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Francisco Velasco. Abogado e historiador

VICENADA

 

 La señora De la Vega es una mujer preparada. Mucho. No lo discute ni su peor enemigo. Preparada desde un punto de vista intelectual, formada para el trabajo incesante y, desde luego, apta para las acciones más descabelladas. Inteligente y trabajadora, desde luego. Del equipo de arpías, por supuesto. Quizás su figura política sea el fruto de la eclosión conjunta de las cualidades apuntadas. Desde ese punto de vista, menuda rapaz sobrevuela nuestra sociedad. Especie casi única si bien no corre peligro de extinción. Qué va.

 

La Vice no se aburre de echar capotazos a su Jefezuelo ni de salvar su trasero en la poltrona ministerial. Lo que alardea. Es la farda/alfarda que pagaban moros y judíos. Soportar su aire soberbio es toda una contribución a la supervivencia política. Es tal la agregación de falsedades dialécticas a su currículum, que ha saturado su conciencia y su personalidad, de resultas, se mueve entre lo vano y lo banal.

 

Con ocasión de la disparatada presidencia española de la UE, en la que ZP alcanzó la triste gloria de dontancredo más inútil del mercado, la vicenada afirmaba que el principal reto de España era proteger a los trabajadores europeos. Sic. Como suena. Lo que no explicó es de qué tenía que protegerlos. Si del afectado por el síndrome de la madrastra de Blancanieves o si del agravio que supone compararlos con los privilegiados trabajadores de España. Qué pena.

 

Si podemos exportar paro, cómo se atreve a despreciar a nuestros obreros y a obviar la urgente necesidad de crear empleo. Cómo. Tararí, le ha contestado la señora Merkel. Limpia tu casa, le ha dicho y, luego, preocúpate de la de los demás. Por su parte, Sarkozy se ha tocado los bolsillos, temeroso de alguna merma patrimonial por descuido.

 

Las catedrales góticas de ZP hallan en las agujas de sus torres la figura de doña Teresa. No es que ZP sea gótico. Ni gótico ni templo. Apenas un cromo que reproduce una imagen. ZP es un híbrido de histrión e iluminado que declama cual cotorra longeva. Esa mezcla letal le convierten en muerte. La muerte es la nada. Doña De la vega es la vicepresidente de la nada. Vicenada. Papelón el suyo.

 

Un saludo.

ESPECIAL AÍDO

 

 Se despierta y se pellizca. Sí, es verdad, papá, soy ministra. De qué, hija mía. Qué más da. Da igual que igual da. Papá. Soy ministra. Tan joven y ya ves. Tú, tantos años en el barro del servilismo y ni secretario de Estado. Ministra de igualdad. Con minúsculas.

 

La falacia del Ministerio se viste en el papel higiénico del título. Igualdad. Ja. Despropósito y desfachatez. Ahora dice la señora que la igualdad de género es un factor de rentabilidad, competitividad y eficiencia económica. Gran verdad, sí señora. Sobre todo para usted. La sarta de barbaridades que sale por su boca es el pontazgo que ha de pagar la señorita de Cádiz como cuota para su ingreso en el club de los desnortados y para su permanencia en la compañía de chirigotas de carnaval. Qué difícil ganarse el pan una chica treintañera.

 

Con todo, lo que más cuesta deglutir es la apuesta de la avezada intelectual. Las políticas de igualdad de género han de ser el motor que desarrolle la economía y cree empleo. Sí. Tal cual. Ha dicho eso. Palabrita. Y no contenta con tamaña “boutade”, ha recordado que los países más competitivos son aquellos que más han apostado por una representación equilibrada y por la igualdad de oportunidades de sus trabajadores. Ella solita. Nada de utopías. Realidad. Ahí la tienen. Ni se sonroja. Ni se quiebra después de su ejercicio extremo de autocontención de la risa.

 

Ella ha llegado a Ministra gracias a ser mujer, a ser un modelo humano de eficiencia y de competitividad, y a ser ejemplo de promoción en condiciones objetivas de igualdad, mérito, capacidad y publicidad. Pues no es nadie Bibiana. Tanto especular y tanta búsqueda del crecimiento rápido. Quiá. Sigan a este enorme especímen político. Sin acercarse demasiado, no sea que su inteligencia se contagie. A cierta distancia. Con disimulo calculado. Su cautivadora sonrisa. Su elocuente palabra. Su cálida imagen. Un sueño.

 

Pesadilla. Inmersos en esta crisis interminable, hemos de soportar, como impuesto agregado, la presencia de esta panda de desharrapados de la verdad. La mentira es su vehículo para alcanzar la cima de sus ambiciones. Sin ella, a dónde irán. A salva sea la parte. En la que ya nos encontramos la inmensa mayoría de los españoles.

 

Servidor estaría dispuesto a contribuir con un óbolo mensual como testimonio de mi inquebrantable deseo de que Aído se largue con viento fresco del norte. Aunque aterrice en el meridión y su alargada sombra nos hurte el sol creador. Igual multiplicaría mi dádiva si, por causa similar, el leonés amigo de Tomás Gómez toma la Nacional 6.

 

Especial Aído. General Bibiana. Particular Ministra. Pobre mujer.

 

Un saludo.

PLAN B, CAJA C

 

El Gobierno defiende un crecimiento del 1,3 en 2011. Por defender, que no quede. Por mentir, que la Tierra es plana. Pues vale. No se lo cree ni Salgado. Ni al 0,5 va a llegar el avance el próximo año. Ni medio punto. Y va que chuta. Como el rodillazo que propinó el pacifista Evo a su rival futbolístico. Si así se las gasta el angelito en estas lides deportivas, qué no ejecutará en otros ámbitos menos públicos. El sino de los dictadores se mide en la rotundidad de sus confesiones democráticas. A menos demócrata, más alarde. Y viceversa.

 

Miguel Ángel Fernández Ordóñez, MAFO, no se fía ni un pelo de Zapatero. De ahí que abogue por un Plan B que, en realidad, es la cara auténtica del Plan A. Porque no es que no se vaya a crecer lo que se ha presupuestado. Es que ni la mitad de la mitad. ¿Y entonces? Como decía mi vecina, a quien quiera saber, mentiras a él. Pues eso.

 

La economía española se halla tan condicionada, que los riesgos no sólo amenazan el logro de los objetivos, sino que anuncian el fracaso de los mismos. No se trata de la tragedia de las buenas intenciones. El Gobierno carece de esa virtud. Es más duro. El Gobierno no tiene buenas intenciones y, si me apuran, ni siquiera intenciones. Flota, que ya tiene narices. Se mantiene sobre la goma de los tributos inflados. Si se lastran los ingresos, la fiscalidad no se consolida.

 

El paro aumentará y el déficit apenas se rebajará. La crisis no sólo no ha tocado a su fin, sino que pende como daga asesina. Y para colmo de males, el Presidente sigue empeñado en que no cabe dimisión, pues de él únicamente se puede esperar victoria. Cada uno hace el ridículo como le plazca. Otra cosa es que el pueblo pague las astracanadas del muchacho. A su alrededor, genera desconfianza y sospechas y, aunque en su fuero interno reconoce su ineptitud, él, erre que erre.

 

El empecinamiento del soberbio con el sudor del dócil se abona. Encerrado en su recinto adiabático por la gendarmería de la Unión Europea, quiere vender, iluso y alucinado, que el hermetismo y la reducción de movimientos se refiere a los demás. Toma del frasco, carrasco. Mientras, las Autonomías se ríen del personal. Millones que vuelan al aire del compromiso independentista. Hemos pasado de un centralismo correoso y férreo a una descentralización imposible. Los extremismos hacen de un signo de identidad un aviso de disgregación. El ocultismo del déficit es el lugar de encuentro de las regiones. Demasiadas administraciones para tan poca chicha. El número de los que viven a costa del pesebre asusta.

 

Y la reforma. Qué. Qué de qué. Si la huelga no ha sido suficiente, que no lo ha sido, Méndez y Toxo conspiran para otra falsedad populachera. Díaz Ferrán, por su lado, busca una salida a su inopia empresarial. Los agentes sociales son todo un ejemplo de cómo no ha de abordarse el diálogo con el Ejecutivo. Subvenciones por aquí, ayuditas por allá. Como los pajaritos y el acordeón de María Jesús. Lo malo es que los planchados somos los trabajadores. Los que todavía trabajan. No se preocupen, que la plancha sigue caliente y la operaria que la maneja nos ofrece su incansable ademán. Iremos a peor. Consuélense.

