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Francisco Velasco. Abogado e historiador

UN PASO MUY ATRÁS

 

La declaración del estado de alarma es constitucional, ruge la araña negra del Gobierno. Pues claro que sí, ¡señor!, ¡a sus órdenes señor! Como es constitucional el derecho a la igualdad y usted, ¡señor!, ¡a sus órdenes señor!, no ofrece respuesta a la discriminación creciente que sufre el colectivo de cinco millones de personas en paro. Como es constitucional, ¡señor!, ¡a sus órdenes señor!, que se proscriba la arbitrariedad y el Gobierno del señor Zapatero -a un paso de la defenestración presidencial de facto- ha hecho de ella el principio administrativo que corona sus actuaciones. Como es constitucional la defensa de la unidad de España y los separatistas vascos y catalanes con los que su Partido chanchullea trocando votos por millones de euros, no hace nada para restaurar el roto. Todo ello, con respeto, ¡señor!, ¡a sus órdenes señor!

 

A partir del estado de alarma que se ha sacado de la manga el Gobierno títere del Psoe, se pone sobre el tapete una realidad que, por multidenunciada, no todos aciertan a vislumbrar. La realidad es la tentación, qué digo, la vocación de los seguidores de Pablo Iglesias en disfrazar de aires democráticos su verdadero hábito negro de monjes del fascismo más repugnante y del totalitarismo más mugriento. El estado de alarma no es sino un aviso a próximos navegantes que se atrevan a surcar las malolientes aguas que cercan el castillo sin puente levadizo del Gobierno sociata.

 

Se advierte a los pilotos de líneas aéreas, a los funcionarios, a los pensionistas, a los barrenderos, a los fumadores, a los pacientes terminales, a las mamás recién embarazadas e incluso a los nazarenos, que, ojito, que pueden recibir un alarmazo en toda la boca y quedarse sin piños durante unos cuantos meses. Y, además de la mutilación dental, se les puede pasar factura por sutil trabajo odontológico e incluso talones de Iberhotel por transporte y alojamiento en prisión de cinco estrellas. El negocio del siglo. La política de austeridad arranca de la cooperación del pueblo. Si la gente se calla, obedece, se sienta tranquilita a ver la Noria de María Antonia, y a repetir a los comisarios de la checa de barrio el obligado ¡señor!, ¡a sus órdenes señor!, entonces, todo irá sobre ruedas. Entonces, todos seremos partícipes del celestial advenimiento del dios zapatero y de toda su parentela.

 

Un paso muy atrás. Lo del estado de alarma es una puñalada en el corazón de la democracia. Han esgrimido, como coartada inmunda, la actuación de los controladores. Ayer. Mañana, la rebelión de la granja. Los pollos, descabezados y los granjeros, con sus cabezas del tronco separadas. Las crisis son el escenario idóneo para el fomento de los extremismos. Los fascismos y los comunismos encuentran en la crisis el abono que hace crecer el proselitismo macabro. Cada movimiento tira de la cuerda en sentido opuesto hasta que la soga termina por romperse.

 

Basta mirar a nuestro alrededor para comprender cómo la crispación se va haciendo hueco en la masa social. La mentira política resuena con estrépito en según qué prensa. Los aduladores del demonio de Satán reciben la manutención que sostiene sus vacías existencias.

 

Se necesita una catarsis. No vendrá, como es de desear, de una liberación interior fruto de una profunda experiencia vital. Será, es, ¡señor!, ¡a sus órdenes señor!, efecto de una tragedia capaz de suscitar horror, temor o, al menos, compasión.

 

El estado de alarma es un paso de gigante hacia el averno de la dictadura. Y no será el último. De perdidos, al río, se dicen los militaristas del Psoe. ¡Señor!, ¡a sus órdenes señor!

 

Un saludo.

ZARRÍAS, EL PRESUNTO

 

 Toda persona acusada de delito tiene derecho a que se presuma su inocencia mientras no se pruebe su culpabilidad, conforme a la ley y en un juicio público en el que se le hayan asegurado todas las garantías necesarias a su defensa. (artículo 11 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos).  El artículo 10.2 de la Constitución Española se expresa en los siguientes términos: “Las normas relativas a los derechos fundamentales y a las libertades que la Constitución reconoce se interpretarán de conformidad con ella".

 

Presunción de inocencia que se consagra en Estados donde impera el Derecho y no la mafia o el fascismo. Todos somos inocentes mientras no se demuestre lo contrario. Salvo que lo diga Zarrías, don Gaspar. Convendrán conmigo en que Gaspar es un ciudadano que ejerce su derecho a la libertad de expresión. Verdad que sí. No obstante, me darán la razón en tanto esa libertad no diluya como azucarillo en aguardiente el derecho de los ciudadanos a su inocencia penal. O lo que es lo mismo, a no ser considerados delincuentes mientras no exista condena firme. Don Gaspar que, para desgracia de este país, es Secretario de Estado (de alarma), niega a los controladores aéreos la presunción de inocencia. Acaso porque se pasa por el forro de sus pantalones los derechos humanos y por el siete de su corazón las garantías constitucionales.

 

De otra manera, no se explican sus injuriosas palabras sobre los trabajadores. O sí. Después de tantos años de correveidile del ex virrey andaluz, sr. Chaves, pasaportado éste a la vicepresidencia florero del Ejecutivo inane de España, Zarrías se considera con derecho de pernada verbal y trata  a los inocentes como presuntos delincuentes. Es un enamorado de la España democrática. Se le nota. Vaya que sí. Los controladores, delincuentes. Y para que no se quede ahí su andanada dialéctica de barrio de hampa, arremete contra Rajoy y, ya que estamos, por qué no aprovechar el viaje y propinar un obsequio calumnioso al Partido Popular, en tanto cómplice de los supuestos huelguistas. Dónde no llegará la desesperación de los psoecialistas para exprimir el limón del desabrimiento y aplastar al enemigo único, sin importar otra cosa que su destrucción y su eliminación de la faz de la tierra.

 

Maldice Zarrías. Si Rajoy es uno de los miles de españoles afectados por la lamentable actuación de los controladores y la inaceptable gestión de ZP y los suyos, pues nada, se le acusa de estar disfrutando del sol de Lanzarote y de la molicie de los desahogados. Eso, por irse un par de días de la Península. Si Zarrías irrumpe así en la vida pública en su condición de alto cargo del Gobierno, qué no dirá y/o hará en su vida privada. No quisiera encontrármelo en la calle, no fuere que se perdiera en mi pecho una patada como la que aquel holandés propinara a Xabi Alonso en el partido final del Mundial. Zarrías sirve para eso de cocear con el verbo. Con otros apéndices menos inmateriales, no sé que no sé.

 

El oportunismo de Zarrías es obsceno. Obsceno y abyecto. Fascista. No se alarmen, señoras y señores. Zarrías y los suyos son así y no de más carne. Les va la marcha con las botas altas y la mano abierta mirando al cielo. Les va, les va.

 

Mientras tanto, el señor Zapatero estaba presuntamente escondido. Tal vez, avergonzado. Posiblemente. En cualquier caso, si es Presidente, entre el footing y los mutis por el foro, más bien parece presunto primer ministro que ministro primero. Nadie puede creerlo. Ni va a la Cumbre Ibroamericana ni da la cara en la sima aeroportuaria. Dónde estará ZP. Presuntamente, el presunto Secretario de Estado (de alarma) lo sabe. En Lanzarote, desde luego, no. En Madrid, tampoco. Al menos, nadie lo ha visto. Ni falta que nos hace.

 

Un saludo.

ESTADO DE ALARMA

 

 La desesperación del Gobierno es la boina del etarra embozado. Unos ponen bombas. El Gobierno echa aceite al fuego. Estado de alarma, dicen. Esta gente quiere oficializar la situación creada en Barajas y en El Prat. Tan grave es la inquietud del orden público, que no les importa suspender las garantías constitucionales. Al contrario. Toman el rábano por las hojas. Y si quieres arroz, Catalina. Se toma el artículo 116 de la Constitución con la ligereza de un comando golpista. Ya puestos, que declaren el estado de excepción y, obiter dicta, el de sitio. Me dirán que este último sólo podrán proponerlo, pero no perpetrarlo. Pero les respondo que lo proponen, pagan al PNV y a los canarios de Coalición la cuota correspondiente de apoyo, y ya está, estafo, sí estafo, de sitio habemus. Estafo de sitio y estafo de alarma. O se creen que el Congreso de Diputados se puede resistir a una barbaridad democrática de esta índole, cuando los intereses crematísticos de un par de grupos parlamentarios se imponen al bienestar general.

 

PNV y CC se apuntan a lo que sea con tal de arrimar el ascua a su sardina nacionalista. Fíjense por qué arco se pasaba Arzallus el texto constitucional y traten de buscar los nexos posibles entre Coalición Canaria y el antiguo -¿extinto?- Movimiento para la independencia del archipiélago canario. Estado de alarma para esconder el verdadero estado que debe perseguir una democracia: el estado de bienestar. Pero de bienestar, poco y de estado, sido. Pretérito. Pasado. Olvido pensado y maquinado.

