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Francisco Velasco. Abogado e historiador

LA ALMORAIMA

 

 Que si mejor privatizada. Preferible como está. El eterno debate especulativo sobre lo público y lo privado. Puro bizantinismo que disputa sobre el sexo de la corrupción. Si en estancias privadas o en parques públicos.

 

La finca de La Almoraima nos vuelve a traer la eterna controversia. Es fácil recurrir a las cifras para salir del piso embarrado. Hasta hace treinta años, el terreno estuvo en manos privadas. A partir de su expropiación, instituciones estatales rigen sus destinos. La nula riqueza generada por unos propietarios u otros advierte mala gestión  por ambos lados.

 

Hay que preguntarse si una reordenación de los usos del suelo llevaría prosperidad y si un cambio de gestión impulsaría el progreso económico. Las desamortizaciones de Mendizábal y de Madoz en el siglo XIX pasaron a la historia política como ejemplos de viraje contra el rumbo secular de las instituciones, sobre todo la Iglesia y los municipios. Una revisión de los resultados pone en solfa las virtudes del proceso. Y no por el procedimiento en sí, que era, y es, deseable cuando los muertos vivientes hacen de su patrimonio un arca de alianza mientras el pueblo muere de hambre. Es por la administración y control de ese procedimiento. Es por la ausencia de previsiones. Es por el despreciable fin que se dio a muchos de los inmuebles comprados a precio de ganga.

 

De seguir la finca bajo los auspicios del Estado o, si fuera el caso, a merced de la Junta de Andalucía, qué inversiones de presente y qué prospectiva tienen para convertir la zona en una fuente de empleo. Me adelanto en la respuesta: ninguna. Ni el Gobierno de España ni la Junta saben hacer la o con un canuto. Y si lo saben, lo disimulan muy bien. Por consiguiente, si financieros de otras latitudes consideran que el paraje es un bien aprovechable, habrá que pensar en su venta. Con unas cláusulas contractuales bien concretas. Con unos plazos muy determinados. Con unas arras que inviten a la seriedad.

 

Que al turismo de lujo, a por ello. Si a la caza y a la pesca, adelante. Si al cultivo o a la industria, señalen los beneficios. Si un uso diversificado, vengan números. Si política fiscal, indiquen tributos. En el Parque de los Alcornocales como en Doñana, la naturaleza no puede dar la espalda al desarrollo ni éste puede matar a la naturaleza.

 

Servidor no se ha enterado a estas alturas de su vida por qué puñetas tiene que pasar por Sevilla cada vez que quiere acercarse a la provincia de Cádiz. De lo que no tengo dudas es que el problema de la circunvalación se debe a dos factores primordiales. De un lado, a la ineptitud galopante y sucesiva de los políticos onubenses, tanto los de derechas como los de izquierdas. En segundo lugar, a causa de la mentalidad pasiva y conformista de este pueblo nuestro que lo mismo se traga los inmundos fosfoyesos situados a unos pocos metros del núcleo urbano, que pesca en aguas de vertidos químicos en plena ciudad, o que se gasta millones de euros en comprar gasolina innecesaria para recorrer kilómetros estúpidos que no dejan de seguir poniendo en riesgo sus ya maltratadas vidas.

 

La Almoraima vuelve a poner sobre el tapete la inercia de la imbecilidad cuando la inteligencia se pone al servicio de la fuerza. El fin no justifica los medios. Ni los medios salvaguardan los fines.

 

Un saludo.

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