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Francisco Velasco. Abogado e historiador

A LA COLA LOCA

 

 La multinacional americana está haciendo política. Con toda claridad. Lo mismo resulta que el politizador de la famosa bebida es el presidente de la filial española de la marca y el jefe estadounidense no se ha enterado de la misa. Lo cual, por otra parte, me extraña.

 

Me choca que la empresa contrate para un anuncio en España a un actor de características políticas muy definidas. Su simpatía por los presos de ETA es indudable y está acreditada. En un país masacrado por los asesinatos de esta banda terroristas, donde la sensibilidad por las víctimas está a flor de piel, el presidente de la distribuidora y comercial parece navegar por otros mares.

 

La loca de la cola parece que rectificó sobre la marcha primera para desdecirse en la marcha atrás. O sea, hacerla pero no enmendarla. El señor De Quintos utiliza ejemplos del esperpento más casposo para sacudirse las pulgas. Que no pregunta la ideología del actor de sus anuncios televisivos, se disculpa. Pues nada, a la próxima, que la actriz que represente los intereses publicitarios de la refrescadora mundial, haya destacado por sus manifestaciones nazis, su violencia antisemita o por su ataque frontal a los asuntos religiosos de cualesquiera ciudadanos. Total, como el casting lo realiza otro.

 

A todo esto, que Erkoreka salió a la palestra. No teníamos bastante con Eguiguren ni con el alcalde peneuvista de Sestao, que se nos aparece ahora la figura ponderada de don Josu. El vasco del PNV se escuda en la libertad de expresión y en la libertad ideológica para defender al actor, y se queda tan ancho. La ley del embudo suele ser la báscula que mide el peso de las estupideces y de las incoherencias.  En este sentido, parece que la máquina se ha roto por efecto de la descomunal  pesadez del objeto.

 

Y para terminar de rematar la faena, el político quiere que, de la noche a la mañana, mientras las armas siguen ocultas y el miedo se acurruca en el rincón de la paz ficticia, que pasemos página, que los muertos ya no protestan, que sus descendientes son muy latosos y la memoria histórica vale exclusivamente para la guerra civil de los de la izquierda no olvidadiza.

 

Qué mundo estamos viviendo. Colaótico. O cocaótico.

 

Un saludo.

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