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Francisco Velasco. Abogado e historiador

LA MEJOR TIENDA DE LA CALLE

 

 El Partido Popular de Punta Umbría es el mejor del pueblo. Mucho mejor que el PP de Huelva, que el PP de Andalucía y que el PP de España. Si, dialécticamente, queremos reducir a superficie territorial la bondad de una oferta de cualquier tipo, siempre triunfará la de ámbito menor porque es la que afecta e incumbe directamente a los ciudadanos. Qué importa a los calañeses que el primer Madrid disponga de un patrimonio histórico sensacional si su pueblo dista casi setecientos kilómetros de la capital. Para ellos, el templo parroquial resume arte y su Coronada rezuma devoción.

 

La guerra interna entre políticos del PP onubense no es nueva. La declaración de hostilidades se proclamó años atrás. José Carlos, que ha sido un formidable alcalde y un excelente valedor de las tesis políticas populares, nunca fue santo de oración dentro de su grupo. Demasiado brillante para tanto cenutrio que se congrega en derredor del astro. Las envidias fueron siempre malas acompañantes de cualquier oficio y las puñaladas traperas echan chispas cuando en la oscuridad de la noche los aceros miden su resistencia. A José Carlos se la tenían jurada desde hace tiempo. El reciente congreso puntaumbrieño ha puesto punto y seguido a la confabulación contra Hernández Cansino. Punto y seguido, ojo, que el discurso y la contienda no acabaron entonces.

 

La señora Sacramento, electa presidente del PP en la localidad costera, es, desde un punto de vista organizativo,  la jefa directa de Hernández Cansino. Se podrá criticar el procedimiento electoral, pero la realidad es tozuda. Sin embargo, a veces los partidos se conducen como entidades mafiosas y el cerebro de la trama no deja de ser un órgano secundario en la esfera institucional. O viceversa. Se puede ser presidente del Gobierno y, al tiempo, simple masón distante del puesto de gran maestre de la logia.

 

Resta por ver quién gana el pulso. Si el grupo municipal del PP, constituido merced a los votos de los vecinos, o el partido popular, resultado de unos comicios internos. En cualquier grupo que se precie, el presidente institucional reclama para sí la más alta jerarquía del partido. Las bicefalias son carísimas. Observen el repeluco que provoca el águila de dos cabezas en las enseñas nacionales.

 

El partido Popular está dando muestras de torpeza en Huelva. De escasa inteligencia emocional y de mayor memez de gestión. Hacer sangre en el propio cuerpo es propio de gente que no merece ocupar lugares de responsabilidad. Si se quiere prescindir de José Carlos, hágase por la vía rápida y por derecho. Sin embargo, las actitudes florentinas y borgianas no son aconsejables según con qué pretendientes. Suele ocurrir que el perseguido se embosque y, desde la trinchera, dé lecciones de esgrima con el florete y revele sus aptitudes de cortacuellos con la espada de matar.

 

No pocas veces el pez grande se come al chico y en innumerables ocasiones, la victoria de Goliat es de tal modo pírrica que para ese final, mejor un mal principio. Estoy convencido de que José Carlos perderá esta batalla. Sin embargo, estoy seguro de que la guerra la tiene perdida el aparato institucional de la Organización del PP en Huelva. Cómo que por qué. Porque no se puede criticar al Psoe y seguir conductas de signo similar, pero con menos gracia, peor ingenio y, sobre todo, sin habilidad de merchandising. Fíjense en la difusión del caso Bárcenas y en la sordina de los EREs del fondo de reptiles y en las comilonas de UGT.

 

Cuestión de talento político. Los diamantes no se cortan en el yunque del platero. Cuanto menos en la máquina de fabricar cacerolas. Con lo fácil que es dialogar.

 

Un saludo.

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