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Francisco Velasco. Abogado e historiador

LA BECA

 

            El señor Wert es un hombre inteligente. Sin duda. Y obstinado. Sígase su brevísima trayectoria ministerial. La obstinación es sinónima de pertinacia pero también de porfía y de terquedad. Llegados a esos extremos de parecido, los matices juegan en contra de su política. Que por qué. Porque se provoca exasperación. De ahí a la cólera, un paso. A la alteración, un par de manzanas. Y al enfurecimiento, un poco más de equivocada medicina.

 

            Las becas constituyen un elemento de conflicto actual de primera magnitud. Estudiar gratis no es una broma. La probabilidad de cursar estudios universitarios deviene una posibilidad. Entre lo probable y lo posible media un precipicio de incomprensiones. El peligro de ese precipicio estriba, entre otras cosas, en los resortes de seguridad que se ofrezca a quienes deambulan por el único sendero de tránsito. Es en esta escala de obstáculos donde el señor Wert nos muestra que antes que obstinado, es terco y tozudo hasta la enervación.

 

            La nota media de 6,5 que exige el ministro evidencia que este señor tiende más al calentamiento de los ánimos que a la búsqueda de soluciones viables. El hombre parte de una realidad inexistente. Oiga, si es de inteligentes el andar con seguridad y buen paso, no exija correr al galope largo a quien experimenta el trote corto. Comience con un aprobado de 5 y, poco a poco, eleve el listón. Si como él mismo declara, las becas son pagos por estudiar, no pida imposibles. En todo caso, establezca una gradación de cantidades proporcionales a las calificaciones. Los estudiantes becados recibirían estímulos económicos distintos según su capacidad y su nivel de esfuerzo. Pero no se prive a nadie de la ayuda académica si ha sido capaz de aprobar todas las materias.

 

            Dialogar es argumentar basándonos en el arte de lo posible, o sea, en la práctica de la política más elemental. Si todo el afán de Wert es mejorar la educación en España, se saluda su empeño. Ahora bien: si pretendemos reformas educativas paulatinas, aténgase al iter que la propia ciencia de la enseñanza diseña. Fortalézcase la base y, a partir de la solidez de ésta, vaya elevando el cuerpo de aprendizaje. De lo contrario, el ministro estará imponiendo a los más débiles unos parámetros científicos que él desconoce.

 

            Las becas, señor Wert, son la fórmula más barata para lograr que la educación sea el verdadero motor de movilidad social de un país democrático. Un 5 para iniciar el camino es para nota. Para nota que abra el saco de las becas. No cierre la bolsa cuando de la igualdad de oportunidades se trata. Parafraseando a León Felipe, comience a contar las piedras que luego contará las estrellas.

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