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Francisco Velasco. Abogado e historiador

MATSA, MATSA

 

 Lo mismo después se queda en nada. Igualico. Aunque así fuere, algunos nos vamos a dar el pírrico gusto, pero gusto al fin y al cabo, de que el otrora virrey de Andalucía y hoy vicepresidente florero, digo tercero, del (des)Gobierno de Zapatero, se vea obligado a declarar por el célebre asunto MATSA. MATSA, sí el de la subvención de diez millones de euros a la empresa que apoderaba la hija del señor Chaves. Que se va a quedar en el limbo, vale, pero alguna satisfacción nos llevaremos quienes, va para un año, interpelamos en los medios a D. Manuel y presentamos denuncia contra él en sede administrativa.

 

Ya sé que, con anterioridad, la Junta de Andalucía -faltara lo contrario- archivó el caso. No podía ser de otra manera. Como, asimismo, llevó a cabo el Tribunal Supremo. Hala, casi sin alancear el toro, al sobreseimiento. Que la Fiscalía dice que nones y, ya está claro, el nivel de politización del Ministerio Público se halla en boca de todos. Pregunten, si no, a Pons.

 

Pues eso, amigos, que resulta que andaba por ahí el Tribunal Superior de Justicia de Andalucía y, no me explico si con el pie cambiado, ha decidido llamar a declarar al todopoderoso Condeduque de Olivares, perdón, de Chaves, -en qué estaré pensando- sobre la famélica ayuda oficial de más de mil seiscientos millones de pesetas a la sociedad en la que doña Paula, la niña, tenía manifiestos intereses. A declarar. A declarar. A galopar. A galopar. Todavía quedan resabios de los himnos de rebeldía que cantábamos los jóvenes contra las dictaduras de los años setenta. Del pasado siglo.

 

Lo que sí tiene claro este articulista es que ha podido incurrirse en prevaricación. Cosa distinta es que se pruebe. La prueba es difícil cuando los obstáculos son altos, abruptos y escarpados y, a la vez, el buscador de huellas apenas dispone de un poco de cuerda, un par de ganchos, mucha ansia y nula cooperación. A tenor de la doctrina de la propia Fiscalía, en el asunto MATSA se reúnen los elementos que tipifican el presunto delito. Qué cuáles son. Sigan leyendo.

 

Se producen dos elementos subjetivos: un altísimo cargo público e institucional, el máximo de la Junta de Andalucía, como es su Presidente, y un alto representante de la empresa favorecida, en este caso, su apoderada ad hoc. D. Manuel Chaves ocupaba, a la sazón, esa Presidencia y Dª Paula Chaves tenía el apoderamiento de MATSA para esos fines.

 

De igual manera, concurren dos elementos objetivos: los de parentesco. En primer grado de consanguinidad. Padre, don Manuel, de doña Paula.

 

El quinto elemento del grupo doctrinal es el temporal. Es decir, que coincidan en el tiempo la actuación de Chaves padre, como Presidente, y de Chaves, hija, como apoderada. No antes uno y después la otra. No. Ni al revés.

 

Se podrá argüir, por parte de la defensa de los Chaves y del Ministerio Fiscal, que al caso viene a ser lo mismo, que con todo el poder que ostentaba el papá en la Junta, le hubiera sido muy fácil abstenerse en la votación y, de esta manera, evitar cualquier conato de acusación. Podía. Claro que podía. Pero en la Andalucía de Chaves, antes, y ahora de Griñán, ya no se guardan ni las formas. Tal es el sentido de impunidad de que se orlan, que ni se molestan en disimular, Para qué. La oligarquía pública tiene asiento longevo en la Junta psoecialista. Ni se inmutan, oigan. La cara no se les cae ya de vergüenza. Han practicado tanto el enchufismo, y siguen en ello tan tranquilos, que aviados están los que piensan que, por vergüenza torera, el papá se iba a abstener. Ja, ja.

 

Cuando renquea la transparencia, enmudece la objetividad y se dictan resoluciones arbitrarias, esta democracia se prostituye hasta el límite de la dictadura. Así, el imperio de la ley que brota del pueblo se confunde con la ley que emana del tirano. Es igual que el déspota que confunde, contumazmente, su patrimonio personal con el patrimonio público.

 

A declarar, don Manuel. A declarar.

 

Un saludo.

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