 

Estado de necesidad. El urgente remedio que lleva a un régimen ad “delenda” de las garantías constitucionales no puede conducir a un mal mayor que el que se trata de evitar. Y eso es lo que está pasando. Debido a la mala cabeza de este Gobierno nefando y zarrapastroso.

 

Los controladores pueden haber perdido la razón. Los motivos que han esgrimido son de peso. Sin embargo, el acto en sí es de una gravedad incuestionable. Se daña a miles de personas inocentes y se atenta contra la ya desvencijada economía del país. Sin embargo, una militarización como la declaración del estado de alarma son acciones desproporcionadas que revelan hasta qué punto el desatino se ha enseñoreado del Ejecutivo zapateril. La prevención anda reñida con esta pandilla de amigos conmilitones sociatas. Lo ocurrido era una canción del verano. Por lo audible, esperable, bailable y predecible. Para todos los que conocemos el problema de fondo. Para todos los que pretendemos ver sin necesidad de ser augures. Sociología elemental.

 

Ahora viene el llanto y el crujir de dientes. El Gobierno se solidariza, demagógicamente, con los ciudadanos víctimas de un perjuicio evitable. Pero no. El sr. Blanco cree que con su jeta de cemento armado puede insuflar el pánico a los españoles. No hay que persuadir ni disuadir, señor ministro de designación real, que no regia. Hay que convencer. Con razones. Con argumentos. Qué fácil hubiera sido crear, hace seis meses, una Bolsa de trabajo de controladores aéreos europeos. Qué fácil. Que rápido. Qué seguro. Qué legal. Qué democrático. Sin embargo, no. La catarsis no viene de una experiencia interior que aleje los traumas y beneficie a la ciudadanía. No. En el Psoe, las catarsis son ajenas, escandalosas, virulentas y compensadoras de las carencias del propio partido único.

 

Estado de alarma. Sí. Alarma del Estado. Se encuentra regido y administrado por una asociación de pandillones a los que la tecnocracia les suena a chino, a quienes la democracia les resbala por las comisuras de sus labios brisados por el marisco y el domperignon, y a cuantos hacen de España un patrimonio partitocrático. No hay más. Ahí radica la alarma. No en los controladores, que están haciendo un daño fortísimo pero coyuntural. El problema es de estructuras. De estructuras mentales y competenciales. Eso no se resuelve en un par de días. Máxime en una democracia. Elecciones, ya. Devuelvan al pueblo su soberanía. Métanse la alarma donde les quepa.

 

Los controladores han atravesado la línea roja de los intereses legítimos. La gente de Zapatero ha levantado una muralla roja que sólo cruzan los suyos. Ni uno más.

 

Un saludo.

DEMOCRACIA SECUESTRADA

 

 La primera vez. En la historia de la democracia, nunca un Gobierno ha militarizado un aeropuerto civil. Ni el 23-F. Nunca. Hoy, 3 de diciembre, sí. El Gobierno más inepto, incapaz, incompetente y chapucero que ha parido nuestro joven sistema democrático, se ha apuntado el indigno título de ser el primero en militarizar un servicio aeroportuario. Ni con Franco. Con el dictador, se podía. No había soberanía nacional, y en ese caso, todo desmán era posible. Pero en una democracia, por favor. La imagen de España no es una máscara putrefacta golpeada por la deuda financiera, ni un rostro tumefacto como consecuencia de los golpes de un paro desmadrado, ni una cara hinchada por las bofetadas del vecino marroquí. No es sólo eso. Es un cuerpo social descompuesto, roto, violentado, dolido y doliente.

 

Echarle la culpa a los controladores, un par de miles de trabajadores, de este desastre que en el día de hoy se han convertido los principales aeropuertos de España, es una perversidad, una malicia y una injusticia. Que han de ser responsables de su parte alícuota en esta inadmisible situación, por supuesto. Sin embargo, a un pequeño colectivo como el de estos trabajadores no se le puede culpar del caos. El Gobierno es, en suma, el gran hacedor de este mal asunto. Como lo es de la ruina moral que atraviesa el país. De la mano de un presidente zangolotino, narciso, inhábil, ignorante y torpe.

 

Ahora, de la mano del ejército, el Gobierno sale del armario dictatorial, tiránico, stalinista y sectario que lleva dentro. Muchos lo avisábamos. Lo veíamos con nitidez. A los huelguistas que querían quemar Madrid, mano de seda y comprensión complaciente. A los controladores, guante de acero con púas envenenadas. Hasta la Fiscalía se suma al linchamiento. La Fiscalía que está mirando a otro lado en las acusaciones vertidas por los papeles secretos que ha publicado Wikileaks, aquí se deja notar. Mirífico. Admirable. Entiende el Ministerio Público que estos controladores del aire son los mandamases del transporte por el cielo. Y en su calidad de altos inspectores del éter, hala, a investigar si han podido cometer un delito de abandono del servicio o, fíjense qué cosa, de sedición. Y, a medida que se calienten, de golpe de estado civil. Las asonadas democráticas van a ser lideradas por ciudadanos de a pie. Los espadones del ayer son los trabajadores aeroportuarios del hoy. Cosas veredes, amigo Sancho.

 

Sediciosos los controladores. Les quieren aplicar el artículo 544 del Código Penal e interpretan que estos peligrosos componentes de una banda están actuando de forma pública y tumultuaria, que están impidiendo, por la fuerza o fuera de las vías legales, la aplicación de las leyes o el legítimo ejercicio de sus funciones. Pues miren que bien. Las imágenes de televisión nos han mostrado a una multitud de pasajeros cabreados con toda la razón del mundo. Potenciales viajeros sin horizonte cercano de volar que se limitan a reclamar, a protestar, a nombrar a los parientes de varios y a amantes de algunos. En ningún momento, las cámaras han mostrado piquetes de controladores ni algaradas intimidatorias ni gente armada blandiendo porras o instrumentos de persuasión. Nada de eso. Ni ha habido tumulto ni se han levantado barricadas ni se han incendiado aviones ni se han saboteado máquinas. Nada de nada.

 

Y yo que creo que esta gente del Gobierno se está cebando con ellos. No se atreven con los grandes de Comisiones y del sindicato correa/gürtel y la toman con los más débiles. Débiles, sí, pero con razones. Que se equivocan en la medida y en el momento, estimo que sí. Pero que están siendo toreados -como por otra parte lo estamos casi todos los españoles- por este Gobierno de matamoscas y temeavispas, también.

 

Este articulista siempre ha defendido las razones laborales de los controladores aéreos. Persisto en mi defensa, por más que condene la forma de ejercer la presión. Salvo que, por responsabilidad derivada de un cansancio extremo, de una ansiedad insuperable, se sientan especialmente comprometidos en la defensa de la seguridad de los pasajeros y se nieguen a cooperar en lo que podría ser una ristras de catástrofes aéreas. En cuyo caso, si el autor de este artículo tuviera que volar hoy, estaría rendido al miedo de que quienes controlaran mi vuelo fueron gente cansada, saturada por la fatiga y, lo que es peor, en manos de militares no dominadores de esta difícil práctica laboral.

 

Una invitación al Gobierno. No es nueva. Sin embargo, ahí va. Váyanse. Convoquen elecciones y dejen al pueblo recuperar la soberanía hurtada. Militares, a los cuarteles. A los cuarteles. Zapatero, a casa. Con todo su gabinete.

 

Un saludo.

LOS “CÓNYUGUES” DE LEIRE

 

 He escuchado las declaraciones de doña Leire Pajín en una emisora de radio. No recuerdo cuál. De acordarme, lo diría. La ilustre Ministra de Sanidad del último Gobierno del insigne Zapatero se ha referido a la violencia de género. La también titular de Igualdad -Aído ha pasado a chupar banquillo- va a proponer al Consejo de Ministros una reforma del Código Civil (en adelante, C.C.) sobre la custodia de los hijos a los hombres imputados por delitos de violencia doméstica.

 

La señora Pajín, que también asume la cartera de Política Social, se ha mostrado partidaria de que a estos “cónyugues” se les niegue la custodia de los hijos. He consultado el Diccionario de la Real Academia Española a ver qué significa el término “cónyugue”. No me sonaba, la verdad. Descubro que la palabra no está registrada. Me pregunto cómo se atreven los académicos que dan lustre al castellano a contradecir a tan destacada representante del Poder Ejecutivo. Qué osadía. Si a doña Leire le da la gana decir cónyugue, se admite y ya está. Cónyuge debe ser otra acepción que designa al esposo de actitud no violenta. El maltratador es el cónyugue. El esposo bueno, el cónyuge. A la señora Bibiana la enviaron a la suplencia y la degradaron en la jerarquía acaso porque aludía a las miembras con toda impunidad, por más que el término tampoco halle acomodo en el Diccionario.

