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Francisco Velasco. Abogado e historiador

RIFIRRAFE SINDICAL

 

La duda no es nueva. La sospecha viene de muy atrás. Cada vez que dudo, muestro la perplejidad de mi ánimo ante las contradicciones de mis interlocutores y tardo en decidirme en seguir a unos o a otros. O a ninguno. De la duda, paso a la sospecha. En cuyo caso, la duda se torna recelo porque capto que las incoherencias de mis informadores revelan un punto de mala intención. Cogito, ergo sum.

 

Con los dirigentes actuales de los dos grandes sindicatos, ni albergo dudas ni me pierdo en sospechas. Directamente me infunden la certeza del delincuente pillado en plena faena. Si ayer hablaban de la bondad del Gobierno en su política social y hoy se alinean con Zapatero a fin de sacar adelante su atraco a la sociedad, no se puede dudar ni sospechar de la necesaria cooperación que las organizaciones obreras, con sede festiva en el Villamagna, establecen con los bien pagados ministros psoecialistas. Si no, no podría explicarse los bandazos de los dos organismos cada vez más verticalizados.

 

Uno puede quejarse de la defectuosa democracia que estamos adulterando. Incluso valen los lamentos en torno a la escualidez de los valores ciudadanos que forjan con embudo las sectas autonómicas que sucursalizan el poder central. Lo que no es admisible es que el poder sindical se corrompa al ritmo del pasodoble compuesto por Toxo y Méndez.

 

Pasodoble torero. En tanto la credibilidad sindical descanse en las figuras de estos dos banderilleros de la Cataluña antitaurina, la ciudadanía no dejará su dinero en las arcas de estos faranduleros charlatanes y bocazas. Para recobrar el crédito, es preciso pagar lo que se debe. Y deben hasta las sedes que habitan. No las van a devolver al patrimonio nacional, eso seguro. Como no tienen el propósito de reingresar al gobierno sobornador las millonarias subvenciones que les otorga para decir hoy sibwana y un rato después siseñor.

 

Nadie puede entender la tarea de estos sindicatos desalmados. Los intereses de los trabajadores no son el objeto de sus tareas de ocio perpetuo. Su afán bascula hacia el amparo del mantenimiento de su status personal. Mucha pancarta, la camisería de marca simulada en su indumentaria descorbatada, y poca vergüenza política. Tan de acuerdo se muestran los líderes de estos ricos y poderosos grupúsculos, que no cabe entre ellos la menor disensión táctica y estratégica. Se juegan mucho en el envite. La cantidad apostada es multimillonaria y con el oro del Moscú monclovita no quieren bromas. Los puntos de posible discordia se lavan en la máquina tragaperras del BOE o de los boletines autonómicos.

 

No cabe rifirrafe. Ni la bulla más liviana es posible. En las familias de los hampones norteamericanos de los años veinte del pasado siglo, el padrino marcaba la pauta. Si el modelo seguido no proporcionaba los réditos esperados, comenzaba la lucha por la entronización de una nueva casa reinante. No se jugaba de farol. O cascabas dinero o la ráfaga segaba carreras y vidas. La contienda sindical no existe. Tampoco la discrepancia de opiniones respecto a Zapatero y compañía. Observen la mediación del camarada Valeriano Gómez en su rol de Jekyll y Hyde. Genial. A veces, se le nota un ligero rubor al desempeñar tan desairado papel. El recortado mostacho le ayuda a helar su repugnante sonrisa de hiena. Como si nada. Él, a los suyo. A recortar al pueblo. A engordar a síndicos y ministeriales. A mentir a los españoles. A evitar la ruptura con el pagador.

 

Si alguien piensa que los de Comisiones Obreras y los de UGT pueden manifestar desacuerdos internos, tengan por cierto que los mismos no se deberán a la defensa de la causa trabajadora. Se limitarán a escenificar un rifirrafe sobre cómo repartirse un mayor trozo de la tarta patria. Si Marcelino levantara la cabeza.

 

Un saludo.

MERCASEVILLA: YO NO HE SIDO

 

A juzgar por la actividad desplegada, la juez Alaya quiere investigar a fondo el asuntillo Mercasevilla. Asuntillo. Sin importancia. Cuando el Psoe sevillano de Viera y Monteseirín mete la pata y la mano, el delito es simple chiquillada y el mangoneo, coyuntural estado de necesidad. Rodrigo Torrijos, aliado o cómplice de los psoecialistas en el Ayuntamiento capitalino, entona como nadie el himno anarcosindicalista: a las barricadas. Lo actualiza el hombre, no obstante. Ahora lo denomina “a las mariscadas”. Dios los cría y ellos se juntan. En Sevilla o en Lugo.