 

El Psoe es la caña. Y el látigo. En cara monjil, con perdón del clero, mano de dictadura. Si valieran las encuestas su precio en el presente, Zapatero no estaría en la Oposición. Se escurriría en su escaño. Que nadie lo mire. Ya tiene bastante. Mucha caja/cara. Poco plan/pan. B. C... y, al final, el último, Z de Zapatero.

 

Un saludo.

PARO SIN REPARO

 

 Sin remedio, desempleo. Qué losa. Una economía no puede soportar por más tiempo una carga de esta clase. En los últimos doce meses, la Seguridad Social registró 263.615 cotizantes menos. Las medidas no pasan por la reforma laboral que se ha marcado este Gobierno. Las decisiones de los ministros son una cosa. Parafraseando a Salomón, las resoluciones son otras y, por supuesto, las soluciones nunca estarán a su alcance.

 

A Rajoy se le califica de cobarde a fuer de prudente. No es lo mismo. La prudencia es una virtud en tanto nos lleva a actuar de forma justa, adecuada y cautelosa. La cobardía es el desvalor de la prudencia en cuanto a antítesis de la misma. Entre una y otra, media el tiempo de la decisión. En ningún caso, prudencia y cobardía garantizan la bondad de la resolución ni, mucho menos, la eficacia de la solución.

 

La ciudadanía espera, mientras, resultados. El pueblo confía que sus gobernantes actúen con sapiencia. Se les presupone seriedad. Sin embargo, al actual Consejo de Ministros el traje de estadista les queda tan ancho como la saya al payaso. Ni siquiera nos consuela la gracia. Carecen de ella. Poseen, en cambio, nulo sentido del ridículo. Su patrimonio es bipolar en lo negativo: el máximo de lo malo y el mínimo de lo bueno. Qué cruz.

 

Zapatero, el hombre de la zarpa, se cuece en el fuego lento del titubeo, de la vacilación y de la inseguridad hasta que, de súbito, lanza la mano o mete la pata. Le da igual que el obrero sufra la herida que, aparentemente, desea al empresario. Igual le da. No se para a mirar los cadáveres que deja a su alrededor. Para qué perder su tiempo. Ansía vencer sin calibrar los efectos de la lucha. Caiga quien caiga. Sobrevive él. Y basta. Sí sabe cómo quitarse de enmedio a posibles rivales. Desde Bono a Felipe. Desde Trinidad Jiménez a Tomás Gómez. Posee innata habilidad para entregar la ostraka a la menor contrariedad o ante la disidencia más camuflada. Tiene la pericia de los traidores que perciben en los demás la viga de la perfidia propia.

 

Su liderazgo está seriamente tocado. Pese a todo, domina los resortes del poder a base de echar mano al cuello de quienes osen competir con su soberbia. La firmeza de Tomás Gómez le ha encabritado. Menudo berrinche. Como pierda la batalla del talante, su hundimiento será irreversible. La imagen actúa como flotador de un pecio que se hunde a ojos vista. Conoce muy bien que la inanidad de sus fundamentos éticos y estéticos se compensa con la “charis” del embeleso. La economía de la sumersión y del subsidio contribuye a paliar la debacle. Gana tiempo.

 

Con tal de liberarse de la presión, ahorca al país. Las coartadas tocan a su fin. El fraude fiscal persiste y la desigualdad social cobra carta de normalidad. Sobre millones de mileuristas recae la gravidez tributaria. El consumo se retira y el ahorro levanta murallas de desconfianza. Las clases medias se desinflan y el rozamiento entre los extremos levanta la temperatura ambiente. Ménez y Toxo atizan el fuego. Zarpatero debiera disolver el Parlamento y convocar elecciones. Es necesario que barra su fingida sonrisa etrusca.

 

El paro sin reparo. Sin remedio, más paro.

 

Un saludo.

LUNES SIN SOL

 

 Y si está nublado, los lunes al sol, que titulaba Fernando León, son menos lunes. En verano, acaso la nube amortigüe los rayos. Y se agradezca. Pero en invierno... Sin sol y en paro, frio sobre hielo. Se avecina el tiempo de los lunes sin sol. Irremisible su llegada.

 

Baste echar un vistazo a lo que nos rodea. Sobre todo al Gobierno de Zarpatero. Ni zarpa ni se cree que lo haga. Atracado al puerto, no sea que sufra el “quien se va a Sevilla pierde la silla”, deja al pueblo en la estacada. Tras la huelga, ni siquiera la esperanza. Más paro, avisa Salgado. Más impuestos, anuncia Blanco. Más de lo mismo, advierte De la Vega. Más de MATSA, amenaza Chaves. Lo dicho. Más que atracado, el barco político está varado. Al fondo de lodo, su quilla se engancha. No hay marea. Ni fuerza motriz. Ni motor externo. Ni vendaval que apoye. Ni draga que limpie.

 

Los lunes al sol no son. Están, ahora, los lunes sin sol. Algún saltimbamqui atraerá la mirada lánguida de los que no ven sino túneles sin fin. A la inversa. Al período rosa sucede, en esta carrera hacia el retroceso, el período azul. Caminamos repitiendo nuestros pasos dados. Avanzamos hacia lo que ya recorrimos. El progreso se mide en número de palabras huecas. Los trabajadores han colocado el retrovisor junto a los ojos cubistas. La ruptura del bienestar ha hecho trizas el porvenir. La descomposición de la figura no es fruto de la genialidad creadora del artista. No. Es el resultado de una pedrada al cristalino. La obra no está rota. Es el ojo el que ve la distorsión. El ojo morado por el seco golpe de la ruina que, lejos de desvanecerse, toma cuerpo y adquiere solidez.

 

La cifra del paro subirá, admite el Desgobierno económico. Ché, y qué hace el político ante esta calamidad. ¿No lo sabés? ¿No lo sabés vos? Suramericanizar España, boludo. Volver al subdesarrollo para partir de cero. Ni jubilados ni pensionistas ni obreros. Parados. Los Kirchner y los Chávez son los nuevos referentes de la clase psoecialista. Lo austral, boreal. Lo boreal, austral. Confusión. Caos.

 

El director de cine va a rodar la semana sin sol. Lunes y viernes. Domingo, lluvia. Aranoa no grita contra la guerra ni condena a la derechona aznarista que tanto odiaba. Calla Aranoa ante la huelga que Zarpatero patrocina y subvenciona. Silencio. No sea, que no llegue la dádiva. Picasso redivivo en azul tendente a gris. Cézanne vuelve a tomar la paleta de Vázquez Díaz para recordarle que hay que esgrimir la brocha como cincel que corta las caras de los mineros y perfila el paisaje de la cuenca. No habrá un Nuevo Mundo redescubierto en La Rábida.

 

Falta el sol. La vida se escapa. Es el desierto que avanza y el Nilo que se retira. Ni sol ni agua. Campos sin fecundar. Vidas yermas. Como el vientre de la Tula de Unamuno.

 

Zapatero, váyase. Permita a este pueblo albergar una chispita de luz. Aunque sea lejana. Rosa de Picasso. España, Huelva, lejana y rosa, de Juan Ramón. Lejana y rosa, decía el moguereño irrepetible. Y difusa. Difusa. Vaga. Imprecisa. Borrosa. Artificial. Como cierta lógica.

 

Lunes sin sol. Qué pena. Qué pena. Tomás, sí; Trinidad, nones.

 

Un saludo.

LA JUSTICIA NO DEBE SER UN CACHONDEO

La frase, atribuida al ex alcalde de Jerez de la Frontera, de que la “justicia es un cachondeo", tiene miga. Miga y kilos de pan. Y toneladas de harina. Harina del costal de la Administración. Administración que se dice democrática pero que no sirve al pueblo. Muy al contrario.

 

Está muy bien que las normas sean, entre otras características, exteriorizables y coercibles. Está pero que muy bien. Con todo, lo que más connota a las leyes es el ser generales. No basta con que se adecue la conducta con el deber estatuido. Tampoco con que se sancione a quien incurra en desobediencia o desacato. Lo fundamental en un régimen democrático es que la norma jurídica sea general, o lo que es lo mismo, que se imponga a un grupo indeterminado de personas y no se aplique a individuos concretos. Así debe ser. Así, no es. No caben normas particulares ni concretas para personas individualizadas. La abstracción se alía con la generalidad para convertir a la ley en un factor de justicia y no en un arma de segregación.