 

Si la señora Pajín lleva a cabo su política activa con la misma propiedad que transgrede el lenguaje, habrá que exigir un segundo diagnóstico del especialista y una re-lectura de la sentencia que, en su opinión, ha condenado al cónyugue, es decir, al maltratador.

 

Resulta que a servidor le repugnan los maltratadores, sean hombres o mujeres. Del mismo modo que siento asco hacia los privilegiados por razón de sexo, ideología, raza y otras circunstancias que se constituyen en prebendas y canonjías. Igual que me compadezco de los que sufren discriminación y persecución por defender principios morales o practicar determinados cultos religiosos. La igualdad es el gran derecho fundamental que adjetiva las libertades de un sistema democrático. Sin igualdad, ni la ley impera ni la democracia madura.

 

En fin, doña Leire, le recuerdo la acepción coloquial de prebenda: “oficio, empleo o ministerio lucrativo y poco trabajoso”. Y le traslado, con todo respeto, lo que sigue: el cargo que ostenta y detenta, merced a la extraordinaria capacidad selectiva del Presidente ZP para llevar adelante la gran Empresa Nacional, debe ser poco lucrativo y muy trabajoso. Tanto, que poca gente en nuestro país posee la preparación psicotécnica para desempeñarlo con similar acierto que Vd. Si yo fuera Zapatero, también la nombraría. Como no lo soy, tenga por seguro la acción contraria. No es por nada. Sencillamente por liberarla de tan pesada carga.

 

En cualquier caso, la animo a proponer a D. Víctor García de la Concha que incluya, de una vez, en el Diccionario el vocablo cónyugue para designar al esposo violento y maltratador. De esta manera, pondríamos a los cónyuges en su verdadero papel de amantísimos maridos y afectísimo padres. Y puesta a plantear, que miembra sea reconocido como el apócope de “mi hembra”. Lo mismo cuela. Para eso es usted Ministra por oposición. Cuánta oposición hay a que Vd. sea ministra.

 

Un saludo.

WIKIFISCALES

 

 Cándido, Cándido. Que de ingenuo, nada y de inocentón, menos. Que lo de la toga manchada por el polvo del camino, es toda una declaración de intenciones. Que somos esclavos de nuestras palabras y dueños de nuestros silencios. Cándido, no cándido. No ingenuo. Ni hablar.

 

Los papeles secretos de la diplomacia estadounidense cantan que el Fiscal General del Estado, digo del Gobierno, ha asesorado al país de Bush y de Obama sobre cómo archivar el llamado caso Couso. Mentira, ha espetado a los preguntones el señor Conde. No admito que nadie piense que mis inferiores jerárquicos, ha subrayado el magnificente Fiscal Capitán General, hayan recibido "presiones" e "injerencias" en la toma de sus decisiones. Ni él ni don Javier -felicidades por su santo- Zaragoza. Faltara más. Tan excepcionales personalidades no se arredran ante nadie a la hora de cumplir con su deber en asuntos como las torturas de Guantánamo y demás actos execrables del otrora enemigo norteamericano. Dios. Cómo el tiempo zarandea a los parloteadores y escuchimiza a los falsos profetas. Cómo.

 

Don Conde está preocupado. No por él. Todo transparencia y pureza. Por la opinión pública. Los ciudadanos qué van a pensar, se lamenta contrito y dolorido. Se van a creer que la Fiscalía es podredumbre moral y penal. Y no, eso no. Lo de Wikileaks no es sino un montón de informes parciales y unilaterales que no tienen apoyatura, se excusa sin que nadie se lo haya pedido. Luego se autoacusa de forma manifiesta. El hombre. Ni se deja influir por Zapatero, va a dejar que se entrometa el enemigo yanky. Él toma sus decisiones en base a motivos estrictamente jurídicos, por el mar corren los peces y por el monte las sardinas. Que sí.

 

Que me lo creo. Que tan confío en el buen funcionamiento de la Justicia, que me trago hasta que Zapatero es el mejor presidente del mundo. Será por deglutir o por engullir. Será. Qué será, será. Hay que ver estos compañeros de Prisa la que están liando. Darle pábulo a cables confidenciales en vez de echarle un cable, como solían, a la asosiación de amigos beneficiados por el Psoe. Cómo son estos chicos. Con Polanco no pasaba esto. Zamora no se tomó en una hora. Y Zaragoza nada tiene que ver con Palafox. El que se apellida Zaragoza se hubiera rendido al menor embate. Este Zaragoza gusta de explorar, al parecer, con detalle la opción de no reclamar la jurisdicción universal, como pretendía Garzón.

 

Y ahora, qué. Garzón calla. Por el momento. Acaso pase factura. Tal vez sea demasiado tarde para ello. La familia Couso anda que se las tienta de indignación. Los gritones de “asesinos” no piden cuentas al hacedor de consignas contra la guerra de Irak. Han perdido la voz de tanto calumniar a Aznar y los suyos. La Fiscalía, presa en el principio de jerarquía, no se plantea, por favor, abrir una investigación. Anticorrupción ni está ni se le espera. Ah, la justicia. Ah, la ley. Qué estrecha para unos y que laxa y disoluta para la mayoría. A hacer puñetas Montesquieu. La igualdad de pitiminí se adueña de las libertades de las democracias vergonzantes.

 

Me conduelo. Me fastidio. Me jeringo y me jorobo. Todavía me expreso. El que no se consuela es porque no quiere. El Ministro de justicia, bien, gracias, y ustedes? Pues eso, que nos vayan dando. Cables, claro. Si por lo menos, Candi, hubiera sido La Gaceta la acusica. Pero el fuego amigo lo ha lanzado El País. País.

 

Un saludo.

JÚBILO

 

 Valeriano es ministro de Trabajo del último gobierno del señor Zapatero. No se le cayó la cara de vergüenza cuando el 29-S se sumó a la huelga general contra la reforma y, al poquito, aceptó el nombramiento de defensor máximo de la reforma. Si al menos fuera la zorra cuidando el gallinero. Pero no. Valeriano fue la zorra ayer y el gallo del gallinero hoy. Aquí el que no corre, vuela. Mi temor es que el hombre se fracture el brazo con uno de estos bruscos cambios de chaqueta. A ver luego cómo firma las sentencias que condenan a los pensionistas. Trauma, digo.

 

Sabe el nuevo ministro que noventa y cuatro de cada cien españoles están en contra de ampliar hasta los 67 años la edad de jubilación. Y qué. Le importa a Valeriano una higa el parecer de sus súbditos. El padecer, cero. A él, con que le voten los de siempre, más chulo que un ocho.

 

Si la amiga Merkel nos invita a apretarnos el refajo, los pensionistas tendrán que renunciar a parte de la paguita con la que pensaban sobrevivir después de decenas de año de duro trabajo. Vivir para ver. En el mundo mágico de la señorita Pesois, qué es un jubilado. Nada. Un paria que ya no rinde. Un desahuciado sin ilusiones. Un estorbo. Toda la vida en el curro para que te ahoguen en lodazal ajeno. El Estado Leviatán se reedita y devora a sus hijos. Después, caerá la generación siguiente. Insaciable y voraz el Ogro.

 

A juntar unas perras más. El trasfondo de la cuestión es privarse de unos chatos y de unas cañas y meter un par de euritos diarios en la hucha de las aseguradoras. Total. Quien manda, manda. Polifemo sólo ve por el ojo de la codicia y Valeriano mira según qué espectáculo guste al César. Las pensiones son tan bajas que, si no te arrimas al economato, la vejez que nos viene te fundirá en el “mato”. Mato porque muero y muero porque no mato. No mato. Eco. Voces y ecos. Silencio.

 

Años de penuria. Escasez. El pueblo no está sojuzgado por las armas. Está preso de sus errores provocados por el engaño. Pierde dinero. Júbilo en rebeldía. Años finales de una vida que muere entre inseguridades. No hay un alma caritativa que le inyecte alegría. O esperanza de recuperar lo poco que tenían. O fe en un futuro más halagüeño. El júbilo se fue a Sevilla y el temor ocupó su silla.

 

Cosas de la vida. Dios. Dónde está la justicia de la tierra. Dónde. Tantos años en el tajo. Tajo al cuello. Pena. Se nos fue el júbilo.

 

Un saludo.

EL PARTIDO PROMISCUO

 

La frase de Ortega y Gasset acerca de que España es el problema y Europa, la solución, tuvo su tiempo y su espacio. Ortega no acertó. Al menos, no en su plenitud. España es, más que un problema, un riesgo. Siempre ha sido así. El riesgo como proximidad de un daño. El riesgo como contingencia que puede ser objeto de un contrato de seguro. Los españoles somos un grupo de riesgo en tanto nuestra idiosincrasia nos hace más propensos a un padecimiento concreto. El riesgo de España estriba en su clase gobernante. Con Zapatero y el Psoe, que niega cualquier responsabilidad en el batacazo electoral de Montilla y de su cohorte de mequetrefes directivos, el riesgo alcanza categoría de certeza. Como la promiscuidad eleva el peligro de contagio. Nada toca el indolente secretario general del Psoe que no resulte afectado por la impericia de su mano rompelotodo.

