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Francisco Velasco. Abogado e historiador

DE LA BOLA A LA NULIDAD

 

 El Palacete de la onubense Plaza de las Monjas sigue dando que hablar. El sueño faraónico de doña Petronila se está convirtiendo en una pesadilla interminable para el Psoe. Lo que mal comenzó, peor puede acabar. El destierro dorado de la expresidente de la Diputación de Huelva en un recóndito escaño del Senado, no frena la inercia de los acontecimientos. Resulta que la conocida como Casa de la Bola está haciendo honor a su apelativo. No como bola que corona el edificio. Como bola o burbuja. Como bola o canica. Como mentira urdida en las cloacas del poder. Como encarnación de la persona inepta o incapaz. O, como dicen en Cuba, como cambio de una disposición que modifica el orden previo.

 

El palacete de Petri sigue coleando. A la sede imperial hay que darle bola. La bola de la atención porque en el interior de ese inmueble de apodo esférico los arqueólogos del Derecho pueden encontrar las huellas de una vergüenza perdida.

 

El Consejo Consultivo de Andalucía ha evacuado un dictamen por el que declara nulo el acuerdo de aprobación del contrato de opción de arrendamiento del Hotel París. Arrendamiento que costó una pasta a los onubenses. Arrendamiento que se mantuvo durante años para desdoro de la clase política psoecialista de Huelva. Arrendamiento falaz en su forma y mendaz en algunos de sus contenidos. Arrendamiento que se realizó prescindiendo del procedimiento. Arrendamiento, en suma, que se vincula a las mil atrocidades perpetradas políticamente por el Partido que fuera de Zapatero y que ahora gallea con Rubalcaba en su penúltimo canto del cisne. Arrendamiento que pone de manifiesto que por cada gürtel o Bárcenas, los de Griñán, Susana o Chaves aportan cientos de concavidades donde se refugian fondos de reptiles, aún  por extraer de las simas de la tierra.

 

Las dictaduras nunca son democráticas por más que los intrusos calcen las sandalias del pueblo llano o vistan la humilde saya de los menesterosos. Las dictaduras actuales disfrazan sus carnes fascistas con las túnicas de cristales que impiden que el interior sea apreciado desde fuera. Cuando al cabo sobreviene el desenmascaramiento, nadie pedirá perdón por sus fechorías. Nadie devolverá lo despilfarrado. Nadie restituirá al pueblo la honra mancillada. Nadie presentará su dimisión irrevocable. Todos se ampararán en el primo zumosol del partido. Todos correrán a esconderse bajo la falda de la mesa de camilla del chalecito.

 

Millones de euros. La Casa de la Bola ha costado al erario público millones de euros. Lo mismito que las subvenciones a la prensa afín al partido de Mario Jiménez. Si alguien cree que a esta gente le importa la legión de ciudadanos amargados y deprimidos por la crisis maldita, pierda la fe. Porque con este tipo de sujetos, el coche de lujo que conducen vale lo que el combustible del vehículo o lo que la mansión que habitan o lo que las comilonas que se meten entre pecho y espalda.

 

La bola es el engaño. Es el acto. Detrás no hay procedimiento. En el fondo, no hay más ley que la del territorio de hienas y buitres. Así nos va.

 

Un saludo.

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