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Francisco Velasco. Abogado e historiador

CUENTAS SINDICALES

 

 “Huelvaya” se hizo eco de la noticia. UGT ha celebrado una asamblea de extrabajadores de Astilleros para advertirles que chitón. Que cremallera. Que silencio. Que la policía pregunte, pero que ellos, ni mu. Que se acojan al derecho a no declarar. Que no hablen salvo para los buenos días. Bocazas, absténganse. Que en boca cerrada no entran moscaeres. Que como le den a la húmeda, les pueden cortar la lengua. Que corre peligro el tinglado. Que bastante tienen con Lanzas y amigotes.

 

El poder se escribe con ese de sindicatos sumisos. Sumisos y silentes. Silentes y sesgados. Cómo no. Con lo que cobran. Los EREs son el ferragosto sindical de Comisiones y UGT. Negociazo el suyo. La crisis como coartada. La coartada de la crisis. Cuanto más despidos, mayores ingresos. La izquierda sindical se mimetiza en el amarillismo innoble de la izquierda política. La izquierdilla. La izquierdosa. La izquierducha.

 

Los despachos laboralistas sufren la plaga. Los sindicatos de Méndez y Toxo se ponen las botas de cinco leguas. Adelante. La clase obrera necesita a estos héroes modernos. Mucho de zorro y más de zeta...pé. A este paso, el Ritz será la sede de negociación. El Villamagna, para el aperitivo. Todo para el obrero pero sin el obrero. La nueva consigna del despotismo se lee en clave psoecialista. Menudo chollo se han montado los compañeros de viaje a la ruina de España.

 

Los obreros están representados por el comité de empresa. Sin embargo, ellos no encargan el caso al bufete que les venga en gana. Los trabajadores caen en las redes de la insaciable y gigantesca araña bicéfala. Cuotas, subvenciones, cursitos de formación, y algunos otros conceptos engordan al arácnido.

 

Los sindicalistas realizan, en general, una labor de mérito. En particular, algunos destacan por su capacidad de fraude. Legal, sí, pero engañoso a la postre. Allí donde no hay transparencia, la objetividad muere. Yo los llamo “puretas”. Toda su generosidad se queda en la expresión verbal. Fuera de ese ámbito aéreo, el gesto predominante se aposenta en la mano al bolsillo y a la cartera.

 

Ocurre como con esos grandes defensores de la igualdad entre hombres y mujeres. Consideran los hipócritas que el contenido de su discurso se llena en el todos y todas, en el compañeros y compañeras o en el camaradas y camarados, o en el mujeros y mujeras y el de hombros y hombras. Después, en la intimidad o en la caza al acecho de sus profesiones, maltratan a los subordinados, acosan a los desvalidos e imponen su pérfida voluntad. La izquierdilla izquierducha se baña de lodo cada vez que instrumentan a las mujeres para explotarlas a continuación o defienden a los trabajadores para chuparles después su sangre.



Las cuentas sindicales son el cuento del pureta. Más papistas que el Papa. Mendeces y mendaces. Tojos y tajos.



Un saludo.

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