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Francisco Velasco. Abogado e historiador

MAQUILLAR LOS MERCADOS

Grecia: capital, Madrid. Atenas, hombre, Atenas. Que no, Madrid. El capital griego está tan devaluado como el español. El Gobierno griego ha quitado al Gobierno español el liderazgo de la mayor ruina económica de Europa. Socialista uno, psoecialista el otro. Papandreu y Zapatero. Un lujo de dirigentes. El heleno no hace sino pedir auxilio a sus vecinos. Se ahoga. El problema es que no le basta uno o dos salvavidas para salir del agua. Precisa un transatlántico. Los flotadores, los ofrece el FMI. El barco ha de ponerlo la UE. Sea como fuere, o se rescata a Grecia o, en su viaje al fondo del mar, arrastra consigo a otros pésimos nadadores, entre ellos, a los administradores (con perdón) españoles y, lo que es peor, a los administrados.


Zapatero clama por el rescate inmediato. Teme la zambullida de Papandreu porque después le toca a él tragarse toda el agua del mundo. Rescate, ya, insiste el economista español que, siete años después de iniciar la licenciatura, no ha aprobado ni una sola asignatura. Eminencia gris el hombre. El psoecialista se pone nervioso. Sobre todo, ahora, que los mercados piden árnica y, en la confianza de recibirla, celebran la efímera subida de la Bolsa.

 

Sin embargo, el mundo al revés. La Bolsa no sube por la curación de la enfermedad de los mercados, sino por la creencia de que el mercado será salvado de las aguas, como un Moisés mercantilista, por los nuevos egipcios de la Unión. Y como Moisés, el mercado, una vez rescatado, volverá a ser líder del pueblo oprimido, de la hecatombe bursátil, de la autorregulación de la naturaleza.


El rescate es una medida temporal, un truco efectista, un cinematográfico efecto especial. La Bolsa puede engañar al mercado, pero sólo un ratito. El que no tiene capacidad de engaño es el mercado. Por mucho lifting al que se someta, por mucho transatlántico que se habilite, el maquillaje es perecedero. Se sigue construyendo sobre terrenos movedizos. Los aviones de la economía son de cartón, como los de Sadam Husseim. El engaño se descubre antes que después. Las consecuencias son escalofriantes.


La deuda es asfixiante. El paro oprime todavía más la garganta. La desconfianza tapona los orificios nasales. El corazón late con dificultad, pero a los pulmones no llega aire. El cerebro se atora. En vez de cirugía, Zapatero recurre a las tiritas o a la descongestión manual. Zapatero no se atreve a reconocer que necesita respiración asistida. Su soberbia es enfermiza. Al igual que su incapacidad como gobernante. Quiere prolongar la vida del enfermo comatoso. Con tal de llegar a las elecciones con un hálito de vida, Zapatero maquilla los mercados e incluso su propia cara. Cara dura. Muy dura.


La fe de vida laboral de España no la firma un notario. No. Maquillar el mercado no es solución. Que Zapatero siga gobernando, un dislate. Elecciones, cuanto antes. Que los expertos pongan orden en este caos que han propiciado estos aficionados que, llenos sus bolsillos, dejan a los españoles con una mano delante y otra detrás.


Un saludo.

 

BIBIANA, LA CUENTISTA

Ya no sabe qué hacer. La señora Aído se estruja las meninges para pensar la bobada más mediática. La ministra de Franco, -digo, de Zapatero; qué terrores lleva el del PSOE a mi subconsciente- me recuerda, por momentos, a doña Pilar, la mandamás de la Sección Femenina. Una y otra bebieron en la misma fuente de ambiciones: la de mantenerse en el cargo y, a este fin, hacer de la ideología un hacha de filo cortante de verdugo medieval. Los extremos se tocan. Doña Pilar y doña Bibiana están más cerca de lo que ellas mismas puedan avergonzarse.


En democracia, los actos provocan respuestas diferentes si bien todas se rebosan en el huevo y el pan rallado de la libertad de expresión. La dictadura, por su propia naturaleza política, reprime cualquier conato de rebeldía, siquiera gestual. Aquella España de Franco nos contaba cuentos que otros escribían. La España de Zapatero -de caudillo a caudillo y tiro porque te pillo- relata historias que el sector más goebbelsiano de su partido se inventa. Hemos pasado del cuento a la historia sin memoria. Doña Bibiana supera, en este menester, a doña Pilar Primo de Rivera.


La jovencísima ministra andaluza nos hace sonreír con sus gracietas de mujer aburrida. No tiene qué hacer en el despacho que le ha montado su partenaire gubernamental. En vez de jugar al golf sobre la mullida alfombra, se distrae, la pobre mujer rica, a falta de otras actividades más fecundas, se distrae, digo, jugando. Sí, jugando. Unas veces, a las palabras y se saca de su imaginario dialéctico lo de miembras; otras, a las casitas, y nos entusiasma su arte al decorar, ella solita, sus públicas y privadas estancias; cuando toca, a las parejas; eso sí, de todo sexo y si son del mismo, mejor; y, por supuesto, a los bebés; en este sentido, resulta herodiana por lo de la matanza de los nascituri. Una joya de madurez, de encanto, de discreción y de savoir faire, esta andaluza quasi adolescente.


Zapatero está encantado con ella. Y ella con él. La afinidad entre ambos es envidiable. Por ejemplo. El presi de España quiere hacerle un roto a la nación desgajando, poco a poco, a Cataluña, y, para menguar el eco de las protestas, doña Bibiana, presta, sube el volumen del altavoz de las memeces y nos transmite el cuento de la Cenicienta o de Blancanieves. Si Garzón tiene pillados a más de uno del PSOE por los congojos, nueva vuelta de manubrio y a tocar otra tecla. Bibiana, entonces, diligente y servicial, lanza a los cuatro vientos su idea de retirar de las escuelas la lectura de los cuentos de Andersen por ser sexistas. Un éxito, oigan. Llama la atención de los incautos, entre los que me incluyo, y, en lugar de fijarnos en los muertos, paseamos la mirada por los enanitos de Blancanieves.


Es toda una cuentista doña Bibiana. No llega a la altura de su mentor, pero la émula camina con paso firme. Érase una vez una dulce niña nacida en el seno de una familia de maestros gaditanos. Bonita y humilde, creció feliz entre arenas limpias y salobres aguas. Quería ser maestra. Se quedó en ministra. Tuvo muy mala suerte. Con las vacaciones que disfrutan los maestros. Algún día encontrará el príncipe rojo -o la princesa morada- que le saque del suplicio ministerial y le ofrezca la vida dulce y rosa que merece esta angelita. Cuando saque las Oposiciones -o si es interina- de magisterio, contará a sus alumnas/os el cuentecito de la ministra abortera o el más famoso de la niña igualitaria. Qué feliz será. Hasta comerá langostas. Ángela de dios. Bibiana.


Un saludo.

 

 

LOS JUECES DEL CUARTO TURNO

 

Servidor conoce a varios jueces que han accedido a la jurisdicción por la vía del cuarto turno. De ellos, puedo decir que algunos son excelentes -e imparciales- profesionales. Sólo algunos. Menos, en cualquier caso y por la lógica de las proporciones, que en la vía del ingreso en la carrera judicial a través de la Oposición.


No obstante lo cual, emerge la duda. La duda. Una incertidumbre nace a priori y otra surge a continuación. La Oposición agrega un plus de objetividad, mérito, capacidad y, sobre todo, de igualdad, a quienes pasan por el aro de las consabidas exigencias de los tribunales. Las horcas caudinas son poca cosa en comparación con las dificultades que han de superar los examinandos. Alguien podrá argüir que no pocos de estos aspirantes pueden beneficiarse de algún tipo de apoyo o de cierta influencia. No se descarta. Es posible. Sin embargo, el sistema se muestra tan hermético que estas posibilidades resultan mínimas. La historia es contundente y tozuda. Los ciudadanos que acceden a la judicatura se ganan la justa fama de trabajadores de altísima cualificación. Lo cual concede prestigio al juzgador, al poder judicial y a la sociedad donde actúa. Se eleva la ley a la categoría de democracia aristocrática, tal es el listón que sólo logran vencer los mejores.


Sin embargo, la historia se muestra igual de contumaz y reveladora cuando el sistema de oposiciones es sustituido por otras vías legales en las que interviene el concurso de méritos. El cuarto turno es el pagano de toda una sucesión de irregularidades, parcialidades, discrecionalidades y arbitrariedades, en este orden de expresión, que han jalonado la intervención de la Administración no judicial en los asuntos de la jurisdicción. Los tribunales de lo contencioso están saturados de demandas contra la Administración Pública en las que se analiza una inmensa casuística de deslealtades constitucionales y legales. El enchufismo está tomando tal carta de naturaleza en la sociedad española de la democracia, que la confianza del ciudadano se disipa al compás y al ritmo en que se denuncian corruptelas para el acceso a la Función Pública.


