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JUEVES SANTO
Lo del amor fraterno es todo un lema. Un lema revolucionario que se remodela en la fiesta sacra de la Semana Santa. Hermanos. La trilogía conceptual de libertad, igualdad y fraternidad que se ondeó, como bandera de progreso, en la Revolución Francesa, pronto trocó el último término. La fraternidad dejó paso a la propiedad.
Día del amor fraterno. Me suena tan hueco como el día de la mujer trabajadora o el día de la paz mundial o el día de la igualdad entre blancos y negros. Igual de vano. Igual de pretencioso. Igual de hipócrita. Y, sin embargo, se rememora una efemérides al menos para desempolvar los estratos de rutina y conformismo que sepultan la dermis de nuestra conciencia. El sonido hueco se combate con el espacio pleno, con la palabra enriquecida, con el mensaje auténtico. En su defecto, el hueco se hace dueño del sepulcro de nuestras vidas. En vez de avanzar, se retrocede, En lugar de gozar, caemos en la maraña de la insufrible supervivencia diaria. El Jardín de las Delicias que pintara El Bosco nos prevenía sobre las soledades, las imperfecciones y la ausencia de moralidad. El amor fraterno se descompone en el ácido del adjetivo y en la utopía del sustantivo.
Religión y filantropía. Ambos caminan hacia la misma meta. La redención del hombre a través de la divinidad o de la humanidad. Lances paralelos. Siempre Judas acecha en el rincón, se agazapa en la oscuridad, el cuchillo a la mano prendido y la navaja adherida a la lengua infame. La traición se materializa en los renegados que en el mundo son. Renegados de sangre, de ideas o de tribus. Da igual. Reniegan de los demás en beneficio propio por más que de aquéllos hayan recibido la lealtad, el apoyo y el aliento para no desfallecer. Es lo mismo. Reniegan de sí mismo y clavan la guadaña de la muerte ética en la carne del hermano, del padre o del amigo. Dante Alighieri decía, en su “Divina Comedia”, que la traición era el máximo pecado que se pueda cometer y que, por ello, merecer la peor de las condenas. El traidor se hace reo de ser devorado por el mismo Satán.
Jueves Santo, día del amor fraterno. Paradoja. Jesús, traicionado por el Iscariote. Julio César, víctima de Bruto. Amo la traición, decía, pero odio al traidor. En época de crisis como la que nos atenaza, el barroco acude fiel a su cita. El gran dramaturgo del siglo XVII, Calderón de la Barca, refería sobre la traición: “siempre el traidor es el vencido y el leal es el que vence”. Literatura. Poesía. A veces sucede así. Casi siempre, lo contrario. Es la eterna lucha entre lo utópico y lo distópico. Entre la felicidad ideal y la necesidad hecha virtud. Saludo.
Sigo a Confucio: “Cuando veas a un hombre bueno, trata de imitarlo; cuando veas a un hombre malo, examínate a ti mismo”.
Un saludo.
CARISMA
Fuerza irresistible. Atracción divina. Carisma. Adquirible. Difícil de preservar. Magnetismo siempre efímero. Ausencia de ego. Amor al pueblo. Se dice del líder que piensa más en los suyos que en él mismo. Búsqueda de la excelencia. Pasión en el entusiasmo y entusiasmo en la pasión. Emociones que mueven montañas. Carisma.
Imán del que sabe autodominarse y avanza con la seguridad de quien sabe alcanzar sus objetivos. Carisma del guía que rectifica y que procura el bien común al que se entrega sin límite de tiempo y de esfuerzo. Fuerza de atracción que nace de la humildad y que a todo sonríe con la voluntad profunda de afirmar su lealtad. Potencia seductora que insufla aliento al aire, luz a la flor y calor al mar. Hechizo que sirve y no es servido. Sugestión suprema que da sentido a la vida.
Lo busco y no lo encuentro. No está pero sí es. Es de un mundo no terreno que no encuentra acomodo, acaso reflejos, en el nuestro. Lo busco y no lo encuentro. Nadie está ungido por el crisma. Si acaso rociado por el óleo o perfumado por el bálsamo. Mas no por el crisma. Crisma de crismón. Carisma.
Hoy. Viernes de crucifixión. Los cristianos no celebran la muerte de Cristo. La conmemoran. El judío. Sólo en su vida se halla el carisma. Incluso en algunas hagiografías se rastrea la huella. Nada más que una leve estela. A veces quisiera revestirme del don negado de la fe para ver lo que mis ojos no iluminan. Sistema, poeta, sistema, que pedía León Felipe. Holla la tierra. Condena el ultraje. Patea el surco. Abre camino. En la tierra. Por ti. Por uno mismo. Por los demás. Sin protección divina. Cristo humano que todos los años muere. Muerto por la acción de unos pocos y la cobardía de los muchos.
Carisma. Cristo. Nadie más. En la tierra. En el cielo, no lo sé. No lo sé. No me lo creo.
Un saludo.
MISTERIO DE IGUALDAD.
Querrá decir Ministerio. No, dice Misterio. Misterio de igualdad. Un ministerio es, en referencia al Gobierno, un departamento del mismo a cuyo frente se sitúa un ministro. De ahí los ministerios de asuntos exteriores o de economía. Son ministerios. Sin embargo, el de igualdad no puede ser un ministerio. No puede serlo. Por ello, se habla del Misterio de igualdad. La gestión del Presidente Zapatero sobre la igualdad le ha impelido a sacarse de la manga un departamento arcano, incomprensible e inexplicable, inaccesible a la razón. Ese departamento es el llamado Misterio. Misterio de igualdad.
Se entiende la igualdad como el resultado de reunir las cosas en virtud de su naturaleza, de su forma, de su calidad o de su cantidad. En este supuesto semántico, el departamento creado por Zapatero no es conforme a los ministerios de Fomento o Defensa, por citar algunos. No lo es. El propio Presidente lo confiesa: "probablemente el de mayor utilidad en relación a su presupuesto". O sea, el Presupuesto del departamento de igualdad es tan reducido, que su presupuesto es testimonial si se compara con el de los otros órganos del Gobierno. Zapatero lo crea con una mínima asignación presupuestaria. Lo cual agrega esoterismo al Misterio. Si se llama de Igualdad, habría que otorgársele unas cantidades acordes a su rango y, sobre todo, a su nombre. No olvide el jefe del PSOE que la igualdad es un derecho fundamental que adjetiva a los demás derechos y libertades que recoge el “núcleo duro” de nuestra Constitución. Los adjetiva y los multiplica. Sin la igualdad, las libertades serían café aguado. Nada de nada. Ahí tienen a Zapatero. Cómo cae en su propia trampa. Con razón se dice que se coge antes a un mentiroso que a un cojo. Salvo... Salvo que, en vez de Ministerio, el presidente narciso admita haber instituido un Misterio de Igualdad.
Cosa distinta es el Principio de igualdad, en cuanto reconoce a todos los ciudadanos capacidad para los mismos derechos. ¿Lo reconoce el Gobierno? Y si lo reconoce, ¿actúa en consecuencia? Al frente del Misterio, ha colocado a una mujer de su Partido. La señora Aído ha alcanzado tan alta magistratura del Gobierno sin que nadie sepa los méritos que justifiquen tamaño encumbramiento. Miren. Si se defiende la igualdad, no se puede pisotear el significado del concepto. Y se pisotea. De la misma manera que se pasa por el faldón de sus caprichos la capacidad de hombres y mujeres para presidir, con vitola de oportunidad, el cargo en cuestión.
Entonces, si el ministerio es un misterio y si la igualdad es un antifaz sin ojos para esconder la real discriminación, podemos concluir que el presidente del Gobierno hace de éste una logia y de sus ministerios, sectas adheridas indisolublemente al capricho del líder. Logia, secta, arcano, misterio. Mientras tanto, luces de neón que publicitan los juegos malabares de un presidente inepto, incompetente, incapaz, que mete el pie en el mismo cepo que él colocó. Lo malo es que las patadas a sus posaderas las pega en el trasero de los ciudadanos.
Cómo puede hablar de igualdad este dirigente. Cómo. Casi cinco millones de parados le contemplan. Al menos, que destruya otros cinco millones de empleos y, así, el número de trabajadores y de desempleados será parejo, equivalente, equilibrado. Con cinco millones de parados, hablar de igualdad es, más que un misterio, un exabrupto, un dardo envenenado directo al corazón de una sociedad que se desangra. Mientras tanto, el hombre juega a vender humo a las mujeres africanas. Para que España sea, cada vez más, igual, igualita, a Sudán, a Senegal, a Togo o a Tanzania. Eso sí que es igualdad. Y ahí no cabe misterio. Ni ministerio. A esa indiscriminación nos vamos de bruces.
Un saludo
¿EXPÍAN LOS ESPÍAS O LOS ESPIADOS?
Quién no recuerda al general Manglano y al coronel Perote. Muchos dudan de la honorabilidad de uno y del otro. El “pte.” podía ser pendiente o, como servidor, pensaba, presidente. El presidente en pendiente y la pendiente del presidente radicaba entonces en Felipe. Por la forma podría parecerse que España se situaba bajo el dominio del anticiclón del GAL, pero, en realidad, la influencia procedía de la borrasca de Filesa. Siempre el dinero se esconde bajo la primera capa de barniz de las operaciones fraudulentas. Siempre. La causa era Filesa. La excusa, ETA. La consecuencia, el descrédito de un presidente. La coartada, la deriva antidemocrática de ese presidente. Los espías expiaron su pecado. Los ciudadanos espiados expiamos las culpas de nuestros espías. El cielo está emborregado, quién lo desemborregará...
El otrora Centro Nacional de la Defensa nos proporcionó con Felipe un ejemplo de las viñetas, sin gracia, de Mortadelo y Filemón. El posterior CNI nos regaló una muestra, con Aznar, de cómo no se gestiona la conspiración que urdió el atentado de Atocha. El actual centro de espionaje que dirigió -es un decir- el militante socialista Alberto Saiz, se convirtió en la versión más zafia de los personajes de tebeo Pepe Gotera y Otilio. Hoy, destituido el lumbreras precitado, se ha situado en la cumbre del espionaje español a un laureado general, Féliz Sanz, antiguo JEMAD y multicondecorado Teniente General del Ejército español.
Por obra y gracia de Carme Chacón y con la bendición del Papa PSOE Zapatero I, el de las Mercedes, el espía jefe nos tiene en ascuas. A muchos españoles. En ascuas. Por qué será. Veamos.
Las declaraciones de Mayor Oreja sobre la potencial alianza entre el Gobierno del preboste Zapatero y los barandas etarras han causado, más que polémica pasajera, ronchones antiestéticos en el rostro de algunos ministros -y ministras- de este Gobierno de la Crisis. Los Pepiño, las Leires, los y las demás pilotos sin rumbo de esta nave que llamamos España, han saltado a la yugular del ex mandamás de Aznar. Han dicho de todo al europarlamentario vasco. Vasco de derechas. Vasco no nacionalista. Vasco hasta la médula. Vasco. ¿Y Rajoy? Me suena. Rajoy me suena.
Ha sido Erkoreka, don Josu, el que ha sacado los colores a Mariano y quien ha puesto de los nervios a la cúpula zapateril más manipuladora desde los tiempos de Alfonso Guerra. ¿Erkoreka? Sí, Erkoreka, el portavoz del PNV en el Congreso de los Diputados. Mal deben ir las cosas al PSOE y al partido de don Sabino Arana para que uno de los más jesuíticos doctrinarios de la doctrina de Arzallus e Ibarretxe se atreva a decir cosas de esta enjundia. Muy mal.
Que dice el sucesor de Anasagasti, el inefable ofensor de la figura del rey don Juan Carlos, que si Mayor habla de lucha antiterrorista, “seguro que algún fundamento tendrá”. Toma ya. Rubalcaba, en éxtasis. La titular de Defensa, de relevo afgano. La vice, empadronada en tierras valencianas. Alonso, no Fernando, -que más quisiera-, sino José Antonio, con el aparato parlamentario en off. Cómo van a atacar al PNV. Cuánto dinero costará hacer cambiar las palabras de Josu. Qué consecuencias tendría para Patxi el colaboracionismo traidor de los peneuvistas. Como poco, la Lehendakaritza.
En esta vorágine, ay cómo me acuerdo en estos momentos del Beato Jacobo della Voragine, la ciudadanía se pregunta qué sabe el CNI sobre este tema. Dónde están nuestros espías. Los espías que pagamos los españoles para que la “Inteligencia” del Estado, del Estado español, que no del Gobierno, nos justifique el destino de los impuestos invertidos en ese Centro sito en Madrid.
Que nada sabe, hombre, el CNI sobre negociaciones ni interlocuciones ni reuniones gastronómicas. Pues si no lo sabe, a la calle todos. De nada sirven. Por inútiles, fuera. Si lo saben, que digan qué hay de verdad y cuánto de mendaz. Si callan informes de esta magnitud, son traidores a la patria. Que hable el CNI. Que hable.
Y si todo es falso, que Zapatero se querelle contra Mayor. Mas si es verdad, que el presidente tenga un rasgo de dignidad y se vaya a Castilla-León, tanto da Valladolid que la capital de San Isidoro. Pero que se vaya. Por el bien de España. Por el interés general. Por necesidad. Por asepsia. Por higiene. Por lo que sea. Pero que se vaya. Ayer, mejor que hoy. Muy lejos.
Los españoles no podemos expiar los pecados de nuestros espías y de los jefes de nuestros espías. Que expíen ellos.
Un saludo.