 

El Nobel de Economía, Paul Krugman, refuta a Ortega y afirma que el problema de España -que no la solución- es el euro del que está cautiva. Si España no hubiese adoptado el euro, ahora podría devaluar la pesetas y recortar salarios y precios. Y un jamón con chorreras. Y si Hitler no hubiese sido tan furibundo nazi, la historia se hubiese escrito de otra manera. La filosofía de Krugman no sirve. Si acaso los datos estadísticos.

 

El llamado gurú de la crisis, el augur del desastre económico, Nouriel Roubini, avisa a Portugal de la inminencia de su crack. En tanto, advierte a Rubalcaba de la urgencia de convencer al endiosado número uno para que, a la vista del afeitado que se presume inminente del vecino lusitano, ponga su mentón a remojar. Tras Irlanda, Portugal. A continuación, España. Y España es el mastodonte que, un otrora cercano dominaba el territorio, se encamina hacia el cementerio de los elefantes.

 

La crisis económica es un concepto. La crisis económica es, asimismo, un proceso con crestas y valles. Dentro de la crisis hemos estado anclados en el risco de la cima. Nos movemos ahora en dirección a la vaguada. Un desequilibrio en Lisboa repercutirá en Madrid con la fuerza propagadora de un aleteo de mariposa. Estamos asomados al pretil del abismo. No obstante, el funambulista que emboza al pueblo y le machaca sus sentidos auditivos y visuales, persiste en su afán de invertebrar a España y espeta a quien quiera oirlo, que todo va bien. Muy bien. Dita sea.

 

Promiscuo. El Partido. Promiscua, su politica. Ayer y hoy. Y mañana. Se mezcla de forma confusa o indiferente. Derecha, centro e izquierda. Lo mismo da que le da lo mismo. Sus relaciones explican su modo de vida. Ortega no supo darse cuenta de esta circunstancia. En Cataluña se enreda con la extrema izquierda. En el Pais Vasco, con la derecha más civilizada y constructiva. El requisito es mandar. “Es preciso que este partido, escribía el filósofo, que es un partido de clase (ja), nos va enterando de cómo lograr articular su interés de partido de clase con el complejo y orgánico interés nacional. Porque gobernar -precisaba el filósofo-, sólo puede un partido por su dimensión de nacional; lo otro es una dictadura”. Ya durante la República y respecto al Estatut, el problema catalanista de su particularismo no se puede resolver, sólo conllevar.

 

El problema no es España. Ni la solución pasa por Europa. El Psoe siempre apuntó maneras. Siempre. Con Zapatero, la promiscuidad se asocia al riesgo y el riesgo, sin seguro, rinde pleitesía a la locura. Al final, decimos lo de costumbre. Bendita la locura del que a nadie perjudica. No es el caso del promiscuo político que es ZP. ZP. Váyase. ZP.

 

Un saludo.

LA CULPA

 

El que la hace, la paga. Salvo, claro, que se impute al inocente lo que otro hizo. Tú, Rajoy, acusa Zapatero, tienes la culpa de la falta de credibilidad financiera de España. Tú, Rajoy, eres la causa de los cinco millones de parados que siembran de desesperanza el alma de nuestro país. Tú, Rajoy, debieras pedir público perdón ante la crisis que has agigantado. Tú, Rajoy, debes reconocer la dimensión negativa que para el país han generado tus actos políticos. Tú, Rajoy, eres un antipatriota que te doblegas ante el tirano marroquí y desprecias a nuestro glorioso ejército y a nuestros esforzados cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado. Tú, Rajoy, has de expiar tu culpa. Tú, Rajoy.

 

Zapatero imputa a Rajoy la nefasta situación a la que su Gobierno nos ha conducido. Se comporta como el pederasta irredento, pillado en pleno fregado delictivo, que atribuye al menor la responsabilidad del ominoso acto. La lluvia no se arruina por culpa de la cosecha. Es al revés, señor presidente. La credibilidad del Gobierno es la causa de la desconfianza. La mínima credibilidad. Credibilidad y confianza son conceptos directamente proporcionales. En Derecho, la omisión de la diligencia exigible a un gobernante, implica que el hecho injusto o dañoso resultante motive su responsabilidad civil o penal. Al gobernante en ejercicio aunque en desuso. Al líder de la Oposición no son trasladables imputaciones falsas.

 

Está desesperado el señor Rodríguez. Zapatero no sabe contra quién arremeter en su alocada huida hacia la descarga de responsabilidades. La desesperanza provoca en la persona afectada la sensación de sentirse acorralado. Mala cosa un sujeto cercado por su propia inopia emocional y perseguido por la gravedad de los sucesos que hostigan a su entorno. Puede ser terrible. Las salidas de pata de banco pueden traer efectos perversos. La mentira como arma tiene un filo que se vuelve romo y se achata conforme el embuste se perpetúa como herramienta de uso desviado. Romo o punzante, hacer rutina de la ausencia de verdad equivale, antes que después, a eliminar la autenticidad del mensaje.

 

La culpa. Si no se reconoce, es imposible el remordimiento. Si se admite, y se acepta la magnitud del fracaso, hay que preguntarse antes que el quién, el por qué. Si el Presidente se desprendiera alguna vez de esa mezcla amarga de narcisismo y de egocentrismo que le adorna, podría contemplar, sin apasionamiento, hasta qué punto la culpa es suya, sólo suya y nada más que suya. Para llegar a tal resultado, se precisaría un puntito de honradez y una gotita de humildad. Un poquito. Ni eso. Zapatero carece hasta de esa migaja.

 

La culpa, señor, no es de Rajoy. Ni de los especuladores. Ni de aquéllos a los que usted ofende llamándoles antipatriotas. En general, las personas que tienen esos sentimientos poseen una muy baja autoestima y ellas mismas se consideran inadecuadas.

 

Su culpa. Su turno. Su salida.

 

Un saludo.

 

AUTOPLAGIO

 

La vida nos enseña lo que los libros sugieren. Cuando niños, aprendimos a amar a “Gilda” Hayworth a través de la pantalla grande del cine de barrio sin que en nuestro horizonte más fantasioso cupiese la simple idea de tenerla cerca. Lo imposible se hacía mito y el mito se diseñaba en aquellas mágicas sábanas murales que azuzaban nuestras fértiles imaginaciones infantiles.


La crisis económica no pasa de largo. No se va con viento fresco. Nos apalea. A unos más que a otros. A los parados, por desencanto y hastío. A los pensionistas, por el difícil equilibrio en que los coloca. A los empleados públicos, por el recorte de sus ya míseras pagas.


La economía actual se arrastra. La administración de nuestras finanzas está en manos nefastas y en testas desquiciadas. Se rehúye el control y se abraza a las farolas sindicalistas. Se atiza el sueño independentista y se traspasan enormes sumas a los caciques de las tribus autonómicas. Hoy quiero plagiarme. Me levanté, bien temprano, con el pie torcido. Me acordé de la familia del demócrata dialogante que gobierna por decreto. De los parientes de los ministros síseñor que sólo niegan a sus padres después de renegar tres veces de sus madres.


Reducir el déficit no pasa por eliminar ministerios escorias, asesorías infestas, embajadas separadoras, salarios de sátrapa, cajas politizadas, bancos ruinosos, subvenciones disparatadas y un largo etcétera de horrendas medidas de cartón piedra. Reducir el déficit significa aplastar al contribuyente con impuestos de señor feudal, recortar salarios a los funcionarios y empleados públicos, reducir pensiones a nuestros mayores y abaratar despidos en la clase obrera.


Las elecciones en Cataluña tienen lugar hoy. Celebrarse, ya veremos. Trompazo el que se van a dar algunos. No se preocupen por ellos. Tienen el bolsillo bien lleno, la panza alimentada, la caja de caudales repleta y la vergüenza bajo mínimos. La izquierda de broma considera un disparate a la izquierda de circo. Los pirómanos de Zapatero rechazan que los bomberos de Rodríguez tengan la más mínima posibilidad de potenciar el empleo. No sólo va aumentar el paro, es que se precarizará el trabajo, se restará disponibilidad a la renta de los trabajadores, se irá al traste la seguridad social y los roces entre ricos y pobres tomarán carta de naturaleza.


Urge un cambio directivo. Vía democrática, pero sin dilación. La pandilla que desgobierna debe dejar paso a un equipo que administre. Será la primera muestra de patriotismo que uno aprecie en Zapatero. A Montilla, el  electorado le ha dado un buen revolcón. Cual afectado por el síndrome de Estocolmo, le agradeceré eternamente el gesto. Caso contrario, que Dios nos coja confesados.

