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Francisco Velasco. Abogado e historiador

EL RETRATO

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Para escándalo, lo de la señora María Emilia Casas. Ni el Ecce Homo deconstruido ni el Cristo restaurado. Lo que nos cuesta un ojo de la cara es el retrato encargado por el Tribunal Constitucional para inmortalizar a la que fuera su presidente. Sesenta mil euros del ala. Diez millones de pesetas se han pagado para pintar la etopeya rostral de una señora. Los ciudadanos nos conformamos con el fotomatón. Los exjefezuelos/as de la panda institucional, se retratan a precio de la condesa de Chinchón. La muchedumbre, se reproduce a euro la cara.

 

El que no se consuela es porque no quiere. El lienzo de Álvarez Cascos se mercadea en valores de Velázquez y en moneda actual. Casi doscientos mil euros le hemos pagado a Antonio López, el genial pintor, por dejar el color de su figura en las paredes nobles del Ministerio de Fomento. La ambición se describe desnuda en los campos de la casta gobernante.

 

La moral de esta gente es, de elástica, frágil como el papel de fumar. Sirve para envolver el tabaco que mata. Pueden ser tan desvergonzados que, lejos de someterse a la inclinación de la economía doméstica, incrementan sus lujos en épocas de caida de la renta disponible. Cuestión de malas costumbres. No olvidemos que moral proviene etimológicamente del genitivo latino moris y que ética descansa en el vocablo griego, ethos, que se traduce por conducta. Conducta y costumbres que se concretan en bondad o maldad de actos humanos. En este caso, malos a morir.

 

Para retrato único y exclusivo el de la policía a los caudillos psoecialistas andaluces. Retrato con pianista incluido. La última ola del neo-retratismo hispano supone una fianza de 490 millones de euros. Es lo que le va a costar al viceconsejero Barberá su responsabilidad civil en el asalto a la banca de empleo. ¡Oh, mores! ¡Oh Alaya! Su técnica insuperable hace de sus cuadros un patrimonio de la justicia española. ¡Oh tempora! Ni el Rembrandt de sus mejores tiempos descubrió con tanta psicología el perfil anímico de la juez.


El retrato de la magistrada sólo es equiparable al de la Señora Elisa, la Gioconda, de Leonardo. Pura sinfonía de psicoanálisis colectivo.

 

Un saludo.

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