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Francisco Velasco. Abogado e historiador

EL PEAJE

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 La Autopista del V Centenario une Sevilla con Huelva. La A-49 forma parte de la Red de Carreteras del Estado Español. Bla, bla, bla. La A-49 es mucho más que una carretera o que una autopista. Es el istmo que hace de la capital de Huelva una península marítimo-terrestre. De no ser por ella, la orilla de las tres carabelas sería una isla en cuanto a incomunicación. No hay otra forma de acercarse a Sevilla sino a través de ella. Salvo que se amolde uno a los ritmos ferroviarrios del siglo XIX o decida poner a prueba los nervios a través de la antigua, obsoleta y peligrosa carretera nacional. Eso sí, puestos a arrinconarnos, caben disparates varios.

 

En algunos medios se ha lanzado el rumor malicioso de que el Gobierno de España va a imponer un peaje en la autopista. La idea sería magnífica si lo que se pretende es proseguir la línea de deslealtad de algunos dirigentes psoecialistas. En caso contrario, el mensaje se convertiría en un modelo goebbelsiano de mentira urdida a sabiendas de su repercusión. Toda una orquesta propagandística al servicio de la demolición del partido vencedor en las elecciones generales.

 

Los artificieros manipuladores del partido de Rubalcaba te colocan una bomba lapa en menos que sueltan una subvención al medio resonador de turno. Aparcado el embuste del desdoble de la carretera a la Sierra y desmochado el florero del aeropuerto espectral, los puentes a Punta son tan inverosímiles y cercanos que cualquier alusión a infraestructuras se antoja contraproducente. Equivaldría a nombrar la soga en la casa del ahorcado. Difama, que algo queda. Dinamitar el istmo que nos une a Sevilla supone levantar un telón de acero al estilo soviético. Huelva quedaría reducida a su condición histórica de factoría. Despreciada por el corredor ferroviario diseñado por el inefable Zapatero, nuestro abrazo a España es un imposible. Todos al mar o nos jugamos la vida en los carriles o matamos el tiempo como si fuera nuestro enemigo.

 

Peaje. Tasa. Tarifa. Pago. Portazgo. Qué más da. Establecer un sistema de derrama para acercarse a Sevilla constituiría un acto de piratería inadmisible. Ni un euro. Ni un céntimo. Ni siquiera la intención.

 

El desarrollo de un país pasa por sus infraestructuras. Pocas que tenemos nos las quieren gravar. Si Huelva aspira a superar el marasmo económico que la tiene postrada, deberá abrirse al exterior. Por tierra, mar y aire. Imposibilitados estos dos últimos elementos, defendamos el crecimiento y la eficiencia del primero. En la A-49, tres carriles, ya. Si el AVE no es posible hoy, el Talgo sí puede realizar el triple de viajes en la mitad de tiempo. En cuyo caso, en vez de peajes retrógrados, tendríamos lanzaderas hacia el progreso.

 

El peaje pendiente en nuestra provincia es sacudirnos el lastre de unos políticos que hacen pie en la piscina del cortoplacismo en vez de aprender a nadar allá donde cubre. Y ante maldades comunicativas como la del título, bofetadas dialécticas reactivas por parte de quienes deben. Reacciones inmediatas. Ipso facto.

 

Un saludo.

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