El que el Juez Castro, que entiende en el caso de Jaume Matas, pertenezca al grupo de los adscritos al cuarto turno, provoca, ab initio, erisipela por lo que de tendenciosa pudiera parecer su acceso a la judicatura. No es juez por Oposición. Cabe la posibilidad de un padrinazgo que condicione algunas de sus resoluciones. Cabe. El Auto que ha dictado para establecer la fianza al ex presidente balear, más parece una sentencia condenatoria que una acusación que no rompe la presunción de inocencia. Concede, así, margen de descreímiento a los que, por añadidura, desconfiamos de sus pretéritas y públicas -hoy pudieran estar latentes pero no han desaparecido por ensalmo- filias y fobias políticas. Es así. No se prejuzga su actuación mas sí interviene la malicia del observador. En cierta capital de provincia, un abogado socialista de un Organismo público regido por el PSOE desde hace treinta años, abandonó su carrera funcionarial administrativa para acceder a la carrera judicial. Hoy es decano de los jueces. Era tan socialista como Felipe González. O más. A este relator le invade la duda cuando toca defender litigios en el juzgado del que el referido señor es titular. No se despoja uno, así como así, de una trayectoria cívica, social o política entregada a una ideología o a un grupo político o a un conglomerado empresarial.


Dudas. Muchas dudas. Sobre su formación, sobre su ideología y, por ende, sobre su imparcialidad. Son arteras y falsas las acusaciones, interesadas, sobre el predominio de lo memorístico en una oposición. Máxime cuando esa acusación caracteriza a la memoria como cualidad de loros. Se confunde el medio con el sistema, el procedimiento con la meta. De ser el problema la memoria, basta arbitrar, dentro de la Oposición, otros procesos intelectuales más ricos, varios, calibradores e integrales. Lo que no es de recibo es que la Oposición queda desvirtuada por la supremacía dictatorial de la memoria. Burda estrategia que fenece en la podredumbre de quienes hacen de su vida una sinécdoque continuada. Confundir el todo con la parte para rechazar lo que, por esfuerzo, abnegación o inteligencia, algunos nunca podrán lograr a partir de los deméritos propios y pese al empuje ajeno.


No me imagino delante de un estrado defendiendo ante la Juez De la Vega un caso de supuesta corrupción de un dirigente del Partido Popular. Sería tan embarazoso para este abogado, que no tendría más opción que pedir a la magistrada que se abstuviera y, de oponerse, proceder a su recusación.


La mujer del César debe ser honrada y, además, parecerlo. Es el requisito de la justicia. De la JUSTICIA.


Un saludo.

 

 

IZQUIERDA ANTIDEMOCRÁTICA: STALINISMO PURO

No dejo de sorprenderme. Muy desagradablemente. Tanto, que más que de sorpresa, sería más propio hablar de escándalo. La “garzonada” supera la idea de desvergüenza pública y se instala en el esperpento valleinclanesco más rancio. El ataque a la Resolución del magistrado Varela es propio de tiranos soviéticos y de banderas nazis. Tirano Banderas de la más baja calaña.

 

Que es injusto que se procese al debelador del franquismo, dicen los artistazos del artisteo del colorín de la salsa rosa. Que el mundo al revés, afirma Gorka Landáburu, periodista tan psoecialista como la señora Antonia Iglesias o el inquisidor Enric Sopena. Que no es de recibo que la extrema derecha franquista actúe contra el gran ariete de la democracia antidictatorial, gorjean los politiquillos de pico abierto, sin más argumento que la descalificación del adversario, a cambio del alimento de la mamá pájaro (pájara, Bibiana).

 

Con todo, lo que más epata es la declaración del señor Conde Pumpido, el de la toga enlodada. El Fiscal General del Estado está enorme. Como siempre que atiende el disentir del Gobierno sobre asuntos borrascosos. No se le cae la lengua al Jefe del Ministerio Público cuando recita el lema del día: respeto al Supremo, pero los hechos no son constitutivos de delito. Qué inteligencia, qué rigor, qué abogado defensor de las causas justas, qué pendón parlante de la separación de poderes, qué jurista insigne, qué manera de arrimar el ascua a su sardina, qué as del Derecho, qué...

 

Conde Pumpido es el Leo Messi de la judicatura, el Cristiano Ronaldo de la legalidad. Cómo dribla. Cómo dispara. Cómo mete goles. Cómo nos la cuela. Cómo quiere meterla doblada. Cómo me disgusta tanto fariseísmo. Cómo me fastidia su doble moral. Cómo me repele el trato que dispensa a Garzón en comparación con el que se otorgó a Gómez de Liaño. Cómo me repugnan sus palabras. Cómo temo el día que, ha de llegar, abandone la política judicial y retorne al bastión de la justicia política. Con la señora de la Vega, el señor Alonso y otros allegados del cuarto turno, la seguridad jurídica será equiparable a la de Venezuela o a la de Cuba. Un gustazo, vaya.

 

Recapitulo. Si la descrita es la sociedad de la izquierda, prefiero ser de derechas. Si los grupúsculos tronantes por la impunidad de Garzón se dicen demócratas, prefiero incluirme entre los guardianes de la dictadura. Si todos ellos se colocan la chapa del stalinismo en el ojal de su chaqueta, prefiero adornar mi cuello con el collar de la verbena. Será el collar de la paloma. Eso. Ocurre que estos artistazos del artisteo del colorín de la salsa rosa forman un coro verbenero. De ahí el juego de palabras.

 

Collar de la Paloma. Escribía Ibn Hazm, el cordobés autor de la obra: “La fortaleza consiste en sacrificar la propia en defensa de la religión o de la familia, o del prójimo oprimido, o del débil que busca apoyo contra la injusticia de que es víctima o de la propia fortuna del honor propio, menoscabados inicuamente, o de cualquier otro derecho; y esto, sean pocos los adversarios o sean muchos”.

 

Lo dicho. Stalinistas. Con "s" líquida. Recuerdo a Chaves, el de MATSA, que la subvención de más de mil seiscientos millones de pesetas a la empresa de su Paula, eso sí que es incomprensible. Tanto como si no se preocesara a Garzón. Más que opinar para presionar al Supremo. Incomparablemente menos que si él y Zapatero hicieran las maletas y al averno del destierro político marcharan. España y Andalucía no tendrán esa suerte. Stalinismo, con "s" líquida, es sinónimo de asesinato. Físico o moral. Asesinato.

 

Un saludo.

 

 

CÓMO ESTÁ EL PATIO

 

La suciedad ocupa estratos. Los arqueólogos sociales pueden hallar en la investigación de lo corrupto un formidable ámbito de estudio. Montones de casos que atentan contra las más elementales principios de ética, se suceden en una cadena interminable. El patio está imposible.


Avergüenza a cualquier persona digna esta ola de podredumbre moral y de engorde monetario que nos arroja contra la playa. Los grandes hermanos, los sálvame o las norias hieren sensibilidades, es verdad, pero distraen y son fácilmente sorteables. Basta con apretar el botoncito correspondiente del mando a distancia. También causa sonrojo el sesgo tendencioso y mercenario de ciertos tertulianos que, a juzgar por sus opiniones, se hacen sujetos de nutridos convolutos o de sospechosas, interesadas y mercenarias adhesiones políticas. De un signo y de otro. Los extremos no pretenden el consenso de la razón dialéctica. Todo lo contrario. La radicalización de las posturas halla su mejor acomodo en la búsqueda de despertar el morbo de las audiencias. Leña al mono, aunque no sea de goma. O mejor, porque de goma no es.


La Administración Pública bate records de nepotismo y de enchufes teledirigidos. Se coloca a parientes, amigos, vecinos y afines, siempre que medie la debida militancia en el partido del Gobierno. Es un descaro. Conozco varios casos en que la colocación en puestos públicos se dispara a medida que las elecciones provocan dudas sobre la continuidad de los actuales prebostes. Les importa un bledo que existan actas acusadoras del delito. Se sienten tan impunes, están tan seguros de la fuerza disuasoria y cooperadora de la lentitud de la justicia, que, viva Cuba, años de dilaciones, indebidas o no.


La esposa de un conocido promotor de cierta provincia andaluza acaba de cerrar su negocio de venta de inmuebles y ha sido adscrita, porque sí, a la Gerencia de un Instituto municipal de vivienda de una localidad de dilatada historia psoecialista. ¿Urbana? Tela. ¿Sin tacha? Inmaculada. ¿Méritos? Esposa de. ¿Requisitos? Militancia activa y apoyo mediático ininterrumpido al PSOE. ¿De la ceja? Por ahí va la cosa. ¿Estudios? Los justos. ¿Sueldo? Nada de mileurista. Al uso del cargo. ¿Pueblo de finanzas saludables? Endeudado hasta el cuero. ¿Entonces? Cazo. ¿Está usted seguro? Como me llamo. ¿La Fiscalía? En las nubes o embarrando la toga. ¿Solución? Si estuviera en mi mano, denuncia, proceso garantista y, de eliminarse la presunción de inocencia, a la cárcel, al trullo, a la trena. Uno detrás de otra. En fila india, por más que la longitud de esa hilera fuera multikilómétrica.


