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Francisco Velasco. Abogado e historiador

VENDER EL VATICANO

 

 La expresión “tonto contemporáneo” es de uso reciente pero designa a sujetos de mucha labia y pocas entendederas, de extraordinaria capacidad de manipulación y vulgar facultad lógica, de impar mala leche y reiterada animadversión hacia los discrepantes. Se hacen el gracioso pero rezuman sangre por la herida abierta de su débil cerebro. Son los que arreglan el mundo en un  periquete y destrozan la vida en un abrir y cerrar de ojos. Comulgan en la iglesia del conflicto y no confiesan ninguna de sus acres pasiones asesinas.

 

Los tontos contemporáneos son los que propugnan la venta del patrimonio de la Iglesia a fin de redimir la pobreza de los desahuciados del mundo que, oh, casualidad, nunca son ellos. Enajenan para llevarse las comisiones del intermediario. Son progres de tres a cuatro de la tarde y vísperas de guardar y sicarios curtidos a golpe de verborrea mental. Son los almodóvar y los bardem del gran teatro de la estupidez.

 

Si hay que parcelar el Vaticano y subastar la capilla sixtina, solucionado el problema del hambre. Serán desgraciados. Estos linces con caparazón deciden mañana desprenderse de la pinacoteca del Prado y quemar las pinturas para alumbrar las noches de sus desenfrenos. Y, por supuesto, de reclamar que las obras de Velázquez cuelguen, itinerantes, en las farolas de los pueblos a fin de difundir la cultura campesina. Eso sí, los picasso robados, los dalí de regalo, los manet extraviados que decoran los salones de sus casas, no se exponen, no sea que cualquier mendigo de “m” se apodere de ellos. Hasta ahí.

 

Son los idiotas que fustigan a los semanasanteros y vilipendian a los belenistas. Los que descalifican a los tontos de capirote y de nacimiento. Los que prohíben las manifestaciones religiosas del pueblo por la sencilla razón de que ellos están por encima del vulgo. Los que queman conventos y matan a curas por si acaso siguen envenenando a los votantes. Los que nombran a Jesús de Nazaret como el loco de la chilaba. Los carpetovetónicos sin cuernos que llaman Francisco al Papa y Benedicto al Sumo Pontífice. Aquellos indigentes de la España profunda que se sienten herederos de la sabiduría de la coca y del desvarío de la heroína. Cuantos ven la paja en ojo ajeno y no la viga que recorre sus occipitales.

 

A todos estos tontos contemporáneos que se visten de ateos o, con más fineza de agnósticos, y sin embargo participan del latrocinio institucional, del agravio a los semejantes, de las matanzas de indígenas y del cierra de puertas a los inmigrantes, los emplazo a pensar. A pensar de qué manera pueden superar la contemporaneidad de su tontura y exiliarla a la antigüedad de su primitivo existir.

 

Todos aquellos que se ríen de la religiosidad ajena, en cualquiera de sus expresiones populares, son más que tontos. Son tancredos.

 

Un saludo.

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