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Francisco Velasco. Abogado e historiador

LOS EXTRAS DE LA JUNTA

 Van sobrados. Una vez que se pierde la vergüenza, qué más da el color. En el mundo del aire acondicionado, no hay calor o frio que se opongan al peso del dinero. Tanto tienes, tanto vales. En la Junta de Andalucía hay algunos protagonistas, cientos de actores de reparto y millones de extras. La productora, que es la Andaluza Elecciones S.A., puede con todo. A base de impuestos. Y si no es suficiente, mantecada de recortes.

 

Ahora que llega el veranito, los funcionarios van a disponer de menos ingresos. A Griñán y a Valderas les ha salido del alma –deben tenerla- que se les elimine el complemento adicional de sus pagas extras de junio y diciembre. Porque sí. Porque donde hay patrones, no mandan remeros. Cómo andarán los caponatos de la banda juntera, que ni se sonrojan. Que los funcionarios y sus familias se callen. La sostenibilidad de la golfería institucional del bipartito sólo es posible de esta forma. Cómo carallo van a esnifar los chóferes si no es a costa de estos pringados. De qué puñetas van a vivir los Guerrero y compañeros de farras si la chusma no tributa como es debido.

 

Los sindicatos se indignan. Sobre todo los dirigentes de las comisiones y de las ugetés. Con los millones que disfrutaban. Y los liberados que complacían. Tanta austeridad, se quejan. Más externalización, reclaman. Menos funcionarios, gritan. Los últimos son pendencieros. Los externos, sumisos. Protestan lo más mínimo y a la calle con sus huesos.

 

Lo que no me explico es el silencio de los corderos. Los balidos se escuchan cercanos. Sin embargo, la rebeldía ni se ve ni se nota ni se espera. Los corrales aparecen llenos. El matadero es el fin del camino. Antes, la temporada de esquilo. Esquilo. De esquilar. Esquilo. De tragedia. Por mucho que se diga que el sistema está desmantelado, es mentira. El montaje es tan excepcional que la deconstrucción es casi imposible. La calidad del servicio es tan mala como antes de la poda.

 

El problema no es el sistema. El problema es el salario. Los funcionarios, como los trabajadores todos, deben luchar por los ingresos de sus hijos. Y dejarse de pamplinas. La plaza que ocupan se la han ganado a pulso. No como los enchufados de la Paralela ni como los asesores de la Cosa Nostra ni como los políticos arrastrados ni como los parlamentarios lujuriosos. Los funcionarios tienen el aura. La banda, el áureo.

 

La rebelión de los extras. He ahí la solución. Si no se produce, los bandidos se empotrarán para siempre en su reino de latrocinio. Y claro, si para dominar al redil bastan unos pocos perros, o se echan a los canes o se instruye a la grey.

 

Extras de mi vida.

 

Un saludo.

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