Alguna vez he repetido lo que sigue: o la democracia acaba con la corrupción o la corrupción borrará todo vestigio de democracia. De ahí la arqueología. En los estratos del patio. Cómo está.


Un saludo.

 

LA MEDIDA Y LA PEDIDA

El caso Gürtel apesta. A poco que se ahonde en el sumario, el olor se hace insoportable. Bocanadas y vómitos. Asco.


Uno escribió, meses atrás, el por qué del temor a Bárcenas. Subrayaba la presunción de inocencia del que fuera tesorero del PP, a la par que condenaba sus amenazas, más o menos veladas, a los dirigentes de esa formación. Solicitaba, incluso, medidas contra el senador. Pedidas las medidas. Medida la pedida. Sin embargo, la mano blandimblú del staff directivo popular no se compadecía con la contundencia que empleaban para atacar las corruptelas del partido del Gobierno. Pedida la medida contra uno, medida adoptada contra sí mismo. La objetividad y la justicia requieren igualdad de interpretación y de trato. La corrupción es una lacra tan espantosa como el terrorismo o como el paro en la España de nuestros días. Diagnosticado el mal, cirugía inmediata. Manos peritas que extirpen el cáncer antes de que la metástasis se adueñe fatalmente de la vida.


No caben atajos ni excusas. A saco. Las medidas se referencian en la cantidad de afecto y en la gravedad de la firmeza. En la firmeza y en el afecto. La fortaleza es la virtud ética por excelencia ya que se reviste de firmeza y de generosidad. De esta forma, rechaza la tentación de la intolerancia y el fantasma de la desigualdad. Rajoy debió prever este escándalo. Puede que no se enterara del mismo hasta bien avanzado el “correoso” mal, puede. Mas una vez conocido el material de la correa, no puso en cintura a quienes engordaban, deformes, a ojos vista. No se trataba de un tema de obesidad mórbida. No. El problema no se reducía a volúmenes, sino a tiempo, a trenes de vida.


La lucha contra la corrupción debe ser a muerte. A muerte política. A muerte moral. A muerte penal. La corrupción nos cuesta el potosí de la democracia y la mina diamantina de las libertades. La actuación de Mariano Rajoy es censurable, se mire por donde se mire. No se corrompe sólo el protagonista de la acción, sino también quien mira a lado distinto o se tapa la nariz o deja que los oidos seleccionen según qué mensajes. Rajoy no calibró la medida de sus carencias ni atendió las pedidas de responsabilidades. Introdujo la cabeza bajo el ala de su inopia.


Gürtel es mucho escándalo. Matas, más de lo mismo. Los acusados del partido popular no se han quedado en el umbral de la imputación. Permanece la presunción de inocencia de todos. Lo que ya no está es la confianza en la honradez de unos políticos. Decía Jaime Balmes que la firmeza comienza por el autodominio.


La corrupción es una epidemia maldita para la que no existen vacunas. El grupo está amenazado y sólo la medida moral puede actuar como antídoto. Albert Camus refería que, ante cualquier agresión letal, algunos se dejan morir, otros se precipitan en el pánico y unos cuantos se alían con los agresores. Es la fractura de la sociedad. El síndrome de Estocolmo. El clamor del viva las cadenas. La aceptación del determinismo más humillante. La peste. Eso es la corrupción. Medida y pedida.


Un saludo.

 

ANASAGASTI, SENADOR DE ESPAÑA

Lo es Anasagasti. El político vasco es, créanlo, senador de España. Miembro del Partido Nacionalista Vasco, Anasagasti constituye uno de los ejemplos más lamentables de la cobardía política. Otra cosa no sé, pero la de ofender la figura del Rey de España, -de España-, es uno de los rasgos más notorios de su actividad parlamentaria. El problema es que, en vez de utilizar el medio senatorial ad hoc, prefiere visitar las tertulias mediáticas que, a falta de otras motivaciones más serias, prefieren practicar el juego de la diana antimonárquica. Leña al mono. Castañazo al rey. Al rey de España.


Anasagasti es un virtuoso de esta modalidad audiovisual. Le importa un bledo la situación de su país, España. Hace como si peleara hasta la extenuación por su región, Euskadi. Perfecciona sus dotes de equilibrista capaz de perpetuarse como un clásico del triple salto mortal. Del País Vasco a Madrid y de Madrid a la capital de España para no tener que retornar a la Bella Easo que le adoptó. Iñaki. Ignacio. La educación marianista que recibió en su infancia o en su adolescencia apenas hizo mella en él. Al menos en lo que al respeto hacia los demás atañe. Especialmente en lo que a Don Juan Carlos I se refiere. Campeón mundial en tiro al rey. Cada uno de los dardos envenenados que dirige al Jefe del Estado español da en el blanco. En el blanco de la maldad del tirador, en el centro de la malicia del jugador de pub, en la línea de flotación de la credibilidad del sexagenario señor que de la política hizo profesión y del fomento juancarlófobo, afición remunerada. Iñaki, Iñaki.


Casi 20 años de portavoz del PNV en el Congreso de los Diputados no han hecho madurar al señor Anasagasti. A medida que la edad le pasa factura y los suyos le relegan a puestos de acompañamiento, don Ignacio reclama el protagonismo que se le escurre entre los dedos. Quiero más, dice el peneuvista. En virtud de este objetivo, el vasco nacido en Venezuela -sí el país en el que dicta Chávez- no duda en calificar a los miembros de la familia real como “pandilla de vagos", ni en tacharlos de "impresentables". Formidable el valor que demuestra el señor Anasagasti. Estoy seguro de que posee pantalones para decir lo mismo de algún reputado dirigente de los militares etarras. ¿O no se atrevería?


Su filia democrática es incuestionable. Eso sí, con una precisión. Anasagasti ama la democracia aristocrática que preconizaba Sabino Arana. El demos ateniense no vale. Sí el demos oligárquico de la raza. Los maketos no cuentan. Salvo para dar su voto cautivo a los señores de la mesa más refinada de Arzac o de Berasategui. El que Patxi López -por favor, López- haya accedido a la Lehendakaritza es más de lo que su estómago puede digerir. Le asquea la democracia española. El hombre siente repugnancia por el españolismo y, tocado con la soberbia del señoritismo andaluz más abertzale, ratifica su radicalismo patriótico vasco.


La xenofobia andante, o parlante, del senador español se manifiesta cuando menos lo espera. Así, no duda en referir del maketo López que es el Obama de Portugalete. No ha matizado si lo dice porque Barack es norteamericano o por ser de raza negra. Negra y esclava. Debiera sacarnos de duda.


Anasagasti. Acaso el hombre sea pobre. Sin embargo, me da toda la impresión, -ojo, impresión-, de que es un pobre hombre. Siga en su lucha, don Ignacio. Continúe. No se frustre, hombre. No le sobrevenga una depresión y atribuya la causa al Rey de España. De España.


Un saludo.

 

CARTAS BOCA ARRIBA

La Semana Santa nos ha dado una pausa. Hemos proyectado nuestra cruz. La Pasión de Cristo nos ha redimido, un tiempito, de nuestro diario sufrir. Estos días de vacaciones son opiáceos. En la extensión peyorativa del término. Nos evadimos de la realidad durante horas. Escondemos la cabeza bajo el ala de un pájaro-reptil aparentemente dormido. Apariencia. De un momento a otro, la somnolienta bestia nos mostrará su auténtica ferocidad. Entonces no habrá droga que nos libere de nuestra humana pasión.

 

Es verdad que el abril bursátil alivia la barrera de los once mil.  Es verdad. Mas no crean en mejorías estables.  Simples cuidados paliativos para mitigar el dolor de las caídas. No hay nada que hacer. Mientras la economía griega haga aguas por todas partes y la dirección de la política española siga en las manos de Zapatero y su cohorte, esas aguas seguirán bajando oscuras y revueltas. Sin concesiones a la claridad, a la serenidad y, menos, a la potabilidad.

 

Vivimos en el imperio de la mentira. EL Gobierno disfraza con sayas de estameña las ricas túnicas de seda de los elegidos.  Gobierno cínico. Habla de austeridad en el gasto público a sabiendas de que nos engañan a más y más. Gobierno hipócrita. Dice recortar el empleo público un 87% pero calla que ese déficit de cobertura se suplirá con un 87% de interinos. La diferencia es que serán funcionarios de empleo en vez de funcionarios de carrera.  Gobierno embustero.

 

Austeridad. El precio de la vivienda va a seguir a la baja. La ministra Corredor, que conoce el dato, anima a los ciudadanos a comprar hoy, en 2010, importándole un silbato de árbitro de regional siciliano que el comprador/consumidor aumente el importe de su deuda personal.  Ministra vocera de un Gobierno mentiroso.

 

El ministro de Industria nos da la tabarra con el coche eléctrico mientras nos sube el precio del gas. Sin embargo, protege a la minería del carbón frente al sector de la electricidad. Energía nuclear, cero. Se compra en Francia a cambio de nuestras deslomadas espaldas. Ministro embaucador que hace de su palabra artera, edicto público.

