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Francisco Velasco. Abogado e historiador

MATAR AL MENSAJERO MAFO

MATAR AL MENSAJERO MAFO
En la Antigüedad, los poderosos que recibían mensajes no deseados o noticias de infortunio, en vez de preocuparse por la raíz de las mismas o atribuir certeramente el contenido a sus autores, tomaban el camino más fácil: matar al mensajero. Eso en la Antigüedad. En la Edad Media era costumbre azotar al mensajero portador de malas noticias, aunque ya no se le daba muerte. Eso en el Medioevo. ¿Ya no ocurre lo mismo en la actualidad? Sí, pero con otro estilo, más perverso, más sutil, más sibilino, igual de indecente. Veamos. Hoy día, esta expresión persiste llena de vida y de contenido por más que se considere una frase hecha, pero la indignación que provocan quienes dan a conocer malas noticias o quienes revelan asuntos que se quieren ocultar, reporta unas consecuencias funestas.

 Por ejemplo: Imaginen un científico, un genetista, contratado por la Ministra Bibiana Aído, para colaborar en el Informe -el que ella quiere- sobre el aborto. En un momento dado, este científico, en el uso de su derecho a la libertad de expresión, realiza unas declaraciones en las que manifiesta su inquietud por la forma cómo se está teorizando un tema que, a la postre, puede convertirse en ley. Aído podría admitir, o no, la crítica. En caso de no hacerlo, si no ella, sí sus superiores en el Gobierno o los jerarcas de la propaganda del partido o la prensa sujeta y adicta ya se encargarán bien de expulsarlo de la Comisión, bien de llevar a cabo una abrumadora campaña de desprestigio, bien ambas cosas y otras más lesivas. Todo menos aceptar lo que dice. No hay muerte física por medio pero la muerte moral puede arrancar tantas lágrimas como aquélla. Si un Gobierno, el que sea, reclama una asesoría científica, ésta ha de prescindir de consignas partidarias o de lemas tendenciosos y, por el contrario, debe acudir a la transparencia de procedimientos, al rigor de los datos y a la demostración de las tesis. Demostración, que no mostración. Demostración, es decir, sucesión coherente de pasos que, partiendo de hipótesis, de premisas verdaderas, llegue a conclusiones irrefutables que aseguren la verdad de la tesis.
 En Corea, un tribunal de Justicia ha absuelto al bloguero que predijo la quiebra de Lehman Brothers. ¿Absuelto de qué delito? De publicar un mensaje. Este mensaje predecía la quiebra de esa institución financiera y la devaluación del won, la divisa del país. La acusación se basaba en que este analista había difundido información falsa en su blog con ánimo de dañar la economía del país. El sr. Park Dae Sung fue detenido y encarcelado a la espera de juicio.
 En Italia, el sismólogo Giuliani predijo que habría un terremoto importante en la zona de LÁquila semana antes del seísmo. Publicó su predicción en Internet, fue denunciado a las autoridades por causar pánico en la población y fue tachado de imbécil por un alto representante del país de Berlusconi.
 En España, hace un año, Pizarro avisó de la crisis económica que se cernía sobre el país. Solbes lo desmintió, Zapatero lo tildó -y como a él a quienes defendían sus tesis- de antipatriota, y sufrió una campaña tan brutal que su partido político, el Popular, perdió las elecciones, acaso, entre otras razones, por tan ofensiva campaña.
 En nuestro país, en estos días, Miguel Ángel Fernández Ordóñez (MAFO), Gobernador del Banco de España, está lanzando nítidos mensajes de preocupación sobre las pensiones. -Pero MAFO es más del PSOE que el puño y la rosa, me espetan algunos psoescépticos. Así es, respondo. Zapatero lo nombró por ser técnico de prestigio pero sobre todo por ser del Partido, sin ni siquiera pedir la aquiescencia del Partido Popular.  Pero claro, llega un momento en que hay que apretar el "botón del pánico". Para Ordóñez, el momento ha llegado y él lo ha pulsado aunque poniendo sordina al ulular. Como tigres se le han echado encima el sr. Corbacho, ministro de Trabajo e Inmigración, y los líderes sindicales Ignacio Fernández, Toxo, y Cándido Méndez. ¡Qué locura!, claman. ¡Qué se apuestan, expongo, a que el Gobernador del Banco de España no yerra en su predicción! ¿Y el Gobierno? Desgobierno. ¿Y los sindicatos? Verticales.
 Un saludo.

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