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Francisco Velasco. Abogado e historiador

LOS VOCALES DE RUBALCABA

 

 Será posible. El título del artículo indica una referencia catastrófica: la referencia de la posesión de una parte de los miembros del Poder Judicial. Una cosa es que nos maliciemos lo que ha de pasar, y cosa distinta, el que constatemos la dimensión  de nuestra malicia.

 

Los vocales de Rubalcaba son los designados por influencia del PSOE. En este sentido, cabe hablar de los inspectores de Hacienda del Psoe, de los abogados del estado del Psoe o de los representantes del Psoe en el Tribunal de Cuentas. Quien dice del Psoe, dice del Pp. Que lo mismo da el atún que el betún cuando se carece de paladar, olfato y vista. Y de respeto.

 

Antes de constituirse el CGPJ, don Alfredo se reunió con siete de los mandatarios del Tercer Poder. Se supone que para lanzar las consignas. Se entiende que para marcar el camino. Lo de Montesquieu muerto, queda como frase ingeniosa. Sin embargo, detrás de ella, existe un fangal inadmisible en una democracia. Los partidos políticos se erigen en el eje de la mala praxis del estado de derecho. Dominan el Ejecutivo, controlan el Legislativo y someten al Judicial. Entonces, dónde radica la división de poderes.

 

Los ciudadanos conocemos de antemano la adscripción política del nuevo presidente del Consejo. Es del PP o del Partido Popular. Como tienen mayoría parlamentaria, se arrogan asimismo la judicial. La cosa no da para más. Me da igual que se llame Lesmes I que Lesmes II. Que sea Álvaro Cuesta o Cuesta Álvaro. Todo este tinglado muestra que el sistema de representación está pringado. Se relega el voto al nivel de las simonías. Simón el Mago es, hoy, un prestidigitador duplicado: Simón de Rajoy y Simón de Rubalcaba. Uno y otro han comprado al demos la cracia a cambio de dinero y de transacciones indignas.  Los políticos otorgan la investidura de la toga a conmilitones seleccionados en virtud de sus méritos de sumisión, obediencia ciega y felpudo inmundo a los intereses de cada partido. Lo importante no es el pueblo. Lo esencial es el tráfico de votos para que ese pueblo tenga de soberano lo que servidor de Pontífice.

 

Oigan, es que ya no se recatan ni disimulan. Si quiero un obispo en el Senado, ya sé a quién tengo que meter en mis listas. Si un cardenal en el Congreso, apúntense al peloteo más bestial. Si a un testaferro en el CGPJ, háganse abogado, catedrático, juez y besen el escudo del equipo más potente.

 

Esta democracia se la van a cargar.

 

Un saludo.

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