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Francisco Velasco. Abogado e historiador

FIERAS CORRUPIAS

 

El patio está revuelto. Entre el follaje descuidado del jardín, las fieras corrupias muestran su verdadero aspecto espantable. El acoso sobre la juez Alaya es indisimulado. La orden de derribo, consigna oficial.

 

El que faltaba para romper la baraja era el cazador de elefantes. El consejero de justicia, que es fiscal en excedencia, persigue los colmillos de marfil que justifiquen su estancia en la Junta como abogado principesco de Griñán. El escopetero acusa a la juez de parcial en la instrucción del caso. Él acusa. En vez de cooperar en la acción de la justicia, arremete contra la juzgadora.

 

Las fieras corrupias piropean a la magistrada con lisonjas que no deseo a mi peor enemigo. Las presiones al juez Barbero fueron minúsculas si se comparan con  la artillería con la que disparan a doña Mercedes.

 

De Llera llora. Llora De Llera. Lamenta la declaración del que fuera interventor y asegura que carece de datos para incriminar a su dilecto jefazo. Lágrimas de cocodrilo en cinturón de piel del animal.

 

Cómo confiar en la justicia cuando sólo encontramos algunas docenas de Alaya y miles de llorones De Llera. Fieras corrupias, eso es lo que son quienes con una mano levantan la espada y con la otra se quitan la venda. Así no hay muertos por fuego amigo. Todos los que caigan, serán enemigos. Del partido. De la banda.

 

Un saludo.

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