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Francisco Velasco. Abogado e historiador

PENA DE MUERTE

 

 La polémica se reabre. La petición de pena de muerte para Ariel Castro, el criminal de Cleveland, es unánime. Si trasladáramos el hecho a España y aplicáramos la medida máxima de cadena perpetua, volveríamos a discutir sobre la revisabilidad de la misma.

 

Cada persona es un mundo y en el universo de la criminalidad, los sujetos activos conforman una realidad marciana.

 

La fiscalía norteamericana reclama la pena de muerte. Servidor la rechaza. La bestialidad de este sujeto no puede ser contestada con una animalada semejante. En cuanto a su reclusión vitalicia, es obligada. Si el individuo es incapaz de controlar sus instintos asesinos y su razón no alcanza a comprender el sentido de la reinserción, su libertad es un cheque sin fondos, una pistola cargada a punto de dispararse sobre los más inocentes, una bomba en el maratón de la vida diaria de cualquier pueblo.

 

En cualquier caso, uno se pregunta cuál es el precio de la muerte. O mejor, cuánto vale la vida de algunos para que pongamos en cuestión la seguridad de otros.

 

Esta reflexión nos llevaría años de disputas. Se deja para mejor momento. Sin embargo, ahí queda.

 

Un saludo.

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