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Francisco Velasco. Abogado e historiador

TIEMPO DE ARISTOCRACIA

 

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La dimisión de Esperanza Aguirre me ha pillado en fuera de juego. Una mujer de esas cualidades se hace necesaria. Me identifico con muchas de sus formas de entender la política. De sus formas y de sus fondos. Ni ideologías ni leches. Me cabrea leer y escuchar a determinados personajillos sobre la distancia ideológica que les separa de ella. Qué sabrán lo que la ideología es y qué idea tienen de lo que ser aristócrata supone.

 

La aristocracia es la selección de los mejores. No sólo el sistema es compatible con la democracia sino que, además, la fortalece. Me importa un pito la parentela nobiliaria de la señora Aguirre. Lo que me complace es su capacidad de aprendizaje, su honradez gobernante y su espíritu de superación. Será, o no, de linaje azul. Es, por sus acciones, adelantada de la aristocracia extraída del pueblo, para el pueblo y con el pueblo.

 

Pertenece al Partido Popular pero es más libre, tolerante, participativa, progresista y firme que cualquier otro colega de los que se alinean en trincheras de izquierdas. Ya quisiera Lara, el caudillo de IU, alcanzar las prédicas democráticas de esta señora. Ya quisiera.

 

Si Zapatero fuese aristócrata, España no hubiera enterrado su alma en los túmulos de la infamia. Si lo fuera Rajoy, ya hubiera encontrado las fórmulas para dar vida a los cadáveres que su predecesor dejó en el camino. La democracia debe ser fuerte para defenderse de las medianías y de las mediocridades. Entre los ciudadanos mejores, hemos de elegir a los inteligentes que, a la vez, sean los más válidos, limpios, transparentes y eficaces. Como Esperanza.

 

Ahí la tienen. Se va porque, al cabo, la carne es débil. Antes que decir lo que no haría buen favor a su partido, se marcha con la elegancia y el temple de la torería más clásica.

 

La vamos a echar de menos. De manera singular, Madrid. Sus enemigos, que son muchos, brindarán con champán, como hacen los etarras cuando asesinan a un guardia civil.

 

No entreguen medallas a Aguirre. Las que merezca, que se las pongan a Bolinaga y a los suyos. A este paso, el secuestrador de Ortega Lara hará lo mismo con las víctimas de sus delitos.

 

Ay, Esperanza. Ya te echamos de menos.

 

Un saludo.

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