 

Por qué será que el campo donde crece un trigal, arraiga la mala hierba de la corrupción y tras ella aparece un troll psoecialista. Por qué será. El que fuera Consejero de Empleo, Antonio Fernández, ha sido citado como testigo en esta pequeñez de Sevillamerca. Apenas medio milloncejo de euros están en juego y un intento de soborno en offside. No se preocupen. Pierdan cuidado. El exconsejero mal aconsejado es inocente, nada tiene que ver con el tema, es que ni siquiera se acuerda cuándo fue nombrado para el cargo ni si alguna vez lo ejerció. Lo de la memoria sí que es un problema.

 

Mercasevilla es una empresa pública. Ojo. A estas alturas del partido, no sé si es una de las que Griñán quiere agencializar para hacer de sus empleados funcionarios públicos. No lo sé. Lo que sí sé es que Torrijos, de la izquierda unida al psoe que deja hundida a la causa de la izquierda, es vicepresidente de la misma. Allí estaba el hombre, dándose/recibiendo un homenaje a cuenta del ingenuo contribuyente y en honor al sufrido pentamillón de parados españoles. Torrijos y Recio, Monteseirín y Viera, andan a la greña por unos cuantos miles de euros. Total. Una miseria comparado con lo que podrían haberse llevado. Y Antonio Fernández, el gran desempleador de esta Andalucía de nuestras entretelas, enfangado en el ERE. Lo suyo es más que un simple ERE. Es un ERRE, tal su capacidad de reincidencia y de destrucción.

 

Como quien la cosa no va consigo y el mefítico olor a mangancia proviniera de fuente distinta, el candidato del Psoe a la alcaldía hispalense dice ahora que él va a arreglar, de un tajo en el cuello de sus competidores, el tema. Se pone en duda si el programa electoral del señor Espadas incluye modificar el actual plan general de ordenación urbana y construirse un “chalete” junto a la Giralda. Y el que quiera langosta, bogavante o crustáceos tipo nécora, que no se reprima. Ahora, eso sí, a la hora de degustar tan sabroso bocado, que deje la torrija en casa, aguce la vista, afine el oido, se desmarque de fotógrafos, despiece la factura, modifique el concepto y pase a intervención municipal el cuantioso gasto como menú del día de los trescientos sesenta y cinco días de ese años. Y si fuera bisiesto, uno más. Así colará y la derechona ni la prensa afecta se enterará de nada.

 

Mercasevilla es una vergüenza. Salvo que la magistrada juez del Juzgado de Instrucción nº 6 de Sevilla se rinda ante los resaltos himaláyicos que colocan los amigos de los imputados, los ediles y parlamentarios psoecialistas van a ir a la trena. Si la juez se rinde, entonces seguirán en la calle. Dentro o fuera, estos angelitos seguirán disfrutando del noble arte de tomar el pelo a todo el mundo.

 

Hay que reconocerlo. Su estómago debe ser la cueva de Alí Babá para comerse la hacienda pública cuando el desempleo acrecienta la crisis y la crisis incrementa el desempleo. A base de pankreoflat.

 

Un saludo.

EL SEPULCRO DEL CID

 

Malos momentos. Muy malos. Peor aún: no se atisban puntos de inflexión en el descenso. El gran drama de España es el pentamillón de personas desempleadas. A partir de esta realidad incuestionable, la clase política gobernante -léase el Psoe de Zapatero y demás compañeros verdugos- ha de actuar en consecuencia y en consonancia.

 

La crisis -lo hemos señalado- parte del espacio político-económico internacional. Nadie lo duda. En España, la permanencia de esa depresión no se alimenta, sin embargo, de manantiales exógenos. Ni mucho menos. Se nutre de la inepcia inadmisible del Gobierno psoecialista y se fortalece en la ambición enfermiza de su consejo de ministros.

 

Del mismo modo que 1898 fue una efemérides histórica imborrable, 2008 va camino de convertirse en un hito igualmente indeleble. De la primera fecha, hay que culpar al sistema corrupto de la Restauración. De la segunda, a la vergonzante utilización que de la democracia está haciendo el partido que fundara Pablo Iglesias.