 

La justicia no debe tomarse a broma. En cualquier sociedad, el orden se puede mantener y preservar aunque no exista justicia. Goethe expresaba, al respecto, que prefería la injusticia al desorden. O sea, se admite la necesidad de la justicia pero se proclama su prescindibilidad. El orden social puede ser injusto. De hecho, lo es. Sólo podrá declararse justo el orden social que regule la conducta de los hombres a fin de alcanzar la satisfacción y la felicidad de todos. El orden social establece las reglas. En democracia, las reglas tienen su legitimidad en el pueblo. Lo malo es que sus representantes hacen de mangas capirotes y del mandato popular, un corte. De mangas.

 

Es verdad que la razón no halla una norma de conducta que sea válida para todos. Hay tantos intereses en juego, que la democracia, si el pueblo es la fuerza, debe poner coto al relativismo. Por la propia subsistencia del sistema. El sistema ha de procurar que la justicia sea libre, pacífica, democrática y tolerante. En cuyo caso, no se podrá hablar de un orden social justo en valores absolutos, pero sí de un orden social más justo que otros.

 

En todo caso, si bien la expresión infeliz ha tenido una excelente acogida y se ha elevado a la categoría de tópico recurrente para criticar a la Administración, poco en común existe entre el concepto Justicia y el Órgano que en España la administra. Poco en común y mucho en disenso. Una justicia lenta, desigual, mal fundamentada y discriminatoria no es justicia ni hace justo al orden social que la sustenta. La Administración Pública, a la que se encomienda la gestión estructural y funcional de esa justicia, es, per se, manifiestamente nefanda. Muchos organismos, muchos jueces, muchos fiscales, mucha teoría y, al fin, caos. Caos penoso del que nos amparamos, para no llorar, en la risita, en el chiste fácil, en la paradoja.

 

A los Caamaño de turno corresponde poner coto a tanto desmán, a tanta irregularidad, a tanto solapamiento de poderes. A los Caamaño de turno conviene que el caos no desaparezca. En el mismo sobreviven las alimañas y los oportunistas. Sin embargo, el pueblo debe tomar cartas en el asunto. La democracia ha de defenderse de los que toman su nombre en vano.

 

A qué esa reflexión tan larga. A la diatriba, conmigo mismo sostenida, sobre la huelga general del 29-S. No hubo libertad. Cuando el miedo hace presa, los ciudadanos descienden al subestrato de súbditos. Las mafias se institucionalizan. Las instituciones, piltrafas devienen. Méndez, Toxo y otros individuos de similar catadura moral y política, en la democracia se ciscan. Vergüenza causan.

 

Un saludo.

ZARPATERO

 

 Zarpa: mano de ciertos animales cuyos dedos no se mueven con independencia unos de otros. Echar la zarpa: agarrar o asir con las manos o las uñas. Zarpatero: dícese del político que allá donde pone las uñas, desgarra y donde pone el ojo, no atina. Sin embargo, él cree lo contrario.

 

Zarpatero se denomina al individuo que se mueve en el fango y no puede evitar el lodo o barro que se queda en la parte baja de la ropa. También se conoce como tal al que se apodera de algo por violencia, engaño o sorpresa.

 

Zarpar: acción de salir un barco del lugar en que estaba fondeado. Aplícase la locución coloquial de zarpatero al que, teniendo todos los vientos a favor y a su disposición los mayores recursos, es incapaz, o impotente se ve, de desprender el ancla del fondo.

 

Zapatero: designa a una especie de zarpatero que ha perdido la ere entre los afectados por los expedientes de regulación de empleo, entre el rubor del que extravió su vergüenza política, entre el rechazo de sus votantes, entre la risa de sus detractores, entre los rumbos desnortados de sus cambios de humor y entre la rémora de su propia inepcia.

 

España es una nave sin rumbo que alguien desatracó en su momento para que el zarpatero de turno volviese a anclarlo. Ahora no sabe sacarlo del puerto seguro en que se hallaba. Embarca con él a marinería de agua dulce y acre sabor. Zapatero ha metido la zarpa. Otros, la mano. No pocos, la pata. Zarpatero, a lo suyo. El hombre.

 

Un saludo.

ÚLTIMOS COMPASES

 

La vida no se detiene un momento. Ayer, el día de juerga. Hoy toca reflexión. Mañana, análisis. La banda de música se apresta a tocar los últimos compases de la consabida cancioncilla. Que si un éxito de la clase trabajadora. Que menudo estropicio han causado los piquetes. Que el porcentaje de huelguistas es diametralmente opuesto según la guardia urbana, a juicio de los convocantes o tras la medida conversora del Ministerio de Trabajo. Los cinco millones de parados se incluyen, por supuesto, entre los que ejercieron el derecho constitucional. Cómo es posible. Ni cómo ni comiendo. Se suman y punto final.

 

Nuestra sociedad se debate en los extremos de la idea, de la acción, del pensamiento y de la simple charlatanería. Decía Camus que, tantas veces, mira a su alrededor y sólo ve a habitantes dormidos despiertos. En ese momento, se ve asaltado por violentas ganas de gritar y de arrancarse el nudo que le oprime el corazón. Como Miguel Hernández, la vida le avienta la garganta. Poco a poco el dormido se despereza y, despierto, se niega a seguir dormitando. Se opone a sí mismo, primero, y entierra los demonios de su jardín particular, después.

 

Es trabajo duro, por desacostumbrado, regir el propio destino. Superar el miedo en épocas de dictadura, supone tarea épica. En democracia, la libertad de expresión abre nuevos cauces de vómito moral. Sin embargo, la falta de hábito impide que el derecho se consolide y que lo consuetudinario se materialice sin obstáculos. Eso, en democracias limpias y transparentes. Cuando la democracia se avergüenza del andén en el que se refugia, entonces la Administración se coloca el mandil de autotutela y realiza piruetas y triples saltos mortales de desviación de poder y abuso de autoridad.

 

Es así. La libertad y el liberticidio son extremos de la misma cuerda que, como soga de Lynch, acaba orlando el cuello de los ciudadanos. Hasta asfixiarlos. La música toca a su fin. La verbena no se puede estirar por más que los últimos bailoteos de los postreros noctívagos persigan que el ritmo no decaiga. Las luces de la mañana ahuyentan a los vampiros. La huelga ha terminado. Para unos, la pesadilla de una jornada interminable, absurda y sin sentido, ha llegado a su fin. Para otros, la fiesta podía extenderse durante horas y días. Total. Todo es dar vueltas. Sin dirección.

 

El Gobierno y los sindicatos han perdido el rumbo. Tiempo ha que navegan sin norte. Al socaire del viento dominante. Rola y rola. La nave, hecha un cascarón, pilotada por un capitán de chiste. Cambio de rumbo, demandan los filohuelguistas. Cambio, sí. Pero a dónde. Hacia atrás, nos aguarda el madero de la UE. Delante, el bosque de icebergs. A babor, los zombies que ha generado el paro maléfico. A estribor, los fascismos de ideologías castrantes de libertades. Cambio de rumbo. A dónde.

 

El cambio es de comandante y de tripulación. Son incapaces de diferenciar las aguas de la dictadura de las democráticas. El pasaje echa la bilis por la boca. Muchos se arrojan al mar. Otros confían en el milagro que nunca llegará. Compases finales de un estribillo imposible: salimos de la crisis, ey, ey, surgen los brotes verdes, ey, ey.

 

Este partido lo vamos a perder. Con este equipo, nada hay que hacer. Las protestas devendrán rugidos. Las manos escaparán al control de la mente. Compases vacíos. Los últimos. La zeta. Se acabó el abecedario de la desventura social y económica. Elecciones, cuanto antes. Si no queremos que los arrecifes sumerjan el pecio.

 

Un saludo.

HUELGA DEL 29-S

 

No cabe duda que una huelga es un acto legítimo y legal. La Constitución ampara este derecho bajo el paraguas especial de un carácter fundamental. Si algo caracteriza a la democracia, es la transparencia que reclama el pueblo soberano. En cambio, los modos dictatoriales y tiránicos se zambullen en las aguas lodosas de la opacidad filocriminal.

 

Alguna vez me he referido a ciertas convocatorias de huelga como políticas. Este matiz tiene mucho que ver con las actitudes cínicas de algunos que, con una mano, enarbolan la bandera de los derechos democráticos y, con la otra, prenden fuego al paño/insignia al que, en realidad, desprecian. Se complacen en hacer de la enseña laboral un trapo cuando no pueden refrenar los intintos del escorpión que anida en sus laxas conciencias.

