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Francisco Velasco. Abogado e historiador

INDULTAR A MATAS

 

 Escucho la petición y se me pone los pelos de punta. Si el Gobierno, su gobierno, decidiera indultar a Matas, a su Matas, mejor que no se presente a las elecciones. Sería la vergüenza más grande que vieron los siglos acerca de la corrupción de las instituciones y de la defensa de los valores antidemocráticos. Si ha de ir a la cárcel, a la cárcel con él. De nada debe valerle su condición de ex ministro, salvo para exigir severidad.

 

No se puede aceptar, como medida de contraprestación, el “y tú más” o el “vosotros, qué”. Los políticos, los sindicalistas, los empresarios sumidos en la golfería de la corrupción, tendrán que joderse, con perdón, con las fechorías que cometieron. Es inaceptable el indulto de quienes debieron dar ejemplo y se pasaron la representatividad por la entrepierna.

 

Con esta calaña no caben razones de justicia, de interés público ni de equidad. No se trata de dar lecciones de ejemplaridad o de escarmentar a nadie en la pira de la plaza del pueblo. Lo que se demanda es rechazar cualquier subterfugio legal que contradiga la resolución judicial firme.  Si el sujeto en cuestión hubiera mostrado el mínimo arrepentimiento, podría pensarse que el acto de contrición contiene un efecto de reparación moral y económica. Si hubiere constancia de que ha devuelto lo que injustamente ha ingresado en su patrimonio, podría argüirse un conato de reinserción en la ética del común. Nada de nada.


Ni indulto, para perdonar la pena ni amnistía para la indulgencia del delito. Ni acto administrativo para lo primero ni ley para lo segundo.  La sala de indultos de la Moncloa está saturada. Por decenas se acumulan los expedientes de políticos que los solicitan. Por cada infeliz al que se le niegue, los de la beautiful people deberían esperar el cumplimiento de toda la condena. Que los Matas, los del Nido, los Ortega, los Fabra o los sursum corda, que se pongan en fila.

 

El Estado de derecho tiene que mostrar las uñas a tanto desaprensivo. Esta gente no puede escapar a su destino judicial por la puerta de atrás del mandamás de turno. Lo que es una excepción no puede convertirse en una rutina de cachondeo entendiendo por tal la medida de gracia. Gracia, ninguna.

 

Indultar a Matas, por encima de la moral. Ni a él ni a otros figurantes que han ejercido de trileros con el pueblo y con sus impuestos.

 

Un saludo.

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