 

Entonces, a fines del siglo de las constituciones liberales, surgió un movimiento de regeneración de la vida política española. Ahora, en los albores de la actual centuria y del tercer milenio, la necesidad de recuperación de valores auténticos es perentoria. No se puede seguir navegando en un mar revuelto con una embarcación capitaneada por una banda legitimada por su elección democrática, pero carente del más elemental espíritu de profesionalidad y de honor. La democracia política no puede contradecirse con la aristocracia de la sabiduría, de la capacidad y del buen hacer. Esta bipolaridad es muy perjudicial. Resta categoría a la esencia de un sistema basado en la decisión libre del pueblo.

 

El drama del desempleo se aproxima a las frontera de la tragedia humana. El número de parados se incrementa por días y por horas. Las manifestaciones del ministro Valeriano -tila, tela-, y de su jefe de sección azul, el señor Zapatero, en torno a la posibilidad de crear puestos de trabajo en el segundo semestre de dos mil once, son quasi delictivas. La mentira de estos personajes puede ser inocua si no provoca desastres humanitarios. Y vaya que son insultantes las promesas imposibles de cumplir que, además, son reiteradas, pertinaces y dolosamente comprometedoras. Crean expectativas en los ciudadanos que, al poco, se ven defraudadas y, por ende, activan nuevos dolores.

 

Joaquín Costa demandaba, a expensas de la idea de reconstruir la nación, que la idea guerrera debía ser enterrada, cancelada y cautiva en un túmulo clausurado con siete llaves. El Cid era un símbolo glorioso de guerra y de irreflexión. Propugnaba Costa la paz después del desastre de Cuba. La paz que nace, no del miedo, sino de la prosperidad económica y del progreso social. Una vez más, las buenas intenciones de la Generación del 98 se esparcieron por el suelo como semillas inútiles.

 

José Luis Rodríguez Zapatero debe poner un candado a su particular sepulcro del Cid. Bastaría que asumiera su responsabilidad en la calamidad que padecemos. Sería suficiente que se avergonzara públicamente de su gestión perversa y de su palabrería huera. Me conformaría con que afrontase que, a causa de su ineptitud, los comedores de auxilio social estén repletos. Cada persona sin recursos, y se cuentan por centenares de mil, es un candado en la conciencia cívica del presidente. Uno duda de su recato político. Sin embargo, presumo su escrúpulo personal. En esta creencia, le insto a dejar el Gobierno del pueblo que, de manera indiscutible pero minoritaria, le aupó a tan cualificado cargo. Si no por amor de Dios, por respeto al ser humano.

 

Reclamo mi derecho a pedirlo y le exhorto a resolver en justicia democrática. Déjese de fotos. La foto es, en Zapatero, el desdichado fatum de España.

 

Un saludo.

EL CUENTO DE LA LECHERA

 

 Lo de la sostenibilidad de la economía es un concepto que se esgrime con tanta impropiedad como ligereza. Recuerda el cuento de Esopo, reinterpretado por el Infante don Juan Manuel y Samaniego.

 

La que fuera primera ministra de Noruega, la señora Brundlant, firmó un informe que definía el desarrollo sostenible como el que es capaz de satisfacer las necesidades actuales sin comprometer los recursos y posibilidades de las futuras generaciones. Proyectemos la idea a una economía doméstica. Una familia de cuatro miembros en la que únicamente trabaja uno de los padres, puede asegurarse la sostenibilidad de su economía doméstica si tiene en cuenta una simple operación matemática. Ha de ingresar más de lo que se gasta. Los ingresos por encima de los gastos. Si se invierten los términos y el sustraendo relega al minuendo, la deuda está servida.

 

La deuda puede ser soluble si es circunstancial y de cuantía pequeña. De ser sistemática y de contenido in crescendo, la deuda alcanzará niveles de desarrollo tales que los efectos incidirán en el patrimonio presente y futuro de la unidad familiar. En cuyo caso, la economía dejará su carácter de sostenible y adquirirá los vicios que afean la insoportabilidad de una carga demasiado pesada. He ahí el misterio.

 

Extrapólese esta idea indiscutible a factores macroeconómicos y a un territorio estatal. El Gobierno de Zapatero es autor de una producción legislativa que, en la mayoría de los casos, se difumina en el título normativo, ya que su contenido roza el imposible cumplimiento. Entre ellas, la Ley de Economía Sostenible es un paradigma. De etereidad, de superficialidad y de brindis al sol. Esta Ley resume y compendia la demagogia política de un Gobierno que no sabe si la petanca y los bolos son deportes olímpicos y que dice creer que el aborto perpetrado por un médico a una mujer supone la muerte de un ser vivo, pero no de un ser humano.

