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Francisco Velasco. Abogado e historiador

CORRUPTOS


 

Señalaba Aristóteles que la causa de la corrupción política es la subordinación del interés general al interés privado. La causa eficiente de esta generalizada corrupción no es el marasmo y el descontrol institucionales; esta sería en todo caso, su causa formal. La causa eficiente de la corrupción hay que buscarla en los individuos. Los políticos se corrompen, ellos solitos, acaso porque el sistema no supervisa sus propios mecanismos de prevención y de respuesta.

 En un sistema democrático, la corrupción halla su nido en el poder de los partidos. La partitocracia otorga el poder a unos cuantos y éstos manipulan las piezas del reloj suizo que debería ser el gobierno de los ciudadanos por los ciudadanos. La ambición por el poder es la llave que abre la puerta de la avaricia y, a su vez, ésta termina por derribar el muro que enmarca el pórtico y, sin necesidad de llave, el lucro se hace dueño.

 El caso Gürtel es un ejemplo de cuanto antecede. La fortaleza del PP valenciano y madrileño ha llevado a algunos de sus dirigentes a realizar y /o propiciar actuaciones irregulares que, aunque no se prueben delictivas, comportan una carga de irresponsabilidad que, por su propia importancia, debería conducir a la dimisión incuestionable e irremisible de sus autores o de quienes tienen la obligación de velar la conducta de sus pares.

 Nadie pone en solfa la presunción de inocencia de estos individuos. Nadie. Sin embargo, todos comenzamos a desconfiar de un sistema que, cuanto menos, ha dejado de parecernos un modelo de eficiencia, de eficacia y de honradez. La sinécdoque literaria se proyecta al terreno político y lo que son unas malas cabezas no pueden comportar la guillotina del sistema; basta con el apartamiento de los malvados para retomar la transparencia y la salud de ese sistema.

 La destitución de los López Viejo o de los Costa resulta tardía. Se genera la idea de limpieza impuesta desde fuera en vez de asepsia preventiva desde dentro. Es "el no queda otra". O tú o yo. O yo o el partido. No es eso, no es eso. Es la pervivencia de la democracia. Los nombrados y los que, como ellos, estén involucrados, por activa o por pasiva, en la trama Gürtel, debieran haber renunciado sin mas miramientos y sin excusas tan dilatorias como, a la postre, vanas. Se amparan en su partido y se escudan en su escaño para amortiguar las iras del código penal. Escudo inútil cuando las armas arrojadizas de la opinión pública traspasan su escasa consistencia.

 Todos ellos, a sus casas. Por mas que, penalmente, salgan vivitos y coleando. La democracia debe defenderse con uñas y dientes de los que en su nombre la vilipendian. A la calle. De inmediato. Del PP o del PSOE. A la calle. Ya.

 
 Un saludo.

 

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