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Francisco Velasco. Abogado e historiador

CINETA

 

El Western creó género. Y el “suspense”. Qué les digo sobre el cine de terror. O las comedias rosas. Norteamérica regó la industria, primero, y el arte después, con cientos de producciones inolvidables.

 

En España, la línea de batalla se gestó en el cine histórico, singularmente rancio, y en las muestras de humor, costumbrista, facilón y, por supuesto, simpático y tremendamente gracioso. No obstante, algunas películas se consideran obras maestras por su originalidad, si bien pocas pueden presumir de taquillas millonarias.

 

 Sin embargo, la progresía de la subvención tuvo la habilidad de gestar un género, el guerracivilismo, que inundó las carteleras sin otro interés que hacer gala de su precaria salud creativa, de su afán de mirar hacia atrás con cólera y de su voluntad de “joder” la democracia a fuer de entregarse a la orgía de la discordia entre los malos, los de derecha, y los superbuenos, los de izquierda. De esos polvos, los lodos de la cinematografía nacional de nuestros días.

 

En tiempos de memoria torticera, más de lo mismo pero en clave de actualidad. El mundo de ETA ya se lució con algunos filmes de vómito. Siete Apellidos Vascos intenta, con buena fe y éxito dinerario, una política de distensión. Sin embargo, las gracietas se imponen al problema social y resta crédito a la inversión política. De ahí que los productores vuelvan la mirada al mundo abertzale.

 

En este sentido, tomando como directriz el odio y la venganza, el director de “Fuego” relata la historia de una víctima del terrorismo asesino de ETA. Ojo por ojo y diente por diente es la expresión definidora de la ley del Talión. Los lasa y zabala de Felipe vuelven a tomar cuerpo de la mano de otro exagente de los Cuerpos de Seguridad. Si los talibanes iletrados que en Euskadi defienden la muerte del español con el mismo entusiasmo que degustan los sublimes platos de la gastronomía vasca, ya me dirán con que intensidad se opondrán a que un charlesbronson hispano se tome la justicia por su mano en el barrio viejo de Lekeitio.

 

Servidor está en contra de herir sensibilidades. Las cosas, a la cara y la mirada prendida en los ojos del de enfrente. Estas armas de la pseudointelectualidad las carga el diablo. Pasado mañana tendremos que soportar el relato de la vendetta al revés. No se hizo la miel para la boca del burro pero en el consciente de los mulos humanos, la violencia se denomina justicia y el odio es un amor desmesurado.

 

Estar contra ETA no consiste en acordarse todos los días, a todas horas, de la madre que parió a los asesinos que parieron. Estar contra ETA significa ponerse al lado de las leyes. De las leyes democráticas.

 

Esperemos que los progres del caviar no nos metan etarrismo fílmico por los ojos hasta provocarnos la misma diarrea mental que con la guerra civil española.

 

Un saludo.

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