CARTAS BOCA ARRIBA
La Semana Santa nos ha dado una pausa. Hemos proyectado nuestra cruz. La Pasión de Cristo nos ha redimido, un tiempito, de nuestro diario sufrir. Estos días de vacaciones son opiáceos. En la extensión peyorativa del término. Nos evadimos de la realidad durante horas. Escondemos la cabeza bajo el ala de un pájaro-reptil aparentemente dormido. Apariencia. De un momento a otro, la somnolienta bestia nos mostrará su auténtica ferocidad. Entonces no habrá droga que nos libere de nuestra humana pasión.
Es verdad que el abril bursátil alivia la barrera de los once mil. Es verdad. Mas no crean en mejorías estables. Simples cuidados paliativos para mitigar el dolor de las caídas. No hay nada que hacer. Mientras la economía griega haga aguas por todas partes y la dirección de la política española siga en las manos de Zapatero y su cohorte, esas aguas seguirán bajando oscuras y revueltas. Sin concesiones a la claridad, a la serenidad y, menos, a la potabilidad.
Vivimos en el imperio de la mentira. EL Gobierno disfraza con sayas de estameña las ricas túnicas de seda de los elegidos. Gobierno cínico. Habla de austeridad en el gasto público a sabiendas de que nos engañan a más y más. Gobierno hipócrita. Dice recortar el empleo público un 87% pero calla que ese déficit de cobertura se suplirá con un 87% de interinos. La diferencia es que serán funcionarios de empleo en vez de funcionarios de carrera. Gobierno embustero.
Austeridad. El precio de la vivienda va a seguir a la baja. La ministra Corredor, que conoce el dato, anima a los ciudadanos a comprar hoy, en 2010, importándole un silbato de árbitro de regional siciliano que el comprador/consumidor aumente el importe de su deuda personal. Ministra vocera de un Gobierno mentiroso.
El ministro de Industria nos da la tabarra con el coche eléctrico mientras nos sube el precio del gas. Sin embargo, protege a la minería del carbón frente al sector de la electricidad. Energía nuclear, cero. Se compra en Francia a cambio de nuestras deslomadas espaldas. Ministro embaucador que hace de su palabra artera, edicto público.
Hacienda gestiona una nueva subida de impuestos para garantizar las pensiones de nuestros abuelos, cuyo júbilo se esfuma por minutos. Ministra Salgado, de la arana, dueña.
La ministra Trinidad apuesta por el medicamentazo genérico, a costa del despido que prevén las farmacéuticas. A costa de los más débiles. A costa de lo que sea. Con tal de adherirse, cual sello de correos, a la poltrona del poder.
El imperio de Zapatero se parece una enormidad al de Chávez. Los dizque demócratas tienen en común un alma de dictadores que aflora a cada paso. La población activa mengua, se estrecha, se debilita, se desnutre, desfallece. Demasiado peso sobre tan pocos trabajadores. El paro se asoma al pretil del 20% mientras en Andalucía padece el vértigo de la altura de diez puntos más del porcentaje de desempleados. Y gracias a la aportación de los fondos europeos. Sin éstos, el precipicio ascendería otra decena de puntos. Y mientras, el sindicato UGT contribuye a engordar la tasa de parados y, no se avergüenza de ser condenado por los tribunales a readmitir trabajadores despedidos de manera improcedente por el señor Cándido Méndez. Quién te puso petenera. Cajas de ahorro y banca privada construyen bastiones defensivos en su derredor. Las primeras se resisten a las fusiones. La segunda retorna a posiciones de enriquecimiento ultrarrápido. Un lujo.
El PSOE es el paraíso. Zapatero, el adán del edén. Lo que pasa es que o el dios pueblo vota en consecuencia o ni la madre que parió va a conocer al vergel hispano. La serpiente se materializa en la falsedad de unos gobernantes que nos prometen convertirnos en dioses. Eva es la ruina. Zapatero nos lleva del edén al erial. Cuestión de meses. Cuestión de votos. Cuestión de responsabilidad. Cuestión de cartas limpias. Cuestión de naipes al descubierto. Cuestión de eliminar a tramposos y tahúres. Cuestión de cambiar el Gobierno. Cuestión de Estado. Cuestión de supervivencia.
Siempre por las buenas. Siempre con la bandera de la ley. Siempre atentos a que la ley no sea un nuevo cepo. Siempre. Las cartas boca arriba. Cortemos la cabeza a las víboras.
Un saludo.
ANASAGASTI, SENADOR DE ESPAÑA
Lo es Anasagasti. El político vasco es, créanlo, senador de España. Miembro del Partido Nacionalista Vasco, Anasagasti constituye uno de los ejemplos más lamentables de la cobardía política. Otra cosa no sé, pero la de ofender la figura del Rey de España, -de España-, es uno de los rasgos más notorios de su actividad parlamentaria. El problema es que, en vez de utilizar el medio senatorial ad hoc, prefiere visitar las tertulias mediáticas que, a falta de otras motivaciones más serias, prefieren practicar el juego de la diana antimonárquica. Leña al mono. Castañazo al rey. Al rey de España.
Anasagasti es un virtuoso de esta modalidad audiovisual. Le importa un bledo la situación de su país, España. Hace como si peleara hasta la extenuación por su región, Euskadi. Perfecciona sus dotes de equilibrista capaz de perpetuarse como un clásico del triple salto mortal. Del País Vasco a Madrid y de Madrid a la capital de España para no tener que retornar a la Bella Easo que le adoptó. Iñaki. Ignacio. La educación marianista que recibió en su infancia o en su adolescencia apenas hizo mella en él. Al menos en lo que al respeto hacia los demás atañe. Especialmente en lo que a Don Juan Carlos I se refiere. Campeón mundial en tiro al rey. Cada uno de los dardos envenenados que dirige al Jefe del Estado español da en el blanco. En el blanco de la maldad del tirador, en el centro de la malicia del jugador de pub, en la línea de flotación de la credibilidad del sexagenario señor que de la política hizo profesión y del fomento juancarlófobo, afición remunerada. Iñaki, Iñaki.
Casi 20 años de portavoz del PNV en el Congreso de los Diputados no han hecho madurar al señor Anasagasti. A medida que la edad le pasa factura y los suyos le relegan a puestos de acompañamiento, don Ignacio reclama el protagonismo que se le escurre entre los dedos. Quiero más, dice el peneuvista. En virtud de este objetivo, el vasco nacido en Venezuela -sí el país en el que dicta Chávez- no duda en calificar a los miembros de la familia real como “pandilla de vagos", ni en tacharlos de "impresentables". Formidable el valor que demuestra el señor Anasagasti. Estoy seguro de que posee pantalones para decir lo mismo de algún reputado dirigente de los militares etarras. ¿O no se atrevería?
Su filia democrática es incuestionable. Eso sí, con una precisión. Anasagasti ama la democracia aristocrática que preconizaba Sabino Arana. El demos ateniense no vale. Sí el demos oligárquico de la raza. Los maketos no cuentan. Salvo para dar su voto cautivo a los señores de la mesa más refinada de Arzac o de Berasategui. El que Patxi López -por favor, López- haya accedido a la Lehendakaritza es más de lo que su estómago puede digerir. Le asquea la democracia española. El hombre siente repugnancia por el españolismo y, tocado con la soberbia del señoritismo andaluz más abertzale, ratifica su radicalismo patriótico vasco.
La xenofobia andante, o parlante, del senador español se manifiesta cuando menos lo espera. Así, no duda en referir del maketo López que es el Obama de Portugalete. No ha matizado si lo dice porque Barack es norteamericano o por ser de raza negra. Negra y esclava. Debiera sacarnos de duda.
Anasagasti. Acaso el hombre sea pobre. Sin embargo, me da toda la impresión, -ojo, impresión-, de que es un pobre hombre. Siga en su lucha, don Ignacio. Continúe. No se frustre, hombre. No le sobrevenga una depresión y atribuya la causa al Rey de España. De España.
Un saludo.
LA MEDIDA Y LA PEDIDA
El caso Gürtel apesta. A poco que se ahonde en el sumario, el olor se hace insoportable. Bocanadas y vómitos. Asco.
Uno escribió, meses atrás, el por qué del temor a Bárcenas. Subrayaba la presunción de inocencia del que fuera tesorero del PP, a la par que condenaba sus amenazas, más o menos veladas, a los dirigentes de esa formación. Solicitaba, incluso, medidas contra el senador. Pedidas las medidas. Medida la pedida. Sin embargo, la mano blandimblú del staff directivo popular no se compadecía con la contundencia que empleaban para atacar las corruptelas del partido del Gobierno. Pedida la medida contra uno, medida adoptada contra sí mismo. La objetividad y la justicia requieren igualdad de interpretación y de trato. La corrupción es una lacra tan espantosa como el terrorismo o como el paro en la España de nuestros días. Diagnosticado el mal, cirugía inmediata. Manos peritas que extirpen el cáncer antes de que la metástasis se adueñe fatalmente de la vida.
No caben atajos ni excusas. A saco. Las medidas se referencian en la cantidad de afecto y en la gravedad de la firmeza. En la firmeza y en el afecto. La fortaleza es la virtud ética por excelencia ya que se reviste de firmeza y de generosidad. De esta forma, rechaza la tentación de la intolerancia y el fantasma de la desigualdad. Rajoy debió prever este escándalo. Puede que no se enterara del mismo hasta bien avanzado el “correoso” mal, puede. Mas una vez conocido el material de la correa, no puso en cintura a quienes engordaban, deformes, a ojos vista. No se trataba de un tema de obesidad mórbida. No. El problema no se reducía a volúmenes, sino a tiempo, a trenes de vida.
La lucha contra la corrupción debe ser a muerte. A muerte política. A muerte moral. A muerte penal. La corrupción nos cuesta el potosí de la democracia y la mina diamantina de las libertades. La actuación de Mariano Rajoy es censurable, se mire por donde se mire. No se corrompe sólo el protagonista de la acción, sino también quien mira a lado distinto o se tapa la nariz o deja que los oidos seleccionen según qué mensajes. Rajoy no calibró la medida de sus carencias ni atendió las pedidas de responsabilidades. Introdujo la cabeza bajo el ala de su inopia.
Gürtel es mucho escándalo. Matas, más de lo mismo. Los acusados del partido popular no se han quedado en el umbral de la imputación. Permanece la presunción de inocencia de todos. Lo que ya no está es la confianza en la honradez de unos políticos. Decía Jaime Balmes que la firmeza comienza por el autodominio.
La corrupción es una epidemia maldita para la que no existen vacunas. El grupo está amenazado y sólo la medida moral puede actuar como antídoto. Albert Camus refería que, ante cualquier agresión letal, algunos se dejan morir, otros se precipitan en el pánico y unos cuantos se alían con los agresores. Es la fractura de la sociedad. El síndrome de Estocolmo. El clamor del viva las cadenas. La aceptación del determinismo más humillante. La peste. Eso es la corrupción. Medida y pedida.
Un saludo.
CÓMO ESTÁ EL PATIO
La suciedad ocupa estratos. Los arqueólogos sociales pueden hallar en la investigación de lo corrupto un formidable ámbito de estudio. Montones de casos que atentan contra las más elementales principios de ética, se suceden en una cadena interminable. El patio está imposible.
Avergüenza a cualquier persona digna esta ola de podredumbre moral y de engorde monetario que nos arroja contra la playa. Los grandes hermanos, los sálvame o las norias hieren sensibilidades, es verdad, pero distraen y son fácilmente sorteables. Basta con apretar el botoncito correspondiente del mando a distancia. También causa sonrojo el sesgo tendencioso y mercenario de ciertos tertulianos que, a juzgar por sus opiniones, se hacen sujetos de nutridos convolutos o de sospechosas, interesadas y mercenarias adhesiones políticas. De un signo y de otro. Los extremos no pretenden el consenso de la razón dialéctica. Todo lo contrario. La radicalización de las posturas halla su mejor acomodo en la búsqueda de despertar el morbo de las audiencias. Leña al mono, aunque no sea de goma. O mejor, porque de goma no es.
La Administración Pública bate records de nepotismo y de enchufes teledirigidos. Se coloca a parientes, amigos, vecinos y afines, siempre que medie la debida militancia en el partido del Gobierno. Es un descaro. Conozco varios casos en que la colocación en puestos públicos se dispara a medida que las elecciones provocan dudas sobre la continuidad de los actuales prebostes. Les importa un bledo que existan actas acusadoras del delito. Se sienten tan impunes, están tan seguros de la fuerza disuasoria y cooperadora de la lentitud de la justicia, que, viva Cuba, años de dilaciones, indebidas o no.
La esposa de un conocido promotor de cierta provincia andaluza acaba de cerrar su negocio de venta de inmuebles y ha sido adscrita, porque sí, a la Gerencia de un Instituto municipal de vivienda de una localidad de dilatada historia psoecialista. ¿Urbana? Tela. ¿Sin tacha? Inmaculada. ¿Méritos? Esposa de. ¿Requisitos? Militancia activa y apoyo mediático ininterrumpido al PSOE. ¿De la ceja? Por ahí va la cosa. ¿Estudios? Los justos. ¿Sueldo? Nada de mileurista. Al uso del cargo. ¿Pueblo de finanzas saludables? Endeudado hasta el cuero. ¿Entonces? Cazo. ¿Está usted seguro? Como me llamo. ¿La Fiscalía? En las nubes o embarrando la toga. ¿Solución? Si estuviera en mi mano, denuncia, proceso garantista y, de eliminarse la presunción de inocencia, a la cárcel, al trullo, a la trena. Uno detrás de otra. En fila india, por más que la longitud de esa hilera fuera multikilómétrica.