 

UGT y CC.OO han convocado, ayer, 29-S, una huelga general que persigue paralizar España. El lema no es construir. Es derruir, destruir, romper, destrozar. Méndez y Toxo, Puente y Chela, beben de la misma ideología política y perfuman sus heces verbales en el dolor del paro, en la precariedad de la economía y en la longevidad de la crisis. Furia destructora que se acrecienta por el ataque de cuernos de su narciso presidente, abducido por el síndrome de la “madrastra de Blancanieves”. Espejito...

 

Nunca importó el paro a estos procaces ideólogos de las cenas pantagruélicas que diría Rabelais. Apoyaron siempre a un Zapatero, caballero de impopular Rocinante que se dirige a molinos de viento que, en vez de alancear al falso jinete, destripan la vida de los desempleados a un ritmo macabro de 8.000 por día. Si la huelga tiene vocación de aldabonazo, cosa inútil. Los convocantes están compinchados con el mirlo blanco de la subvención a troche y moche.

 

Lo que se reprocha es que se tome la huelga como arma, como elemento espurio de presión, como escaparate en el que se venden como valores las más abyectas pasiones. Se censura la antijurídica huelga política. Se repudia esta infame huelga táctica.

 

Los sindicalistas que, el día de ayer, cortaron carreteras, obturaron cerraduras, coaccionaron a los ciudadanos, disuadieron y/o persuadieron a los trabajadores para acudir libremente a sus trabajos, esos sindicalistas, digo, no son forajidos ni facinerosos ni hampones de sucias mafias ni matones a sueldo ni productos deshumanizados de una banda de sicarios, no. No lo son. No lo son pero actuaron como sicarios, esbirros, matones, hampones, forajidos y facinerosos. Actuaron. Una democracia que no corrige de inmediato a los golfos que la mancillan, está en peligro de muerte. Los demócratas debemos poner en juego la maquinaria legal, siempre legal, que permite el Estado de derecho. Si no, los extremistas acabarán con el sistema. Y el pueblo, de nuevo, dejará de ser soberano.

 

La solución pasa por trabajar para producir y producir para crear empleo. Aunque Zapatero sea el problema, un demócrata desprecia a los golpistas, ya militares, ya sindicalistas. Ni echar al nefando Zapatero puede justificar golpes de Estado. En democracia, ley. Y más ley. Los golfos y canallas, a la trena. Con garantías, eso sí.


Para atrás, como los cangrejos. En todos los sentidos. En todos los sectores.

 

Un saludo.

MÉNDEZ

 

El hábito no hace al monje. Ni la barba al progre. El sincorbatismo es síntoma de libro del arte de la simulación imperfecta. Méndez no es progre. Si me apuran, se acerca más bien al carca que finge. Su poblado y piloso mentón le confiere aspecto de obrero que anda a dos velas pero navega en yate terrenal de muchos millones. Su sincorbatismo es la guinda de un pastel que si lo degustas, puede producir salmonellosis. Por los huevos pasados.

 

Méndez nos llama hoy a la huelga general. El bombero pirómano que, junto al colega de Comisiones, ha amparado la política más indecente que, en materia económica, ha engullido nuestra joven democracia, nos invita a la huelga. Lo de invitar, es por decir algo. Nos coarta. Propiamente, nos llama con el cornetín de enganche multidistribuido por las también subvencionadas cajas de resonancia del festín mediático. Méndez lanza proclamas. Miles de carteles se entregan, a modo de aviso disuasorio, a las empresas. Advierten los panfletos de que “este establecimiento permanecerá cerrado el día 29 de septiembre por la huelga general”. Ni siquiera se toman la molestia de convencer al empresario, pequeño, grande, mediano o simple autónomo. Ni por un instante.

 

La razón es el instrumento que utilizan los demócratas para convencer. La violencia, el miedo, la presión, el chantaje, la extorsión, la amenaza son las pistolas verbales que emplean los dictadores y los tiranos para persuadir y/o disuadir. A gusto del miedoso. La cartelería sindical ahí está. Es mostrable. Se puede demostrar que quienes la han entregado en las distintas empresas vestían camisetas distintivas del apoyo a la huelga y lucían, qué pena, siglas de los dos grandes sindicatos.

 

Méndez dirige el BBVA del sindicalismo patrio. Toxo es el Botín de los dirigentes sindicales. Constituyen la cúpula de la Iglesia del sindicalismo vertical que se ha erigido a la vera del psoecialismo de Zapatero y que no se recata en presumir de poder y de dispendio. Méndez es el lobo que muestra indumentaria de pana y barba carcelaria para ahuyentar el cordero que mama de la teta del Gobierno de turno. Subvenciones quiero, admite. Para los trabajadores, asegura. El alto staff sindical es el colegio cardenalicio de la Iglesia. A lo largo de la historia, se ha diferenciado el alto del bajo clero. Al primer grupo pertenecía la élite nobiliaria. Al segundo, la multitud de desheredados que se batían el cobre en favor de causas justas.

 

De forma paralela, Méndez se ha convertido en el Primado de la iglesia sindical española. Su anillo de pastor es la sortija del Jefe de la secta. El sindicalismo bajo es el que se parte la cara en la defensa de los trabajadores. El alto sindicalismo se enfunda sus prendas institucionales, comparte mesa en hotel de lujo, degusta pantagruélicas cenas que no pagan con su dinero y, en fin, viajan en los medios más selectos para darle una alegría a un cuerpo tan agotado.

 

Méndez ha alcanzado la cima del sindicalismo hispano. Como antes fue el factótum de Andalucía. Vale el hombre. Hace un papel que ya quisiera el más oscarizado de los actores de Hollywood. Hoy nos convoca a la huelga general. Estamos curados de espanto ante tan lacerantes actitudes de demagogia. Sólo falta que superemos el miedo que despierta la turbamulta de esbirros piqueteros, hampones de una mafia inaceptable. Y los que quieran ir a trabajar, lo hagan en libertad y los que decidan, libremente, adherirse a la llamada sindical, pues que vayan a la huelga. Pero en paz. En paz.

 

Sea cual fuere el resultado, la huelga siempre será política y táctica. Se trata de criminalizar al Partido Popular que, se vaticina, va a ganar las próximas elecciones generales. La huelga no es contra el PSOE corrupto, sino contra el PP que viene. Méndez es tan de derechas, que hace vomitar a los que, de verdad, defienden el espíritu de la izquierda.

 

Qué tal, Méndez, unos pinchos en Berasategui. O una birra en el Ritz.

 

Un saludo.

TOXO

 

 El hombre. Rojo por dentro. Azul por fuera. O al revés. Obrero de día, burgués de noche. Faro sindical a ratos. Empresario, por reto. Dirige la mayor sociedad de España. Con dinero público e interés privado. Toxo, el señor del Báltico, quiere huelga. Huelga quiere el capo del crucero a tres mil euros la estancia. En plena mar, le daba uno juerga.

 

Toxo pide a los abuelos que no cuiden a sus nietos. El veintinueve de septiembre, no. Mientras se paseaba con su esposa por las aguas frias del norte de Europa, todos a trabajar. El gran Toxo descansa. Está cansado del pico del albañil, del tiznado del minero, de la soledad del marino, de la paciencia eterna del oficinista. Muy cansado de hacer nada. El burgués Toxo necesita reposo. Miles de liberados sindicales esperan sus órdenes. Unos pocos más afiliados confían en él. Administrar una compañía de ese calibre no es tarea fácil. Los beneficios, pingües, es verdad, pero resulta duro vestir la pana cuando tienta lucir el terciopelo. El café del Villamagna oscuro amarga la sonrisa espléndida del almuerzo opíparo, a cuenta ajena, en el lujoso hotelito. Ay, Toxo, qué pena me das.

 

Se te pone la misma sonrisa helada del Pepiño más feroz. Tu compinche, el ugetista, oculta su rubor tras la poblada barba. El bigotito no logra la misma piedad contigo, Toxo. Te descubre el rictus de soberbia y no contiene tu expresión despreciativa. No hablo de asuntos privados, declaras. Sólo declaras lo que te interesa, Toxo.

