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Francisco Velasco. Abogado e historiador

PAN DURO PARA HOY…

 

...dientes jodidos mañana. El estrambótico matrimonio entre Artur Mas y Oriol Junqueras tiene los agujeros de un queso gruyere caducado. En nombre de la independencia sólo se consigue unos cuernos. El president de la Generalitat busca en el internet de las citas de Meeting una nueva pareja de sardana, aunque sea charnega, siempre que tenga dinero e influencia. No es fácil hallarla. Salvo que rebusque en los contenedores de Madrid.

 

En la capital de España, Rajoy mira y calla. Que mire, me parece muy bien. Que calle, lo considero un aviso a los otros dieciséis navegantes de los bajeles piratas que asaltan el fortín tributario nacional. Cataluña está tiesa. Vamos, que se cae un ratón en la nevera y se desnuca. Si CiU y ERC no sólo no se aman, sino que, además, no comen perdices, el vínculo va a durar menos que un pacto entre Bermúdez y Ruz por los papeles de Bárcenas.

 

Por no tener, ni siquiera vergüenza. Despilfarra en embajadas y no tiene el pudor de presentar siquiera sus presupuestos anuales ni la conciencia de seguir mendigando ayuda al resto del Estado. La reunión secreta en la Moncloa entre Rajoy y Mas habla mucho de la dignidad de uno y de otro. La sede de la presidencia del Gobierno de España no es un restaurante La Camarga cualquiera. Luz y taquígrafos. De lo contrario, habrá de pensarse que se está preparando un nuevo golpe de coz al derecho de igualdad y de no discriminación. Los demás reinos taifas pueden poner el grito en el cielo. Con razón. Si cada uno paga los tributos por temor a las razzias de Montoro, por qué carallo se sujetarán al miedo si el pastor cede a las amenazas del lobo. O todos moros o todos cristianos.

 

Ganar tiempo es una meta tan débil como capilar. Las venillas se rompen al menor roce. Si Cataluña quiere pan, se le dé a cambio de un precio justo. Como a las demás autonomías. Lo que ninguna puede hacer es devolver mal por bien. Si el Pp cree que un acuerdo extra limes con CiU va a retrasar las ínfulas secesionistas, tiene razón. Toda la razón. Sin embargo, la historia continúa cuando esta burda alianza temporal toque a su fin, que será a no tardar. Entonces, duro el pan como una piedra, el pedigüeño pondrá de nuevo el cazo. Y así sucesivamente.

 

Más vale una colorá que cien amarillas. Con gente de esta calaña, no caben discursos distintos. No caben. A España no puede desprenderse de una dentadura fuerte y blanca. Blanca y fuerte.

 

Un saludo.

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