 

Hacienda gestiona una nueva subida de impuestos para garantizar las pensiones de nuestros abuelos, cuyo júbilo se esfuma por minutos. Ministra Salgado, de la arana, dueña.

 

La ministra Trinidad apuesta por el medicamentazo genérico, a costa del despido que prevén las farmacéuticas. A costa de los más débiles. A costa de lo que sea. Con tal de adherirse, cual sello de correos, a la poltrona del poder.

 

El imperio de Zapatero se parece una enormidad al de Chávez. Los dizque demócratas tienen en común un alma de dictadores que aflora a cada paso. La población activa mengua, se estrecha, se debilita, se desnutre, desfallece. Demasiado peso sobre tan pocos trabajadores. El paro se asoma al pretil del 20% mientras en Andalucía padece el vértigo de la altura de diez puntos más del porcentaje de desempleados. Y gracias a la aportación de los fondos europeos. Sin éstos, el precipicio ascendería otra decena de puntos. Y mientras, el sindicato UGT contribuye a engordar la tasa de parados y, no se avergüenza de ser condenado por los tribunales a readmitir trabajadores despedidos de manera improcedente por el señor Cándido Méndez. Quién te puso petenera. Cajas de ahorro y banca privada construyen bastiones defensivos en su derredor. Las primeras se resisten a las fusiones. La segunda retorna a posiciones de enriquecimiento ultrarrápido. Un lujo.

 

El PSOE es el paraíso. Zapatero, el adán del edén. Lo que pasa es que o el dios pueblo vota en consecuencia o ni la madre que parió va a conocer al vergel hispano. La serpiente se materializa en la falsedad de unos gobernantes que nos prometen convertirnos en dioses. Eva es la ruina. Zapatero nos lleva del edén al erial. Cuestión de meses. Cuestión de votos. Cuestión de responsabilidad. Cuestión de cartas limpias. Cuestión de naipes al descubierto. Cuestión de eliminar a tramposos y tahúres. Cuestión de cambiar el Gobierno. Cuestión de Estado. Cuestión de supervivencia.

 

Siempre por las buenas. Siempre con la bandera de la ley. Siempre atentos a que la ley no sea un nuevo cepo. Siempre. Las cartas boca arriba. Cortemos la cabeza a las víboras.

 

Un saludo.

 

 

¿EXPÍAN LOS ESPÍAS O LOS ESPIADOS?

 

 

Quién no recuerda al general Manglano y al coronel Perote. Muchos dudan de la honorabilidad de uno y del otro. El “pte.” podía ser pendiente o, como servidor, pensaba, presidente. El presidente en pendiente y la pendiente del presidente radicaba entonces en Felipe. Por la forma podría parecerse que España se situaba bajo el dominio del anticiclón del GAL, pero, en realidad, la influencia procedía de la borrasca de Filesa. Siempre el dinero se esconde bajo la primera capa de barniz de las operaciones fraudulentas. Siempre. La causa era Filesa. La excusa, ETA. La consecuencia, el descrédito de un presidente. La coartada, la deriva antidemocrática de ese presidente. Los espías expiaron su pecado. Los ciudadanos espiados expiamos las culpas de nuestros espías. El cielo está emborregado, quién lo desemborregará...


El otrora Centro Nacional de la Defensa nos proporcionó con Felipe un ejemplo de las viñetas, sin gracia, de Mortadelo y Filemón. El posterior CNI nos regaló una muestra, con Aznar, de cómo no se gestiona la conspiración que urdió el atentado de Atocha. El actual centro de espionaje que dirigió -es un decir- el militante socialista Alberto Saiz, se convirtió en la versión más zafia de los personajes de tebeo Pepe Gotera y Otilio. Hoy, destituido el lumbreras precitado, se ha situado en la cumbre del espionaje español a un laureado general, Féliz Sanz, antiguo JEMAD y multicondecorado Teniente General del Ejército español.

 

Por obra y gracia de Carme Chacón y con la bendición del Papa PSOE Zapatero I, el de las Mercedes, el espía jefe nos tiene en ascuas. A muchos españoles. En ascuas. Por qué será. Veamos.


Las declaraciones de Mayor Oreja sobre la potencial alianza entre el Gobierno del preboste Zapatero y los barandas etarras han causado, más que polémica pasajera, ronchones antiestéticos en el rostro de algunos ministros -y ministras- de este Gobierno de la Crisis. Los Pepiño, las Leires, los y las demás pilotos sin rumbo de esta nave que llamamos España, han saltado a la yugular del ex mandamás de Aznar. Han dicho de todo al europarlamentario vasco. Vasco de derechas. Vasco no nacionalista. Vasco hasta la médula. Vasco. ¿Y Rajoy? Me suena. Rajoy me suena.


Ha sido Erkoreka, don Josu, el que ha sacado los colores a Mariano y quien ha puesto de los nervios a la cúpula zapateril más manipuladora desde los tiempos de Alfonso Guerra. ¿Erkoreka? Sí, Erkoreka, el portavoz del PNV en el Congreso de los Diputados. Mal deben ir las cosas al PSOE y al partido de don Sabino Arana para que uno de los más jesuíticos doctrinarios de la doctrina de Arzallus e Ibarretxe se atreva a decir cosas de esta enjundia. Muy mal.

 

Que dice el sucesor de Anasagasti, el inefable ofensor de la figura del rey don Juan Carlos, que si Mayor habla de lucha antiterrorista, “seguro que algún fundamento tendrá”. Toma ya. Rubalcaba, en éxtasis. La titular de Defensa, de relevo afgano. La vice, empadronada en tierras valencianas. Alonso, no Fernando, -que más quisiera-, sino José Antonio, con el aparato parlamentario en off. Cómo van a atacar al PNV. Cuánto dinero costará hacer cambiar las palabras de Josu. Qué consecuencias tendría para Patxi el colaboracionismo traidor de los peneuvistas. Como poco, la Lehendakaritza.


En esta vorágine, ay cómo me acuerdo en estos momentos del Beato Jacobo della Voragine, la ciudadanía se pregunta qué sabe el CNI sobre este tema. Dónde están nuestros espías. Los espías que pagamos los españoles para que la “Inteligencia” del Estado, del Estado español, que no del Gobierno, nos justifique el destino de los impuestos invertidos en ese Centro sito en Madrid.

 

Que nada sabe, hombre, el CNI sobre negociaciones ni interlocuciones ni reuniones gastronómicas. Pues si no lo sabe, a la calle todos. De nada sirven. Por inútiles, fuera. Si lo saben, que digan qué hay de verdad y cuánto de mendaz. Si callan informes de esta magnitud, son traidores a la patria. Que hable el CNI. Que hable.

 

Y si todo es falso, que Zapatero se querelle contra Mayor. Mas si es verdad, que el presidente tenga un rasgo de dignidad y se vaya a Castilla-León, tanto da Valladolid que la capital de San Isidoro. Pero que se vaya. Por el bien de España. Por el interés general. Por necesidad. Por asepsia. Por higiene. Por lo que sea. Pero que se vaya. Ayer, mejor que hoy. Muy lejos.


Los españoles no podemos expiar los pecados de nuestros espías y de los jefes de nuestros espías. Que expíen ellos.


Un saludo.

 

 

 

MISTERIO DE IGUALDAD.


Querrá decir Ministerio. No, dice Misterio. Misterio de igualdad. Un ministerio es, en referencia al Gobierno, un departamento del mismo a cuyo frente se sitúa un ministro. De ahí los ministerios de asuntos exteriores o de economía. Son ministerios. Sin embargo, el de igualdad no puede ser un ministerio. No puede serlo. Por ello, se habla del Misterio de igualdad. La gestión del Presidente Zapatero sobre la igualdad le ha impelido a sacarse de la manga un departamento arcano, incomprensible e inexplicable, inaccesible a la razón. Ese departamento es el llamado Misterio. Misterio de igualdad.


Se entiende la igualdad como el resultado de reunir las cosas en virtud de su naturaleza, de su forma, de su calidad o de su cantidad. En este supuesto semántico, el departamento creado por Zapatero no es conforme a los ministerios de Fomento o Defensa, por citar algunos. No lo es. El propio Presidente lo confiesa: "probablemente el de mayor utilidad en relación a su presupuesto". O sea, el Presupuesto del departamento de igualdad es tan reducido, que su presupuesto es testimonial si se compara con el de los otros órganos del Gobierno. Zapatero lo crea con una mínima asignación presupuestaria. Lo cual agrega esoterismo al Misterio. Si se llama de Igualdad, habría que otorgársele unas cantidades acordes a su rango y, sobre todo, a su nombre. No olvide el jefe del PSOE que la igualdad es un derecho fundamental que adjetiva a los demás derechos y libertades que recoge el “núcleo duro” de nuestra Constitución. Los adjetiva y los multiplica. Sin la igualdad, las libertades serían café aguado. Nada de nada. Ahí tienen a Zapatero. Cómo cae en su propia trampa. Con razón se dice que se coge antes a un mentiroso que a un cojo. Salvo... Salvo que, en vez de Ministerio, el presidente narciso admita haber instituido un Misterio de Igualdad.