Alguna vez he repetido lo que sigue: o la democracia acaba con la corrupción o la corrupción borrará todo vestigio de democracia. De ahí la arqueología. En los estratos del patio. Cómo está.
Un saludo.
IZQUIERDA ANTIDEMOCRÁTICA: STALINISMO PURO
No dejo de sorprenderme. Muy desagradablemente. Tanto, que más que de sorpresa, sería más propio hablar de escándalo. La “garzonada” supera la idea de desvergüenza pública y se instala en el esperpento valleinclanesco más rancio. El ataque a la Resolución del magistrado Varela es propio de tiranos soviéticos y de banderas nazis. Tirano Banderas de la más baja calaña.
Que es injusto que se procese al debelador del franquismo, dicen los artistazos del artisteo del colorín de la salsa rosa. Que el mundo al revés, afirma Gorka Landáburu, periodista tan psoecialista como la señora Antonia Iglesias o el inquisidor Enric Sopena. Que no es de recibo que la extrema derecha franquista actúe contra el gran ariete de la democracia antidictatorial, gorjean los politiquillos de pico abierto, sin más argumento que la descalificación del adversario, a cambio del alimento de la mamá pájaro (pájara, Bibiana).
Con todo, lo que más epata es la declaración del señor Conde Pumpido, el de la toga enlodada. El Fiscal General del Estado está enorme. Como siempre que atiende el disentir del Gobierno sobre asuntos borrascosos. No se le cae la lengua al Jefe del Ministerio Público cuando recita el lema del día: respeto al Supremo, pero los hechos no son constitutivos de delito. Qué inteligencia, qué rigor, qué abogado defensor de las causas justas, qué pendón parlante de la separación de poderes, qué jurista insigne, qué manera de arrimar el ascua a su sardina, qué as del Derecho, qué...
Conde Pumpido es el Leo Messi de la judicatura, el Cristiano Ronaldo de la legalidad. Cómo dribla. Cómo dispara. Cómo mete goles. Cómo nos la cuela. Cómo quiere meterla doblada. Cómo me disgusta tanto fariseísmo. Cómo me fastidia su doble moral. Cómo me repele el trato que dispensa a Garzón en comparación con el que se otorgó a Gómez de Liaño. Cómo me repugnan sus palabras. Cómo temo el día que, ha de llegar, abandone la política judicial y retorne al bastión de la justicia política. Con la señora de la Vega, el señor Alonso y otros allegados del cuarto turno, la seguridad jurídica será equiparable a la de Venezuela o a la de Cuba. Un gustazo, vaya.
Recapitulo. Si la descrita es la sociedad de la izquierda, prefiero ser de derechas. Si los grupúsculos tronantes por la impunidad de Garzón se dicen demócratas, prefiero incluirme entre los guardianes de la dictadura. Si todos ellos se colocan la chapa del stalinismo en el ojal de su chaqueta, prefiero adornar mi cuello con el collar de la verbena. Será el collar de la paloma. Eso. Ocurre que estos artistazos del artisteo del colorín de la salsa rosa forman un coro verbenero. De ahí el juego de palabras.
Collar de la Paloma. Escribía Ibn Hazm, el cordobés autor de la obra: “La fortaleza consiste en sacrificar la propia en defensa de la religión o de la familia, o del prójimo oprimido, o del débil que busca apoyo contra la injusticia de que es víctima o de la propia fortuna del honor propio, menoscabados inicuamente, o de cualquier otro derecho; y esto, sean pocos los adversarios o sean muchos”.
Lo dicho. Stalinistas. Con "s" líquida. Recuerdo a Chaves, el de MATSA, que la subvención de más de mil seiscientos millones de pesetas a la empresa de su Paula, eso sí que es incomprensible. Tanto como si no se preocesara a Garzón. Más que opinar para presionar al Supremo. Incomparablemente menos que si él y Zapatero hicieran las maletas y al averno del destierro político marcharan. España y Andalucía no tendrán esa suerte. Stalinismo, con "s" líquida, es sinónimo de asesinato. Físico o moral. Asesinato.
Un saludo.
LOS JUECES DEL CUARTO TURNO
Servidor conoce a varios jueces que han accedido a la jurisdicción por la vía del cuarto turno. De ellos, puedo decir que algunos son excelentes -e imparciales- profesionales. Sólo algunos. Menos, en cualquier caso y por la lógica de las proporciones, que en la vía del ingreso en la carrera judicial a través de la Oposición.
No obstante lo cual, emerge la duda. La duda. Una incertidumbre nace a priori y otra surge a continuación. La Oposición agrega un plus de objetividad, mérito, capacidad y, sobre todo, de igualdad, a quienes pasan por el aro de las consabidas exigencias de los tribunales. Las horcas caudinas son poca cosa en comparación con las dificultades que han de superar los examinandos. Alguien podrá argüir que no pocos de estos aspirantes pueden beneficiarse de algún tipo de apoyo o de cierta influencia. No se descarta. Es posible. Sin embargo, el sistema se muestra tan hermético que estas posibilidades resultan mínimas. La historia es contundente y tozuda. Los ciudadanos que acceden a la judicatura se ganan la justa fama de trabajadores de altísima cualificación. Lo cual concede prestigio al juzgador, al poder judicial y a la sociedad donde actúa. Se eleva la ley a la categoría de democracia aristocrática, tal es el listón que sólo logran vencer los mejores.
Sin embargo, la historia se muestra igual de contumaz y reveladora cuando el sistema de oposiciones es sustituido por otras vías legales en las que interviene el concurso de méritos. El cuarto turno es el pagano de toda una sucesión de irregularidades, parcialidades, discrecionalidades y arbitrariedades, en este orden de expresión, que han jalonado la intervención de la Administración no judicial en los asuntos de la jurisdicción. Los tribunales de lo contencioso están saturados de demandas contra la Administración Pública en las que se analiza una inmensa casuística de deslealtades constitucionales y legales. El enchufismo está tomando tal carta de naturaleza en la sociedad española de la democracia, que la confianza del ciudadano se disipa al compás y al ritmo en que se denuncian corruptelas para el acceso a la Función Pública.
El que el Juez Castro, que entiende en el caso de Jaume Matas, pertenezca al grupo de los adscritos al cuarto turno, provoca, ab initio, erisipela por lo que de tendenciosa pudiera parecer su acceso a la judicatura. No es juez por Oposición. Cabe la posibilidad de un padrinazgo que condicione algunas de sus resoluciones. Cabe. El Auto que ha dictado para establecer la fianza al ex presidente balear, más parece una sentencia condenatoria que una acusación que no rompe la presunción de inocencia. Concede, así, margen de descreímiento a los que, por añadidura, desconfiamos de sus pretéritas y públicas -hoy pudieran estar latentes pero no han desaparecido por ensalmo- filias y fobias políticas. Es así. No se prejuzga su actuación mas sí interviene la malicia del observador. En cierta capital de provincia, un abogado socialista de un Organismo público regido por el PSOE desde hace treinta años, abandonó su carrera funcionarial administrativa para acceder a la carrera judicial. Hoy es decano de los jueces. Era tan socialista como Felipe González. O más. A este relator le invade la duda cuando toca defender litigios en el juzgado del que el referido señor es titular. No se despoja uno, así como así, de una trayectoria cívica, social o política entregada a una ideología o a un grupo político o a un conglomerado empresarial.
Dudas. Muchas dudas. Sobre su formación, sobre su ideología y, por ende, sobre su imparcialidad. Son arteras y falsas las acusaciones, interesadas, sobre el predominio de lo memorístico en una oposición. Máxime cuando esa acusación caracteriza a la memoria como cualidad de loros. Se confunde el medio con el sistema, el procedimiento con la meta. De ser el problema la memoria, basta arbitrar, dentro de la Oposición, otros procesos intelectuales más ricos, varios, calibradores e integrales. Lo que no es de recibo es que la Oposición queda desvirtuada por la supremacía dictatorial de la memoria. Burda estrategia que fenece en la podredumbre de quienes hacen de su vida una sinécdoque continuada. Confundir el todo con la parte para rechazar lo que, por esfuerzo, abnegación o inteligencia, algunos nunca podrán lograr a partir de los deméritos propios y pese al empuje ajeno.
No me imagino delante de un estrado defendiendo ante la Juez De la Vega un caso de supuesta corrupción de un dirigente del Partido Popular. Sería tan embarazoso para este abogado, que no tendría más opción que pedir a la magistrada que se abstuviera y, de oponerse, proceder a su recusación.
La mujer del César debe ser honrada y, además, parecerlo. Es el requisito de la justicia. De la JUSTICIA.
Un saludo.
BIBIANA, LA CUENTISTA
Ya no sabe qué hacer. La señora Aído se estruja las meninges para pensar la bobada más mediática. La ministra de Franco, -digo, de Zapatero; qué terrores lleva el del PSOE a mi subconsciente- me recuerda, por momentos, a doña Pilar, la mandamás de la Sección Femenina. Una y otra bebieron en la misma fuente de ambiciones: la de mantenerse en el cargo y, a este fin, hacer de la ideología un hacha de filo cortante de verdugo medieval. Los extremos se tocan. Doña Pilar y doña Bibiana están más cerca de lo que ellas mismas puedan avergonzarse.
En democracia, los actos provocan respuestas diferentes si bien todas se rebosan en el huevo y el pan rallado de la libertad de expresión. La dictadura, por su propia naturaleza política, reprime cualquier conato de rebeldía, siquiera gestual. Aquella España de Franco nos contaba cuentos que otros escribían. La España de Zapatero -de caudillo a caudillo y tiro porque te pillo- relata historias que el sector más goebbelsiano de su partido se inventa. Hemos pasado del cuento a la historia sin memoria. Doña Bibiana supera, en este menester, a doña Pilar Primo de Rivera.
La jovencísima ministra andaluza nos hace sonreír con sus gracietas de mujer aburrida. No tiene qué hacer en el despacho que le ha montado su partenaire gubernamental. En vez de jugar al golf sobre la mullida alfombra, se distrae, la pobre mujer rica, a falta de otras actividades más fecundas, se distrae, digo, jugando. Sí, jugando. Unas veces, a las palabras y se saca de su imaginario dialéctico lo de miembras; otras, a las casitas, y nos entusiasma su arte al decorar, ella solita, sus públicas y privadas estancias; cuando toca, a las parejas; eso sí, de todo sexo y si son del mismo, mejor; y, por supuesto, a los bebés; en este sentido, resulta herodiana por lo de la matanza de los nascituri. Una joya de madurez, de encanto, de discreción y de savoir faire, esta andaluza quasi adolescente.
Zapatero está encantado con ella. Y ella con él. La afinidad entre ambos es envidiable. Por ejemplo. El presi de España quiere hacerle un roto a la nación desgajando, poco a poco, a Cataluña, y, para menguar el eco de las protestas, doña Bibiana, presta, sube el volumen del altavoz de las memeces y nos transmite el cuento de la Cenicienta o de Blancanieves. Si Garzón tiene pillados a más de uno del PSOE por los congojos, nueva vuelta de manubrio y a tocar otra tecla. Bibiana, entonces, diligente y servicial, lanza a los cuatro vientos su idea de retirar de las escuelas la lectura de los cuentos de Andersen por ser sexistas. Un éxito, oigan. Llama la atención de los incautos, entre los que me incluyo, y, en lugar de fijarnos en los muertos, paseamos la mirada por los enanitos de Blancanieves.
Es toda una cuentista doña Bibiana. No llega a la altura de su mentor, pero la émula camina con paso firme. Érase una vez una dulce niña nacida en el seno de una familia de maestros gaditanos. Bonita y humilde, creció feliz entre arenas limpias y salobres aguas. Quería ser maestra. Se quedó en ministra. Tuvo muy mala suerte. Con las vacaciones que disfrutan los maestros. Algún día encontrará el príncipe rojo -o la princesa morada- que le saque del suplicio ministerial y le ofrezca la vida dulce y rosa que merece esta angelita. Cuando saque las Oposiciones -o si es interina- de magisterio, contará a sus alumnas/os el cuentecito de la ministra abortera o el más famoso de la niña igualitaria. Qué feliz será. Hasta comerá langostas. Ángela de dios. Bibiana.
Un saludo.
MAQUILLAR LOS MERCADOS
Grecia: capital, Madrid. Atenas, hombre, Atenas. Que no, Madrid. El capital griego está tan devaluado como el español. El Gobierno griego ha quitado al Gobierno español el liderazgo de la mayor ruina económica de Europa. Socialista uno, psoecialista el otro. Papandreu y Zapatero. Un lujo de dirigentes. El heleno no hace sino pedir auxilio a sus vecinos. Se ahoga. El problema es que no le basta uno o dos salvavidas para salir del agua. Precisa un transatlántico. Los flotadores, los ofrece el FMI. El barco ha de ponerlo la UE. Sea como fuere, o se rescata a Grecia o, en su viaje al fondo del mar, arrastra consigo a otros pésimos nadadores, entre ellos, a los administradores (con perdón) españoles y, lo que es peor, a los administrados.
Zapatero clama por el rescate inmediato. Teme la zambullida de Papandreu porque después le toca a él tragarse toda el agua del mundo. Rescate, ya, insiste el economista español que, siete años después de iniciar la licenciatura, no ha aprobado ni una sola asignatura. Eminencia gris el hombre. El psoecialista se pone nervioso. Sobre todo, ahora, que los mercados piden árnica y, en la confianza de recibirla, celebran la efímera subida de la Bolsa.
Sin embargo, el mundo al revés. La Bolsa no sube por la curación de la enfermedad de los mercados, sino por la creencia de que el mercado será salvado de las aguas, como un Moisés mercantilista, por los nuevos egipcios de la Unión. Y como Moisés, el mercado, una vez rescatado, volverá a ser líder del pueblo oprimido, de la hecatombe bursátil, de la autorregulación de la naturaleza.
