son marionetas corruptas.

 

Un saludo.

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