Blogia
Francisco Velasco. Abogado e historiador

EL SÉPTIMO SELLO

 

 El libro del Apocalipsis es el último de los que componen el Nuevo Testamento. Es la Nueva Alianza que forma parte de la Biblia cristiana. Se cree que fue escrito en el siglo I coincidiendo con las cruentas persecuciones de Domiciano. El Apocalipsis habla de siete sellos y de cuatro jinetes. La cuestión es la filosofía de la existencia. La muerte, el hambre, la enfermedad y la muerte nos hacen plantear hechos trágicos que afectan a nuestras creencias personales. Entre los sellos, el fanatismo religioso. Para los cristianos, la fe capaz de soportar las angustias de un mundo hostil.

 

El jinete del cuarto caballo tenía por nombre Muerte. Seguía a la Muerte el Hades, la morada de los espíritus tras la muerte. Es fe. O sea, una proposición ni evidente ni demostrada pero que se acepta porque no existe otro principio al que podamos referirnos. Por consiguiente, la fe hace crecer una fuerza interior que mezcla voluntad, esperanza y creencia en la autoridad directa de alguien. Ahí está y ahí queda. Sin imposiciones ni amenazas. En cualquier caso, la fe no es una fuerza bruta exenta de directrices racionales. En la Carta a los Hebreos, se define la fe como la certeza de lo que se espera y la evidencia de lo que no se ve.

 

En 1989 cayó el muro de Berlín. El muro alemán era un símbolo de división entre dos bloques irreconciliables. El muro se derrumbó y no se derramó sangre. Como afirmaba Benedicto XVI, la voluntad de ser libres es más fuerte que el miedo a la violencia. La violencia en la historia ha tenido muchas veces su asiento en la fe cristiana. Sin embargo, esta fe es fruto de una interpretación abusiva. Se produce cuando el ser humano deja de reconocer normas y jueces por encima de su propia autosuficiencia. La verdadera naturaleza de la fe huye de la guerra pero no hace ascos a la razón.

 

Abjurar de la espiritualidad es renegar de la humanidad. Hoy se conmemora en gran parte del mundo el día de los muertos. La teología es auténtica cuando se considera como ciencia que se interroga sobre la razón de la fe. El ateísmo más feroz debe preguntarse las razones de su hostilidad. El culto a los muertos es algo más que un acto de fe y más que una liturgia religiosa. La fiesta, de origen pagano, no es una exclusividad del cristianismo. Hunde sus raíces en las civilizaciones más antiguas.

 

Acaso la desidia ante Dios sea paralela a la apatía emocional. De tan cercanas las calamidades, de tan acostumbrados a la muerte de la inocencia y a los horrores de la guerra, los hombres hemos creído que el ser supremo está en nosotros mismos. Salvo cuando la parca acecha y se desmorona su fortaleza. Entonces todos se acuerdan de Santa Bárbara.

 

Cuando abrió el séptimo sello, se hizo silencio en el cielo. Apocalipsis, 8.1.

 

Un saludo.

0 comentarios