El rescate es una medida temporal, un truco efectista, un cinematográfico efecto especial. La Bolsa puede engañar al mercado, pero sólo un ratito. El que no tiene capacidad de engaño es el mercado. Por mucho lifting al que se someta, por mucho transatlántico que se habilite, el maquillaje es perecedero. Se sigue construyendo sobre terrenos movedizos. Los aviones de la economía son de cartón, como los de Sadam Husseim. El engaño se descubre antes que después. Las consecuencias son escalofriantes.
La deuda es asfixiante. El paro oprime todavía más la garganta. La desconfianza tapona los orificios nasales. El corazón late con dificultad, pero a los pulmones no llega aire. El cerebro se atora. En vez de cirugía, Zapatero recurre a las tiritas o a la descongestión manual. Zapatero no se atreve a reconocer que necesita respiración asistida. Su soberbia es enfermiza. Al igual que su incapacidad como gobernante. Quiere prolongar la vida del enfermo comatoso. Con tal de llegar a las elecciones con un hálito de vida, Zapatero maquilla los mercados e incluso su propia cara. Cara dura. Muy dura.
La fe de vida laboral de España no la firma un notario. No. Maquillar el mercado no es solución. Que Zapatero siga gobernando, un dislate. Elecciones, cuanto antes. Que los expertos pongan orden en este caos que han propiciado estos aficionados que, llenos sus bolsillos, dejan a los españoles con una mano delante y otra detrás.
Un saludo.
EL CASO BONO
Lo que va de la duda a la sospecha. La duda no hace sino suspender el ánimo, de forma transitoria, antes de determinar la solución más correcta. Sin embargo, la sospecha es una conjetura, una hipótesis, que se funda en una apariencia de verdad. Duda y sospecha se oponen a la certeza, es decir, al conocimiento claro y seguro de algo sin temor a la equivocación.
El caso Bono es, por sí mismo, por la idiosincrasia del político, un caso apologético de la duda, de la sospecha y de la certeza al mismo tiempo. Presidente de la Comunidad castellano-manchega durante muchos años, Ministro de Defensa, un tiempo, y actual Presidente del Congreso de los Diputados, el señor Bono es todo un paradigma de político profesional capaz de sobrevivir a los embates de la primera línea, sin alcanzar el cénit de su carrera. Hasta ahora.
Tantos años en la vida política son causa formal de formación de un patrimonio sólido, a poco que se haya llevado una vida ordenada, una administración eficiente y una política inversora eficaz. Esto es una certeza. En el caso de Chaves, el andaluz, la certeza se devalúa a la categoría de sospecha a juzgar por sus declaraciones patrimoniales. Pero, en fin, eso es otro cantar.
Servidor manifiesta, pues, una certeza sobre el patrimonio de don José Bono. Desde luego, no es el de un simple trabajador de la construcción ni siquiera el del propio presidente del Gobierno, por más que éste acumule dos décadas de parlamentario. Sí tengo dudas, sin embargo, si con los únicos ingresos del albaceteño se puede acumular la riqueza inmobiliaria que algunos medios le atribuyen. Tantos pisos de alto standing no parecen conjugar con las remuneraciones del ex ministro. No parecen. Dudas.
No sospecho -que pudiera- sobre la legalidad de adquisición de esos inmuebles. En absoluto. Lo que sí pienso es que pudiera incurrir en ciertas prácticas negociales, en la materialización de ciertos favores, que se alejan de la apariencia de ética que se exige de cualquier padre de la patria y que resultan claramente antiestéticos en parlamentarios que hacen de su vida pública un ejemplo a seguir. Máxime si, como en el caso de los psoecialistas, hallan en la ayuda a la ciudadanía más desfavorecida su horizonte de servicio público.
Bono, católico de autoproclamación, ya dejó estupefacto a más de uno votando a favor de la ley del aborto. En su lucha interna entre dos disciplinas, Bono se alojó en la obediencia jerárquica a su partido y despreció el acatamiento a la doctrina de la Iglesia. Eligió entre salir en la foto o aparecer borroso en la misma o incluso desaparecer por completo. No podía ser de otra manera. Ande yo caliente... Al fin y al cabo, el PSOE es otra iglesia. La decisión tomada fue dura. En todo caso, menos dura que la otra alternativa, que podría haberle costado una rotura de la crisma. No de los huesos propios de la nariz, no. La crisma. Toda ella.
Determinadas mis certeza, dudas y sospechas acerca de la patrimonialidad inmobiliaria de don José, me queda una última reflexión. ¿Es el señor Bono un experto en propaganda al estilo Goebbels o, por el contrario, un modelo de político camaleónico o, tal vez, un espécimen político de la más rancia derecha que nos está vendiendo la imagen de izquierda populista? Dicho de otro modo, ¿nos encontramos ante un Lerroux del siglo XXI, un Antonio Pérez del reinado de Felipe I González, o un simplista Juan Domingo Perón? En torno a esta preguntas, carezco de certeza, albergo dudas y revelo mi sospecha. Para mí, que tiene de todo un poco. Presuntamente. Tan presunto como su patrimonio inmobiliario. Legal.
No hay caso Bono. Lo que sí es que Bono es un caso. Caso clínico. Digno de estudio.
Un saludo.
LA POLICÍA DE RUBALCABA
Se atribuyó a Fraga la frase lapidaria de “la calle es mía”. Corría el año 1976 y el fundador del PP, ajeno entonces al partido que sería después, era Ministro de la Gobernación. Presidente del Gobierno, Adolfo Suárez. Balbuceos de la Transición. Rememoranzas de la dictadura franquista. Tics tiránicos de quien no ha conocido más régimen que el de Franco. 2010. Estertores de la Transición. Rubalcaba, Ministro del Interior, parece que “la policía es suya”. Presidente, José Luis Rodríguez Zapatero. Melancolías de Lasa y Zabala o del GAL. Vidas paralelas en una realidad de la que uno y otro huyen. Se refugian ambos en las ideologías porque no pueden vanagloriarse de sus palabras y de sus acciones.
El jesuítico Pérez y el explosivo Iribarne, más juntos de lo que quisieran y menos demócratas de lo que se jactan. Policía y calle, unidos, siempre estarán, con perdón, jodidos. Sobre todo si los que se dicen gobernantes, se creen reyezuelos-soles, revestidos del divino derecho del mandato constitucional. Y no es eso, no es eso. La calle, del pueblo. Igual que la poli. No hay más soberanía que la popular ni más legitimidad que la del sufragio. El pueblo vota a sus representantes pero no les da un cheque en blanco. Al contrario. Si Rubalcaba, ahora, y Fraga, tres década antes, actúan como sátrapas, están tomando el sagrado nombre de la democracia en vano. Hacen del sufragio un exvoto, de lo inorgánico, orgánico y de la Constitución, un trapo.
La policía es un cuerpo de seguridad del Estado. Del Estado. Del Gobierno de turno, no. Funcionarios distinguidos de empleo y discriminados de sueldo. Los policías. El que algunos se dejen atrapar en las redes corruptas de algunos partidos, no es extrapolable ni a toda la policía ni a todo el Partido. De la misma forma que abomino de la parábola del hijo pródigo, me repugna el dicho o el acto de meter a todos en el mismo saco. Es la injusticia sublimada.
El señor Álvarez Cascos ha efectuado unas declaraciones muy polémicas. Y muy concretas. Mientras el PP se pone de su lado, el PSOE las condena. Tuya y mía. Mía y tuya. Vergüenza nacional. Diatriba de la estupidez. Alabanza del humo asfixiante. Si lo que ha dicho Cascos es mentira, Rubalcaba debiera interponer, ya, una querella criminal contra el ex ministro de Aznar. Sin dilación. No se puede manchar el nombre de unos defensores del Estado de Derecho. El problema radica en que sea verdad y se pueda demostrar. Exceptio veritatis. Cuántas atrocidades dejan de proferirse por temor a la fuerza de la verdad. Cuántas barbaridades se escudan en la mentira impune.
Al Juzgado. Señoras y señores del Gobierno, a los tribunales. Déjense de monsergas y de expresiones tan vacuas y fatuas como cobardes. Querella al canto. De la misma manera que en el caso Bono. Si consideran que se está injuriando al Presidente del Congreso, denuncia que te crió. Exceptio veritatis. He ahí el límite. Ahí está el miedo. Que los presuntos difamadores posean pruebas irrefutables de cuanto aseveran. Que los querellantes tengan miedo de que todos veamos sus vergüenzas al aire libre. Que no, Fiscalía. Fiscalía General del Estado. Fiscales anticorrupción. De oficio, señores y señoras del Ministerio Público.
El silencio y el intercambio de acusaciones no hacen sino enturbiar más y más la vida política. Lo que preocupa a este opinante no es la credibilidad de algunos políticos. En absoluto. Lo que alarma es que algunos listillos se enfunden la camiseta roja de la democracia española y la hagan jirones. Los que tenemos una edad avanzada no podemos soportar un retorno a la cueva de la dictadura, pero menos aún que nos conviertan la democracia en un estercolero de ultras, donde los stalinistas y los fascistas campen a sus anchas.
La policía, constitucional. La calle, espacio de libertad. Los que no entiendan esto, se han equivocado de país, de sistema y de régimen. Vayan todos a reciclarse. Vayamos.
Un saludo.
LA CAVERNA
Mala cosa el resentimiento. Cuando la vida conduce al fracaso, la animosidad ahoga. El fracaso es el resultado del desequilibrio de una balanza sin fiel. En un platillo, las virtudes que se creen notorias. En otro, las compensaciones, advertidas como insuficientes. La desproporción de los pesos lleva al norte del triunfo y al sur del desierto. Tan capaces y tan desgraciados, se dicen y se sienten los que envidian, y sufren, el valor o la categoría ajenos.
Una cierta curiosidad morbosa me ha llevado, durante el pasado fin de semana, a pinchar “El Plural”, ese periódico digital que dicta don Enric Sopena. Digo dicta y digo bien. Dirigir es otra cosa. La portada de este medio constituye toda una pedagogía. Esta pedagogía excede el sentimiento de la tirria o de la antipatía. Va mucho más allá. Predica el odio. Un odio interesado. Un odio de conveniencia, como el amor vacío de algunos matrimonios. Un odio que, además de la desgracia del enemigo, tiene como meta el interés económico propio. Es el odio del botín, del trofeo, de la destrucción, del enriquecimiento del que no quiere.
A tal extremo llega el resquemor de don Enric hacia la derecha, que la página inicial de “El Plural” se dedicó en su práctica integridad al Partido Popular. Con el fin de despedazarlo, no crean que para hacer apología de Rajoy o de su grupo. Una pasada, miren. La avalancha de ataques me ha compelido a abandonar mi decisión de ir más allá en mi intención lectora. Quien puso el nombre al periódico del señor Sopena, sí sabía lo que nombraba. Cortinón de humo que oculta la herida purulenta por donde supura el medio. El Plural quiere decir, en realidad, El Singular. El Único. Sólo hay libertad de expresión si quien la practica es don Enric.
Qué pretende el señor Sopena. Despellejar a los populares. Con qué finalidad. No la de hacerlos desaparecer del mapa. Cantaría demasiado y olería peor. Tal vez, ningunearlos. O mejor, arrinconarlos de manera que Aznar caliente pero no queme. Y más claro: que el PSOE de su alma siga mangoneando en el patio de Monipodio para que los perros callejeros y los mendigos que, a su paso, recogen migajas, no pierdan sus miserables fuentes de supervivencia.
Mercenarios desgraciados de un poder que se vende democrático y que, en realidad, es el disfraz demoníaco de una insoportable tentación dictatorial. Todo contra el PP para que el PSOE siga disponiendo. Maravillosa visión de la objetividad. Olvida el señor Sopena que, tras el PP, hay millones de personas sencillas, honradas, buenas, entusiastas y sinceras que, en buena lid, procuran, sin ánimo de lucro o de beneficio particular, la victoria electoral de los suyos. Como las hay, en igual medida, aupando al PSOE. En esa confrontación ideológica, la inmensa mayoría del pueblo actúa por amor a y no por odio hacia. No son enemigos. Tan sólo adversarios políticos que impulsan a una formación u otra. Sin esperar dádiva o limosna alguna a cambio.
El pueblo, don Enric, se mueve en pos de horizontes limpios que pasan por tener un trabajo, construir una familia, consumir en su medida, ahorrar lo imprescindible, educar a sus hijos, contar con un buen sistema sanitario. Y esas cosas tan domésticas y tan prosaicas. Es el mundo racional. Siendo muy sensible, ese pueblo quiere satisfacer sus necesidades inmediatas. No cobran por vocear en las norias ni por gritar más fuerte que sus interlocutores. Pagan, tan buenos son, por verle ganar o perder en ese pugilato dialéctico que avergonzaría a Marx y, sobre todo, a Hegel.
De ahí la caverna, señor Sopena. Vd. y los que como usted manipulan la información con tanto descaro como ignominia, sólo ven sombras. No tienen el don del conocimiento racional. Si lo poseyeran, no querrían estar en esa caverna tan deprimente. Lo que pasa es que el maldito parné...
Salgan de la caverna y no atribuyan a los demás lo que a ustedes caracteriza. Caverna. Sombra. Oscuridad.
Un saludo.
