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Francisco Velasco. Abogado e historiador

TODOS CONTRA ELLA

 

 La mujer juez los tiene de los nervios. Cómo será que hasta el infumable Valderas está recomponiendo la figura y matizando el mensaje. La barcenada es un juego de niños comparado con  lo que ha de venir en la Junta. Eso si antes no se cargan a doña Mercedes.

 

La imputación de Lozano, que fuera viceconsejero de Presidencia con doña Susana, preludia tempestades más perfectas. La comparecencia de Maleni Álvarez, doña Magdalena, que ustedes no saben lo grande que es Barajas, constituye uno de los puntos fuertes que los medios ya preparan con fruición.

 

Alaya no es una magistrada al uso. Posee tres cualidades de las personas nobles: autoridad, que no poder; sabiduría jurídica que no es leguleya; y valentía de mujer sensata que amarra su oficio a la pata de su cama. Tiene muy en cuenta el decir de la Audiencia y el hacer del Tribunal Superior de Justicia. Modos procesales exquisitos sin los cuales todo se iría al traste para gozo de los prevaricadores y malversadores. El propio TSJ de Andalucía ya advirtió que la Junta estaba prescindiendo total y absolutamente del procedimiento. Advertencia no por obvia menos trascendente.

 

La Junta del Psoe está tan habituada a los actos administrativos sin procedimiento como a tomar decisiones sin normas. La leyenda de la ciudad sin ley se escenifica en las distintas consejerías de la comunidad desde que Ojeda asumió la presidencia preautonómica. En los contenciosos, Educación suele mandar los expedientes un  día antes de la Vista a ver si de esa manera se suspende el juicio. Y si lo envía con anterioridad suficiente, lo hace de manera incompleta para que el letrado de la demandante se “joda”, con perdón y, de camino, que el administrado se coma un roscón de reyes con tachuelas dentro.

 

Si la juez Alaya consigue desnudar a tanto embozado juntero, el motín de Esquilache pasará a la historia como una anécdota de segundo interés. La revolución aláyica podría ser el punto de partida de una nueva era en la sociedad andaluza. Después de treinta años de despotismo y de subdesarrollo, puede haber llegado el momento de un radical cambio en la mentalidad de los ciudadanos del sur de España.

 

Ese cambio llegaría de la mano de una mujer con  más bemoles que la aragonesa Agustina. Esta nos defendió de los gabachos y la juez nos puede liberar de los mamarrachos que han destrozado la posibilidad de progreso de nuestro territorio. Es mucha tela la que se ha cortado y poca la pasta para vestirse mejor.

 

Por eso, los malvados la asedian, la cercan, la acosan, la “putean”, de nuevo perdón,  y si, pueden, la pasaportarán a una vida más celeste. Que no hay cuerpo que soporte tanta fatiga. Y, además, sin  ayuda del pueblo.

 

Un saludo.

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