 

Nunca te caracterizaste, Monsieur le Commisioniste Ouvrier, jamais, por tu entrega a los demás. Ni has sobresalido por lo que aportaste a la cultura, al deporte, a la ciencia, a la filantropía. Acaso alguna vez mecenaste artistas o amparastes desvalidos. Acaso. Te distingue el cinismo de tu comportamiento. Le jour, aparentas ser Zola. La nuit, eres pintor de club de carretera. Sabes, como pocos, que el capitalismo no tiene más ideología que el mercado ni más leyes que la oferta y la demanda ni más credo que la maximización del beneficio. Lo sabes. Lo vives. Lo sientes. Lo practicas. Te hallas al frente de un ejército mercenario que alimentas con el dinero del contribuyente que, por supuesto, te ingresa el amigo de turno. A cambio de silencio. De complicidad.

 

Recuerdas, Toxo, a los demagogos de la Restauración, a los insultadores resultones, a los más repugnantes pandilleros políticos, a los dóciles alguacilillos que cortan orejas por imperativo del que preside un coso manchado de sangre y de orín. Recuerdas muchas cosas. Al ingenioso pilluelo barroco, al truhán de feria que chalanea, al vocero preelectoral. Se le acaba el chollo y se resiste a renunciar a tamaña ganga. La reforma laboral le dejará sin copichuelas de “domperignon” y el estómago rechaza el cazalla.

 

Buscas tu beneficio. Eres tan capitalista como el más reputado de los Rockefeller. Lo tuyo no es captar trabajadores para una causa justa. Tu interés se detiene en dar asistencias al poder zapateril. Que éste obtenga los votos, que tú te llevarás las subvenciones. A los trabajadores, que les den por allí. A los parados,... A esos no los conoces. Son cinco millones y subiendo. A ti te importan mientras los formes en cursitos de pitiminí que cuestan un riñón y forran a un montón. Qué te importa el español. Ni el obrero. Ni el parado. Ni el pensionista. Te importas tú, y tú, y solamente tú.

 

Reciba mi más sincero reproche, señor Toxo. Cambio el tuteo por el trato de usted. Sólo hablo de tú a mis amigos. Y a quienes desprecio por su conducta reprobable. Pese a la suya, le retiro el tuteo. Usted, señor Toxo.

 

Un saludo.

REDES Y PECES

 

Que si quieres peces, que te mojes. No regales el pez, enseña a pescar. El valor del esfuerzo y de la abnegación siempre fueron virtudes de los pobres y, en consecuencia, ideas de izquierda. Pocos ricos son de izquierda. Muy pocos. Sin embargo, grande muy grande, es la distancia que media entre el genio y el ingenio, entre la inteligencia y la picardía, entre el concienzudo trabajo serio y la repentina tarea, la lejanía entre el humorista y el cómico, o entre el buen compositor y el intérprete mediocre.

 

Lo que diferencia a la imaginación de la fantasía. Lo que hace el actor para no parecerlo. Lo que repugna al payaso de circo cuando se le denomina bufón cortesano. Lo que contiene un futbolista para no ser calificado de "tuercebotas". O a un torero para que no se le llame maletilla. Lo que hace el rigor frente a la salida del meritorio por el mutis. Lo que, en definitiva, demanda el respeto a los demás: mostrar la eficiencia de servicio que una profesión requiere. Lo contrario señala al irresponsable. El que planifica frente al "vive la vie".


La política no puede ser el arte de obtener dinero de los ricos y votos de los pobres con el fin de proteger a los unos de los otros. Tampoco es la segunda profesión más baja, aunque estrechamente ligada a la primera. Ya me entienden. Toymbee, clásico entre los clásicos, expresaba que el mayor castigo para los que no se interesan por la política, es ser gobernados por quienes sí se interesan. Es la respuesta pragmática de un científico, preocupado por la génesis de los sucesos sociales.Y en ello estamos. Todos tienen su razón pero la razón no es patrimonio exclusivo ni excluyente de nadie. En ese caso, la dictadura asoma su garra. Y no.

 

Las redes apresan pero las redes comunican. Con cuáles se quedan. Si entre ellas capturamos las verdades, bienvenidas sean. Si a través de ellas lanzamos mensajes de discordia y de desagregación, malditas. El reduccionismo puede ser tan beneficioso como la expansión. Y viceversa. No se trata de relativismos como principios. Sí como manifestaciones del respeto a las ideas del otro. Los peces pertenecen a miles de especies. No todos se dejan caer en la red. Ni siquiera hay redes para ciertos peces.

 

Uno determina su vida en la medida que la vida no sea la ballena de Jonás. Cuando esto ocurre, no hay Jonás que pueda contarlo. La vida de cada uno tiene su razón de ser en la vida de los demás. En soledad, no se es; se está poco tiempo. En compañía indeseada e indeseable, tampoco se es; se está mucho tiempo. En uno u otro caso, todos caemos en la red, entendida como trampa que algunos depredadores nos echan en nombre de las ideologías. Majaderos, unos. Mala gente, otros.

 

Un saludo.

GUARDIAS CIVILES

 

 El brazo armado del franquismo. Así calificaban a la Guardia Civil los pijos progres y los progres pijos de la izquierda de la tardodictadura. Torturadores. Lo más bonito que le decían entonces, era lo de practicar la tortura como el que amasa harina. Fuera con ellos. El Cuerpo no es benemérito. Ni siquiera mérito.

 

Felipe González, en sus años lozanos de político sevillano que se come a los capitalistas, quiso desterrar a la Guardia Civil del escenario político de la Transición. Semejante colectivo está manchado de sangre. No cabe en una democracia. Decía. Son las palabras del utópico fruto de un embarazo ectópico. Hablan sin saber y ese saber se disimula cuando, al menos, callan. Felipe rectificó una vez. A tiempo. Algo parecido le sucedió cuando declaró, urbi et orbi, que de entrar en la OTAN, nada. Más tarde, conocedor de lo que la actividad política era, volvió a entrar por el arco de la realidad. Entonces, pudo decir: de salir de la NATO, tampoco. España se quedó con la Alianza del Atlántico Norte. Más vale tarde que nunca.

 

La Guardia Civil se convirtió en bastión de la democracia. Hermoso ejemplo de respeto a la legalidad, de integración en el nuevo régimen y, especialmente, de altísimo sentido de la profesionalidad. La Guardia Civil no sólo fue/es un servicio público productivo, sino tan competitivo que, de conducirse por este cauce la economía española, otro gallo nos cantaría. En cuyo caso, el desempleo estaría capitidisminuido y los índices de endeudamiento, próximos a la inexistencia.

 

Todos los Gobiernos democráticos han coincidido -rara avis- en alabar las virtudes del Cuerpo por excelencia. Todos. Incluso el de Zapatero. Sin embargo, cuando el engaño embarga la credibilidad de los politicos, las promesas se incumplen hasta extremos vejatorios. Los compromisos que el PSOE adquirió para con la Benemérita, constituyen una manifestación cruel de cómo no se debe actuar en la función pública ni en la actividad privada. Es la consagración de la mentira. El epicentro del sismo dañino.

 

La importancia de la Guardia Civil en España se mide, hoy, en términos de aquiescencia popular. El pueblo reclama la presencia, hasta en las aldeas más tranquilas, del Puesto. Con una pareja de tricornios se conforman. Su presencia genera seguridad y proporciona aire de libertad. Dos virtudes, a veces contrapuestas, que se aúnan en el mismo grupo.

 

Tanto valor y, en cambio, cuánto desvalor. Abuso de confianza. El mundo al revés. Se premia al malo y se castiga al bueno. En este aserto se resume la filosofía de Zapakozy. Arriba trepan los advenedizos que se pliegan a las órdenes del Partido. Abajo se despeñan quienes, dando muestras de competencia, se mantienen fieles al Estado, que, en definitiva, es la ciudadanía.

 

Malviven con salarios zarrapastrosos. Habitan viviendas cuartelarias no pocas veces insalubres y tercermundistas. Trabajan sin cesar en misiones de especial dificultad. Se posicionan como referencias morales en los campos, en las carreteras, en las fronteras o en las redes sociales. A cambio, reciben patadas en el alma. Ellos, los guardias civiles, son tratados como semoviente vulgar y como mano de obra barata. A ellos. A los mejores, patadas. Habráse visto.

 

Hago mías las reivindicaciones del Cuerpo de la Guardia Civil. Mi abuelo lo fue. Vivió, durante años, como un ermitaño. Pateando campos. Murió sumido en la pobreza. Como todos los guardias civiles. Cuarenta años después, exijo que sus compañeros dispongan de ingresos y recursos suficientes para seguir siendo pobres, pero no esclavos. Va por ustedes. Mi admiración. Mi apoyo.

