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Francisco Velasco. Abogado e historiador

LA PINZA DE CAIO LARA


La pinza es una herramienta. En modo alguno, salvo que se utilice para fines bastardos, es un instrumento de tortura. El nuevo coordinador de Izquierda Unida, el señor Caio Lara, se ha apresurado a ahuyentar cualquier pensamiento que permita creer que es posible un pacto con el Partido Popular. Anguita sólo hay uno. Los resultados electorales que obtuvo el cordobés son un imposible para Llamazares y, de seguir así, para quien le sucede.

 Cuando la ideología se tiñe de falsa pureza, la política se enfanga en la corrupción más abyecta. La pinza, como prevención. Caio Lara manifiesta, por encima del pueblo al que dice servir, una voluntad de permanencia en la idea de una izquierda que se mira el ombligo. La pinza es multifuncional: para coger sellos, para depilar, para tender ropa, para cascar nueces, para operar,... Excusatio non petita, accusatio manifesta, dice el brocardo latino. Ya teme Izquierda Unida la llegada del PP en Andalucía y en España. Prefiere la alianza con un partido que se dice de izquierda, pero que, en realidad, supone la cumbre de la hipocresía y de la demagogia. Dos que se acuestan en el mismo colchón, se vuelven de igual condición.

 La derecha insufla su aliento a la pseudo-progresía que viste pana de Versace, que se deja conducir por camaradas chóferes de Audis blindados, o que se nutre en restaurantes de 200 euros el cubierto. Entonces, sobreviene el miedo a perder las prebendas más asquerosamente burguesas. Que viene la derecha, gritan alarmados los zapateros de opereta bufa. Si la autoproclamada izquierda española no es sino derecha explotadora en su expresión más cruel. Si el pisoteo de la democracia no lo lleva a cabo el PP, que es el PSOE. Si quien permite estas actitudes antidemocráticas y estas aptitudes dictatoriales no es sino el silencio, a veces cómplice, de IU.

 La izquierda del golf y de la avioneta, de la querida y del montecristo, del palco y del palacete. La izquierda que niega el empadronamiento a los inmigrantes en la barcelonesa Vic y enmudece ante la irresistible ascensión del paro. La izquierda que tuerce el cuello, mirando a parte contraria y distante, ante la subvención a la Matsa de Paula Chaves. La izquierda que no ve el dislate del sistema educacional ni el desatino de la ruptura de la unidad del estado español.

 Caio Lara es un prisionero de sus palabras y de sus amistades peligrosas. Cautivo y desarmado Lara. Cautivo de sus contradicciones políticas y desarmado de la autoridad que confiere el predicar con el ejemplo. Lara no es Anguita. Ni de broma. Ni es ni puede serlo. Mucho Anguita. Lara pertenece a la rancia escuela de los fariseos que se golpean el pecho por la situación mísera de los trabajadores y contribuyen, por activa o pasiva, a la pérdida creciente de sus empleos.

 Si al menos tuviera un gesto de nobleza, actuaría como quienes se visten por los pies o comienzan el edificio por unos cimientos sólidos. En ese caso, bastaría con que uniese sus escaños a los de la fuerza política con mayoría simple. A la fuerza política a la que el pueblo ha prestado su voluntad. No es derecha o izquierda. Es la fuerza política. ¿Tendrá Caio Lara esa grandeza? Me temo que no. Habrá que esperarla de otros líderes de IU. Yo creo en ellos. Al menos, en algunos de ellos. Se verá.

 Un saludo.

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