Cosa distinta es el Principio de igualdad, en cuanto reconoce a todos los ciudadanos capacidad para los mismos derechos. ¿Lo reconoce el Gobierno? Y si lo reconoce, ¿actúa en consecuencia? Al frente del Misterio, ha colocado a una mujer de su Partido. La señora Aído ha alcanzado tan alta magistratura del Gobierno sin que nadie sepa los méritos que justifiquen tamaño encumbramiento. Miren. Si se defiende la igualdad, no se puede pisotear el significado del concepto. Y se pisotea. De la misma manera que se pasa por el faldón de sus caprichos la capacidad de hombres y mujeres para presidir, con vitola de oportunidad, el cargo en cuestión.


Entonces, si el ministerio es un misterio y si la igualdad es un antifaz sin ojos para esconder la real discriminación, podemos concluir que el presidente del Gobierno hace de éste una logia y de sus ministerios, sectas adheridas indisolublemente al capricho del líder. Logia, secta, arcano, misterio. Mientras tanto, luces de neón que publicitan los juegos malabares de un presidente inepto, incompetente, incapaz, que mete el pie en el mismo cepo que él colocó. Lo malo es que las patadas a sus posaderas las pega en el trasero de los ciudadanos.


Cómo puede hablar de igualdad este dirigente. Cómo. Casi cinco millones de parados le contemplan. Al menos, que destruya otros cinco millones de empleos y, así, el número de trabajadores y de desempleados será parejo, equivalente, equilibrado. Con cinco millones de parados, hablar de igualdad es, más que un misterio, un exabrupto, un dardo envenenado directo al corazón de una sociedad que se desangra. Mientras tanto, el hombre juega a vender humo a las mujeres africanas. Para que España sea, cada vez más, igual, igualita, a Sudán, a Senegal, a Togo o a Tanzania. Eso sí que es igualdad. Y ahí no cabe misterio. Ni ministerio. A esa indiscriminación nos vamos de bruces.


Un saludo

 

CARISMA

Fuerza irresistible. Atracción divina. Carisma. Adquirible. Difícil de preservar. Magnetismo siempre efímero. Ausencia de ego. Amor al pueblo. Se dice del líder que piensa más en los suyos que en él mismo. Búsqueda de la excelencia. Pasión en el entusiasmo y entusiasmo en la pasión. Emociones que mueven montañas. Carisma.


Imán del que sabe autodominarse y avanza con la seguridad de quien sabe alcanzar sus objetivos. Carisma del guía que rectifica y que procura el bien común al que se entrega sin límite de tiempo y de esfuerzo. Fuerza de atracción que nace de la humildad y que a todo sonríe con la voluntad profunda de afirmar su lealtad. Potencia seductora que insufla aliento al aire, luz a la flor y calor al mar. Hechizo que sirve y no es servido. Sugestión suprema que da sentido a la vida.


Lo busco y no lo encuentro. No está pero sí es. Es de un mundo no terreno que no encuentra acomodo, acaso reflejos, en el nuestro. Lo busco y no lo encuentro. Nadie está ungido por el crisma. Si acaso rociado por el óleo o perfumado por el bálsamo. Mas no por el crisma. Crisma de crismón. Carisma.


Hoy. Viernes de crucifixión. Los cristianos no celebran la muerte de Cristo. La conmemoran. El judío. Sólo en su vida se halla el carisma. Incluso en algunas hagiografías se rastrea la huella. Nada más que una leve estela. A veces quisiera revestirme del don negado de la fe para ver lo que mis ojos no iluminan. Sistema, poeta, sistema, que pedía León Felipe. Holla la tierra. Condena el ultraje. Patea el surco. Abre camino. En la tierra. Por ti. Por uno mismo. Por los demás. Sin protección divina. Cristo humano que todos los años muere. Muerto por la acción de unos pocos y la cobardía de los muchos.


Carisma. Cristo. Nadie más. En la tierra. En el cielo, no lo sé. No lo sé. No me lo creo.


Un saludo.

 

JUEVES SANTO

 


Lo del amor fraterno es todo un lema. Un lema revolucionario que se remodela en la fiesta sacra de la Semana Santa. Hermanos. La trilogía conceptual de libertad, igualdad y fraternidad que se ondeó, como bandera de progreso, en la Revolución Francesa, pronto trocó el último término. La fraternidad dejó paso a la propiedad.


Día del amor fraterno. Me suena tan hueco como el día de la mujer trabajadora o el día de la paz mundial o el día de la igualdad entre blancos y negros. Igual de vano. Igual de pretencioso. Igual de hipócrita. Y, sin embargo, se rememora una efemérides al menos para desempolvar los estratos de rutina y conformismo que sepultan la dermis de nuestra conciencia. El sonido hueco se combate con el espacio pleno, con la palabra enriquecida, con el mensaje auténtico. En su defecto, el hueco se hace dueño del sepulcro de nuestras vidas. En vez de avanzar, se retrocede, En lugar de gozar, caemos en la maraña de la insufrible supervivencia diaria. El Jardín de las Delicias que pintara El Bosco nos prevenía sobre las soledades, las imperfecciones y la ausencia de moralidad. El amor fraterno se descompone en el ácido del adjetivo y en la utopía del sustantivo.


Religión y filantropía. Ambos caminan hacia la misma meta. La redención del hombre a través de la divinidad o de la humanidad. Lances paralelos. Siempre Judas acecha en el rincón, se agazapa en la oscuridad, el cuchillo a la mano prendido y la navaja adherida a la lengua infame. La traición se materializa en los renegados que en el mundo son. Renegados de sangre, de ideas o de tribus. Da igual. Reniegan de los demás en beneficio propio por más que de aquéllos hayan recibido la lealtad, el apoyo y el aliento para no desfallecer. Es lo mismo. Reniegan de sí mismo y clavan la guadaña de la muerte ética en la carne del hermano, del padre o del amigo. Dante Alighieri decía, en su “Divina Comedia”, que la traición era el máximo pecado que se pueda cometer y que, por ello, merecer la peor de las condenas. El traidor se hace reo de ser devorado por el mismo Satán.


Jueves Santo, día del amor fraterno. Paradoja. Jesús, traicionado por el Iscariote. Julio César, víctima de Bruto. Amo la traición, decía, pero odio al traidor. En época de crisis como la que nos atenaza, el barroco acude fiel a su cita. El gran dramaturgo del siglo XVII, Calderón de la Barca, refería sobre la traición: “siempre el traidor es el vencido y el leal es el que vence”. Literatura. Poesía. A veces sucede así. Casi siempre, lo contrario. Es la eterna lucha entre lo utópico y lo distópico. Entre la felicidad ideal y la necesidad hecha virtud. Saludo.


Sigo a Confucio: “Cuando veas a un hombre bueno, trata de imitarlo; cuando veas a un hombre malo, examínate a ti mismo”.


Un saludo.

 

 

T.C. CONFIDENCIAL


El nombre parafrasea el título de la película que, sobre la policía de Los Angeles, dirigió en 1997 Curtis Hanson y protagonizaron Kim Basinger, Russel Crowe y Kevin Spacey. Mediado el siglo XX, la corrupción reinaba en la policía angelina al socaire del vicio que dominaba la alta e influyente sociedad de la época. No podía ser de otra forma.


Viene a la memoria de este articulista el discurrir social de la España de principios del siglo XXI. La política se adentra, hoy, en unas esferas de poder que expelen un mefítico olor. La avidez de poder dimensiona el espectro socioeconómico, desde un lado al opuesto. Los medios afines al Gobierno y a los dirigentes autonomistas bailan al son que interesa a los subvencionadores de dinero público. Que la redacción del periódico tal sigue el compás de la partitura, fajos de billetes de quinientos para alimentar el bolsillo desvencijado por la ínfima venta de ejemplares. Que una cadena de televisión es incapaz de asomar el cuello entre las olas de las TDTs, el organismo cual le insufla aliento vital a base de cientos de miles de euros para auparse a la balsa salvadora. Se dispara con pólvora del rey, del contribuyente soberano.


La ciudadanía se desespera, superado el estadío de asco, por el montaje que, a diario, erigen unos y otros. El despotismo ilustrado adquiere en los albores del tercer milenio de nuestra era, unos tintes de tiranía impensables en una sociedad democrática sana. Sana, que no vergonzante. La separación de poderes que preconizara Montesquieu ya fue enterrada por el inefable Alfonso Guerra, “mienmano” del gran cafetista Juan. De aquel entierro, este duelo. La batalla mediática en torno al poder judicial se tiñe de negro. Los jueces de la ley se enfrentan a la ley de los jueces. En el fragor de esta guerra de potencias, el acto se pudre. El acto es la justicia. Los Calamita y Los Garzón. Los Garzón y los Calamita. Las De la Vega y las Casas. Las Casas y las De la Vega. Unos, imputados. Otras, en el disparadero de las dudas de la gente.