LAS HORDAS
Blasco Ibáñez nos dejó, entre algunas joyas de su novelística, “La horda”, un relato social narrado con la excepcional maestría descriptiva del valenciano. La obra, ambientada en el Madrid de los albores del siglo XX, nos retrata una sociedad en la que el talento es sepultado por la losa del origen, de la cuna, del nacimiento. Recién coronado rey Alfonso XIII, la España del quiero y no puedo, la España de las sempiternas buenas intenciones, la España irregenerable, contemplaba impasible cómo millones, sí millones, de personas eran ignoradas, marginadas y explotadas por el sistema corrupto de la Restauración. Para salir de ese desfiladero maldito, sólo había un camino: pasarse al campo de los explotadores y servirles de verdugos baratos.
La movilidad social era un tema que se dejaba para los teóricos. Hace cien años, ni la bono loto ni la euromillones ni el cupón ni las quinielas. En cuanto a la educación, ríanse. Patrimonio de unos cuantos. Hoy, sí. Hoy es posible el tránsito desde las clases altas a las bajas merced a la crisis. En cuanto al revés, de abajo arriba, no crean. Los juegos de azar están en manos de las peñas. ¿Y la educación? Pues de tan socializante que se ha pretendido, ha recorrido el camino que se esperaba: de ser de calidad alta pero privilegio de unos pocos, a descender a niveles de sonrojo por mal uso de muchísimos. Hordas decimonónicas. Hordas actuales. Siempre hordas.
Los caciques del XIX se llaman hoy ediles. Los oligarcas de aquella época, dirigentes de formaciones políticas. Los terratenientes de entonces, grandes empresarios de nuestros tiempos. Los marginados obreros y campesinos de tiempos pretéritos, campesinos y obreros de nuestros días. La horda. No hay redención para la horda. Salvo que se ponga el pasamontaña del verdugo y ejecute. Qué porvenir aguardaba a Pepe Blanco de no ser militante destacado del PSOE. ¿Hubiera José Bono amasado la fortuna que se le atribuye, fuera del cauce de su militancia psoecialista? ¿Y don Luis Roldán, el de las dos carreras universitarias y el de la aventura a Laos?
Los parados, con o sin subsidio, en la cola del empleo que nunca llegará. Los cinco millones de puestos destruidos no se recuperarán jamás en las condiciones de 2007. Por el contrario, la multitud de desempleados se ensanchará a la par que las prestaciones asistenciales sufrirán paulatinas y severas restricciones. El Estado del Bienestar, adiós y muy buenas. La sociedad está acorralada. Acorralada y vendida. Como el sistema educativo. Nos quieren dar gato por liebre. Lo malo no es que se nos pretenda engañar. Lo malo es que nos dejemos embaucar. Lo peor no es que nos engañen tres veces. Lo peor es que aceptemos el continuado fraude con el silencio de los corderos. Lo más indecente no es que nos conduzcan al matadero. Lo más indecente es que allanemos el camino a los falsos pastores de las iglesias civiles. La horda. Por rudimentarios que sean los vínculos de quienes la integran, el grupo se primitiviza hasta el extremo de devenir jauría. Cuando la horda se degrada a ese nivel, la condición humana se aproxima al instinto animal. Entonces, la ley del pueblo es suplida por la ley de la selva.
La horda era el aviso de la catástrofe. La Primera Guerra Mundial apenas enseñó nada. Las hordas se tomaron un respiro de racionalidad que pronto se trastocó en erupción ígnea del instinto asesino. El período subsiguiente nada regeneró. Años de felicidad loca que antecedieron a la depresión del veintinueve. Umbral de una nueva guerra. De nuevo lo advirtió Blasco. Los Cuatro Jinetes del Apocalipsis, publicada en 1916, revela una Europa rota. La contienda mundial nos mostró nuestro pálpito más salvaje e invencible. El instinto arrasó a la razón. Entre los sentimientos, el odio campeó. La discordia se hizo dueña. Las heridas no restañaron y jamás se cerraron las cicatrices.
Eran muchos los que tenían interés en azuzar a las hordas. La guerra es una fuente de negocios para los más crueles y más desalmados. La memoria histórica es el filón letal que impide el cierre de las hostilidades. Los señores de la guerra son los responsables. Los culpables. Las hordas, fieras al cabo manejadas por el líder impostor. No queramos que el apocalipsis nos aceche. No lo queramos.
Un saludo.
BERZOTAS Y GALLARDOS
De berzotas, legiones. De gallardos, alguna solitaria y escuálida cuadrilla. Entre necios y valientes se ancha el campo de juego. Campo de irregulares dimensiones que se agiganta en el gol norte, se achica en el sur y bascula, lógicamente, hacia donde se halla el exceso de peso.
Excusen el juego de palabras. Reflexiono sobre el actual rector de la universidad Complutense, el señor Berzosa. Dice que es de izquierda. Lo dice pero no lo prueba ni lo demuestra con obras. Obras son amores. Viste mucho proclamarse de izquierdas cuando se ondea la bandera de la solidaridad, de la lucha por los desfavorecidos o de la defensa de los más débiles. Ahí entra la izquierda. Palabras vacías las del señor Berzosa. Nada de berzotas don Carlos. Ni ignora su posición académica y social ni actúa con la necedad del analfaburro. Por el contrario, Berzosa es toda una autoridad en la difícil interpretación de la hipocresía política. A la altura de Bardem, sin Penélope, aunque con la cruz de no ser Javier.
Berzosa, que no berzotas, no sólo ha permitido que en la Complutense se celebre un acto de desagravio al juez Garzón, sino que ha participado activamente en el mismo. En esa ceremonia del despropósito y de la confusión, no se defendía la ley (la cual es la salvaguarda de los oprimidos) ni se protegía los derechos de los desempleados (que constituyen, hoy día, la tragedia de la sociedad zapateril) ni se amparaban los usos democráticos (océano exclusivo en el que las ideologías tienen su ser) ni se hacía apología de los derechos sociales y de las libertades públicas (tan caras a los revolucionarios de izquierda que en el mundo son). Nada de eso. En esa ceremonia, ni democracia, ni trabajadores, ni derechos sociales. En ese rito orgiástico de unos cuantos iluminados, sólo cabía el denuesto, la calumnia y la destrucción de los valores. Aquello fue una misa negra cuyos convocantes reían con el drama del paro y oficiaban la misa negra del anarquismo más demoníaco. El acto, mísero y ruín, encontró en las palabras del señor Villarejo, fiscal anticorrupción que fuera, la homilía de un evangelio que lanzaba mensajes de odio. Conde Pumpido reprocha a su compañero de toga enlodada, que traspasó lo razonable. No le censura que se extralimitó. No, eso, no.
Allí estaba Berzosa, orondo y anfitrión, mostrando en una sola escena las dos etapas de la hipocresía más clásica. De un lado, la de la simulación, en la que dejaba ver la altura intelectual y moral de una universidad democrática y popular, sin darse cuenta, ignaro coyuntural, de que universidad viene de universo y aquello no era una manifestación global, sino una apología de lo sectario. De otro lado, la fase del disimulo, a partir de la cual, Berzosa, poco avezado, quiso ocultar el cariz tendencioso, hasta lo grotesco, de aquella merienda de negros, con perdón.
El dios a adorar era Garzón, un hombre rico, famoso, con enorme poder, elevado en el pedestal de la gloria terrenal. Gallardo Garzón. Garzón gallardo. De eso presume y de tal le halagan. ¿No será, sin embargo, que el término no sólo no es epíteto, sino ni siquiera un simple calificativo? A lo peor, la valentía se la dejó en las fosas franquistas, en los pagos norteamericanos o en las escuchas a los abogados. A lo peor. En cuyo caso, Garzón actúa como todos aquellos a los que él interroga. ¿Cómo? Negándolo todo, declarando lo que le interesa, y rechazando las preguntas de la acusación particular.
Berzotas y gallardos. Garzones y Bersozas. Los nombres no hacen personas ni las personas hacen nombres. La vida nos pone a cada uno en un sitio a poco que olvidemos dar cuerda al reloj de nuestra historia. Se para la vida. La vida se para. ¿Y la historia? Un adefesio, como la obra de teatro del mismo nombre que escribiera ese genial poeta, y pésimo dramaturgo, que fue Alberti.
Berzotas y gallardos.
Un saludo.
ESPAÑA, ESPAÑA
El domingo es un día de descanso. El descanso invita a la reflexión. La reflexión transporta a la paz. Con uno mismo y con los demás. Hoy, domingo, 18 de abril de dos mil diez de la era cristiana, reflexiono sobre España y sobre Cristo. Aunque el pensamiento ha sido largo, la transcripción es bien corta.
Desde luego, España no es sólo el territorio. Tampoco la lengua. Ni mucho menos el país. Tan siquiera el sentimiento nacional. En modo alguno, el paisanaje. No considero eje vertebrador el sentimiento patriótico. Su historia no es lo sustantivo. Ni la literatura. Todos estos factores hacen España como piezas insignes de un puzle fácil de resolver. No hay rompecabezas que valga, salvo para algunos. El rompecabezas no es España. El rompecabezas es el seso destripado de los que aborrecen la idea de España. El rompecabezas es la mala baba de quienes, en nombre del nacionalismo más desmochado, martillean el nombre de España. El rompecabezas es la lúgubre desesperanza de los judas que en España son y de España viven.
España es. Y lo es porque sus tierras y sus gentes han decidido así llamarla. Pero sobre todo porque en los últimos doscientos años, los españoles hemos colgado nuestra condición de súbditos y nos hemos enfundado el frac de ciudadanos. Y como muestra de nuestra voluntad de vestirnos sin señores y sin valets, hemos sancionado una Carta en la que decimos que somos españoles. Nosotros solos nos hemos autootorgado un Fuero que los ingleses disfrutan desde siglos antes. Es la Constitución. España es esta Constitución como antes lo fue la de 1812. España es una esencia porque los españoles ya no somos plebeyos, sino hidalgos. No unos cuantos. Todos. Desde el más rico al más pobre. Desde el más inteligente al menos dotado. Desde todas las perspectivas, nos hemos hecho iguales y, por tanto, libres.
España es libre porque sus mujeres y sus hombres viven la igualdad de sexo, de oportunidades, de amores y dolores. España es libre porque, mañana, si así lo quieren sus gentes, los “primi inter pares”, pueden cambiar su Constitución, su nombre y hasta su destino. Y es tan libre, que puede hacer cuanto designe, sin necesidad de usar la fuerza. Basta esgrimir el bastón de mando de la representación de la soberanía nacional. España es el pueblo constituyente y la sociedad constituida. Igual en la pluralidad. Plural en la unidad.
De la era cristiana. Quien escribe nunca tuvo –y si alguna vez lo poseyó, debió extraviarlo en algún lugar desconocido- el don de la fe. A este relator le gustaría disfrutar de esa fe que permite abandonar tantas cargas pesadas en su dios. Como carece de fe, soporta los pesos con la fuerza de su ánimo y de su cuerpo. Recursos ambos endebles, se sabe. Pero a falta de otras cualidades, buenas son las posibles. En esa tesitura de descreimiento, es racional. Y su razón, ya que no su fe, le permite dar gracias a ese Cristo al que otros adoran, por haber conribuido con su doctrina a hacer de la humanidad, un colectivo de mujeres y hombres iguales y libres. Igualdad y libertad que no se les ha dado por su condición de obediencia servil ante el poderoso. Ni mucho menos. Rebeldía ante la injusticia que del tirano viene. Mártires por un ideal. Los cristianos han sido los adelantados de la justicia social que, al cabo de dos milenios, hemos alcanzado.
Por ello, de España, sí. De la era cristiana, también. Se sea español o cristiano. Basta con ser mujer u hombre. No se pide más. Domingo, día de reflexión.
Un saludo.
EL ÁRBOL ENVENENADO
Con arsénico o con cianuro, da igual. Con odio o con resentimiento de siglos, qué más da. Por veneno físico o por ponzoña moral, el árbol sufre el mal de la corrupción. Desde mucho tiempo atrás, la enfermedad ha afectado a la savia y la metástasis se extiende desde la raíz hasta las hojas. La parte subterránea escapa a la vista y la superficie aérea se camufla con colores de invisibilidad. Mas los frutos… Los frutos, no. Se recogen antes de que la gente los vea, pero es misión imposible. Los frutos crecen y crecen mostrando toda la miseria que del árbol emana. El veneno está en el árbol. De ahí que la podredumbre se proyecte a todo su ser.
El evangelista Mateo decía: “por los frutos conoceréis el árbol”. Amarga pero incuestionable sentencia. En Derecho, la teoría del árbol envenenado está haciendo furor como consecuencia de las escuchas ordenadas por Garzón en el famoso caso Gürtel. Las pruebas obtenidas a partir de las escuchas ilegales, han de ser nulas porque de la ilegalidad no se puede hacer evidencia. De la misma manera que la falacia es una conclusión falsa en tanto nace de una premisa mentirosa. Árbol envenenado.
La convulsión política se adueña de la calle. La crispación hace acto de presencia en los debates. La razón dialéctica es marginada por la apariencia sensible de la voz estruendosa de los Portos mediáticos. Los Aramis abren vías de diálogo que no hacen sino prolongar la agonía del enfermo. Los Athos sólo dan la cara entre mares de vino y tras el escudo de los blasones. Los Dartañanes… Los Dartañanes se refugian entre paredes herméticas de inexpugnables castillos. Los mosqueteros quedaron en la pluma caballeresca de Dumas. El árbol envenenado ha atacado, asimismo, a los valores y a los principios. Nada escapa al avance incesante de la marabunta. Las erupciones del volcán arrojan rocas que aplastan y gases que asfixian. Nadie escapa al fuego natural y el miedo ancla nuestros pies a la tierra. El árbol envenenado nos aprisiona y nos atenaza. Quietud. Silencio. Triste degüello.
