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Francisco Velasco. Abogado e historiador

TERTULIANOS A SUELDO

 

Como el increíble Aroca, a manta. Los tertulianos mercenarios brotan como los batracios en las charcas. Se distinguen por sus colores llamativos y por sus vocingleros discursos pletóricos de consignas y hambrientos de medallas de aprobación.

 

Aroca es un empleado de la Junta de Andalucía y cobra de sus organismos afines y protofamiliares. Todo el mundo tiene derecho a vivir. Unos antes que otros y con más lisonjas que los vecinos. Si el requisito de acceso a la condición es la adhesión inquebrantable al régimen, cumplido está con honores de alabanza. En cuanto a los méritos para entablar discrepancias con la derecha, a mayor volumen de defensa de la patronal pagadora, más chance en su caché periodístico.

 

¿Y qué pasa con la ideología? Pues eso. ¿Y con la verdad? Sin duda, aquello. Aquí todo se compra y todo se vende. La mercantilización de los medios de información alcanza niveles estratosféricos. Los elogios a la política de Susana Díaz se remuneran a precio de conferencias de premio Nobel. Esto no es amor. Ni sexo. Es porno puro y duro. En directo y en prime time. La relación romántica del conversador ha sido absorbida por el aquí te pillo, aquí te mato del bronquista asalariado por la organización que explota al canal. La intención no es la de formar la voluntad del espectador, sino la de deformarla.

 

Cuando la crítica se rinde ante el mítin, la política baja al lumpen de la cacicada. Aroca adolecía de credibilidad. Sus comentarios golpeaban los oídos con la misma fiereza que sus gestos exagerados laceraban la vista de los televidentes. La opinión libre y objetiva, fundamentada, se pierde en los arrabales de chavelas del submundo de la comunicación. Entre Aroca, Carmona y otros compañeros de la cuerda psoecialista, la teledirección del partido se apodera de la atmósfera de la reflexión y a todos nos invade una ola de fatiga insuperable.

 

Lo de Aroca es de premio. Susana tiene que aumentarle la paga. Con lo que grita el hombre y con el ardor guerrero que derrocha. Hasta parece que lo hace gratis y por amor. Dechado de hombre.

 

Un saludo.

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