Después de casi cuatro años de de debate, la sentencia sobre la constitucionalidad del Estatut está a punto de salir a la luz. Eso se dice. El rumor circula de vez en vez y con la misma cadencia que emerge, se ahoga en el propio vómito de la conveniencia de unos y otros. Y el Tribunal Constitucional, en medio. Rodeado por la polémica y condicionado por la política de derechas e izquierdas, el máximo intérprete de la Constitución dilata su Resolución. Casi 4 años de retraso que el común no puede comprender. O no se quiere creer. O, desde la buena fe, se resiste a aceptar.


En la rueda de prensa subsiguiente al Consejo de Ministro prevacacional, la vicepresidenta de la Vega se reviste del morado de pasión semanasantera y declara: “los tribunales siempre han respetado las campañas electorales". Toma ya. La justicia universal al albur de la política más localista. Las elecciones catalanas y las vascas. Las nacionales y las autonómicas. Las municipales y la sindicales. Todas las elecciones. Para la señora vicepresidenta, ojo, para la mano derecha política de Zapatero, el “tempo” ha de adecuarse al espacio y el concepto ha de someterse a lo razonado y razonable. O sea, la vice introduce lo que los juristas denominan un concepto jurídico indeterminado.

 

La indeterminación reside en qué entiende doña María Teresa por razonado y razonable. Si acorde a razón jurídica, si afín a intereses partidistas o si favorable a un territorio histórico. Las reglas del juego son sustituidas por el juego de las reglas. El poder sepulta a la autoridad en la medida que el violento aplasta al pacifista y la dictadura se encarama sobre los hombros de los sufragios asesinados.


Ay, doña Teresa, en Beinixidá empadronada de urgencia y en Madrid domiciliada de status. Ay. La agilidad de la justicia es dependiente. Dependiente. ¿Como la justicia? O como la injusticia. Mientras tanto, el Estatut sigue “palante”, hace camino al andar. Sigue siendo una ley en vigor y con legitimidad democrática. Mire, doña Teresa. Repare, doña Emilia. En vigor, sí, sin duda. Con legitimidad democrática, no me lo creo. Lo legítimo es lo lícito, lo cierto, lo genuino y lo verdadero en cualquier línea. En cuanto a lo democrático, se refiere a la política favorable a la intervención del pueblo en el gobierno de un Estado. El pueblo español vota. Ahí comienza, y termina, su gestión. Corto recorrido para tan amplia zancada. Ay, doña Teresa.


En el despotismo ilustrado, todo era para el pueblo pero sin el pueblo. Qué me da que ahora es peor. Todo para los partidos y al pueblo que le den... palos en las costillas y paro en la dignidad. Lo dicho. Me acuerdo de L.A. Confidential. Lo malo es que esta película no se proyecta en sesiones de cine, sino en los telediarios. Y no es de cine negro. Más parece de rosa roja en  puño prieto y opresor. Y las doñas no tienen semejanza alguna a la Bassinger. Si al menos... No convencen por la razón. Tampoco seducen por los sentidos. Ay, doña María Teresa.


Un saludo.

LA MEDALLA DE AZNAR

 

 

Nunca antes voté al Partido Popular. Nunca. Hasta que José María Aznar asió -sí, asió- las riendas de la organización que fundara Manuel Fraga. Aznar miró a su derecha y encontró los restos del naufragio de la UCD. Giró después la vista a la izquierda y halló el páramo desértico. Nada por aquí, nada por allá. Y como los prestidigitadores, ale hop, voilà, el PP. De Alianza Popular al Partido Popular. Pocas veces un cambio de nomenclatura varió tanto una idiosincrasia. De la misma forma que un dirigente se hace líder cuando prescinde de la rutina y se lanza, a tumba abierta pero con paracaídas, a un futuro muy incierto. Muy oscuro. Muy complicado. Ahí entró Aznar.


Aznar. Una primera legislatura de ensueño que antecedió a cuatro años de prepotencia. En el momento en que los dirigentes suben al pedestal y dejan de pisar el suelo, -que nunca se ha de dejar de hollar-, creen mutar su carisma de obrero por su aura de patrón. Es un hecho que ha acompañado a tantos prohombres a lo largo de la historia. No ocurrió con Suárez. El pobre Adolfo bastante hizo con lidiar el lote que le tocó en suerte y con la cuadrilla que le adjudicaron. No hay elogios para agradecer su inmenso trabajo de estadista. Sin embargo, cual el divino Felipe González de los 202 escaños, el Aznar de las elecciones de 2000 sufrió el síndrome de la peana, el vértigo de la altura. El vértigo desequilibra hasta el extremo de turbar, de forma pasajera e incluso repentina, el juicio de los más cualificados, el raciocinio de los mejores.


No fue Irak. No. Irak fue, acaso, la causa formal. La causa eficiente fue otra. La causa eficiente fue la creencia de que es oro todo lo que el líder toca, decide, determina o hace. La mayoría absoluta con la que Aznar inició su segunda legislatura fue el telón que se levantó para comenzar el segundo acto de una representación que pudo ser grandiosa, genial, apoteósica, y terminó en la tragedia del atentado del 11-M. Ni siquiera el aviso del Prestige iluminó la nublada razón del Aznar más envanecido. El atentado de Atocha arrebató a Aznar la gloria. La magnitud de la matanza se multiplicó por obra y gracia de una prensa hostil y de un psoecialismo vengativo y cruel. Este articulista no discute tanto las decisiones como el modo. No discrepa de los conceptos, sino de los procedimientos. Está seguro de la aptitud del ex presidente, pero rechaza ciertas actitudes del jefe de aquel Gobierno.

 


Con todo, a pesar de todo, la figura de Aznar se ha convertido en santo y seña de una parte de la historia del siglo XX. El peso político de Aznar era manifiesto antes de acceder a la Presidencia. ETA puede dar fe. El González del Gal tenía fecha de caducidad y el hombrecillo del bigote empujaba con seguridad e inteligencia. El gran triunfo de Aznar está por llegar. La deriva política, social y económica del presidente Zapatero, ofuscado entre sus complejos y sus ambigüedades, acrece el recuerdo del estadista. Del estadista al politiquillo/politicastro media un precipicio demasiado abrupto. La diferencia es notoria. Los resultados asustan. La medalla que Aznar nunca se colgó, de la solapa del chaqué ha de pender. Es la insignia del bienestar del pueblo, la vitola del orgullo de la nación española, el marchamo de la calidad de un Estado democrático. El propio Aznar es la medalla. 


La medalla de Oro del Congreso de Estados Unidos es una pasada. Una emboscada. Una más de la maquinaria goebbelsiana zapateril. El 11-M sirvió para entonces. La proximidad electoral -de nuevo, Atocha- tiene de los nervios al psoecialismo mercenario. Aznar es el tótem. Todavía lo es. El informe del Tribunal de Cuentas repugna a la ciudadanía más imparcial. Ni siquiera el Ministerio Fiscal de Conde Pumpido se atreve a esgrimir motivos personales espurios. Interés público, proclama la Fiscalía. No importa. El asunto será manoseado hasta la náusea. De ello se encargará la prensa del Movimiento. Del Movimiento Nacional del PSOE.


Como estamos en Semana Santa, habría que rezar: “perdónalos, Señor, porque no saben lo que hacen”. Sin embargo, uno no conoce según qué plegarias y, en su lugar, matiza: Si quieres perdonarlos, Señor, muy bien, pero saber lo que hacen, vaya que sí lo saben. Especialistas que son, Señor. Especialistas. Pero, Señor, que el perdón a ellos no implique la muerte de otros. Que el principio de reinserción social no lesione el principio de prevención de la criminalidad, Señor. Que Aznar merece una medalla. Lo que no merece es que sea estrangulado con ella.


Un saludo.

 

LUNES DE PASIÓN

 

    El Pathos griego recupera en el cristianismo toda su esencia. Grecia es la fuente de inspiración del mundo occidental. La Grecia clásica cedió su cetro a la Grecia helenística. Transformó la charis de Praxíteles en la contorsión mayestática del Laoconte. Al tiempo, el imperio universal de Alejandro fue absorbido, por la fuerza de las armas, en el tornado militar de la emergente Roma. Roma derrotó a Grecia, se dice. Verdad a medias. Roma triunfó en el campo de batalla, pero fue abducida, subyugada, por la Grecia de la cultura, de las artes, de las ideas.


   Cristo nació y murió en tierra romana. Belén era, entonces, romana. Y el judío rey vio la vida bajo la potencia de las legiones de Roma. Fue crucificado por romanos. Murió y fue sepultado en suelo imperial. La figura cristiana del buen pastor se inspiró en el moscóforo griego. Toda Roma fue Grecia. Toda la Hispania romana se nutrió del milagro heleno. Después recibimos la herencia “bárbara” de los visigodos y el fantástico legado de los musulmanes. Fue después, mucho después.


    El cristianismo impregnó tanto la cultura occidental que, veintiún siglos más tarde, el sudor del crucificado se mezcla con el nuestro, seamos creyentes o no. Se mezcla. Como Machado, subimos por la escalera para quitarle los clavos al nazareno Jesús. Claveteamos primero y, sangrante la herida, queremos arrancarle de la cruz. Laceramos y pedimos perdón para, sin solución de continuidad, limpiar la llaga impía.