 

Un saludo.

INDUSTRIA

 

 La AIQB agrupa a dieciséis plantas industriales que hacen del eje Huelva-Palos de la Frontera uno de los principales centros del sector secundario de España. El núcleo fabril químico da trabajo a miles de personas. El problema es que los tiempos cambian a una velocidad de vértigo y lo que ayer era válido e incluso valioso, hoy se queda obsoleto y anacrónico. Gerardo Rojas, presidente de la asociación, ha llegado a declarar que el Polo Químico está pasando el peor momento desde su creación.


Los EREs convulsionan, el cierre temporal se teme y el lock out definitivo pende cual espada de Damocles. El desempleo asusta. La amenaza de la deslocalización se asoma con descaro. Por más que Rojas la desdeñe como próxima, es un mal genérico y general que se abate sobre países industrializados que en un pasado no muy lejano sufrieron las desdichas del subdesarrollo.


La Química pasa por sus horas más bajas. La obsolescencia de algunas fábricas afecta directamente a su productividad y ésta es el indicador primordial de su nivel de competitividad, única receta capaz de hacernos superar la crisis que nos embarga.


Se vive un momento delicado. La magnitud del desastre que se nos avecina es de época. La situación se antoja irreversible. Pocas dudas caben sobre el futuro negro que se cierne. Efecto dominó. De otro lado, las agresiones ambientales han llegado a un punto de estiramiento que la interpretación interesada de sentencias judiciales evita romper. Los estudios epidemiológicos rigurosos e independientes brillan por su ausencia. La salud, primero. El trabajo, después. Felizmente descartado el peligro para la salud, el trabajo constituye nuestro primer objetivo.


Con esta Junta que gobierna (con perdón) nuestra Andalucía, el amiguismo y el enchufe han tomado carta de naturaleza. La formación (el Fondo sin fondo) se ha convertido en el búnker do se escamotean de las listas del paro a miles de desempleados. La crisis, lejos de iniciar su desaparición, se está consolidando como las lapas se adhieren a las piedras.


Preocupa sobremanera que los trabajadores que defienden, con uñas y dientes, su puesto de trabajo, engrosen las abarrotadas listas del paro. Por ellos, aunque sólo fuera por ellos y no por el exclusivo beneficio de las empresas, La Junta debería decir la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad.

 

Claro que ese deber en la Junta es imposible. Donde no hay ética, sino miserabilidad, nada más se puede pedir. Y donde en vez de sangre, circula electricidad que se enchufa, pues de humanidad, nada de nada. Así estamos. Pero nos resbalamos hacia la sima. Catacroc.

 

Un saludo.

AUTOGOBIERNO

 

 Hay quien ha calificado a Zapatero de Narciso. Me gusta. Escritora ha declarado que padece el síndrome de la “madrastra de Blancanieves”. Me encanta. Más preciso, en cuanto connota un delirio mayor, El narciso sólo se ve a sí mismo. Se complace en su figura. Está feliz de conocerse. La madrastra del cuento se compara con los demás. La belleza del otro, de la otra, le atormenta. No puede soportar que nadie tape los rayos que irradian de su faz resplandeciente. Rechaza la verdad que desluce su protagonismo absolutista.

 

Cuando alguien, que dice servir al pueblo, reduce su periplo gubernamental a un resumen de hincha futbolístico, revela su inopia cultural, la calidad de su veneno intelectual y su nihilismo argumental. En cualquier caso, lo que me aturde y me desalienta es la posición "pilatesca" de algunos que se lavan las manos para no comprometerse. Zapatero pide en Cataluña el autogobierno de esa región. Antes preguntó al espejito si Rajoy es más bello que él. Como el espejo dijera que sí, en mil pedazos lo rompió. Como romperá España a poco que la fractura de la Nación, del Estado y de la Administración le permitan prolongar, algunos minutos aunque fuere, su título de belleza. Sus escrúpulos políticos tienen la misma enjundia que los de un caracol.

 

Tentación de los totalitarios es crear una vida utópica, huérfana de miserias y de enfermedades del pasado y temerosa de las oscuridades del futuro conformista. El británico Huxley representó, de forma magistral, esta voluntad en su "Un mundo feliz". Constituye la lucha perpetua entre la verdad y la ficción, por más que, como ocurría con el platónico mito de la caverna, el mundo irreal trae la felicidad, sean los habitantes esclavos o estén presos en la cárcel de su mente.

 

Sin embargo, la Bolsa no sube por la curación de la enfermedad de los mercados, sino por la creencia de que el mercado será salvado de las aguas, como un Moisés mercantilista, por los nuevos egipcios de la Unión. Y como Moisés, el mercado, una vez rescatado, volverá a ser líder del pueblo oprimido, de la hecatombe bursátil, de la autorregulación de la naturaleza. El rescate es una medida temporal, un truco efectista, un cinematográfico efecto especial. La Bolsa puede engañar al mercado, pero sólo un ratito. El que no tiene capacidad de engaño es el mercado. Por mucho lifting al que se someta, por mucho transatlántico que se habilite, el maquillaje es perecedero. Se sigue construyendo sobre terrenos movedizos.

 

Pero la madrastra hipernarcisista sigue al pie del espejo. Se mira y mira. Sigo, se dice entre satisfecha y engreída. Sigo, masculla con la devoción del poseso. Mientras, las prestaciones sociales se tambalean. Educación y Sanidad, de campaña electoral. La agricultura, hibernada, a la espera de Marruecos. La industria, en descenso vertical. Desempleo rencoroso. Bolsa que repica. Expectativas, lejanas como los tambores. Vendavales independentistas. Justicia cobarde. Tribunales perdidos. ¿Regeneración? Como la del 98. Palabras al viento. Pobreza que avanza. Más desigualdad. Prensa que calienta pero no quema. Opiniones que ondean mercenarias al viento del mejor postor. Políticos, empalados en la estaca de su irresponsabilidad. Ciudadanos que hallan consuelo, y sopor, en la tonta caja lista.

 

Los problemas se acumulan, las soluciones se quedan en el estrato de la promesa vacía. Brotes verdes de la esperanza ficticia sucumben ante los rebrotes rojos de la sangre del paro. La culpa, del mundo, rugen los milicianos ministros que se aterrorizan porque la poltrona de poder se les escapa del mullido trasero. Ojos iracundos, labios contraídos, puños encrespados. La madrastra no quiere que nadie le expropie el tesoro, su tesoro.

 

Las ministras muñequitas, que dice la prensa alemana, contribuyen al fulgor de la madrastra narcisa. Los ministros ignaros, más de lo mismo. Los caudillos independentistas sacuden el árbol envenenado. No dejarán que caiga, pues el veneno garantiza la continuidad de su horizonte separatista. Un nuevo árbol complicaría muy mucho sus proyectos segregadores. Que siga el mismo. El árbol madrastra, encantado de su papel. Se ve tan hermoso... Leña es. Leña. Leña vieja y llorona que el gallo picotea para su conveniencia y para aprovechar la caída del árbol por el que, en vez de savia, circulaba veneno.

 

Un saludo.

MIEDO PROVECHOSO

 

Río revuelto, ganancia de pescadores. La crisis, caldo de cultivo de extremismos políticos. De izquierda y de derecha. Sociología histórica elemental. La pobreza es la campanita de Paulov a cuyo tañido acude el ganado más ultra. La desesperación y la miseria son malos compañeros de viaje.

 

Los buenos resultados obtenidos por la derecha en las recientes legislativas suecas entran dentro de la normalidad. Repiten victoria electoral. Victoria empañada, en buena medida, por el acompañamiento de los sectores más fundamentalistas de la ideología conservadora. La xenofobia se hace sitio en los rincones más tradicionalmente progresistas de Europa. Profundos cambios sociales se ciernen en los países del Báltico.

 

Escandinavia ha dejado de ser el referente del socialismo democrático y de la gestión económica más adelantada. En Suecia, los elevados impuestos se pagaban con gusto en tanto se compensaban con un altísimo nivel de vida dentro de un marco económico muy sano. El modelo sueco se extendió, con éxito, por los países vecinos. El modelo se extingue al socaire de la crisis. Los paganos, los suecos pero, sobre todo, los inmigrantes. Durante años, la mano de obra extranjera fue esencial para el desarrollo nacional. Hoy, cuando se da la vuelta a la chaqueta financiera, sobran los alóctonos. Vivir para ver.

