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Francisco Velasco. Abogado e historiador

AUTOCOMPLACENCIA

 

 Hay quienes, a falta de abuela, se solazan en la autocomplacencia. Extraordinariamente satisfechos por su manera de ser y por la calidad de sus actos, se miran el ombligo y en tan reducida superficie agotan su horizonte.

 

Existe en el PP un movimiento en este sentido. Todos apuntan hacia la superación de la crisis y de la recesión y, sin embargo, el común permanece cautivo en la cárcel de las deudas y de los recortes. La autocomplacencia se define, así, como la voluntad del partido dirigida a recuperar los votos perdidos después de dos años largos de austeridad espartana. El ciudadano sigue peleando a diario con el grifo que no abre el crédito, con la factura de la luz, con el estigma del paro y con el fantasma viviente de la desigualdad.

 

Si con este bagaje no arrastráramos suficiente peso, el sendero se hace abrupto e insufrible si lo recorremos en compañía de la legión de corruptos que han hecho del país una cueva de ladrones procedentes de la izquierda y de la derecha. Todo ello, en el marco de restricciones que nos sigue diseñando el Fondo Monetario Internacional. Al tapón le quedan algunas vueltas. Hasta que se pase de rosca, que es el paso previo al estallido.

 

Y por si fuera poco, parió la madre Rusia. El desafío de Ucrania terminó de acongojar al cobarde dinero. Las inversiones se refugian en las madrigueras de costumbre y el factor confianza ha hecho mutis por el foro de Crimea. Las divisas se desploman, las bolsas pintan bastos, las materias primas disparan precios de obús y la deuda pública anuncia rendimientos negativos. El termómetro del miedo volatiliza los beneficios y en la habitación del pánico sólo hay cabida para los de siempre.

 

Dónde la complacencia. Mucho menos la autocomplacencia. Salvo que el cretinismo político carezca de freno y de marcha atrás.

 

Un saludo.

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