   El Barroco exacerbó el sentimiento cristiano. Cristo no fue sólo el dios de muchos. Cristo fue la imagen de la humanidad esclava, cautiva, sojuzgada. El mensaje de Jesús fue un grito de superación, un estandarte de no rendición, una llamada a la resistencia, una negativa a la muerte de la libertad, un llanto inconsolable por la igualdad de los hombres y de las mujeres. Ese mensaje fue su pathos. El irresistible dolor que soportó el que dicen hijo de dios, fue el tablón al que se agarran los náufragos de la plebe en el océano bravío de los poderosos sin alma.


    Hoy, lunes de pasión, acudimos todos, asistidos, o no, del don de la fe, a la representación de lo que es la historia de la humanidad. Victorias y derrotas que jalonan las vidas en una secuencia multirrepetida. Cristo padeció. Todos somos pequeños cristos. Unos caemos antes, incapaces de admitir nuestra nimiedad pero, al mismo tiempo, de reconocer la grandeza que escondemos. La procesión de las palmas nos advierte de la futilidad de nuestros gozos, lo perecedero de nuestras alegrías, la inconsistencia de nuestros éxitos. Cristo se limita a decirnos que si la gloria del mundo pasa con la velocidad del rayo, la lucha nos curte con la lentitud más exasperante. Que, como nos transmitieron los filósofos griegos, el movimiento no es sólo el paso de la potencia al acto, que también, sino la pugna entre contrarios.


    Lunes de pasión. La potencia se actualizó. La noche y el día, la luz y la oscuridad, el bien y el mal, enfrentados. Tras la lucha, la vida. No es la muerte el fin. El fin es la vida. Nunca muere el espíritu. Nunca. Lunes de pasión, pero no de muerte. Lunes de vida.


    Un saludo.

 

PINCHAZO DE LA BURBUJA INMOBILIARIA

 

Hacienda no sabe de dónde sacar. Es posible que, a estas alturas de la película, sea el único organismo que no se haya enterado de la crisis. De la crisis y del pinchazo de la burbuja inmobiliaria. Lo que estaba inflado como un globo en 2007, ha dejado escapar el aire artificial y, hoy, en 2010, ha perdido la obesidad mórbida de antaño. Los precios de ayer se han desmoronado hoy. Más allá del treinta por ciento de su antigua tasación. Así es, si así os parece, que decía Pirandello. Así es porque no hay tu tía, parafrasea Banco de España. Miguel Ángel Fernández Ordóñez lo ha dicho bien claro: “Los bancos y cajas de ahorros en su conjunto cuentan con provisiones suficientes para absorber un quebranto del 35% de su cartera potencialmente problemática de construcción y promoción inmobiliaria”. La declaración ha tenido lugar el día de la fecha. Pudo producirse tres años antes. Pero no. Hoy.


Hacienda debería, pues, enterarse de que los impuestos, ya sea el IVA ya el ITP, deberán aplicarse sobre los precios reales de compraventa y no sobre el valor inflacionario de hace un lustro. Pues no. Como no le salen las cuentas, el ente tributario esgrime el valor del catastro como clavo ardiendo para activar la escualidez de la fuente de ingresos. Le importa un silbato la crisis y un pito la verdad. Dinero. Lo que pretende es dinero. Y si acusa de fraude a todo comprador por el mero hecho de adquirir barato, debe demostrarlo pues en Hacienda recae la carga de la prueba. Mientras tanto, a recurrir, a litigar, a resistir, como dicen los juristas italianos. Viva la economía procesal.


La Agencia Tributaria actúa como si el mercado inmobiliario fuere un coso inmóvil, de figuras tan regladas, que al abc le sucede, inevitablemente, el d. Quiere dinero. No importa que las empresas del ladrillo entren en quiebra, que los expedientes de regulación de empleo se multipliquen, que los flujos financieros se sometan al vaivén de los intereses. No importa. Dinero. Es muy sencillo. El Informe de Estabilidad Financiera lo proclama: del total de la inversión en el sector de construcción y promoción inmobiliaria, los créditos dudosos suponen casi el diez por ciento del total invertido. El ajuste inmobiliario está comportando un riesgo añadido.


La subida de impuestos tiene sus defensores y sus detractores. En cualquier caso, hay que sujetarse a la norma. Se consumirá más o menos. La renta disponible determinará la capacidad de cada uno. Pero los impuestos se producen sobre la base imponible del producto. En la división inmobiliaria de la economía, la base imponible ha descendido. Más allá de un tercio respecto a mil días antes. Todos los propietarios de viviendas hemos perdido en el envite. Todos. Algunos, un poco más. Las familias que se han declarado en quiebra, ni les cuento. Los que han vendido sus joyas, no se han desprendido de las mismas por un acto graciable. No. Por necesidad. De la misma manera que los que se han visto obligado a vender sus viviendas. Por narices. Por supervivencia.


Señores de Hacienda. Es la crisis. Es el cambio de la base imponible. El Gobierno, que suba los impuestos. Pero que la base imponible se mantenga en los valores del mercado. Del mercado actual. Del mercado en franca recesión. No del mercado de la suave desaceleración. No sé si me he explicado. Pues eso. Rompan la hucha. Que la de los contribuyentes está, tiempo ha, hecha añicos.


Un saludo.

 

RACIÓN DE SUBVENCIONES


   Marchando. La Cámara de Cuentas. De Andalucía, claro. Se supone que es el órgano de control externo de los presupuestos y de la actividad económica, tanto de la Junta como de los ayuntamientos y, en general, de todo el sector público de la Comunidad. Sólo control. Ejecución, nanay de la China.


   Se pretende hacer creer al ciudadano que la Administración ingresa y gasta de forma correcta. O dicho de otra manera, que los recursos públicos se utilizan en aras al bien común y no a la satisfacción de los intereses privados de unos cuantos. Control. Sólo control, porque depende, orgánicamente, del Parlamento andaluz. ¿Que quién controla el Parlamento de Andalucía? Pues miren: el mismo partido que detenta el gobierno autonómico, desde que tenemos democracia en España. ¿Y qué partido es tal? No les quepa duda: el PSOE. ¿EL PSOE? Sí, el PSOE.


   El Informe evacuado por la Cámara de Cuentas pone de manifiesto las innumerables irregularidades y deficiencias que se producen en el marco del funcionamiento de las distintas Consejerías. Por ejemplo: se admiten solicitudes no ajustadas a norma; no se justifican ciertas actividades subvencionadas; existe laxitud o indiligencia en el seguimiento, etc.


   El control cuesta. Mas, de qué sirve este control si los informes apenas vinculan y las consejerías siguen haciendo de su capa un sayo. No es posible que en España y en Andalucía se hable de austeridad y la Cámara de Cuentas no denuncie el despilfarro. No entra en cabeza jurídica que la Constitución proscriba la arbitrariedad, y se dicten resoluciones carentes de motivación. Repugna a la ciudadanía el que el derecho fundamental de igualdad se convierta en el hazmerreír, toda vez que la discriminación forma parte indeleble de la acción de no pocas administraciones.


   Marchando otra de subvenciones. Oiga, que el pan está duro, que el pescado, congelado y caduca la carne; que los cubiertos, sucios, los baños, infectos y la cocina, con mugre. Oiga, que esta ración puede causar enfermedades al consumidor y problemas añadidos al establecimiento. Prevención. Higiene. Asepsia. Nada. Nada. Se le da y punto. Es de confianza. Sabe a qué atenerse.


   Pero bueno, es que la subvención perfecciona una relación jurídica. Sí, pero deben observarse unas condiciones legales. No caben el precario ni los saltos administrativos. Pues caben. Lo dice la Cámara de Cuentas. Los beneficiarios se llevan sus buenos dineros y la Administración,... ¿Qué gana la Administración? No sabemos el qué. Pero ganar, gana. Nadie da duros a pesetas. Nadie. Ni se fiscaliza ni se inspecciona. En su caso, ni se sanciona ni se revoca.


  Todo un ejemplo. A no seguir. Mientras los andaluces callemos, no pidamos tierra y libertad. Sea por Andalucía psoecialista, España separatista y esto, sí esto, para la humanidad.


   Un saludo.

CIUDADANO CORTÉS, JUAN JOSÉ

  La actitud de las cábilas psoecialistas es obscena. Una vez más, algunos militantes del Partido en el poder hacen de la formación una secta. Una secta furibunda. Todo es permisividad mientras la población de la tribu respeta al hechicero y se inclina ante el jefe. Cuando esto no se produce en la medida dictada al milímetro, comienzan las cortapisas. Aparecen, en primer lugar, los ojeadores. Observan la importancia del episodio, informan y, desde la jaima del principal, se adoptan las decisiones exploratorias. Con frecuencia, el ganado indócil retorna al redil. Se apunta la falta y se previene al infractor. Y así.

