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Francisco Velasco. Abogado e historiador

COPAGOS

 

 Alguien del Gobierno maltrata al Gobierno. Desde dentro, algún infiltrado arruina los escasos logros del Ejecutivo. Bárcenas anunciaba la demolición del partido. Cospedal parece no querer ir a la zaga del extesorero. O son muy torpes o muy abandonados.

 

Si Montoro metió el pinrel con lo del impuesto a la indemnización por  despido y Wert se llenó de gloria con la polémica entre becas y préstamos, ahora se levanta el telón de la tercera barrabasada. En un momento de bonanza en que los españoles compran coches, consumen más cerveza y disminuye el paro, algún prospector estilo Arriola saca a los medios el fantasma maldito del copago sanitario. Se necesita ser berzotas.

 

Rajoy nos regala los oídos con una bajada de impuestos. Muy bien. Sin embargo, a continuación, nos advierte que si los ingresos tributarios bajan en exceso, hay que compensar el déficit con un aumento del precio de los servicios. Como si los españoles no estuviéramos ya bastante congestionados por el sistema y la sanidad no se hubiera encaramado al techo de su mala gestión, nos amenazan con pagos añadidos a los que ya, de entrada, nos quitan de la nómina menguante. Colosos de la política, que sois unos colosos.

 

Si el Estado recauda poco, que se busque una fórmula menos dañosa al interés de la ciudadanía. Ya está bien de meter la tijera al escuálido salario y a la mísera pensión. Y si al menos la contraprestación tuviera la calidad suficiente como para entender el tema, pero con el servicio de urgencias que nos dispensan los hospitales públicos, no sólo no cabe un suplemento dinerario sino la exigencia de reintegro de nuestros impuestos.

 

Bruselas puede decir lo que quiera respecto a la legalidad de mecanismos de pago por uso de servicios.  Lo que Bruselas  no advierte es que se paga a precio de oro servicios de latón. Si las cuentas públicas presentan un agujero, que exijan responsabilidades al Ejecutivo. El poder de un Gobierno se basa en la felicidad del pueblo, sea el sueco, el danés o el croata. Si la corrupción desborda la magnitud de las alfombras, que agiten el magín bien para echar la basura donde se deba, bien para no arrojar los contenedores de desperdicios en las casas de la vecindad.

 

Por tanto, de copago, nada. Los sacrificios de los españoles no pueden llegar a la entrega de su salud y de su vida a causa de la ineptitud de los gobernantes. Si algún listillo nacional quiere cobrar impuestos medioambientales a la gente de Huelva, mejor que prepare a la abogacía del Estado para contestar a la demanda unánime de quienes sufrimos, desde hace cincuenta años, el perjuicio de la contaminación de aire, agua y tierra sin tener el deber de soportarlo.

 

Pues eso. De copago, rien de rien.

 

Un saludo.

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