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Francisco Velasco. Abogado e historiador

EL FETICHE

 

 No hay quien le eche cuenta. Aburrido, se comporta como el abuelo brasas. Construye relatos tan inverosímiles como interminables. Ahí está Zapatero.

 

Con el fin de llamar la atención, el que fuera la desdicha de la política española durante siete insufribles años, ha lanzado una de sus proclamas vacuas. El hombre propone la creación de una alianza permanente de confesiones religiosas. Después del fracaso estrepitoso de su alianza de incivilizaciones, don José Luis vuelve a tocar la tecla de la estupidez  y aboga por una unión política de religiones del mundo mundial, incluidas las religiones laicas, ateas, agnósticas existentes y por venir. Un cielo este señor. En la cúspide de la nueva organización ecuménica, él mismo. Por qué no. Servidor le votaría con toda la intención. De esta manera, como los niños pequeños, satisfarías sus inquietudes y rabietas con juegos de casitas de papel. De papel.

 

El suyo es un cántico a la paz. Un espíritu libre de la no violencia solo puede engendrar querubines y criaturas seráficas. Que el líder espirituoso –a base de licores- decide poner fin al conflicto de Oriente Medio, desde Palestina a Irak, pues alza la mano, bendice a los líderes y un  manto de calma abriga el escenario de guerra. Que hay que poner orden en Ruanda, pues lo mismo con la diferencia de que en África, se sustituirá el petróleo por agua. Y así sucesivamente.

 

El problema de este gran líder de la nadería es que piensa que las religiones del libro están en la base de todos los males que sufre la sociedad. Y como carece de conocimientos históricos, sociológicos y de otros tipos, saca a pasear su vena de pastor antievangélico, anticoránico y antitalmúdico y arremete contra ellos por vía del budismo light, del confucionismo atávico o del viento que se lleva por delante todas las enfermedades, menos la suya.

 

Un caso. Alguien debe poner tareas a este hombre. Cuando el diablo se aburre, dicen, mata moscas con el rabo. Distracción. Hay que buscarle un claro objeto de relax. Fuera de los ámbitos políticos. Igual se le puede contratar como ayudante del quinto entrenador de un equipo de baloncesto de su ciudad.

 

Cualquier deseo de volver a la política activa pone los pelos de punta. Uno se acuerda del Plan E, de su sentada ante la bandera norteamericana y de aquello de que los catalanes harán lo que decidan hacer, y es que se estremece.

 

Una y no más, santotomás.

 

Un saludo.

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