 

Un saludo.

TRANSPARENCIA

La actividad del poder público exige transparencia. Es un requisito de control y el control es un requisito de democracia. Transparencia es, cuanto menos, accesibilidad. Transparencia es claridad, evidencia.

 

La Administración Pública debe seguir el mandato constitucional recogido en el artículo 103: “someterse plenamente a la ley y al derecho, servir con objetividad los intereses generales”. Y a este fin, deberá enfocarse hacia el logro de los grandes principios del ordenamiento jurídico: la libertad, la igualdad, el pluralismo, la equidad y la búsqueda del bienestar colectivo. Si se salta a la torera el Ordenamiento jurídico, incurre en la prevaricación o en la desviación de poder, toda vez que si no motiva sus actos y, lo que es más reprochable, si tapa sus vergüenzas, satisfará intereses espurios propios y privados. La transparencia pasa por la motivación. Motivación libre de rutina y de tópicos recurrentes y cansinos.

 

La carga de la prueba está en el poder público. La crisis de desconfianza sobre la deuda pública obliga a reiterar la exigencia de luz. Los llamados tests de estrés no parecen ser prueba fiable. Más que lupa, es preciso analizarlo con microscopio. Si no, cómo se explica que la banca irlandesa superara, poco ha, la nota de suficiencia. Ocultación. He ahí la causa del desajuste.

 

Zapatero anuncia a bombo y platillo que el rescate financiero de España no cabe en cabeza humana. Descarta cualquier posibilidad en ese sentido. Defiende su mensaje con el mismo énfasis que rechazó la existencia de crisis. Asegura la fortaleza de nuestro sistema económico con la intensidad que Salgado nos mostraba sus alucinógenos brotes verdes. Nunca expusieron las razones que amparaban la defensa de estas tesis. Nunca. Nos quedamos tan tranquilos. O tan cabreados. O tan rebosantes de justa indignación. Nunca motivó su discurso inconsecuente. La inconsecuencia carece de fundamento lógico. Ni hay ciencia ni se realiza la mínima evaluación. Esto es lo que hay. Lo tomas o lo dejas. Y así nos va.

 

Almunia, que no es sospechoso de ser del PP, y cuya integración en el Psoe nadie discute, pone en duda el optimimo mentiroso de Zapatero. Lejos de arredrarse ante el ataque de su conmilitón, el Presidente le conmina a aclarar el por qué duda. No lo tacha de antipatriota como al líder de la Oposición. Se limita a exigirle una explicación convincente. A todos impele para su propia conveniencia. A todos. Excepto a él mismo. El líder es objeto de culto. El endiosamiento del gran jefe requiere obediencia ciega. Dogma de fe. Se le cree y basta.

 

La antítesis de la democracia, de la ley y del derecho. Un pueblo que retorna al arcano de la secta sustituye sus referentes morales por el tótem de la férrea disciplina externa. Se acabó.

 

Como se acabó, apuesto por lo que nos va a caer encima. La Bolsa seguirá bajando. El paro continuará cotizando, desgraciadamente, al alza. La crisis se nos hará familiar y aprenderemos a vivir con sus miserias. España deberá ser rescatada. El rescate será tan descomunal, que el euro se irá a tomar vientos alemanes. Mientras tanto, el niño de León seguirá cantando su estribillo pornográfico: no hay rescate.

 

Socorro. Una camisa de fuerza. Ya.

 

Un saludo.

LA HORA DE CATATONIA

 

 Las elecciones autonómicas de Cataluña están provocando catatonia. Acaso el síndrome esquizofrénico sea muy anterior. La rigidez del músculo cardial y la barrera de estupor mental que se observan en los grupos políticos independentistas, les sume en un estado de máxima excitación. Cataluña se está convirtiendo en Catatonia. Hasta dónde y hasta cuándo.

 

Uno analiza la componente catatónica del Partido Soecialista que dirige el triste pero listillo Montilla y se hace cruces, con perdón, al escuchar sus proclamas de dependencia independiente, de nacionalismo extranacional de la internacionalidad más ultranaciente. No se entiende, ya lo creo que no, pero de eso se trata. De elevar a nivel de estupidez de gran calado lo que no es sino una estupidez epidérmica.

 

En cuanto a Convergencia i Unió, qué voy a referirles. Artur Mas y Durá i Lleida se baten en vanguardia del soberanismo trasnochado. Marchan en cabeza de los sondeos. Se distancian de la debacle que se presume del montillismo pero no lo bastante como para reconquistar la Generalitat que les arrebató el tripartito de Saura, Carod y, cómo no, Montilla. El trío calavera se la puede meter doblada otra vez. En tanto la mayoría absoluta no sea una realidad, el burgués Mas y mosén Durá hincarán los apéndices en la roca del Montseny. A cara de perro y con patas de caimán, los uniconvergentes se aprestan a echar el resto. Jordi, el ex banquero político y el político ex banquero, mide los tiempos y cuenta los días para la cita del veintiocho. PP, musita. Camacho, susurra. Incluso Vidal, cuadra. Juego de palabras, guerra de intenciones.

 

La Ezquerra de cine malo italiano medita, junto al soviet putiniano, acerca de su futuro inmediato. Benat se resiste a dejar las prebendas de derechas que un izquierdista más falso que una moneda de latón disfruta a su pesar. Qué sacrificios hace este hombre por los catalanes sin techo. Coche de lujo, chófer servil, asientos de palco, restaurantes de no sé cuántas estrellas y tantas incomodidades del cargo. Por favor. Puigcercós, agotado el crédito de Carod, apela a la épica de la libertad del gulag y de la igualdad de la checa soviética. De los nervios. Están que se la cogen con papel de fumar. Ahora, eso que conste, que si, a fuer de dar la vida por Cataluña, se ven obligados a pactar con la derecha de los Ríus, se humillan y qué se va a hacer.

 

Peor lo tiene Laporta. El barcelonista de chequera fácil es un artista de la demagogia. Iniesta, Xavi y Messi se funden en este hombre con cara de niño pillo y estómago ferruginoso. Independentismo es su bandera de enganche etílico,y odio a España el pendón de su mensaje desventurado. Llama la atención en un estadio semivacío y ante un público aburrido del fútbol cansino de un equipo acabado.

 

Catatonia catalana o Cataluña catatónica. Los resultados electorales sacarán a unos de ese estado febril. A otros les sumirá en una desesperación irreversible. En cualquier caso, Cataluña perderá. Se consuelan con los triunfos del Barça sobre el Madrid a sabiendas de que Aguirre les está dejando muy atrás en la carrera de la economía, del progreso, de la competitividad y del crecimiento. El espectáculo me recuerda la Italia de Vittorio de Sica. ¿Y el duce? Está en Madrid, descansando en la Moncloa y haciendo footing por el Patrimonio Nacional.

 

Un saludo.

COMISARIOS Y CHIVATOS

 

La maquinaria psoecialista es silenciosa e incansable. Su funcionamiento es como el del reloj de pilas atómicas. Marcado el camino, toca recorrerlo. Treinta años consecutivos mandando en Andalucía han hecho del sistema democrático un despojo. De tan hollado el carril, las ruedas de los carros siguen la vía como el tren los raíles. No hay andenes ni estaciones. Sólo apeaderos en los que se enganchan los acólitos y se bajan los críticos. La Junta es el gran hermano. Los andaluces, los grandes primos.

 

A la Administración General de la Junta la quieren desmantelar. El “Griñandecreto” es una guirnalda de malvas. La transparencia y la objetividad mueren, han de morir, si se quiere mantener el control de todo lo que se menea en la Comunidad. Los principios de igualdad, mérito, capacidad e igualdad padecieron tortura en tiempos de Poncio Chaves. Es el turno de la traición. Miles de trabajadores de empresas públicas, contratados a dedo por el Relojero, pretenden subirse en el caballo de Troya de la Oposición y acceder, por las malas, al empleo fijo que los funcionarios de verdad se ganaron a pulso, arrebatando miles de horas al ocio, al sueño y a la familia. El régimen psoecialista no insituyó el enchufismo. Esta corruptela moral y legal alcanzó, sin embargo, su madurez y su auge con los Marios y Rafaeles, con los Gaspares y Petronilas, con los jerifaltes comisionistas y con los familiares de la ugeté.

 

El control ahorra recursos con el previo agradecimiento. Pasa un poco como con la religión. Decía Anaxágoras que el Estado se beneficiaba de la religión en tanto la doctrina predicada disuadía a muchos de malas obras y se evitaba un gasto enorme en seguridad. Los tropecientos miles de trabajadores de las fundaciones y de las empresitas públicas que se han sacado de la manga los faraones de San Telmo, inyectan votos a las desnudas encuestas. Se prevé un descalabro que hay que paliar como sea. A costa de blanquear puestos de trabajo. A base de sacar del desempleo a cientos de miles de parados que serán convenientemente deformados en cursos de manipulación preparados al efecto. Como sea. Con chivatos y comisarios. Con sobornos y con amenazas.