 

Con tamañas carencias cognoscitivas y tanta demasía de engaño popular, la susodicha ley persigue -ni más ni menos- cambiar la cultura productiva de la construcción a mansalva por el modelo económico basado en la tecnología, la innovación, la formación especializada y la energía medioambiental. Es verdad que la intención es loable. Más cierto es, sin embargo, que el propósito no es bueno, en tanto se queda en el papel de regalo con que envuelve el convoluto vacío. Hay voluntad de engañar. Una vez más. Y es que, puestos a regalar, el humo siempre es barato.

 

El humo nos conduce al fuego. El Gobierno no se limita a su papel de diseñar un modelo y de permitir a los agentes sociales, en el marco de libertad de mercado, decidir sobre la actividad de ese modelo. No. El Gobierno ejerce de Juan Palomo: yo me lo guiso y yo me lo como. Total, no se va a materializar. Qué ganas de involucrar a terceros.

 

Lo que sí está fuera de toda duda es que la Ley no va a crear empleo. Ni a corto ni a medio plazo. Cinco millones de parados constituyen un peso excepcional para una mesa de patas cortas y medida desigual. Amenaza con venirse al suelo. El sistema financiero se debate entre el beneficio óptimo y el lastre de activos inmobiliarios invendidos. Los empresarios y sindicatos representativos de una mínima parte de la sociedad despilfarran cientos millones de euros bajo el “inri” legal de las subvenciones. Los dicisisietes “estadillos”, que dice Aznar, compiten con el “lander” central a la hora de gobernar. Los ingresos caen por la vía del paro y suben por la cuesta de los tributos. Se gasta más de lo que se ingresa y debemos hasta el saludo.

 

Los padres y madres trabajadores no pueden sostener este tinglado. Los españoles no podemos soportarlo. La sostenibilidad pasa por un cambio de Gobierno. Después de las elecciones, se hablará de cambio de modelo. Zapatero no ha superado la lectura del cuento de la lechera. La leche que le...

 

Un saludo.

AL VENT

 

Escuchaba, en los lejanos años de mi adolescencia, la canción de Raimon. Al vent, la cara al vent, el cor al vent, les mans al vent, ells ulls al vent, al vent del món. Me gustaba en catalán. El sonido de la libertad sonaba mejor en catalán. Sentía como si la libertad de los catalanes fuera más urgente que la de los andaluces o los asturianos. A ellos se les reprimía, además, su lengua. Me era muy doloroso.

 

Al vent. Al viento. El castellano encuentra la sublimidad de expresión en tantos ejemplos, que con Miguel Hernández puedo resumir ese anhelo. Vientos del pueblo me arrastran. ¡Se puede escribir tan hermoso y tan noble! Sin embargo, al vent se cantaba al ritmo de la arenga y de la rebeldía. Raimon representaba la eclosión de una nueva necesidad de vivir sin cadenas.

 

El viento es voluble. Veleidoso. Sopla y resopla. Refresca y calienta. Anima y entorpece. Aúlla y mece. El viento nos pone delante de la vida que se opone a nuestra conformidad.

 

He analizado las palabras, los gestos, las posiciones y hasta las miradas furtivas de algunos de los dirigentes psoecialistas en la convención que celebraron este fin de semana. José Blanco y Manuel Chaves han exacerbado sus posturas de defensa a ultranza de Zapatero. Es un presidente roto. Está amortizado. El que fuera activo ha pasado a ser un grávido pasivo. Una carga inmensa. El viento rola en el mar electoral. El vendaval se lleva a los marineros de un barco a la deriva. Las exultantes salutaciones de los oficiales de a bordo no son sino excusas no solicitadas que acusan a los aduladores. Hay que soltar lastre. El barco en vaivén es sustituido por el aerostático globo. No remonta. Mucho peso el del presidente ancla.

 

Como si el problema único fuera Zapatero. Zapatero es la punta del bloque de hielo. Hielo alegórico que hace referencia a la ausencia de sentires. El rey ha muerto. Viva el rey. Nada puede detener a la máquina del poder. Ni atisbo de misericordia. Ni pizca de gratitud. El impedido, el viejo, el feo, el inservible, el inútil, vienen a ser muebles viejos que se colocan en el desván de la memoria histórica o se abandonan en el hospital a la expensa de la eutanasia o se acumulan en la pira de los olvidos.