 

La extrema izquierda busca su parte del festín. La Rusia de hoy es el núcleo de la Unión Soviética de antes de ayer. Por más que el capitalismo haya encontrado abono para las prácticas más crueles, el pueblo vive sumido en niveles de necesidad que nos llevan a reflexionar. Serdioukov, Ministro de Defensa del Gobierno de Putin, que no de Medveded, quiere, qué casualidad, dotar de armamento moderno a las fuerzas armadas. Casi medio billón de euros se ha presupuestado para acometer esta obra de caridad y de justicia social. Medio billón.

 

La guerra fria de la postguerra llenó los bolsillos de muchos “patriotas”. Tiempos críticos de un período de inquietud. La crisis de nuestros días aventura propósitos surgidos de miradas hacia atrás. Algunos advierten la parábola de la mujer de Lot. Otros enarbolan la enseña de la historia que se repite. La tierra está removida. Lista para el abono. El problema radica en la semilla que se siembre. En el agua con que se riegue. En la época que se coseche. En la intermediación y venta de la materia prima.

 

Los extremismos ideológicos se juntan. Llegan a confundirse en su empecinamiento maléfico. El miedo a la ruina alienta el miedo al conflicto y el temor a las guerras amortaja el valor de los ciudadanos. Si el miedo insuperable puede ser un eximente penal, ese terror llega a ser un catalizador que sepulta las libertades. Si éstas desaparecen, hay que preguntarse: “cui prodest”. Quién se beneficia. Quién se aprovecha del miedo de los demás. La respuesta es fácil: los que pescan con dinamita, los que cazan al acecho, los depredadores sin escrúpulos. Que dónde están. Más fácil me ponen la contestación. Miren a su alrededor. Los que han perdido su empleo, su casa, su coche, son las víctimas. Los que predican la paz social de los súbditos, son intermediarios del dictador. Los que incrementan su patrimonio sin razón aparente, los grandes beneficiados. Miren, miren.

 

El miedo es la coartada del lobo. La frase no es de este servidor. Se atribuye al Papa Woytila. Lobos. Miedo.

 

Un saludo.

I.V.A. O I.R.P.F.

O IVA o IRPF o más recortes salariales. Cabe preguntarse cuánto déficit puede soportar un Estado y en qué manera afectará a los gastos sociales. Hasta cuándo resistirá el Estado español con las reivindicaciones económicas y financieras de los nacionalistas, los altos gastos de la Seguridad Social y el dudoso bienestar educativo y sanitario. Tetas y sopas no caben en la boca. Las preferencias de los españoles para superar la crisis pasan, en este orden, por reducir los impuestos, bajar las cotizaciones sociales, preservar el gasto en sanidad y educación y limitar el intervencionismo estatal en la economía. En este sentido, los ciudadanos estiman que la obra pública es lo más aconsejado para crear empleo, del mismo modo que consideran urgente no aumentar el ya grueso núcleo de funcionarios y, sobre todo, eliminar de raíz el despilfarro.


El Gobierno, por su lado más partidista y partidario, dice que nones, que el pueblo vota cada cuatro años. Y va que chuta, subraya. La democracia es una canción sin letra cuya música se interpreta como le sale de la entretela al Presidente narciso. Toca de oido porque ni siquiera sabe leer una partitura. Desafina que asusta. Y qué hace. Lo propio. Ahora sube impuestos, recorta salarios, congela pensiones, facilita el despido, impone el copago sanitario y mata las libertades económicas. De ahí que paralice la construcción de autovías. Por eso, incrementa el derroche en aviones, cochecitos, caviares, televisiones, y en compensaciones a amigotes y agradecidos.

 

 

La teta fiscal no puede engordar. Contraerá el consumo e incentivará el ahorro a la espera de tiempos mejores. Los salarios deben mantenerse conforme al IPC porque, en su defecto, la inseguridad laboral creará prisioneros de la improductividad. Para ser competitivos, se debe escarbar en la tierra de la innovación. En la competitividad se halla la clave del progreso. Aquellos países que controlen, pues, el gasto e inviertan en empresas competitivas, saldrán antes de la crisis.



Sólo el control y la austeridad permitirán reducir el déficit. Más todavía si la inversión echa una manita. Si no se compadecen medidas conservadoras con otras neoliberales, vamos a comer pan con manteca.

 

Y, sin embargo, los impuestos van a subir. O se incrementa el IVA o se alza el IRPF. Que no, los funcionarios pagarán todavía más el pato. En suma, los trabajadores nos comeremos el plato roto. A pesar de todo, de huelga general, nada. Por dos razones. La primera, porque los convocantes han urdido una gran trampa contra el partido de la Oposición. La segunda, porque siempre me he manifestado contrario a las huelgas políticas. Sí quiero que Zapatero deje el Gobierno y que, con él, se largue la ristra de ministros ineptos que elogian su desnudez. Pero en democracia, o Zapatero dimite, o plantea una cuestión de confianza o convoca elecciones generales.

 

Golpes de Estado, ninguno. Ni militares ni sindicales. El soberano es el pueblo.

 

Un saludo.

SÍ, BWANA

 

Peces Barbas, uno de los papás de la Constitución, se queja. Todo un ejemplo. Todo un síntoma. El síndrome del desaliento.

 

Que don Gregorio se queje, debe alarmarnos. Que uno de los políticos más poderosos de la izquierda psoecialista proclame su hartazgo de cómo su partido ejercita el poder, reclama nuestra atención. Si este personaje de relumbrón se lamenta sobre el Gobierno de Zapatero, hasta qué punto de la coronilla estará la ciudadanía, el común. Hasta qué extremo hemos llegado para que el gran constitucionalista, y tendencioso político, lance al aire palabras de sumisión como la que da título al presente artículo. Sí, Bwana.

 

Este madrileño septuagenario se siente mal. Pobre hombre. Ha pasado a engrosar la lista de los arrinconados por el presidente narciso. A José Luis, constitucionalista de contra, le va a toser Gregorio, maestro constitucionalista de pro. En qué mundo estamos. Al revés. Aquí no manda el sabio. El poder recae en el sabihondo. En España no impera el saber, sino la picaresca. La autoridad no se halla en manos de la persona ejemplar, sino del pillo sin escrúpulos.

 

Pero hombre, Gregorio, a estas alturas de su vida, cómo se le ocurre agraviar al césar y ponerse de lado de Tomás Gómez. Acaso había olvidado la frase lapidaria del hermano de Juan Guerra de que quien se mueve, no sale en la foto. Ah, Gregorio, la memoria nos juega a todos muy malas pasadas. A su edad, Gregorio, y con su experiencia, no puede pasar por alto que llevarle la contraria a Zapatero es un suicidio político. El de León tiene a todo el grupo en un puño. Los más dóciles comen de su mano. Los díscolos, reciben la ostraka, como don Francisco enviaba al motorista para destituir a un ministro.

 

Mas si el recuerdo le es infiel, permítame una ayuda. Usted fue uno de los guiñoles que empleó su presidente para ejecutar su nefanda política de desmembración del Estado. Guiñol consentido que, por un momento, creyó en la importancia vital del discurso que, por su boca, soltaba el manipulador de muñecos. Cuando le nombró Alto Comisionado para el Apoyo a las Víctimas del Terrorismo, Pepe Luis colocó el rábano allá donde el caballo atiende con celeridad la orden. Y el caballo, mira que te mira, caminito adelante.

 

Tan bien hizo su papel de desmantelamiento de las asociaciones de víctimas de ETA y bandas terroristas similares, que se le acusó, con toda razón, de favorecer al Partido, su Partido, y al Gobierno, su Gobierno, en vez de alentar e impulsar las reivindicaciones de la asociación de familiares de asesinados por las hordas canallas del crimen nacionalista. Ni siquiera se dignó acudir a las manifestaciones de estos colectivos de víctimas. Alegaba usted que se debía a su Gobierno, que es su partido. Llore, llore, don Gregorio, pero sus lágrimas de cocodrilo no hallan acogida en quienes defendemos a las asociaciones contra el crimen organizado del independentismo más cruel y despiadado. Llore, llore.