 

Administración paralela de intereses convergentes con el Partido del Hermano que todo lo sabe. O pasan por el aro o ya saben lo que les aguarda. Sean de Izquierda Unida o de UpyD, del PP o del Partido Andalucista. El Psoe no puede aceptar que la conciencia social triunfe. No duda en vender su producto adulterado como conciencia social. No tienen conciencia y les falta un mínimo de hálito social. Halitosis fascista. El que no está conmigo, me combate, dice el Jefe del Fascio. Hay que agradecer a Hurtado de Mendoza sus santos bemoles al frente del CSIF para rechazar las suculentas ofertas que buscan aligerar su honrada beligerancia contra esta lacra. El llamado sindicato de los funcionarios se está portando y comportando.


El Decreto-Ley 5/2005 quiere crear agencias públicas y solapar en ellas a los opositores con los enchufados. En dos años, todos revueltos. Se borran las huellas y se pierde el rastro. La golfería se ha consumado. Corresponde, ahora, el tiempo de perfeccionarla. Los cargos ejecutivos pasarán a manos de los advenedizos. Ser del Psoe será requisito principal. Los demás, méritos vadeables. El río del poder es caudaloso. Si no bailan el agua a los jefes, el desdén, el acoso y el despido son fantasmas de carne y hueso. Los enchufados. La Administración caerá definitivamente en manos del pesebre.

 

Lo que no es de recibo es el error conceptual. La democracia es sagrada. Nadie debe culpar al sistema de la maldad de los caciques que lo adulteran. A los caciques, jaque. A la corrupción, mate. Mañana, los de la seguridad privada, funcionarios de los Cuerpos y de las Fuerzas de Seguridad del Estado. Qué más da. Oficina de empleo: hay plazas de comisarios y de chivatos.

 

Un saludo.

LA HILARIA

 

En la onubense playa de Mazagón, una mujer, Hilaria, es la referente del comercio. La Hilaria, así la conocen, es toda una institución en esa hermosa localidad del litoral de Huelva. Su popularidad se reduce a un ámbito geográfico muy reducido pero su fama trasciende las fronteras de la provincia.

 

Hilaria no es la Clinton. Pero sabe lo que no está escrito. Clinton, Hillary, léase Jílari, es la Secretaria de Estado del gran Obama, el ídolo de ZP. Aprovechando que el Odiel atraviesa Huelva, la sucesora de Moratinos ha recuperado su sonrisa de vendedora de “Avon llama” para fotografiarse con la norteamericana en la cumbre de Lisboa. Después del té y las pastas, o antes, qué más da, la española ha interpelado a la esposa de Bill sobre el asunto del Sahara occidental. Seguro que, con anterioridad, le ha explicado por dónde cae ese territorio que perteneciera a España y que ahora administra a sus cojonces, cojonces, reitero, Marruecos. Igual de acreditado que ha minimizado los incidentes (sic) allí producidos a causa de la funesta manía que presentan los saharauis de atacar con sus pechos desnudos las bayonetas de los fusiles del sultán. También son violentos los hijos del Sáhara.

 

España está muy preocupada, le ha dicho la señora ministra del Psoe a su homónima USA. Mira, Jílari, que la prensa española está criticando al Mojamé, que si es un dictador, que los plumillas hispanos se están inventando el conflicto, que acusan de genocidio a Marruecos, que si mi Presidente Zapatero está acollonado, acollonado, insisto, que si el Frente Polisario no sé qué pretende, que con lo bien que estarían todos en paz y compaña con los vecinos del sur, que si quieren Ceuta y Melilla, también se les ofrece, que todo lo que quieran nuestros hermanos magrebíes, que Zapatero regala lo que no es suyo y lo que haga falta. Menos lo suyo, que eso es de él y no se toca, que lo tienen que heredar sus niñas. Y, además, como destapen lo del 11-M, se va a liar la mundial.

 

Venga, Jílari, vamos a reunirnos todos los amigotes del Sáhara para decir que lo del Aaiún no es nada, que más se perdió en Cuba, que esto es una escaramuza como la que hizo Aznar en Peregil, que dónde va a parar, que ni el Consejo de Seguridad quiere saber nada del tema. Podemos organizar un partido entre los Amigos de Zidane del Polisario contra los Amigos del Zidane de Marruecos. Verás que bien lo pasamos. Los hoteles en Rabat son un sueño y los baños de Marrakech, un paraíso, que tú no los conoces Jílary, anda, vamos y así mi jefe me perdona mi visita a Morales.

 

Lo de la violación de los derechos humanos es una tontada, que te lo digo yo y te lo dicen Moratinos y Pepiño y hasta Rubalcaba. En el Sahara no ha pasado nada, mujer, que me da que todo es una invención de la derechona española que no sabe cómo agarrar el despacho de mi amado Zapatero.



No hay más que hablar, Trini, que yo te ayudo a lo que tú me pidas. Hasta te invito a verme en Guashintón. A cambio, ya sabes, mándame tropas a Afganistán, que nos hace falta que maten a otros que no sean yankys. Y si podéis retrasar vuestra salida, mejor que mejor, que Barack se pondrá muy contento y se jugará unas pelotas con Joseluí, que sí, Joseluí. Besos muchos.


Adiós, Hilaria, digo, Jílari.



Un saludo.

DE BENDITOS Y MALDITOS

 

 Bendito, el santo y el bienaventurado. Maldito, el perverso, el malintencionado, el ruin, el miserable. Bendito el que viene en nombre de la paz. Maldito el que trae la guerra en nombre de su paz.

 

Se ve venir. A medida que las elecciones se acercan, el canguelo cerca a los detentadores del poder. En Andalucía, una dictadura de más de treinta años puede caer como se derribó el muro de la vergüenza. En Extremadura y Castilla la Mancha, eternos feudos sociatas, pueden terminar de poner de los nervios a los psoecialistas. Las tres comunidades menos desarrolladas de España, las que tienen un índice de pobreza infantil superior a la de Rumania, están a punto de poner en la calle a los Chaves/Griñanes, a los Ibarra/Vara y a los Bono/Barreda. Se marchan pero con el riñón bien forrado. No van a cobrar los 33 días por años.

 

Con ser una satisfacción democrática, un triunfo del sufragio universal, la decadencia de los imperialistas de España no es el problema. El problema es otro y mucho más grave. Los perdedores con nobleza admiten la derrota y felicitan/facilitan a los victoriosos. No es el caso. Cuando en el horizonte se vislumbra la debacle y las malas intenciones asoman sin reparo, los apoltronados del poder levantan barricadas, sueltan a las jaurías de rottweilers cruzados con pit bull y diseñan toda una estrategia desestabilizadora con el fin de asustar, de amedrentar, de aterrorizar y de “etarrar”.

 

La voladura pretendida del Valle de los Caídos es una muestra más de las aviesas voluntades de esta pandilla de terroristas mentales. La coartada es el respeto a que los muertos yazcan en tierra querida. La excusa es que el monumento es un símbolo de discordia, de tortura y de muerte. Pretextos vanos. Subterfugios de malditos. Lo que persiguen estos hacedores de desgracias colectivas es crispar, llamar a la violencia, convocar, como almuédanos del infierno, a los que han de morir para que el hambre de prepotencia no se sacie.

 

Aluden a la memoria histórica para despertar enterrados odios y para alentar recelos trasnochados. De la historia sólo toman el cainismo, del mismo modo que los perros famélicos se arrojan sobre el montón de basura que hallan a su paso.

 

El anticlericalismo vuelve a tener carta de identidad. Los ataques a la Iglesia se multiplican. Asaltan la figura del Papa y a su doctrina lanzan denuestos continuados. La derecha se convierte en diana de sus disparos dialécticos. De nuevo. Buscan reeditar tiempos pasados que nunca deben volver. Lanzan cañonazos de humo letal para que el fétido olor de la corrupción que ellos cultivaron quede ahogada por el mortífero gas. Les falta emular a Espartero y reprimir a sangre y fuego el derecho de manifestación. O seguir a Azaña para quitarse de enmedio a los seisdedos de hoy.

 

Benditos los que soportan tanta incuria y resisten tanta bajeza. Malditos los íncubos y los súcubos. Malditos lo que agreden, amenazan, torturan y provocan. Malditos los que, a sabiendas, lo permiten y azuzan. Malditos los que procuran el enfrentamiento entre españoles.

 

Benditos los que no pican el señuelo que lanzan estos fascistas que hacen de la memoria, pesadilla y de la historia, un cuento de miedo. Éstos, malditos. Malditos. Maldita sea que no nos dejan vivir en paz y en progreso. Bendita la democracia que permite al pueblo hablar. Bendita sea.