El fruto de la política revela unas entrañas deformes por la ruptura nacional y por la inseguridad territorial. El Tribunal Constitucional, a las órdenes del gran maestre Zapatero, calla y, como el equipo médico habitual, estira artificialmente la vida del órgano inerme. El fruto de la economía enseña sus tripas vacías de las que pende un hilito de sangre con la que dar de malcomer a cinco millones de estómagos inanes. La sociedad soporta, maltrecha, la dura carga de una educación imposible y la tara de un sistema sanitario derrotado por la propia gobernanza. La cultura agita sus brazos chapoteando entre el olvido de los intelectuales, la politización de una universidad agotada, la prepotencia de los artistas del rancio celuloide y la basura maloliente de unas televisiones que parasitan el alma de las audiencias. Frutos insalubres de un árbol envenenado. Nada hay de ficción. Pura realidad.
El árbol envenenado es el PSOE. La ambición de sus dirigentes es la causa formal del cáncer. La ambición desmedida. La avaricia ha roto el saco. Demasiados paniaguados para acogerse a unas ramas contadas. Ejércitos de termitas que devoran lo que encuentran en pago a sus desvelos, a sus traiciones, a sus estafas y a sus asesinatos morales.
Las elecciones se aproximan. El aspecto del árbol es lamentable. Cirugía estética de urgencia para tapar agujeros y aplicar gruesas capas de maquillaje a los ronchones verdeamarillentos del cuerpo. Hay que vender la burra, es el lema. La venderán. Pero el árbol está envenenado. El árbol psoecialista está corroído por el óxido de la inmoralidad. Hagan lo que quieran, pero yo no me acercaría a ese árbol.
¿Y la causa eficiente? La causa eficiente es Zapatero, el de las mercedes. Quién si no.
Un saludo.
ANTICRISIS
En singular, no. En plural. De la crisis, nada. Las crisis. Y qué crisis. Desaceleración, que decía el portentoso economista que sufrimos en La Moncloa. Desaceleración. Como si el frenazo económico fuese resultado de un pisotón suave en el pedal correspondiente. Desaceleración. Para hacer creer que el rozamiento del aire o la rugosidad del firme eran las causas de la brusca disminución de la velocidad. Desaceleración. Por favor. Crisis.
Crisis resultante de un pinchazo en las cuatro ruedas. Crisis provocada por la rotura del motor. Crisis efecto de un chasis tuneado que salta por los aires al contacto con cualquier sirimiri climático. Crisis estructural. Y qué crisis. El piloto se las da de ingeniero y el gerente pretende ser mecánico. Piloto, ingeniero, gerente y mecánico. Tetrarquía de oficios en un ser único. Único pero intruso. Único pero incapaz. Único pero descarado. Único pero vacilón. Único. Un gran actor. Eso sí. Histrión inconmensurable. La crisis se enroca pero el tetrarca de la misma embauca con su verbo florido a un público crédulo.
Ahora toca representar un nuevo papel en el mismo escenario, con idéntica compañía de cómicos de la legua. La obra se titula: “Anticrisis”. En el papel estelar, Zapatero. Conforman el elenco de actrices y actores, Teresa de la Vega, en el papel de la madrastra; Elena Salgado, como ama de llaves; Pepe Blanco, que destaca en la interpretación de arquitecto creativo; y Manuel “MATSA” Chaves, como Crispín. Guionista, doña Bibiana. Productor ejecutivo, Caamaño. Música, a cargo de González Sinde. Escenarios y decorados, Bono el de Uf, qué pisos. Dirección, La Psoecial. Obra impar de una extraordinaria “troupe” de artistas. Anticrisis.
Fastuosa creación. Realización inimitable. Vale. Pero de qué trata. La susodicha es una alegoría de la nada, una apología de la náusea y una epopeya de la miseria. Todo en un mismo producto. Pero, articulista, concrete. Sea más explícito. Veamos. El coche sigue con las ruedas pinchadas, el motor gripado y el chasis en esqueleto. Marcha imposible salvo que la grúa lo transporte. La náusea la produce el engaño de hacernos tragar que el vehículo en movimiento es el averiado en vez de hacerlo el transportador. La miseria radica en que los paganos de la estafa son los propios espectadores, a los que se toma el pelo una vez y otra y las siguientes. Las medidas anticrisis son las medidas de un traje de pino a la economía. En vez de arreglar el coche en el taller acreditado, le colocan ruedas de bicicleta, motor de vespino y una nueva carrocería de fórmula uno. Lo bajan de la grúa para eso. Y se obstinan en seguir vendiendo la recuperación.
Pero hombre, claman algunos de la Oposición, qué trabajo cuesta hacer las cosas bien. ¡Las cosas están muy bien!, gritan desaforados los Zarrías de turno y aplaude la claque de los Sopenas o de los Roures. Más que bien. Fenomenal. ¿Pero no se dan cuenta del estropicio, de la dimensión del desaguisado, de la magnitud de los perjuicios? Fascistas, eso es lo que sois. Falangistas, que atentáis contra la democracia. Enemigos del pueblo. Y lo que es peor, asaltantes de la Casa del pueblo, que es el PSOE.
Si el líder Zapatero dice que la crisis pasó a la historia, es que sus medidas, las suyas, han surtido efecto y que la anticrisis reina, y la prosperidad impera, la industria florece, la banca presta y el paro desaparece. Anticrisis. Milagro de Zapatero. Todo el mundo, todavía en recesión. Menos España, en anticrisis. Maravilla. Las anticrisis. Pues, bueno, maravillas.
Un saludo.
TAMBORES
El caso Gürtel en el PP. En el PSOE, el caso Bono, el caso Garzón, el caso Faisán, el caso Montilla, el caso Botín. Casos. Uno dobla. Los otros redoblan. Como los tambores. Tambores con membrana. El sonido, estruendoso. Golpes de maza. A ver quién puede más.
Uno se pregunta si la tamborrada es festiva o bélica. Si los tamborileros llaman la atención sobre sí mismos o, por el contrario, alertan del patio ajeno. Los de Rajoy se están desprendiendo de las cajas por aquello de las reminiscencias cubanas, en tanto los de Zapatero tapan las congas y los bongos africanos para ahuyentar recuerdos caníbales. Populares y psoecialistas mantienen en todo lo alto el tambor militar. La guerra dialéctica se desarrolla en el campo de batalla mediático. En el Congreso, se limitan a escaramuzas más o menos hábiles.
No caben violines. Las percusiones son los sonidos. Pero de tambor. Nada de piano. Estrépito con sonido metálico. Lo que hay en juego es mucho más que una victoria electoral. La pelea está siendo sonada, pero queda si vaticinamos lo que viene.
El ritmo lo impone el batacazo económico. El tono, los arpegios de la corrupción. La música es otra. La música está compuesta por Zapatero, que gusta hacerse aplaudir por el catalanismo más grosero, el de los Montilla o el de los Carod. La letra es del Constitucional, que no termina de arreglarla, empeñado como está en satisfacer al rojo y al azul. Música y letra muy malas que interpretan cantores desafinados. Ahora quieren incluir otra maniobra de distracción al pueblo. No bastan el pan ni el circo. Los mangoneos, tampoco son suficientes. El fútbol está saturando incluso a los más adictos y los toros no levantan pasiones ni cuernos. Se precisa un plus -he dicho plus- de imaginación.
Tengamos en cuenta que el Constitucional de Emilia Casas nos puede cambiar un Estatuto por una Constitución. A pesar de estar prevenidos, la muerte sigue asustando. Zapatero teme más a Arturo que a Mariano. Del primero espera una palmadita en la espalda. Del segundo, su desprecio. Pero el ruido de tambores ensordece los herméticos tímpanos del presidente mercedario. Quiere quedar bien con todos y sabe que eso es tan imposible como que Garzón admita cualquier irregularidad o que Bono acepte reconocer su riqueza inmobiliaria. Dilata que te dilató. Virgencita, déjame como estaba. Elecciones, no, que las carga el PP. Elecciones, no. Tambores. Muchos tambores. Mientras suenen, poder tengo.
Que hay que proponer a Froilán como sucesor, adelante. Que se ha de marginar a Felipe, no reparen. Que se demande, sin ambages, la tercera república, todo vale. El Constitucional va a destapar tantas maldades, que cualquier cortinón servirá para esconder según qué vergüenzas. Se está viendo venir. Los tambores de guerra son torpedos contra la línea de flotación de la Constitución Española. Española, de España.
Constitución sobre Estatuto. Estatuto, por la puerta delantera de la Constitución. No por la puerta de atrás. Zapatero, Montilla, por la puerta de atrás, nada de nada. Por la puerta de atrás, váyanse ustedes. Llévense sus tambores. Lejos. Muy lejos. No hagan más daño.
Un saludo.
DE BONOS Y BOTINES
La polémica sube de tono. Lejos de escampar, la lluvia arrecia. Lógico. Cuando, en vez de explicar las causas, se justifican mal los efectos, lo normal es que la duda se adueñe del escenario. La duda y la sospecha difuminan la imagen de la certeza. En cuyo caso, lectores, chuzos de punta.
El presidente del Congreso de los Diputados es -22de abril de 2010- don José Bono. La trayectoria política de este parlamentario es tan dilatada que su carrera ha de estudiarse por partes. Se habla de su pasado falangista. Se critica su populismo político en Castilla la Mancha. Se discute sobre su camaleónico comportamiento en tantos asuntos de Estado. Se le atribuye toda una serie de relaciones sociales bien alejadas del socialismo de base. Y así. De pronto, una pincelada informativa convierte al albaceteño de Salobre en imán de los que buscan noticias en la corrupción y de los que denuncian la hipocresía de quienes hacen de su honradez -y la de su partido- bandera. Del posible regalo de un piso de lujo a su hijo al probable olvido de declarar parte de su patrimonio, ha añadido carbón a la caldera. Los medios cumplen su misión. Nada que reprocharles. Salvo a los que, por intereses espurios, lanzan titulares de inocencia sin presunción del ex ministro o silencian la actividad periodística en torno al tema.
En cualquier caso, el señor Bono lo tiene muy fácil. Basta convocar una rueda de prensa. La vaticino multitudinaria. A la vista de una documental convincente y a tenor de las preguntas pertinentes, el señor Bono tiene en su mano la solución definitiva de un asunto que, de no atajarse, puede enquistarse y hacer daño a la insitución, al sistema y, por supuesto, a su propia honorabilidad. No se entiende la dilación en la respuesta. No se entiende. Se siembra, así, la semilla de la desconfianza.
Ignoro las relaciones mantenidas entre Bono y el señor Botín hasta el día de la fecha. Como desconocía, hasta que la prensa lo aireó, la correspondencia epistolar entre el juez Garzón y el presidente del Banco de Santander. ¿Que dónde se halla la bisagra que une ambos casos? Acaso en la estructura. Acaso en la coyuntura. En este artículo, me detengo en un hecho muy concreto y muy reciente. El saludo afectuoso entre Bono y Garzón con ocasión de la presentación de un evento sobre el “rojo” Llamazares, ha llamado la atención de este articulista. Con la que está cayendo sobre el segundo y con el aguacero que humedece la sonrisa del primero, no deja de sorprender el contento que se aprecia en el rostro de ambos. No deja de asombrarme. No señor. En medio, Botín. No en acto físico. Pero sí en figura mental. Botín es el símbolo más conspicuo del poder del dinero en España e incluso en el mundo. El Banco que él preside constituye todo un ejemplo de la fuerza del capitalismo más pujante.
En este universo capitalista, dos socialistas de fe como los señores Bono y Garzón podrían producir situaciones discordantes. Ah, si Marx levantara la cabeza. Y sin embargo, ahí tienen ustedes el colmo de la paradoja. Quien parece estar de más en este aquelarre de la confusión es el verdaderamente rico, el señor Botín. Rico y poderoso, me dirán ustedes. Rico, insisto. Los poderosos son los otros. Los socialistas son los que tienen el poder aunque su riqueza no sea la del banquero. Pero la influencia de los dos del PSOE supera -o superaba- a la del Santander. ¿Por qué será? ¿Se parasitan? Simbiosis se llama el fenómeno. Tan natural como chocante. Tan sospechoso como pestilente. Un bono y un botín. Lo malo es que del bono se haya reunido un botín. Lo peor es que el botín sea un cúmulo de bonos. Y de abonos.
Echo de menos, lo mire por donde lo mire, gallardía, nobleza, gesto, paso adelante, cara descubierta. ¿Y ustedes?
Un saludo
¿PREVARICÓ GARZÓN?
La basca ha perdido el norte. El sentido de la orientación. Quizás nunca lo tuvo. Anduvo errante tanto tiempo, a la zaga de la dictadura, que ha terminado por no saber dónde está de pie. La basca de Garzón es, en realidad, la cuadrilla del pifostio. Con perdón de la Real Academia. La panda del disturbio, del abuso, del exceso, de la alteración.
El grupo de amigos convocados en la Complutense por Méndez y Toxo están que trinan con el Tribunal Supremo. La cuadrilla se agita, nerviosa, como animal rabioso, a causa del más que probable procesamiento del juez estrella. Un ímpetu colérico se ha apoderado de ella. Tal es su desazón, que algunos de sus miembros han cargado contra el Altísimo Tribunal. Que si falangistas, que si franquistas, que si cómplices de no sé qué crímenes. Arrechucho incontenible el de estas personas que, en vida de Franco, callaron cobardes y han tardado treinta y cinco años para asegurarse de la muerte del dictador. Gallardía sublime, que diría el Forges que fue.