 

    El rito permanece invariable desde hace un siglo. Que nadie se mueva, avisaba don Alfonso Guerra. Pressing de agobio. Que la foto es muy sensible y detecta el más nimio guiño. Que se lo digan a Pablo Castellanos. O a Joaquín Leguina. O a Cristina Alberdi. O a Jordi Sevilla. Que se lo digan. Ahora le llega el turno a Juan José Cortés. El hombre sacó los pies del tiesto y le quieren cortar la lengua. Jefe, brujo y acólitos se retrataron, aprovechados, junto al dolor del padre. No al lado del hombre. A la vera del dolor personal más sagrado. Se retrataron. Una vez más, el engaño fue fin. La manipulación del hombre, medio.

 

    Juan José Cortés ha roto su carnet del PSOE. Lo que ha hecho. Se atreve a desafiar al poder del jefe. Y, además, no calla. Coquetea con los de Rosa Díez, otro icono en desgracia, y, para colmo del desvarío sacrílego, se acerca a la troupe popular de Rajoy. Ojo. De Rajoy y, sobre todo, de Aznar. Habráse visto. A por él. Suelten a los lobos. Abran las compuertas herméticas de la caverna. Que huelan a la presa. Que salten al pescuezo. Dentelladas al gaznate. Sin remilgos. Sin piedad. Que pague con la vida. Así no hablará. Hagan campaña previa. Que se aprovecha de la desgracia de su hija. Que busca sacar rédito de su luto. Que actúa movido por una ambición enfermiza. Que es un pobre hombre sin estudios. Que está cegado por las luminarias de las televisiones. Corroído por el ansia de dinero. Siléncienlo.

 

    Este relator no conoce personalmente al señor Cortés. Sin embargo, he seguido sus intervenciones públicas con un interés inusitado en quien esto escribe. Juan José Cortés se ha mostrado como un hombre íntegro, sereno, capaz, lúcido y entero. Sensato Cortés. Dechado de sentido común Juan José. Con una inteligencia natural que descubre un interior cultivado. Que no tiene título y no puede asesorar en Derecho Penal, le reprochan. Anda. Ni Pepe Blanco. Ni Luis Pizarro. Ni José Montilla. Y ahí los tienen. En altas esferas políticas. Claro, que ellos son de la cábila y a ella se deben. Entonces, sí. Entonces, los plácemes y las loas. No se apartan de la senda y la senda dirige sus pasos con la fidelidad del nacido esclavo. Fíjense en la experiencia académica, profesional, empresarial o política del señor Zapatero. Más de veinte años de diputado cunero y, de pronto, he ahí, la cumbre. Ha llegado a la cima sin más oficio y beneficio que la obediencia debida, la buena palabra y la nefasta acción.

 

    Juan José Cortés. Le animo a seguir. Conserve su esencia. Busque la luz del ejemplo. Aléjese de las pompas y de las malas obras. Usted no es cábila. Es persona. Es ciudadano.Ciudadano Cortés, Juan José.

 

    Un saludo.

 

 

ALIADOS POTENCIALES


Lo ha dicho Mayor Oreja: “Zapatero y ETA pueden ser aliados potenciales. Mare, lo que ha soltado el eurodiputado por esa boca. En frio. Lo ha arrojado, desde la serenidad, a la cara de los psoecialistas. No en caliente, como pudiera pensarse. En frio. Sabiendo lo que dice y argumentando sus palabras. Que son duras. Psé. Según se mire. El Gobierno está tan acostumbrado a manipular a la opinión pública que cuando alguien marca su territorio, no hay fuerza capaz de extrañarlo. Salvo con los pies por delante.


Este articulista, en su modesta dimensión de onubense de nacimiento y filia, adelantaba, días atrás, algo al respecto. Servidor decía el pasado 9 de marzo, dentro del artículo ETA Y ESTADO, lo que sigue y, ahora, entrecomillo: “Del obligado letargo sólo saldrá cuando algún Eguiguren maniobre para pactar otra tregua. Entonces, recuperará fuerzas y recompondrá la máquina de asesinar. Hasta la próxima”. A quien les escribe, le faltó información contrastada para trasladar el mensaje de Mayor Oreja, con la contundencia del ex ministro y con la proyección mediática del líder vasco.


Pero pensarlo, lo que ustedes quieran. Como tantos millones de españoles. ¿O acaso no es conocida la tendencia del presidente, y adláteres, a la mentira, a la manipulación, a la tendenciosidad informativa, a arrimar el ascua a su sardina o a hacer de mangas capirote? ¿O la expresión “engaño masivo”, referida al 11-M, no la acuñó Zapatero? ¿Es que el lapsus linguae de confundir accidente de Barajas con atentado en la T-4 no lo pronunció el Secretario General del PSOE? ¿Tal vez no es atribuible a don José Luis Rodríguez la defensa conceptual de la desaceleración económica en vez de admitir la definición, con propiedad, de recesión? ¿Cuántos ciudadanos de este país que llamamos España no han oido al presidente de la nación que es un concepto discutido y discutible?


Mayor Oreja ha expresado, en alta voz, con una dicción envidiable, lo que gran parte de la ciudadanía recela. Recela y teme. Que ETA siga condicionando la vida política española. Que el Gobierno de Zapatero claudique, una vez más, ante el chantaje abertzale. Que las marcas blancas de la corporación etarra sustituyan, en fraude de ley, a la imagen terrorista de la banda asesina. Que Patxi López se quite, de pronto, la careta españolista que le ha prestado Basagoiti y muestre el rostro menos amable del nacionalismo independentista.


ETA y Zapatero, aliados potenciales. Mayor Oreja. Aliados. Dícese de quienes están unidos con otros. Potenciales. Refiérese, en una acepción, a lo que puede suceder, en contraposición de lo que ya existe; en otra, a un enunciado de la acción como posible. Aristóteles. Movimiento: paso de la potencia al acto. Aliados en potencia. Lo que se teme es que la alianza devenga acto. Se teme. Se sigue temiendo. Con toda la razón del mundo. El temor se disipará cuando las buenas palabras del presidente se perfeccionen en una acción creíble de su Gobierno.


Entonces, sí. Lo que pasa en que el que firma no confía en ese entonces. Nada de nada. Res de res. Eskerrik asko. Ez horregatik.


Un saludo.

 

 

ROTULAR EN CASTELLANO

  El ministro Síseñor Gabilondo es la excelencia de la docilidad. El Gobierno ha elegido titular de Educación a un representante genuino de la obediencia más servil. Al igual que su hermano Iñaki, cuya adhesión a la causa de PRISA está fuera de toda sospecha, Ángel Gabilondo se gana el sueldo de ministro. No por lo que hace, que no da una. Por lo que no hace. Por lo que busca complacer al César. Por su capacidad de poner cara de panoli en asunto de Estado. Por negar que el Guadalquivir atraviesa Córdoba. Por asegurar que Cuba no es una dictadura. La cartera de Educación está en buenas manos, las de Siseñor.


   Este señor se nos presenta como un adalid del Pacto por la Educación. Tendrá cara. Quiere llevar al PP al huerto del Pacto educativo y ni siquiera indica de dónde parte. Su ocurrencia, macabra y perversa, cínica y maliciosa, de decir que no se puede multar por colocar rótulos en castellano, desvela el sesgo desvergonzado de este artista de la política. O le falta cultura o le sobra hipocresía. O desconoce la realidad de Cataluña o prefiere ignorarla. Quiere un pacto educativo y silencia el acoso lingüístico de la Generalitat. Gabilondo es de los que confunden la inmersión con la sumersión. Los catalanistas dicen defender la inmersión lingüística cuando en realidad procuran la sumersión, hasta el ahogo, de la lengua castellana.


   Rotular en castellano. Proteger las libertades. Garantizar los derechos. El primer infinitivo, perseguido, sancionado y multado. El segundo, más de lo mismo. En cuanto al tercero, que si quieres arroz, Catalina. La Educación para la Ciudadanía del PSOE es la mordaza a la libertad de educación. Si el partido casi único que desgobierna España obliga a cursar esta materia, es porque ni ampara la libertad ni respeta los derechos. Individuales y colectivos. Eso lo sabe el hermano de Iñaki. Pero como el que escucha llover y cree conjurar el diluvio taponándose los oidos. Ciego, sordo y mudo. Gabilondo no quiere pactar con el PP. Exige que éste paste en la mano tendida llena de forraje. Otro de los que confunden pacto con pasto y negociación entre pares con imposición a pares. Mas no se confunde Gabilondo. Ni hablar. Como no se confundió su hermano con el mensaje de los terroristas suicidas. Sus intenciones son aviesas.


   ¿Imagina alguien que en una región, distinta a Cataluña, rotulase alguien en la lengua de Llul y Esperanza instase su sanción? Servidor, no. El síseñor Gabilondo, tampoco. Lo que pasa es que en el caso catalán, Gabilondo no imagina. Alucina. Y se cree que los españoles somos tontos. No se cansa de decir gansadas ni de proferir mentiras ni de lanzar dardos envenenados. Otra cosa no harán, pero rotular... Rotular, lo que quieran, siempre que no sea en castellano.


   Un saludo.