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Francisco Velasco. Abogado e historiador

DISTRIBUIDORES

 

                 La legión feminista permanece en los cuartes del mutismo invernal cuando le viene en gana. Las fuerzas que despliegan en unos contenciosos no se compadecen con el silencio que subsigue a otros conflictos. Uno comprende la existencia de movimientos de esta índole como sentido de resistencia frente al generalizado poder machista. Sin embargo, o la coherencia preside nuestras acciones o los generales de los ejércitos sociales deben largarse con la música verbenera a otra parte.

 

                El comentario viene a cuento de un anuncio publicitario que se inserta en todos los canales de televisión. Se refiere a una determinada empresa de venta domiciliaria de cosméticos que se relaciona con el lema de “A.. llama”. El mensaje de captación  del personal vendedor de productos de la famosa marca es decididamente feminista y, sin lugar, a dudas, promotor de las incurias machistas. Los llamados a la oferta son mujeres. Distribuidoras. A los hombres, no. Nadie ha protestado por la discriminación.

 

                En nuestro país de ayatollahs, de curas fundamentalistas y de seglares inquisidores, las libertades se agostan en la voluntad de someter, de exigir obediencia, de dominar al otro. Cuando esto sucede, y por desgracia es frecuente, tan majadero puede ser quien impone sus leyes propias como quien las admite sin rechistar y sin  ligarse a los postulados erigidos por una sociedad democrática. La igualdad entre hombres y mujeres es un derecho tan sustancial que no admite duda. Si este derecho se lesiona, ocurre como con todo. Que la pasividad y el miedo son los peores consejeros.

 

                Desde niños, este principio debe imbuirse como dogma de comportamiento. Lo cual no quiere decir que los chicos deban incorporar a sus genes el juego con muñecas por aquello de la uniformidad ni que las chicas hayan de sumarse al club de la pelota vasca para no ser menos. Sencillamente, hacer lo que les plazca sin renunciar a su esencia individual.

 

                Tan machista es la mujer que, por sistema, reclama a su pareja que suba al tejado a reparar algunas tejas como el hombre que, por inercia consuetudinaria, presiona a la mujer, o al marido, para que sirva una copa a los amigos invitados.

 

                Todos podemos hacer de todo. Sin distinciones. Sin desigualdades de trato. Respecto a los cosméticos a vender, el feminismo militante debiera poner el grito en el cielo porque, en suma, el masculinismo talibán ni siquiera chascará su lengua como reproche. Distribuidora de A.. llama, no. Distribuidor de A.. llama, también.

 

Un saludo.

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