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Francisco Velasco. Abogado e historiador

TORRIJOS Y TORRIJAS

 
Antonio Rodrigo Torrijos es un señor que equivocó el oficio. Del actor consagrado que pudo ser, se conformó con  el político rastrero que es. No obstante, el arte de Talía no le hubiera cosido los costurones de su alma de la orilla izquierda de la capital hispalense.
 
Verán, Torrijos, famoso por sus actuaciones sobradas al lado de Monteseirín al monte se irán, fue trending topic a consecuencia de su fotografía bruselense degustando una pantagruélica mariscada en la capital belga a costa del erario de los españolitos de a pie. Claro que el que la hace una, repite. Y el señor Torrijos, el de las torrijas melosas, acompaña su careto de abogado de desvalidos para pleitear por una vida de sobrado burgués explotador.
 
La Fiscalía de Sevilla lo ha llamado a declarar como imputado. Al pobre hombre. Parece ser que la idea de corrupción como uso y abuso de lo público en provecho propio encarna en el hombre de Izquierda Unida su sentido pleno definitorio. Su gestión en la fundación “DeSevilla” ha sido tan oscura que no hay luminaria capaz de encontrar el milloncejo de euros que se han extraviado en no se sabe qué bolsillos. Que la acusación  no parte de la derecha malvada que persigue hasta el trullo a sus opositores. Ni del sindicato “manos Limpias” por ser ultraconservador. No, no, De la Fiscalía de Delitos Económicos. Y es que Torrijos, el de las torrijas dulcísimas, era delegado de asuntos institucionales de la entidad y firmante del convenio. O sea, que los tiros llevan un rumbo correcto.
 
Las relaciones políticas medio incestuosas entre el hermano Psoe  y la hermanita de la caridad Iu terminan como el rosario de la aurora. Los frutos del apareamiento ideológico, que no carnal, no son comestibles a causa del cianuro existente en la pulpa. De la pulpa a la culpa. Culpa de querer vender alimentos en m al estado bajo la apariencia de una piel tersa, unos colores atracativos, sí, atracativos, de atracar, por encima del atractivo de la seducción visual, y de unos olores que cautivan a los amantes del decir mucho y del hacer nada.
 
A ver qué pasa con la instrucción de este nuevo caso de mangancia institucional de la llamada izquierda torera que se pasa al toro de la decencia por la faja de sus caprichos. Habrá que esperar a que la juez Alaya intervenga y ponga los puntos sobre las íes. Una vez más.
 
Un saludo.
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