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Francisco Velasco. Abogado e historiador

RUEDAS PINCHADAS

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El coche familiar carece de rueda de repuesto. Dos de las cuatro gomas están recauchutadas y, para más inri, desinfladas. No obstante, el vehículo prosigue su marcha, lenta y cuidadosa. No es lo que debe pero sí lo que se puede.

 

El problema se manifiesta, en realidad, cuando la falta de aire incrementa el rozamiento con el asfalto y los neumáticos se pinchan. No hay manera de que el vehículo cumpla su cometido en estas condiciones. Tampoco hay forma de convencer a sus propietarios de que el pinchazo, como el desgaste, tiene su origen en la falta de motivación y en la ausencia de voluntad de cooperar.  Las dos ruedas buenas no pueden, solas, tirar del carro. Es ineludible cambiar las que se encuentre en mal estado y someterlas a un tratamiento urgente. Si no, todo irá al desguace.

 

Es la metáfora de la vida. La familia viene a ser como ese coche antiguo que, pese a los años, mantiene su status de símbolo de unidad. El pater familias sigue manejando el volante pero la conducción se le escapa. Los dueños de las ruedas infladas y alineadas cubren su recorrido a base de dedicación, entrega y respeto. Al mismo tiempo, suplen las carencias de los progenitores. En cambio, los irresponsables de las ruedas pinchadas transmiten a la marcha la dejadez de sus vidas y la desidia de sus actitudes. En cualquier caso, lo más adecuado es convertir el coche en moto de dos ruedas.

 

Una alegoría deja su condición de figura literaria cuando la realidad se impone a la poética. El Estado flaquea si la familia se descompone. En esta España del desencanto nacional y de la maldita crisis, o la familia pasa por el taller de pinchazos, inflados y alineaciones, o todo el país se va a hacer puñetas. Claro que para solucionar el problema, no valen lloros ni declaraciones sollozantes de niñatos. Son necesarias las personas maduras y comprometidas.

 

Dos ruedas pinchadas hacen más daño por no admitir la urgencia de la reparación que por la propia falta de aire. Es un recordatorio para aquellos ciudadanos, hijos y nietos, que no quieren entender que del hoyo se sale por el sumatorio de factores. Más tarde, serán autores por omisión de la herencia que reciban.

 

Lo más penoso es que los miserables juran y perjuran que las pinchadas son las ruedas infladas de los que sí funcionan. En un alarde de golfería, atribuyen a los que tiran del carro la condición de carga que ellos son. De esta forma, destruyen el país y la familia, la familia y el país.

 

Un saludo.

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