 

No cabe compasión. Las miradas hacia atrás se castigan como a la mujer de Lot. Estatuas de sal. De sal y no vuelvas. A Zapatero le han dado el matarile. Loas excesivas que anuncian el cántico al difunto. Los amores de Chaves y de Blanco son tan interesados como los de Pajín con “colegas” o los de Bono con Intereconomía. Público y El País acompañan, cual plañideras caras, al cortejo fúnebre. Qué bueno era. Quién paga la próxima. Porque o sueltan la pasta o el llanto sucederá a las adormideras.

 

Al vent es un grito de libertad. Las cenizas de Zapatero se lanzan al aire de la soga y de la yunta. La convención psoecialista es un velatorio adelantado. Zapatero es el problema cumbre de una enfermedad cimera que es la interpretación que de la democracia hacen los secuaces del poder. Sus lágrimas son de cocodrilo. Su tristeza es tan fingida como su pasión por la clase trabajadora. Persiguen despertar penas en los ciudadanos. Lograr su compasión. No buscan que se les perdone lo malo que han hecho. Niegan la mayor. El Psoe sólo crea bondad y riqueza, vuelven a mentir.

 

El relevo está listo. Y presto. Teje la tela de araña. Se dispone a volar cual faisán. Zapatero no produce pena. Sí, grima. Su salida es un vuelo al vent. La tormenta, no obstante, arreciará. El corifeo familiar es la reedición de las familias dictantes de Túnez, de Egipto, de Yemen, de Jordania... Los tanques a la calle unirán al pueblo en busca de la libertad del vent. Al vent. Vientos del pueblo...

 

Un saludo.

DIGO QUE DIEGO DIJO

 

 Abril de 2004. Congreso de los Diputados. Madrid. Discurso de investidura como presidente del Gobierno. Música: Psoe. Letra: Psoe. Interpreta: José Luis Zapatero, del Psoe. “Los ciudadanos nos exigen a los políticos que seamos fieles a nuestras promesas. Esta exigencia es para mí la más apremiante, la más obligada. Haré honor a la palabra dada". Sic.

 

Goebbels decía que “una mentira repetida adecuadamente mil veces se convierte en una verdad". Si sabría el alemán de Hitler sobre propaganda. Nazi. Fascista. Totalitaria. La mentira en la boca del dictador sale de la esfera de la picaresca para instalarse en la pronunciada pendiente de la traición y en el abrupto acantilado del delito. Ya lo decía el clásico Mateo Alemán: “Quien quiere mentir, engaña y el que quiere engañar, miente". Cicerón, el Demóstenes romano, afirmaba que “aunque digan la verdad, los mentirosos no son creídos”. Ahí discrepo amargamente. Hay mentirosos tan diestros en el manejo del alfanje mayéutico y su rostro maquillado inspira tanta confianza, que te seccionan la yugular a poco que pongas el cuello al alcance de su brazo. Y cuanto más jure, más clava la puntilla del engaño en el tablón limpio.

 

El presidente Zapatero ha podido ser víctima del síndrome de creerse sus propias mentiras y lanzarnos toda una sarta de promesas que entendía cumplibles. No descarto el error en su discurso de inauguración. A partir de ahí, nada que provenga de él me creo. Nada. Y si no, acudan a su programa electoral. Un programa debe ser un compromiso de avance en el contrato social. No hace falta leer a Rousseau para entender la esencia del contrato social. Basta leer el debe y el haber de la contabilidad de nuestro quehacer cotidiano. No obstante, facilitaré algunos ejemplos de por qué sublime parte de su anatomía se ha pasado el señor Rodríguez Zapatero los compromisos con el pueblo español.

 

Recordarán ustedes que ya avanzó que no se trasladaría el Archivo de Salamanca. Se sigue llevando a Cataluña. Y qué me dicen de su intención de reducir la temporalidad en el empleo juvenil. Ni temporalidad ni perpetuidad ni nada de nada. Lo peor, ni empleo. La tasa de paro de los jóvenes besa el cincuenta por ciento. Para dar a troche y moche, sus previsiones de inflación para el cálculo de las pensiones. Se enfangó tanto en el antiaznarismo que se mordió su propia lengua y se envenenó con el bocado. Especial énfasis puso el su voluntad de acabar con la cultura del ladrillo. No sabía, el pobre, que la cultura del ladrillo se encargaría de romperle sus queridos piños.

