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Francisco Velasco. Abogado e historiador

DESENCUENTROS

El País Vasco y Cataluña se pueden convertir en pesadillas para España. Los fantasmas del pasado reaparecen. No esperan a la noche para asustar. Se asoman sin disimulo al comedor de los dueños. Los estatutos se hacen chicos y la Constitución no es el crucifijo antisatánico.

 

Bildu y Ezquerra comparecen con toda impunidad, escoltados por peneuvistas y convergentes. El señor de las urnas tiene un miedo cerval a levantar la voz. Ni siquiera reúne fuerzas para hacerse respetar. Permite el avance de los espíritus de la ruptura democrática y no mueve un músculo para mostrar el libro de la ley. Rajoy se reviste de la más mantecosa mentalidad de Zapatero, el de la ventisca.

 

El derecho de autodeterminación adquiere firmeza a medida que los guardianes del tesoro de la unidad española se esconden entre el maquis de su decrepitud gubernamental. El derecho a decidir golpea con fuerza creciente las murallas del Jericó hispano. La trompetería electoral provocará el desplome fulminante de no pocos bastiones de la defensa de la nación. Se está dando alas a los secesionistas y se atreven a sobrevolar los cielos del Estado. Detrá de Bildu, Sortu y abrazando a todos, ETA. En Cataluña, Junqueras aprovecha la crisis de identidad patria para hacerse fuerte entre las almenas de la torre de su babel ideológico.

 

Parecerá contradictorio, pero los porrazos de las izquierdas hipernacionalistas ponen de los nervios a las derechas burguesas de Urkullu y de Mas. Los sorpassos de los primeros dejan en evidencia a los muñidores del separatismo moderado. Como si la división de un Estado multisecular pudiera ser el resultado sereno de un entendimiento de decenios. Vamos. Estos sorpassos son zarpazos a la integridad territorial. La sangre corre al final de la carrera alocada.

 

Las propuestas de federalismo de algunos iluminados muestran a las claras la falta de ideas y el exceso de ambiciones por el continuismo de los de siempre. Algunos debates han caducado y reabrirlos suelta un fétido olor a rancio. Entre tanto, Rajoy calla. En boca cerrada del presidente, las moscas infectan los labios. A partir de ellos, la patología está servida y el cuerpo, proclive a la recepción de la mortal enfermedad.

 

Desencuentros con uno mismo, lago de agua dulce para los amantes de lo ajeno, invasores del común y saltadores de caminos constitucionales.

 

Rajoy calla. Duerme. Nos mece en el balancín de su insoportable cancioncilla. Qué pena.

 

Un saludo.

 











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