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Francisco Velasco. Abogado e historiador

MOLINERITOS SON

 

La que está liando la juez Alaya. No es que tenga descompuesta a la cúpula del Psoe. Es que solivianta a todo bicho viviente que al partido de Griñán y de El País tenga que rendir cuentas. Entre los más significados defensores de quitarse de en medio a la Himalaya de la justicia, sus propios compañeros de profesión. Los jueces, los más politizados y comprometidos por su designación, los primeros en lanzar la piedra. Fíjense hasta dónde llega la desesperación, que ni se molestan en esconder la mano. Si alguna vez escuchan a uno de estos figurones disertar sobre la independencia del poder judicial, no se molesten en replicar ni en cabrearse. Escupan. Sin más. De forma literal o de manera alegórica. El asco de algunas palabras produce vómitos y la expulsión de la saliva puede prevenir el cáncer. En algunos casos.

 

El presidente del Tribunal Superior de Justicia de Andalucía ya se despachó, días atrás, contra la atalaya de los magistrados. Deprisa. ¿De Prisa? Que ya es hora de que se impute a Viera. Tienen tantas ganas de que el aforado incendie los papeles de los EREs, que van a inmolar a uno de los capitostes del latrocinio institucional, con tal de que la señora Alaya deje de meter miedo a los griñanes/gañanes/truhanes de turno.

 

Como no hay dos sin tres, el gran jefe indio del Consejo General, el impar Moliner, se ha unido a la procesión de orugas que, en fila monocolor, cercan la gestión de la titular del juzgado sevillano. Cuánto tiempo va a estar esta señora sin imputar a quien interesa al partido que lo designó para cargo tan importante. El hombre que azuza a la mujer y que se postra ante el hombre. Horreur. Inútiles ante la superwoman las presiones externas, echan mano de las injerencias internas. Si no desde fuera, el asesinato se gestará desde dentro. Pero la juez tiene que desaparecer.

 

El objetivo está claro. Los francotiradores esperan la orden definitiva. Si Kennedy no se libró del mortal disparo, Alaya caerá víctima de su honorabilidad y de la perfidia de ciertos malhechores. Al tiempo. Pero, bueno, molineritos somos y en la piedra giratoria se hace la harina.

 

Un saludo.

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