El asunto es simple, señor Villarejo. Muy sencillo, señor Mena. Cabal, señor Zarrías. Tanto que este articulista empieza a dudar de la buena fe de tan significados señores. Sea a sabiendas o por ignorancia, los nombrados han efectuado unas declaraciones tan horribles que se autodescalifican. El señor Garzón no ha sido imputado por la Falange. La Falange se ha limitado a denunciarlo. La imputación la realiza un juez. Ni más ni menos que un juez. Mediante un Auto debidamente motivado. No se ha producido condena. Todavía. En un Estado de Derecho, las garantías son indeclinables. El proceso judicial ha de seguir su marcha. Conforme a ley. Los señores Villarejo y Mena han sido fiscales. Lo saben. Y aunque lo saben, muerden dialécticamente.
En 1977 se promulgó -muerto Franco- la Ley de Amnistía. Ciertamente es una ley preconstitucional. Pero no es una norma franquista. El mismo Garzón la esgrimió para rechazar una denuncia contra Santiago Carrillo. Si fue válida entonces, ha de serlo hoy en tanto no se ha derogado. Con independencia de que Garzón careciera de competencias para entender en el caso, que no las tenía, la coherencia ha de guiar la conducta de la judicatura.
En este sentido, el señor Garzón estaba enterado de que Franco había muerto en 1975. Del mismo modo que tenía la obligación de saber -pues la ignorancia sería inexcusable- lo que dice esta ley. No obstante, le refrescaré la memoria. Verán: en sus artículos primero y segundo, se explicita toda una pluralidad de actos que están amnistiados. En los artículos tercero al quinto se amplía el espectro a faltas e infracciones de todo tipo, “con la sola exclusión de las tributarias”.
El articulo sexto es determinante en cuanto recoge textualmente la “extinción de la responsabilidad criminal...”. Item mas: si el señor Garzón pretende encausar a Franco y Franco ha muerto, ¿cómo podrá defenderse el que fuera dictador de España? ¿O acaso Garzon, Villarejo, Mena, entre otros insignes juristas y constitucionalistas, niegan esta facultad a según qué personas?
Me recuerda un caso en el que debi intervenir. Con todas las distancias. Cierto profesor advirtió, un año después de haberla aprobado, que una alumna habia copiado en todos los exámenes de su asignatura. La advertencia procedió de una denuncia firmada por otra alumna a la que se había pillado in fraganti en la copia de chuletas varias. El profesor, sumido en su mandorla de pantócrator justiciero, aprovechó que la estudiante seguía en la Facultad, decidió rectificar las actas y suspenderla. Por más que se le reconvino oficialmente sobre la improcedencia del acto, el docente persistió en su empeño. La chica recurrió y la Universidad le dio la razón. A la joven copista/copiadora. Sin embargo, no se suspendió, siquiera cautelarmente, al catedrático. Infractor no sancionado. Corporativismo. Algo peor. Garzón se equivocó. ¿Prevaricó? Habrá que verlo.
Derecho y derechos. Derechos y Derecho. Las politiquerias, como las venganzas, no deben tener asiento en un Estado en el que la Ley, sólo la ley, impera. Si no, a Cuba. O a Venezuela.
Un saludo.
LA MUERTE DE MARINO
Marino. Marino Barbero. Juez. Investigó el caso Filesa. Corrupción institucional del PSOE. Se atrevió. La presión le llevó a la enfermedad. Tuvo que renunciar a su condición de magistrado. Al poco tiempo, debió abandonar. No podía ante la avalancha psoecialista y de sus afines. Brutal. Parecido a lo de Gómez de Liaño. Murió. Poco tiempo después, murió. No pudo con el peso. Demasiada carga para un hombre solo.
Luciano Varela. Juez del caso Garzón-Fosas. Presunto acto prevaricador del considerado juez estrella. Ha osado enfrentarse a la máquina propagandística del PSOE. Ha querido, incauto, poner en solfa la credibilidad del magistrado que defendió a Polanco. Nada menos que defendió a Polanco. Y con él, al robot que manipula el sistema de luces y sombras de la política española. Marino. Javier. No hay dos sin tres. Luciano.
La muerte de Marino fue un aldabonazo sobre la conciencia de la justicia. Muerte anunciada desde Filesa. Muerte física que subsiguió a la profesional. De nada sirvió su reconocida excelencia como jurista. Se tiraron sobre él como lobos hambrientos. Fue despedazado vivo y al tercer día, dejó de existir. Borraron hasta su recuerdo.
Los mismos psoecialistas que impulsaron su nombramiento como miembro del Tribunal Supremo, los mismos, le crucificaron. Marino era rojo, defendía el populacho. No hay mejor carta de presentación y recomendaciones más loables que la de tener ideas de rojo. Fíjense, nos recordaban los partidarios de Marino: a su categoría como penalista, une su acendrada defensa jurídica de los derechos humanos, su repulsa a la pena de muerte y su firme convicción democrática. Al Supremo. Porque, sobre todo, es de los nuestros. Qué se va a preocupar este juez –y menos a partir de ahora- por asuntos menores de corrupción y de “choricismo”. Quiá. Banalidades propias de juececillos de tercera división. Al Supremo.
Dio la cara contra los franquistas y el franquismo se la rompió. Pasaporte a la fama de la rojería. La lucha contra la dictadura confería estigma de héroe. Contra la dictadura toda. Franquista o stalinista. De derechas o de izquierdas. Ahí se equivocaron los rojillos de liendres. Marino luchó contra los dictadores, sin importarle el signo. Igual que hizo Gómez de Liaño. Del mismo modo que, ahora, Luciano. Si no estás conmigo, estás contra mí. Es la consigna mafiosa. Ninguno de estos tres lo ha comprendido.
España se juega hoy su futuro reciente y su historia tardofranquista. La República, la primera, no crean que la segunda, puja por restaurarse. La restauración republicana. Al igual que la borbónica. Está por llegar. De la manera que sea, se va a imponer. Si es por la vía ilegal, mejor. Pero para que nadie acuse de ilegalidad al PSOE, ahí está Zapatero con sus mariachis desafinados pero expeditivos. Los primeros en caer, lo independientes. Los primeros en derribarlos, los independentistas.
Marino no murió a manos del PSOE. No. Murió a manos del PSOE. ¿No es lo mismo? No. Ni mucho menos. Repasen las hemerotecas. Poli bueno. Poli malo. Lo que les importa no es la pesca. Lo que está en juego es el pescado. Marino murió. Gómez de Liaño, está muriendo. Luciano, en la lista de espera.
Un abrazo, Marino, Javier, Luciano. Un abrazo. Y también, como siempre, a todos ustedes, lectores,
Un saludo.
LA INOCENCIA DE GARZÓN…
Garzón, don Baltasar, el superjuez, el abanderado de las causas nobles, el ariete anticorrupción, el aldabonazo en la conciencia de los dictadores, el estandarte antigenocidio, y tantas otras cosas más, va y resulta que no quiere entrar en el fondo del asunto. De su asunto. No quiere que se abra juicio oral para determinar si pudo prevaricar cuando se empeñó en investigar los crímenes del franquismo. No quiere. Ha recusado al ciento y la madre. Ha pedido el sobreseimiento de la causa. Ahora recusa al magistrado Valera. De Jueces para la Democracia. No quiere juicio oral don Garzón.
La verdad es que nunca me pareció un valiente. Ni un intelectual de prestigio. Ni una lumbrera jurídica. Ni la cumbre de la honradez judicial. Puro teatro, he pensado con frecuencia. Escenografía y alharacas dentro de la farsa de las togas y de las puñetas. Insisto: no sé si Garzón prevaricó. Tampoco si Varela ha cometido algún error procesal. Mis sensaciones y mis informes me hacen creer que Garzón ha metido la pata y que Luciano ha actuado conforme a Derecho. En cualquier caso, aunque se impute a Garzón tan terrible delito, la presunción de inocencia del amigo de Felipe González o de Vera o de Barrionuevo, no hay quien se la quite. Presunto inocente, por supuesto. Faltara más.
Reflexiono sobre el tema y diseño la arquitectura de su defensa. Eje vertebrador de la misma, la no celebración de juicio oral. De anunciarse el mismo, comportaría la suspensión inmediata del amigo Garzón. Qué escándalo. El adalid del polanquismo, enjuiciado como un GAL cualquiera. Demasiado escándalo. Impedir el juicio. A toda costa. Como sea. Con la ceja y con los sindicalistos. Con los Almodóvar y los Bardem. Con los ministros de Zapatero y sus ministras. Con toda la horda mendicante del coche oficial y el contrato blindado. Con lo que sea, pero que no vayamos al fondo del asunto.
Pueden no ser berzotas. Mas no son gallardos. Bajo ningún concepto. La gallardía es a Garzón como el elogio es a Leire. Garzón es valiente con los pobres y cobarde con los ricos. Leire adula al jefe y ofende al enemigo. Garzón debiera pedir, él mismo, la apertura de juicio oral. Así, llegando al meollo del asunto, podrá demostrar su inocencia presunta. Qué ha de temer un hombre tan cabal y con tantos partidarios. Nada. Debe buscar que la verdad resplandezca. Su estrella brillará, entonces, como nunca.
Si se escuda en la forma del proceso en vez de salir a pecho descubierto dando la batalla a sus denunciantes, estará ingresando en el saco de los malayos o de los astapos. Qué pena. Quién lo vio y quién lo ve. Inocente. Sin duda. Pero cobarde, un montón.
Un saludo.
EL HURRACO DE LAS URRACAS
La urraca es un córvido. De la familia de los cuervos. En toda España se encuentra este ave. Caracteriza a estos animales su costumbre alimenticia. Roban en los nidos de otras aves y se comen los huevos e incluso a los polluelos. Cada día aumenta el número de estas voladoras rapiñeras. Su instinto de almacenamiento llama también la atención. Ocultan el alimento que no han devorado e incluso esconden cuantos objetos brillantes hallan. Les caracteriza, asimismo, el griterío de sus ceremoniales así como sus carrerillas entre las ramas persiguiéndose unas a otras. Córvidos. Urracas.
Hurraco. Puerto Hurraco. La matanza perpetrada por los hermanos Izquierdo una tarde del tórrido verano pacense de 1990, se ha convertido en uno de los símbolos más paradigmáticos de la España profunda, de la España cainita, de la España rural del subdesarrollo mental, de la España del odio, de la venganza y de la muerte. Puerto Hurraco.
Urracas y Puerto Hurraco. No he podido sustraerme al recuerdo mientras leía los titulares periodísticos de este último domingo abrileño de 2010. Veinte años han pasado desde la masacre. Uno de los hermanos, titulan algunos medios, se acaba de suicidar en prisión. Era el último. Dos décadas más tarde, se ha quitado la vida uno de los autores de aquella infamia agosteña. En Madrid y en algunas capitales españolas, miles de personas se han manifestado en defensa de Garzón y de las víctimas del franquismo. Gritaban consignas contra el Tribunal Supremo. Coreaban lemas de condena contra los verdugos de la dictadura franquista. Setenta años después de que la Guerra Civil terminare, miles de españoles piden venganza. Contra Franco y los suyos.
Franco murió en 1975, por más que el Juez Garzón requiriese su certificado de defunción. La democracia relevó a la dictadura en un modélico proceso de transición liderado por el rey de España. Los demócratas -de izquierdas y derechas- contribuyeron, con tesón y afán de concordia, a desmontar las estructuras caducas e infames de esa dictadura y a armar, con paciencia y amor, la arquitectura de una democracia que algunos consideraban imposible.
Demócratas de derecha e izquierda. Juntos. Hijos y nietos de vivos y muertos del bando nacional y del bando republicano. Herederos de un sistema que no debía retornar. Unidos en pos de una España de entendimiento y de diálogo. A criar nidos. A levantar hogares. A construir un nuevo Estado dentro de una nación única. Todos en busca del consenso. Voluntad de enterrar la España goyesca del garrote y de la garrota, del puñal y de la daga, de la Inquisición y del Santo Oficio. Intención decidida de no ser urracas ni hurracos, ni buitres ni comedores de carroña.
Puerto Hurraco sigue vivo. No en la serranía de Badajoz. En los accidentes abruptos de esta España que no madura, que desdeña la educación y cultiva los resentimientos. Puerto Hurraco vuelve a imponerse. Al son y al ritmo de las miles de urracas que pretextan defender la justicia para asesinar las libertades. Almacenan vientos de muerte y se alimentan de la inocencia de los españolitos que no conocieron aquella maldita guerra. Urracas machos y hembras. Negras urracas en un sórdido Puerto Hurraco hispano. Artistas aristados al frente de un ejército de hienas. Sangre muerta que sangre de vivos derrama. Qué pena.
Tanta urraca en un puertohurraco que no acabamos de sepultar. En fosas herméticas. Urracas. Hurracos. Resentidos. Carroñeros.
Un saludo.
LACAYOS Y MANGANTES
Más que piedras de mechero, repetía con gracejo un viejo, tanto como servidor, amigo mío. Más que piedras de mecheros. Hoy están en desuso. Las piedras de mechero, claro. Los mangantes y lacayos, en pleno auge. Sobre todo en tiempo de crisis, proliferan como gurumelos en bosques húmedos de la serranía onubense. Manjares exquisitos estos últimos, escoria despreciable aquéllos. Lacayos y mangantes. Serviles y rastreros los primeros. Sinvergüenzas, personas despreciables sin oficio ni beneficio, los segundos. -Mal nos lo pone, articulista, si esta clase de género abunda en España en la cantidad que usted nos indica. –La realidad nos acerca al bien o al mal con la lupa más potente, respondo.
