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Francisco Velasco. Abogado e historiador

EL FUNCIONARIO DELATOR

 

He leído en un confidencial que el Gobierno ha creado la figura del funcionario delator. Por favor. El delator, como el pelotillero, el quemasangre, el trepa, el pureta, el pandillero, son personajes más antiguos que el andar para delante.

 

Cosa distinta es que se introduzca el cargo de controlador chivato en la RPT. En cuyo caso, van a remunerar lo que antes salía gratis. El mayor gasto del Estado es lo único que llevará consigo esta nueva bobada. Con la cantidad de pánfilos que caminan por los vericuetos de la burocracia y viene el PP a añadir un tocapelotas a la ya martirizada labor de los empleados públicos.

 

Váyanse a paseo. En cada unidad administrativa, los guardas de seguridad estarán acompañados por los felones de la jefatura. Se encargarán de constatar los fichajes de entradas y salidas así como los cambiazos gloriosos de tarjetas. Fichajes de los currantes de a pie. Que a los inspectores, personal distinguido, designados a dedo, sindicalistas, asesores y otras lucis los va a controlar su puñetero padre. Lo de siempre: lo estrecho del embudo para los grupos C hacia abajo y lo ancho para los del A.

 

Serán desgraciados. Si el aparato administrativo funciona es porque los controlados sacan de apuros a los pesquisidores. En el momento en que la base se plante y diga aquí estoy yo, los agarrados con garfios a la cúspide de la pirámide necesitarán algo más que enchufe y habilidad para no precipitarse al vacío de sus intrigas y de sus ineptitudes.

 

Con ello, estoy diciendo que si alguien incumple la jornada laboral es el jefezuelo de turno. Si no fuera así, de qué iban a escaquearse sus subordinados jerárquicos. Como saben lo que hay detrás de cada persona, mejor callan o se atreven a dar ejemplo de disciplina, de trabajo eficiente, de pulsión empresarial y de austeridad. Lo cual, créanme, es algo tan complicado de hacer para los barandas del organismo público, que prefieren  mirar para otro lado antes de que les ocurra como a Pastrana, que los despedidos del sindicato han descubierto sus apetitos marisquiles.

 

Vuelve la España de la Inquisición. Los trabajadores no pueden ser torturados con cámaras y castigos desproporcionados. Los expedientes sancionadores deberán aplicarse a los mandos intermedios y altos. Porque ellos sí son carne de cañón de dedo. Del dedo que nombra a amigos, parientes, conmilitones, escracheros y compañías nauseabundas.

 

Delatores bien pagados. Pero si hay miles que lo hacen gratis. Sólo por el placer de señalar y por el gustirrinín de sentirse útiles ante el mamporrero mayor. Vivir para ver.

 

Un saludo.

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