 

Un saludo.

LOCO

 

Lo dice Leguina. Sobre Zapatero. Que no es de ahora. Viene de antes. Lo dice Leguina. O dicen que le dijo: "Los presidentes españoles se vuelven todos locos. Por ejemplo, el nuestro enloqueció durante su segunda legislatura, pero es que el vuestro ya venía loco".

 

No precisa Leguina. Si con lo de loco se refiere al molusco, al que ha perdido la razón, al que por lo disparatado, ha perdido la prudencia y el juicio, al que se conduce de manera descontrolada, al que actúa de forma inútil, al homosexual, a la mujer informal y ligera en sus relaciones con hombres, a la voz argentina que designa a la prostituta o a quien comenta algo con excesiva insistencia. O acaso pretende englobar todas estas acepciones en una misma persona. Cualquiera sabe. Pero decirlo, recogido está.

 

Leguina dejó de matizar si quería decir que se haya privado del uso de razón, o si es protagonista de un cúmulo de acciones desacertadas, o autor de dichos y hechos tan anómalos que causan sorpresa, o sujeto de ánimo exaltado susceptible de atribuirse a falta de afecto, ausencia de raciocinio, carencia de madurez o desmedida ambición de poder.

 

Locura de amor. No es Juana la Loca. Ni el Gran Inquisidor que, en defensa de la ortodoxia del cristianismo, encarceló a mismísimo Jesús. Ni el exterminador que arrebata vidas de feto. O el gran animador de la eutanasia porque la vida feliz no le acompaña. Ni un brujo, ni un poseído ni un endemoniado.

 

Jean Dominique Esquirol entendía que la perturbación mental capaz de llevar al suicidio podía ser consecuencia de prácticas onanistas. El psiquiatra equiparaba la locura con la enajenación mental y la definía como una afección cerebral que se caracterizaba por trastornos de sensibilidad, de entendimiento, de inteligencia y de voluntad.

 

Locura de poder. Vivian Green escribió “La locura en el poder”. El poder enloquece. Los gobernantes suelen estar, o terminar, presos de determinadas psicopatologías. El virus es tan agresivo que hace del cuerdo, raro y del raro, desquiciado. Eso es lo malo. Lo bueno es que tiene término. En democracia, tiene fecha de caducidad. El problema persiste si el demócrata de ficción engaña a todos hasta el punto de destapar al demócrata de verdad. Los ciudadanos pueden a sumirse de tal forma en el embuste, que entregan su voto al loco que nunca fue cuerdo aunque aparentara la sensatez que jamás se desveló. El protagonismo impele a la ansiedad y la ansiedad a la desmemoria.

 

Erasmo de Rotterdam, el gran humanista, nos legó una de las obras maestras de la literatura de todos los tiempos. La tituló Elogio de la locura. En su capítulo IX, escribe: “Ésta que veis con las cejas arrogantemente erguidas es el Amor Propio. Allí esta la Adulación, con ojos risueños y manos aplaudidoras. Ésta que veis en duermevela y que parece soñolienta, es el Olvido, Ésta, apoyada en los codos y cruzada de manos, se llama Pereza. Ésta, coronada de rosas y ungida de perfumes de pies a cabeza, es la Voluptuosidad. Ésta de ojos torpes y extraviados de un lado para otro, es la Demencia. Ésta otra de nítido cutis y cuerpo bellamente modelado, es la Molicie. Veis también dos dioses, mezclados con esas doncellas, de los cuales a uno llaman Como y al otro «Sublime modorra». Con los fieles auxilios de esta familia, todas las cosas permanecen bajo mi potestad y ejerzo autoridad incluso sobre las autoridades”.

 

Locura. Elogio. Lamento. Insulto. Desprecio. Locura. Leguina dice que le dijeron. Loco. Precise, señor. Sí. Es necesario. La virulencia del término no se envuelve en la personalidad del individuo. El individuo es el virulento. Ponzoñoso. Maligno. Con pus. Sañudo. Qué. Leguina. ZP.

 

Un saludo.

LA PUÑALADA

 

 Se las dan de catalanes. Y de demócratas. De caballeros. De socialistas. De ángeles buenos. De salvadores de la patria. Se presentan así. Pura miseria. Porca.

 

Confiar en Montilla es como creer a Josu ternera. Mienten más que hablan. Traicionan a su padre si a su interés aprovecha. El todavía presidente catalán y candidato del PSC a la reelección tiene las de perder el próximo 28-N. Después de su infausta gestión al frente tricéfalo de la Generalitat de Cataluña, don José, el de Iznájar, nacido andaluz y criado allá donde la pela más vale, lanza dentelladas de odio a Artur Mas, el de Ciu, digno discípulo de Pujol. Para empezar, una acusación sobrevenida por obra y gracias de su interés más bastardo. Que dice Montilla que CiU "guarda facturas en el cajón" por valor de 3.000 millones de euros en 2003.

 

No se ha dado cuenta hasta ahora. Será la miopía. Será la edad. Hasta este momento no ha acusado al líder de la derecha catalana de guardar esa cantidad de plata. Y de no pagar, atiza el muchacho. No como él, que pagaba con el erario público y que a la hacienda de todos dejaba una roncha secular. Qué gran tipo este Montilla. Lo mismito que Carod o que Saura, sus adanes del govern.

 

Sin embargo, no acusen de traidor y de correveidile a este señor. Corren el riesgo de que, ipso facto, les propine un exabrupto del tamaño de un anticatalanista. Las críticas a Montilla son mostraciones palmarias del odio a Cataluña. Que se enteren. Las elecciones autonómicas están a la vuelta de la esquina. Los catalanes, al cabo de la calle de lo que hace y puede seguir deshaciendo el corresponsal de la empresa Ferraz S.A. en la ciudad condal. Cómplice nacionalista, hoy. Mañana, avinagrado españolista si sus objetivos espurios coinciden con los resultados improrrogables.

 

La acción de los traidores se mide por unidades de lealtad. La de este hombre, como la de su jefe inmediato, no tiene patria. El jefe de Montilla no es Zp. No vayan a creerlo por un momento. El dios de Montilla es el poder. En cuanto fuente de ingresos. De ingresos líquidos. En euros. En dólares, también. No le hace ascos. Éste no vomita ni comiendo aquello que se suele pinchar en un palo. De cemento. Armado. Así es el estómago de este señor. La mano, para blandir el puñal. En fila. Amigos y enemigos. Puñaladas para todos. A discreción. Don Giuseppe.

 

Un saludo.

JAJORGE Y NOFRANCI

 

 Se dice, se cuenta, se escribe, se rumorea, se afirma, y así, que Carlos Francino, el hombre de Prisa, se negó a entregar a Jorge Javier, el sálvame de Pela 5, el premio Ondas (de la onda que más interesa) que, cada año, concede el grupito de Cebrián a determinados famosos del mundo del arte y de la comunicación. Nofranci a Jajorge. El primero se cataloga de izquierda de pata negra, del staff más perfumado y serio de la empresa que fuera del difunto Polanco. El segundo se coloca en la izquierda menos glamurosa, más alegre y fiestera, pero más fecunda para la economía de Vasile.

 

De izquierdas los dos. Mucho cisco y poco carbón hacen una mala candela. Nofranci y Jajorge forman un dúo imposible. La pareja resulta tragicómica. Y sin embargo, están condenados a la convivencia más coexistente y a la coexistencia más vividora. La izquierda del seny se arrebuja, cosas del dinero, con la izquierda del ultrarrelativismo moral. Si la moral es el principio rector que dirige los comportamientos individuales, esta izquierda de pitiminí ha construido un palafito en medio lacustre tirando a pantanoso. La nobleza rancia de Cuatro esposa a Cinco. Esposa. No se trata de una solución progresista que pretenda mixtificar la sociedad neoestamental. En absoluto. Es el precio de una ruina de empresa, de estirpe y de ideología.

 

Janli se desmaya en los brazos de Paolo. Jajorge se acerca peligrosamente a Nofranci. La aristocracia de la comunicación enlaza con la fuerza mediática más plebeya por vulgar y más vulgar por pesetera. Sin embargo, Cebrián no es Mafalda ni Vasile se parece a Manolón. Acaso los extremos no sean tales porque la vara sea demasiado corta. Es muy posible que Pela 5 excave en pos de un pequeño hueco de nobleza formal que les cede la Cuatro de Felipex y de Alfreddo. Nobleza y burguesía se arrebujan en los trigales de las tierras de secano. Duelo en uno y fiesta en el otro.

 

Así y todo, la absorción, que de fusión se quiere revestir, exige un paso más. Janli quiere endosar Digital plus a Telefónica. Lo conseguirá. Mientras, la Comisión Nacional de Competencia se estruja las meninges para ver cómo lo permite sin que se note demasiado que no cumple su obligación. O echa una mano Zp o las dos las pone Rubalcaba. Pero autorización habrá. No me cabe la menor duda. Los favores prisaicos al Psoe y al Gobierno del partido casi único deben ser recompensados con largueza.

