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Francisco Velasco. Abogado e historiador

SAN DILLO

 

 Por no mentarlo,  recurro al juego de nombres. En vez de nombrar al alcalde de Marinaleda, prefiero apocopar su patronímico y su apellido. Este señor se empeña en mostrar –ya que lo de demostrar se halla fuera de su alcance intelectual- que la izquierda es, primero, atavío, segundo, exabruptos y por último, zafiedad.

 

Y no es eso. No es eso. La izquierda es mucho más que formas arcaizantes, fórmulas vulgares y expresiones malsonantes. San Dillo ha mandado a la Europa de los mercaderes a un lugar impropio de las mujeres, de las madres y de las mismísima odaliscas. El hombre cree que su frase crea opinión y, en realidad, ahonda en desprestigio de la clase política en general y de su partido en particular. Allá él.

 

A falta de rigor, San Dillo se amarra al populismo más demagógico. Asalta fincas. Revienta supermercados. Atontabancos. Flaco favor hace a la ciudadanía con estas performances del más sucio estilo.

 

Mostrar la poblada barba, lucir el pañuelo pseudopalestino, esgrimir términos baratos y cobrar sueldos elevados no le hacen más popular. Lo único que logra es perder la autoridad mínima que en otro tiempo podía reportarle votos.


Ahora, que si él persiste en mandar a Europa a ese sitio íntimo de las mujeres, servidor ya lamenta su actitud. Que las señoras manifiesten su repulsa. La expresión, además de sexista y machista, es repugnante. Allá él. En todo caso, mis respetos hacia su augusta mamá.

 

Un saludo.

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