Establezcamos algún ejemplo que nos sirva de referencia. Este relator considera que la clase política, en general, es lacaya y mangante. Lacaya, porque se arrastra en pos del objetivo que persigue, repta sin temor al pisotón reparador y adula cual mayordomo de librea larga y bolsillo corto. Que no meto a todos en el mismo saco, que no. Pero la generalidad así lo entiende. Para subir, hay que medrar y para medrar, es preciso ser alfombrilla de malolientes cocinas. Sin embargo, y me apresuro en matizar, la clase política no es sino un reflejo de la clase social. La nobleza arruinada sirvió al rey. La burguesía dobló el espinazo hasta la escoliosis para procurar la sombra del parasol nobiliario. La plebe no se recató en alabar, a veces, o en llorar, cuando tocare, las alegrías y las tristezas de sus señores. Alma de súbditos y corazón de vasallos encerrados en un cuerpo deforme de degenerada aristocracia.
Me viene a la memoria el refrán: Dios los cría y ellos se juntan. Refranero sabio de filosofía rústica. Pienso en Luis Roldán, el que fuera director general de la Guardia Civil, por nombramiento de Felipe González. Dos carreras universitarias, decía tener. Dos. A pares. De lacayo del PSOE a mangante del PSOE. En un santiamén. En menos que canta un gallo. Paradigmático Roldán. Claro, dirá él, yo aré lo que pude pero nunca aseguré que haré lo que pueda. Palabras “enreonas”, actos viles. Ahí tienen a Montilla. Sin carrera y a lo que ha ascendido. Acaso no sea mangante, pero lacayo, lacayo un rato largo.
Lacayos y mangantes del mundo, unidos, jamás serán vencidos. Demasiadas piedras de mechero. Repasen, si no, la listas ministeriales, la relación de consejeros autonómicos, la tira interminables de altos cargos en la Función Pública, los "calienta-poltronas" de consejos de administración, los jefes de centurias, decurias, etc. ¿Centurias y decurias? Sí, los mismos perros con distinto collar. La función, idéntica; el servilismo, puntual; la mangancia, como dos gotas de agua. Lo dicho.
Un saludo.
UGT: SINDICATO VERTICAL
UGT ha dejado de ser la correa de transmisión del PSOE. Es el PSOE quien transmite. Transmite su agradecimiento al sindicato amigo. Favor con favor se paga. Ocurre como en la dictadura. Gobierno y Partido único se solapan. Identidad total. La crisis escapa a esta unión bicéfala. Unos aportan la pasta. Otros garantizan el sopor social. Vertical. UGT es un sindicato vertical. Defiende, a la vez, los intereses de patronos y de trabajadores. Vende su historia obrera al precio de una subvención multimillonaria. La gran patronal es el Estado. UGT protege los intereses del Estado español usurpado por Zapatero, mientras el PSOE copa la hacienda patria. Simbiosis.
En esta tesitura, Rodríguez Zapatero habla de humanizar el capitalismo y Cándido de garantizar la paz social. La cosa es de risa si el paro, el déficit y la ruina no nos ahogan en nuestro propio llanto. Papá Estado suelta el parné y Mamá UGT compra en el mercado a precio de saldo. Uno y otro olvidan -hacen como si- que en el sistema capitalista el elemento prioritario que produce riqueza es el dinero. Antes que el trabajo. Si el capital huele el olor del tesoro, allá que se tira. Si no hay ganancias seguras o si la inversión ofrece algún tipo de riesgo, la empresa huye como Garzón acorralado.
El patrón Estado juega con desventaja. Siempre pierde. Sabe que no puede escapar a su destino subvencionador. Las empresas públicas se asfixian en pérdidas. Pero como pagan los ciudadanos, oro para el bolsillo del gobernante y para el cazo del sindicalisto.
Dinero. Lo que quiere el trabajador es un salario. No quiere subsidios, salvo que sean gregarios a la remuneración por la chapuza clandestina. El empresario demanda seguridad. Hoy como ayer. Con la bicefalia Méndez-Zapatero, la seguridad es tan efímera como un caramelo a la puerta de un colegio. No existe. El capitalismo no tiene más ideología que el mercado y más credo que la maximización del beneficio.
Zapatero y Méndez saben de qué va la cosa. Vaya si saben. Más que los ratones resabiados. Son demagogos, mentirosos compulsivos e insultadores de resultón. Pero de tontos, ni un pelo. A nosotros nos toman la cabellera un día sí y el otro también. Cuando ellos hablen de humanizar el capitalismo, lo que realmente dicen es que se van a forrar los de siempre. No los empresarios pequeños y medianos. Ni los autónomos. No. Los de siempre. Entre los de siempre, ellos, los paniaguados, los subvencionados, los sindicalistas afines a ese patrón omnímodo, a ese Leviatán de birlibilorque en que han convertido al Estado.
Y claro, en esa sagacidad del rinconete y del cortadillo barrocos, en esa chalanería de truhanes de feria, en esa vocería preelectoral, son capaces de vendernos el Corán como Biblia y la Biblia como Corán. Su capitalismo es el de comprar y vender votos que le proporcionen réditos electorales y políticos. No tienen más humanidad que la dicha del pecunio. Del pecunio y del peculio.
Qué ricos. Ellos. Los que mandan en UGT. Los que dictan en el Gobierno. Los bonistas y montilleros. Los que chupan del bote de la formación para el desempleo. Los que nos hablan del cuento de la buena pipa. El de la lechera ya no lo cree nadie. Qué ricos. Ellos. Los psoecialistas. Los demás, qué pobres. Y lo que nos han de despojar. Porca miseria.
Un saludo.
EL VACÍO ECONÓMICO
De manera reiterada, incluso a riesgo de ser un “pesao”, he venido señalando el alcance financiero y económico de esta crisis que, en palabras del señor Zapatero, sólo existió cuando sus meninges alcanzaron a comprender lo que una crisis es. Sus meninges y su soberbia. No sé si la pequeñez de las primeras es causa de la colosal dimensión de la segunda o, por el contrario, su vanidad desmesurada es la que ciega sus entendederas. Da igual. Lo cierto es que España se escurre boca abajo con velocidad de crucero y sin posibilidad de freno. Al menos, mientras quien desgobierna el país sea el que los españoles eligieron, por mayoría simple, en las dos últimas convocatorias electorales.
Nada que hacer. Con ZP, nada que hacer. Nada que rascar. El Gobierno es cautivo de un presidente convulso y narciso. Del mismo modo que el señor Rodríguez se halla en manos de unos sindicatos verticalizados en cuya cúpula se apoltronan esos grandes empresarios de la nada subvencionada que son Méndez y Toxo. El paro asciende al 20 por ciento. Uno de cada cinco españoles en edad de trabajar, no trabaja. Quiere encontrar un empleo. Misión imposible. Para los mayores de 45 años, ni el demiurgo es capaz de hacer el milagro. Para que la lotería toque, es preciso comprar el décimo. Los españoles no compramos el décimo. Sin embargo, nos tocó el gordo. El premio gordo del gobierno más inepto desde la camarilla que rodeó a Fernando VII. Qué cosa.
La Bolsa baja y baja. Muerte anunciada. Por más que se anime a la compra de productos financieros, se está engañando al consumidor. Nacer para morir. Invertir a la espera de un pelotazo singular es tarea tan improbable como que el PSOE convenza a su líder de la necesidad de anticipar las elecciones generales. Antes se cae España a trozos, desgajada como una naranja atomizada y autonómica. Antes se desintegra el país, que los psoecialistas de la ambición y de la avaricia suelten la presa. Antes la pobreza se extiende, como metástasis irreversible, por todo el tejido social, que la pandilla presidencial admita la gravedad del cáncer. Antes la sangre del cuerpo económico se desparrama a chorros, que un monosabio o un banderillero de la cuadrilla del torero leonés se agache y tapone el orificio por donde mana con abundancia el viscoso y rojo líquido.
A Grecia le sucede Portugal y, a la espera, la España zetapera. El vacío reina por doquier. El enemigo acecha a la población. Las instituciones están paralizadas. Mientras tanto, el cónclave civil se reúne no para reflexionar sobre un nuevo Papa laico que enderece la situación caótica, no, Se congregan en asamblea para hablar, primero, del sexo de los ángeles luciferinos y, segundo, de la injusticia que se está cometiendo con ese juez, Garzón, que tiene a más de uno pillado por los congojos. Vacío económico que subsigue a la nada moral. No cabe el uno sin la otra.
Una cosa sí les aseguro. De lo que está pasando en España no tiene la culpa Franco. Ni Fernando VII. Ni los Reyes Católicos. Ni Alfonso X el Sabio. Ni Abderramán I. Ni Recaredo. Tampoco los tres gatos que, a día de la fecha, son los falangistas ni los cuatro monos que se congregan en torno a las ideas anarquistas. Ni siquiera los artistazos de la ceja. Ni los paniaguados manirrotos de los dos grandes sindicatos. La culpa se halla en quien tiene competencia, capacidad y responsabilidad para ser imputable. ¿Que quién? Por favor, Zapatero. Zapatero con toda su cohorte de cómplices y cooperadores necesarios. No tengan la menor duda. Y no sospechen de otro. O de otros. Esto no es el 11-M. Hablamos de ZP. Nos espera el vacío. El abismo. Sálvese quien pueda.
Un saludo.
HONORRABLE MONTILLA
Confieso mi admiración por Cataluña. Es una esplendorosa parte de España. Qué sería de nuestra nación sin ese territorio fértil y vanguardista. Sería, ab initio, una nación amputada. Igual que lo sería si nos arrebatasen, por ejemplo, Extremadura o Canarias. España debe quererse a sí misma. No debe ser tan desprendida y tan quijotesca. Y si España tiene un Gobierno que actúa con la prodigalidad de quien todo tiene y nada necesita, los españoles debemos pedir la incapacitación de un Ejecutivo que se tira “patas abajo” lo suyo y lo ajeno y al que nada importa la integridad territorial del país mientras conserve las manijas de la caja fuerte.
Dicho lo cual, preciso, concreto, delimito y puntualizo. Admiro a Cataluña. Mi admiración no se extiende a su clase politizada. -Querrá decir política. Digo lo que escrito está: politizada. La clase política reúne unos caracteres de servicio y de objetividad que, lacayos y mangantes aparte, son ajenos a esta caterva que, hoy por hoy, conforman el tripartito. Miren. A Carod y a Puigcercós se les ve venir. Uno discrepará de ellos. Nos encontraremos en las antípodas de su ideología o de su doctrinarismo. Sin embargo, van por las claras. Se manifiestan cuales son. Artur Mas recorre un camino similar a los anteriores si bien su paso es más cauto, más seguro. También muestra su piel de lobo independentista. Como los de la Ezquerra republicana. En cuanto a los “Saura boys”, están a la que conviene. Que hay que ser separatistas, allá van ellos. Que republicanistas, más que Companys. Que capitalistas, como Madoff. Una cosa fabulosa lo de estos comunistas de Rolls Royce. Dentro de esa panoplia, están fotografiados. Saldrán con mejor o peor cara, pero la dureza facial es apreciable sin esfuerzos.
Fotofija de los catalanistas de obsesión más o menos segregadora, más o menos amputadora. Fotofija. Otra cosa es el PSC. El Partido Socialista de Cataluña es un totum revolotum, una mixtificación de lo más cutre, un revuelto caduco, una amalgama informe, una secta político-religiosa, una banda mercenaria, una ideología sin principios ni finales. Más españoles en el resto de España que nadie. Más catalanes en esta parte de España que todos. Agua y aceite dentro de un recipiente ya transparente, ya opaco. Novio y novia en la boda. Padrino y ahijado en el bautizo. Chico/chica, y también vestido, en la comunión. Familiar primero en el entierro del muerto al que acaba de asesinar. Juez y parte garzoniana en litigio constante. Acusación y defensa en interminable querella. Del Madrid y del Barça, según el viento sople. Zapatero es un ejemplar conspicuo de esta idiosincrasia partidista/partidaria/parcial/subjetiva, hija de la amoralidad y de la alegalidad.
Con todo, hoy no toca mencionar al leonés de Valladolid. Nos referimos a Montilla, ese cordobés charnego que ha pasado de la ruralidad andaluza a la industrialización de Cataluña, sin solución de continuidad, sin más estudios que los de Bachillerato, sin más riqueza que una mano delante y otra detrás, sin más patrimonio que su condición de lacayo, con su voluntad de alfombrarse, con su capacidad para la reptación, y con su facilidad para trepar o con su indiscutible predisposición camaleónica. En el PSOE halló el árbol. En el PSC, las lianas, las enredaderas. Tarzán Montilla ha llegado a lo más alto que un charnego podía soñar en la actividad política. Montilla es President de la Generalitat. Sublime Montilla.
De un plumazo, todos fuera. Si no a la intemperie, al ostracismo. De un “ostracazo”, adelanta Montilla a los catalanistas de origen y sentimiento. Reniega de la tierra andalusí que le vio nacer y abraza la Cataluña que soportó su presencia. Más catalán que Cambó y menos español que Johan Cruyf. Más a la izquierda que Saura y más republicano que Pi y Margall. El síndrome del judeoconverso en él tiene sede. Ahora quiere inhabilitar al Tribunal Constitucional. Escupe declaraciones y amasa contubernios para procurar su incompetencia en el tema del Estatut. Eso, ahora. Mañana esculpirá la Carta Magna de Cataluña porque la de España no sirve a su interés espurio. Dios y demonio adorados por el tahúr de cartas marcadas y jugadores entregados.
Honorable President. El tratamiento se lo respeto. La otra acepción, no. Ni hablar. Honorable es otra cosa. Para mí, que Montilla no se encuadra en esta última. Para mí.
Un saludo.





