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Francisco Velasco. Abogado e historiador

MADRID SE DESCASCARILLA

 

 La prensa es el gran baluarte de la libertad de expresión y el pilar que sustenta una democracia. La prensa libre e independiente, claro está.

 

El periódico El País, antaño referencia, se ha convertido en una caroca de los partidos de izquierda a los que dirige, representa y apadrina a cambio de gruesos favores. Cebrián es el gran mago de este engendro involutivo ideológico. Todo lo que toca lo transforma en oro propio o en desecho ajeno. Hoy día, a falta del primero, el volquete de la basura se hace primordial.

 

Entre que los rectores de la TVE han puesto a su hija de patitas en la calle, que los bancos le cierran el grifo de los créditos, que está más entrampado que el Partido Psoecialista y que su influencia mediática se vacía a ojos vista, El País se dedica a la técnica de la sinécdoque, esto es, a confundir el roto con el descosido, la mancha de polvo con el andrajo y la leve descamación con la pérdida de toda la piel.

 

Madrid se descascarilla, titula en una de sus noticias maliciosas. Contra Ana Botella, por sel del PP. Unas cuantas losetas levantadas por este barrio, unos arbolitos arrancados por vándalos en aquella avenida, bancos pintarrajeados en cierta plaza y todo un soniquete de defectos inherentes a la vida cotidiana de cualquier gran  capital. De esa certeza visible y concreta, el periódico hace el cenotafio de un monumento a la belleza, a la concordia, a la tolerancia y a las libertades públicas. Por qué. Porque Cebrián está perdiendo filing. El PP sigue en su tónica de acomplejamiento pero de cuando en cuando opone alguna resistencia. Es entonces cuando el Kane español se encoleriza y se lía a mandobles contra los que se atreven a chistarle.

 

Madrid se descascarilla pero se recupera. Como Nueva York, Londres o Barcelona. Hacer noticia mundial de un hecho trivial muestra el lado oscuro de un medio que justifica los escraches y, a falta de argumentos, los aplica desde un punto de vista informativo.

 

La cáscara de Madrid es de tal solidez que ni los martillazos psicológicos de estos periodistas pueden hacer mella en su fortaleza. Por el contrario, la cáscara de El País sí que es irreconocible en relación al poderío moral que exhibió allá cuando se fundó. Aquel periódico era un faro que iluminaba la oscuridad de la Transición. Ese faro está más fundido que un queso en una hoguera.

 

Un saludo.

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