 

A partir de ahora, la programación mantendrá las sesudas reflexiones de Jajorge y los comentarios políticos hueros de Nofranci. Nada de sexo. Ni de chismes. De hurgar en la vida privada, cero. La respuesta se escribe en euros. A más audiencia, la izquierda triunfa. Que baja el share, derecha en acción. Pela 5 aspira a ser Pela 9. En caso contrario, rodarán cabezas. La burguesía siempre se impuso a la nobleza autocoronada. Como Prisa.

 

Si Jajorge y Nofranci no producen, Nofranci y Jargorge, a la calle irán. Si no, a la Cope, con los de deportes. Vivir para ver.

 

Un saludo.

ARROGANTES

Hago mías, prestadas, las palabras de Kahlil Gibran.Quien actúa aunque sea con un poco de conocimiento, vale más que quien no actúa a pesar de tener mucho conocimiento. Del mismo modo, acaso sea preferible un arrogante, que toma menos de lo que necesita, que un generoso, que da más de lo que tiene.

 

En esta España nuestra, el siglo XXI nos transporta, no al futuro, sino al pasado. Carmen Aguayo es consejera, sí, sí, de Hacienda y de Administración Pública de la Junta de Griñán. Que sí, que sí. La insigne parlamentaria andaluza, nacida en Madrid, que milita, que sí, que sí, en el Psoe, pues claro, ha dicho al pueblo que las pitadas que le han dirigido se deben a la acción, más o menos airada, de un sindicato sin representatividad. Que el Decreto-Ley de reordenación del sector público de la Junta no lo para nadie. Sí, sí, ella es así.

 

Funcionarios por aquí, funcionarios por allí. Como los pajaritos. Los funcionarios son los paganos de una Administración que ha perdido la vergüenza política al recortarle, vía urgente, sus misérrimos salarios. Paganos en tiempos de crisis. Parias, desheredados de la fortuna, en tiempos en que la economía se encuentra en la cresta de la ola. En todo caso. Y Carmen, la consejera, entretenida con sus cómplices sindicales, dale que te pego a la masa de empleados públicos.

 

Que viva España. El enchufismo es el gran traje sastre de la corrupción. En la Exposición de Motivos de la Ley de la Jurisdición de lo Contencioso-Administrativo, este fatídico Decreto podría considerarse como vía de hecho. A fin de colar a más de treinta mil trabajadores, a dedo, en la función pública, saltándose los principios de igualdad, mérito, capacidad, publicidad, objetividad y transparencia, se sacan de la chistera el conejo negro de un Decreto Ley que persigue dar cobertura legal a un acto fraudulento. No hay cobertura, pues se crea. Menuda tontada lo de la cobertura. La mayoría absoluta psoecialista en el Parlamento es un rodillo infernal.

 

Sin embargo, la cláusula regia del Estado de Derecho el el sometimiento pleno de los poderes públicos al Ordenamiento jurídico. Si no se someten, los jueces han de intervenir para controlar a los malos hacedores. Está claro que la señora Aguayo tiene intereses en este dislate jurídico. El decreto ley emana del poder ejecutivo de Griñán y de los suyos. No tiene que pasar por el Parlamento para aprobarlo. Y si pasa, les importa un pimiento. Son mayoría. Sólo faltaba que el poder judicial cayera totalmente en las manos de este grupito político con aspiraciones dictatoriales. El paso siguiente es atraerse a las filas de la complicidad sindical a CSIF. Si lo consiguen, nunca la herencia de Chaves habrá sido tan funesta ni jamás el sindicato de funcionarios habría llegado tan bajo. Hay que confiar en que los dirigentes andaluces, bien comandados por Rafael Hurtado, sepan distinguir las voces de los ecos.

 

La credibilidad no se adquiere por llevar el carnet en la boca. Creer es dar por cierto algo. Si se yerra en el diagnóstico una vez, esa credibilidad mengua. A medida que los errores se repiten, el crédito se agota. Cuando los errores no son tales, sino maldades, el malvado no tendrá posibilidad de emplear un sinónimo de credibilidad para escaquearse de su responsabilidad. No existen sinónimos para el sustantivo credibilidad.

 

Crimen y castigo. Dostoievski retrató, de forma magistral, en el personaje de Raskolnikov la alucinación de ser un superhombre capaz de escindir la personalidad de las emociones. El crimen cometido, la conciencia que clama y la culpa que nace. El fin no justifica los medios. Cuando tal ocurre, aparece el fascismo. ¿Se entera, señora Consejera? O se lo explica Felipe González, uno de los suyos. Sí lo sabe, sí, sí, sí. Lógica la suya. Demostración falaz e inferencia inválida. Torticera. De tuerto. De vista torcida. Y de alma.

 

Un saludo.

EL VETO

 

 Prohibir. Permitido prohibir. Se gratificará a quien mejor conjugue el infinitivo prohibir. Impersonal. No es como aquello de "el frotar se va a acabar". Es preferible elidir sujetos. Prohibir, a secas. Queda mal la personalización del acto. Sin embargo, la acción es fantástica. Prohibir. Zapatero.

 

Vedar. El Congreso ha vetado las enmiendas de la Oposición. El PSOE de Zapatero. Felipe se contuvo de alguna manera en la represión verbal de los parlamentarios. Aznar mantuvo una posición absolutamente liberal y permisiva. Jamás hizo valer su derecho del artículo 134.6 de la Constitución. Zapatero es el rey del veto. Dieciséis veces ha pulsado el botoncito de la prohibición. Al rey de La Moncloa no se le tose. A fin de eludir la realidad, se droga con el vicio de prohibir. Privilegio de dictadores. Exigencia de los cómplices. Manda el PNV. Si yo te digo veta, prohíbelo todo, dice Urkullu.

 

Impedir. En una moral dudosa, la inercia del condenar siempre está presente. Se estigmatiza a Reverte por sus declaraciones, poco afortunadas desde un punto de vista de la corrección política, respecto al ex ministro Moratinos. No es así. Se perturba al genial escritor y académico no por lo que ha dicho sino por atreverse a decir lo que muchos piensan del partido psoecialista. La causa de la proscripción es ésta, la subjetiva, no aquélla, la objetiva. A Reverte se le excluye de los salones del poder y de los abrazos solidarios de ZP. En cuanto a Sánchez Dragó, anatema. Al autor de Gárgoris y Habidis, condena directa. De todo. Desde pervertidor a pederasta. De granuja a malvado. Lo que ha dicho. Que es novela. Que no, que es autobiografía. El problema real, que no es del PSOE y con Esperanza Aguirre se alinea.

 

Anular. La acción de los tiranos halla en ese verbo uno de los referentes básicos que justifican la llegada al poder y la permanencia en el mismo. No se concibe el totalitarismo sino con el látigo de la aniquilación. Reducir a la nada. Nulidad plena. Como si no existiera el individuo o el grupo. La pugna electoral Trini-Gómez, que se saldó con la victoria del primero, nos ofrece un ejemplo impagable de esto mismo. A la perdedora se la recompensa por su obediencia al líder. El vencedor se toma la revancha y hace desaparecer de los órganos de mando de la formación madrileña a cualquiera que se significara en el apoyo a la ministra de sana nada y ahora de risa exterior a todas horas.

 

Reprimir. En definitiva, todos los infinitivos de la destrucción se resumen en éste. Reprimir. Esto es, contener, detener o castigar, por lo general desde el poder y con el uso de la violencia, actuaciones políticas o sociales. Hermosa lección de cacicato burgués. Deleznable ejemplo de espíritu democrático.

 

Reprimir, anular, impedir, vedar, prohibir. Los cinco jinetes del apocalipsis escatológico. En épocas de crisis, los extremismos hunden sus feas raíces en el fango más fértil para cosechar los productos más miserables. El sembrador está en su latifundio mientras el cosechador recibe las caricias lacerantes en su espalda encorvada.

 

Nunca las dictaduras murieron en la cama. ¿Y Franco? Era dictador. El régimen evolucionó hacia posiciones más suaves. Si no de qué la transición iba a lograr lo que satisfizo a la mayoría de los españoles. Ni Franco vetó al pueblo que suspiraba por la democracia. El régimen quiso retrasarla. Demasiado tarde. Por fortuna.

 

No canten victoria. El gran Zapatero, el del veto congresual multirrepetido, está dispuesto a todo, a todo, con tal de darse el alegrón de revalidar su ignominioso gobierno. Cuestión de tiranos. Cosa de dictadores. Costumbre de psoecialistas infames. Urnas, por favor. Cuanto antes. No sea que las rompan en pedazos miles. El Psoe está en el veto. PNV maneja las cuerdas de la marioneta desgraciada.

 

Un saludo.