 

Como lloraría, de placer, de disgusto, de descanso o de ira, cuando, a los dos años de hacerle el trabajo sucio al señor Zapakozy, éste decidió quitarle de enmedio. La generación de usted, que es la de Pablo Castellanos -éste sí es un socialista de verdad-, se conoce como la generación sí-si. Sí al Jefe y sí al cargo. Sí, bwana. Sí, mi cargo. Zapatero no quiere a su lado a titulares de esta quinta política. La sombra de Felipe le desagrada sobremanera.

 

Me queda una duda. No estoy seguro si usted consideró una patada en el culo, con perdón, el premio de la Cruz de Carlos III, con el que el Gobierno psoecialista, el suyo, le obsequió o si, en cambio, busca usted venganza con su apoyo a Gómez, por tan pomposo e inútil condecoración. Tenga en cuenta que la venganza se sirve en plato frio. ¿O no?

 

Un saludo.

INFRAGOBIERNO

 

El prefijo “infra” significa inferior o debajo. El término “Gobierno” designa al sujeto que dirige un país o una colectividad política. El de Zapatero entra en la categoría de “infragobierno”. Se halla por debajo del mínimo exigible a quien desempeña esta función. Se inserta en la división cutre de lo ínfimo, de lo peor, de lo no valioso. Y así.

 

Aristóteles entendía la felicidad como la causa final de la vida de todo ser humano e identificaba esa felicidad no con el hedonismo, sino con la vida contemplativa. El Gabinete “Maligari”, que no Caligari, ha oido campanas pero no sabe de dónde vienen. Ha entendido que la vida contemplativa corresponde a los ministros y no al pueblo.

 

El mismísimo Gabilondo, titular de la cartera, ejem, de Educación, es catedrático de Metafísica. El hombre no les ha aleccionado en la verdadera interpretación de la filosofía del griego. Ellos contemplan el mundo como un caleidoscopio. Buscan imágenes bellas de artificio. La realidad les asusta y fustiga. Contemplan el sufrimiento del pueblo desde la azotea de un zigurat destruido. Muy posiblemente, el discípulo de Platón tuviera en mente el modelo gubernamental español cuando previó que la democracia se corrompería al compás de la potestad de ganarse con halagos el favor del pueblo.

 

Seis años de zapaterismo irredento han dejado huella en la historia política de nuestra joven democracia. Nunca un dirigente se alió con la forma hasta el punto de descargar al fondo de su esencia. Resiste. Pese a todo, aguanta el embate. A base de conceder graciosamente y de ceder con la cobardía de los tiranos, se aferra al mando. Como sea. No gobierna, pero se mantiene. Ha hecho del Estado un ente desnaturalizado. De la nación un concepto desfigurado. Del ser humano, un animal no social que desarrolla sus fines en el seno del partido más votado.

 

La comunidad ya no existe. El lenguaje se materializa en buenas palabras y malas acciones. La memoria ha apostatado de la universalidad y se ha reducido a la conveniencia más sectaria. Las leyes no persiguen diferenciar lo permitido de lo prohibido. No señor. Su objetivo es regular la esfera privada, satisfacer las ansias independentistas de sus aliados de coyunda para uncir los bueyes en pos de su interés particular.

 

La subordinación de lo privado a lo público aleja cualquier intención cohesionadora. Si Montilla pide, Zapatero entrega. Por fuerza. Por narices. En el mismo sentido los descendientes de Arzallus. Los extremeños y andaluces recibirán óbolos testimoniales siempre que el psoecialismo vernáculo se someta al imperio de la centralidad. Óbolos. Como tales hay que considerar el dinerillo que ZP ha adelantado a don Pepe Griñán para hacer dos o tres kilometritos de carreteras. No más. Venderán la limosna como una ingente herencia. La obra, como faraónica construcción.

 

No hay salida. Estamos rodeados. Con el infragobierno zapateril, la salida del dédalo es imposible. El guía es un impotente político disfrazado de fecundo explorador. Infragobierno. Infrahumano. Infrautilizado. Infra. Por debajo de. Infrasalarios. Infrapensiones. Infraestado. Infralenguaje.

 

Un saludo.

ZAPAKOZY: (57 años, Jose)

Duele. El tema de los gitanos duele. Y mucho. Dicen que los gitanos no quieren para sus hijos buenos principios. Dicen. Pero el dicho es falso. Los gitanos tienen buenos principios. Otra cosa es que esos principios no sean los de la sociedad no gitana. Los buenos principios constituyen la manifestación de la moral de un ser humano.

 

Los gitanos sí tienen principios. Tan buenos como los principios de los payos. Sin embargo, la diferencia entre unos y otros otorga la exclusiva de la bondad a los segundos. Triste moral la de quienes desprecian la de los demás.

 

Lo de Sarkozy es para nota. O no se explica bien o lo interpretan muy mal. En este segundo caso, debe reclamar nuevos glosadores. El levantamiento de los campamentos ilegales puede ser, en general, una medida correcta, necesaria incluso. Multitud de razones, todas ellas legales, pueden explicar una actuación en el sentido apuntado. Campamentos, fuera. Excelente decisión si se fundamenta como es debido. Nada que objetar al hecho.

 

Lo que sí es reprochable es la noticia. Al menos, la traducción -traducir es traicionar- que ha llegado a la opinión pública. Miles de gitanos expulsados de Francia. Oiga, serán miles de personas desterradas del país debido a una conducta reprobada por la legislación francesa. Oiga.

 

Si son gitanos, o no, es otro cantar. En cualquier caso, profundicemos. Si no son gitanos y se tratare de una ofensa a esta etnia, nos encontramos ante un ataque del tipo nazi. Que no creo. Mas si, en cambio, todos los expulsados son gitanos, procedan territorialmente de donde fuere, nos zambullimos en un charco más profundo y negro. El charco de la marginalidad. Volvemos a las reservas de pieles rojas. La lucha entre civilizaciones habría virado hacia un rumbo de muerte y de miseria. Los colonizadores incivilizados pretenden modificar las formas de vida de los colonizados cívicos.

 

Sarkozy podrá ser un racista. Podría serlo. No lo descarto. Mas no existen pruebas de ello. Como tampoco está acreditado que la orden de expulsión se haya producido en el marco de un espíritu de xenofobia. En consecuencia, presumo la inocencia del presidente francés.

 

Lo que uno no entiende es el papelón desempeñado en esta triste causa por el señor Zapatero. No se entiende. Zapatero se ha postulado públicamente como el paladín de las minorías acosadas, de los desvalidos sociales, de los desheredados de la fortuna. La izquierda más roja que los siglos contemplaron se ha encarnado en el presidente del Gobierno español. Y sin embargo,... no te quiero. A los gitanos no los defiende el mandamás de los psoecialistas. Si son gitanos. Y si no lo son, inmigrantes sin duda que sí. O gitanos o inmigrantes. Minorías.

 

Zapatero dice que no, hombre, que no. Que él no se mete en lances verbales entre su amigo (y una leche, con perdón) “Sagcosí” y la señora Reding. Que ésta tiene una lengua muy afilada, asegura el estandarte de la igualdad. Que si su amigo ha hecho esta cosa, bien hecha está. Que su amigo no comete barbaridades. Que si son gitanos, pues se merecerán la expulsión. Y un cuerno, señor Zapatero. Y un cuerno. No tiene Vd. menos vergüenza política porque no se entrena a fondo. De hacerlo, sería Vd. el Rocky Stallone de la miseria, el Rambo de la jungla más cruel.

 

Mire, señor Zapatero. Mire a su alrededor. Hoy apostata de sus principios y mañana abjurará de su posicionamiento. Ayer negaba la crisis y hoy comulga con la recesión. Antes defendía a los trabajadores y ahora se hace un castillo con los salarios que les ha recortado. Hace un rato, Vd. apoyaba los derechos de los más infelices y, cinco minutos después, protege a quienes, supuestamente, pisotea esos derechos.

 

Es muy fácil, hombre. Un poco de valor, de valentía. Si no quiere -que no quiere porque no se atreve- molestar en exceso al derechista francés, al menos lance su discurso de defensa de los gitanos. Porque, Zapatero, los gitanos sí tienen principios. Quien no los tiene es Vd. Parafraseando al gran Groucho Marx, Vd. cambia los principios cuando éstos no le convienen.

 

Sarkozy tiene principios. Se discrepará de algunos de los que mantiene. Zapatero tiene finales. Lo que le interesa son los resultados. La forja de un cobarde político y de un político cobarde. La alargada sombra de un ciprés circunflejo se cierne sobre España. El descanso político de individuos de esta laya sea pronto con ellos. Zapakozy.

 

Un saludo.