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Francisco Velasco. Abogado e historiador

IU, UPyD, ES LA GUERRA

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Rosa Díez nunca fue santa de mi devoción. Nunca me convenció sobre su conversión  pauliana a los suelos de la verdad angelical. Su transustanciación política provoca océanos de desconfianza. En una palabra, que me fío cero quilates de su palabra de oro. Oro molido.

 

En este mundo de relativismo, los valores absolutos quedan a expensas de los escaparates festivos. Justicia, solidaridad, respeto, existen pero no son más que en el contexto de la comparativa y de los sujetos que vendan su actualidad. UPyD puede decir lo que quiera sobre su posicionamiento patriótico y se podrá creer o no su mensaje. En el caso de IU, podremos colocar el adoquín de su posición política, pero no tienen ni pajolera masilla de la idea de patria.

 

En una diatriba entre Rosa Díez y el señor Lara, de entrada me quedo con este último y de salida defiendo las prédicas del sucesor de Anguita. Pero, ojo, no porque comulgue con ellas, que ni de broma, sino porque al menos se le ve venir. A doña Rosa, no. Cuando habla, arenga, tercia o declara, se me aparece el fantasma de la izquierda demagógica que alentó durante años y con la que compartió perdices en el País Vasco.

 

El diputado Garzón, no confundir con don Baltasar, pertenece al grupo de IU en el Congreso de Diputados. El joven parlamentario se ha dejado caer con unas palabras bien gruesas dirigidas al partido de Díez y tres o cuatro socios más. Como en esta vida nadie acepta sus palabras y reniega de sus actos cuando las primeras producen escándalo y los segundos generan repugnancia, claro está que UPyD niega la acusación  y se apresta a lanzar llamas contra la formación que se dice de izquierdas. Que se dice.

 

Las descolocaciones de unos y otros son pantallazos. En el disco duro permanecen sus conversaciones privadas, sus encuentros ideológicos y sus abrazos inocentes. Treinta años subida en la peana institucional hacen de doña Rosa una tiranosauria de la política más innoble. Sus cantos de libertad y sus amores a España desafinan y nadie cree. Por su parte, el tambor monocorde y rompetímpanos de Lara destrozan la pretendida verosimilitud de su discurso. Entre unos y otros, la guerra. Los muertos de esa guerra, los españoles. Quiénes si no.

 

Un saludo.

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