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Francisco Velasco. Abogado e historiador

21-N

 

 Vox populi. La anunciada victoria electoral del PP es, más que un deseo, un clamor social. Aquí no vale el “virgencita, que me quede como estoy”. Así no se puede vivir. En este infierno de dudas, sospechas y corrupciones, no debe crecer la ciudadanía. O se cambia o la democracia se prostituye. No cabría, en este caso, la coartada de que vende su cuerpo por dar de comer a los hijos. En absoluto. Más bien lo contrario. La democracia vende a sus hijos porque los responsables de defenderla prefieren el ambiente cortesano.

 

En este momento, y dadas las circunstancias, el partido Popular tiene en sus manos, únicamente él, la regeneración del sistema basado en la fuerza del pueblo. No hay más alternativa. El Psoe no lo es en estos momentos. Todo lo contrario. La causa de la prostitución halla su sede en la dirigencia del partido de trabajadores que fundara Pablo Iglesias. Su oferta electoral constituye, por tanto, un atentado al sentido común. Una burla a la memoria de los electores. Y como Rubalcaba and company conocen la dimensión del mal, mantienen la estudiadísima fórmula de los delicuentes pillados in fraganti: yo no he sido.

 

Y como no han sido, la secuencia ejecutiva pasa por arriscar la campaña. Se promete para mañana lo que durante siete años no han cumplido. Se acusa al adversario de las malas acciones propias. Se amenaza a la sociedad con el apocalipsis de recortes sociales. Se hace referencia explícita a la guerra civil. Sacan a la calle los perros rabiosos del enfrentamiento. Advierten del descontrol de los indignados. Se aferran a la violencia callejera como válvula de escape de una población desesperada. Se asombran ante la colocación de bombas como si no supieran de qué va la trama desestabilizadora.

 

Los terroristas han comenzado ya su tarea destructora. Con tiempo. Colocan los canapés mortíferos del ágape letal. Una bomba ha estallado en la casa donde nació Fraga. Recordatorio. Se inicia la escalada. El fantasma del franquismo fluye de nuevo. La memoria histórica se alimenta con genéricos poderosos. Todo vale con tal de que la derecha fracase. Tomás Gómez no tiene reparos en confesar sus pensamientos: Rajoy quiere para España lo que Esperanza Aguirre para Madrid. Rubalcaba pone el complemento: nos sería muy fácil a los socialistas calentar la campaña. Y tanto. Son peritos en la materia de la confusión. A más embrollos, mayores problemas. El gran mentiroso de los asesinatos de Atocha implora una nueva masacre. Rajoy es un experto en perder, apostilla.

 

Calma. Al Partido Popular le ha de salvar su serenidad política. Ante los desplantes, temple. Comunicación. Una de las asignaturas pendientes del PP es su política mediática. No aciertan en su intento de trasladar a la opinión pública la respuesta oportuna a la provocación. Por cada tres mentiras del Psoe, seis verdades del Pp. En tiempo inmediato y en forma moderada. A veces, el silencio es mal consejero. Los gritos, pésimos aliados. Entre un extremo y otro, la palabra docta, cierta y seria. Palabra que lleva mensajes de recuperación. Verbo que convence y seduce. Promesa cumplible. No olviden lo que refería el pedagogo: no se hace lo que se quiere; se quiere lo que se hace. Aprendizaje significativo. Cuando este aprendizaje se produce, el enseñante ha encontrado el canal y la sintonía adecuados.

 

De esta manera, se paliarán los efectos de lo que se prepara una vez las ciudadanía otorgue la confianza al PP. Sobre todo si la mayoría es absoluta. “21-N”. La película. El thriller se está proyectando en cines como el de Villalba, el pueblo de Fraga. De todas formas, la bomba por estallar se llama Seguridad Social. Es muy posible que lo haga en la segunda quincena de diciembre. Atención. Porque no hay un euro.

 

Un saludo.

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