 

Pero hay más. Sin bucear demasiado, les llevo a su memoria la idea de no incrementar la presión fiscal. Ojú. Si antes lo proclama, antes se traga sus falsedades. Que pregunten a los españoles por el IVA, la gasolina, el alcohol, el tabaco y un largo etcétera de impuestos indirectos que gravan, por igual, al muy rico y al muy pobre. Pues que el pobre ni fume ni beba ni conduzca, que para eso es un indigente económico. Qué bien, Qué respuesta más social.

 

Lo de la unidad de todos frente al terrorismo y con las víctima, es de manual de la corrupción política. Ha dado palos en el lomo de los afectados por la banda asesina etarra y a la organización criminal y mafiosa de origen vasco ha lanzado inequívocos guiños de complicidad que se resumen en el “accidente” de la T-4 de Barajas y en el incidente ignominioso del “Faisán”. En este terreno, ocupa un espacio hiriente su propósito de hacer del Fiscal General, una institución del Estado. Nunca como con Conde Pumpido, la Fiscalía había arrastrado tanto su prestigio, al tiempo que embarraba la toga con el pretexto peregrino de procurar la paz. La paz sucia. La paz sucia como antídoto miserable frente a la guerra sucia de los GAL. Enmedio, Rubalcaba.

 

Zapatero no creó. Tampoco confeccionó. Ni siquiera remendó. Se limitó a ensuciar, untar, enturbiar, enmugrecer y guarrear. Cinco millones de parados y varios más de asqueados dan fe de lo anterior. Donde dijo Diego dijo Alfredo y donde Gal, Faisán. Y así. Bonito.

 

Un saludo.

FERNANDO LÓPEZ Y RAMÓN INFANTE

 

 Casa. Cosa. Nostra. Posesión. Tenencia, Goce. Dominio. Mandato. Feudo. Abuso. Cópula. El posesivo nuestro/a se expresa en términos de legitimidad pero también bajo fórmulas de ilicitud. La condición de poseedor no va unida a la personalidad humana. Puede serlo una persona física y una persona jurídica. Puede ser atribuida a cualquier persona incluso a un no concebido. Puede, incluso, detentarse de la forma más ilegal. La posesión no es propiedad. No necesariamente. Algunos políticos, a lo que se ve, confunden el poder temporal que el lectorado le otorga, con la creencia torticera de que el pueblo le entrega la propiedad vitalicia de dicho poder.

 

Que sí, que sí. Que los nombres y apellidos están cambiados. Adrede. Se trata de significar que uno y otro han sido la moneda con la misma cara de moralidad que ha mostrado UpyD en Huelva en los últimos tiempos. Uno, Fernando Infante, y otro, Ramón López, han realizado un trabajo político impresionante. Desde la precariedad de sus recursos pero merced a la admirabilidad de su esfuerzo y de su capacidad, han sabido imprimir al partido que lidera Rosa Díez un marchamo de organización pata negra. Calidad garantizada. Voy, incluso, más allá. A este articulista descreído que sólo admite como válida la prueba basada en hechos, en evidencias, por encima del siempre subjetivo testimonio, le ha costado admitir que el mensaje de estos dos señores, pese a su voluntad, fuera realmente el que enviaban urbi et orbi.

 

Sin embargo, Fernando y Ramón, López e Infante, han operado el milagro. He terminado asumiendo que estos dos hombres no son los personajillos al uso que degradan la vida política. Son personajes de pro. Ellos me han convencido de la idea de que UpyD no era la marca española del Psoe ni el rostro limpio de un partido que tiró por la borda su condición de socialista, de obrero e incluso de español. Me convencieron a través de su hechos, de sus gestos, de sus palabras, de su ejemplaridad, de su notoriedad como profesionales y de su excelencia como juristas. Me transmitieron la credibilidad de su ideología y la autenticidad de sus acciones. No vendían una burra vieja ni un coche apañado.  Lo que pasa es que el mensaje nacía y moría en ellos.

 

Al cabo, uno se sorprende de la noticia que adelantaban algunos medios de la provincia y que hoy se propaga a través de facebook. Ramón y Fernando abandonan UpyD. Pues muy bien. O muy mal. Que dos abogados de la calidad de estos dimitan a causa de su negativa a aceptar chanchullos impropios de adalides de la asepsia democrática, nos señala que el partido de Rosa Díez mantiene visos ventajistas de la matriz oscura. Mas lo que enaltece a estos dos señores es el haber abandonado la formación a la que tantas horas dedicaron, antes de las elecciones municipales y autonómicas. No son roedores que huyen de la nave cuando ésta comienza a hundirse en el océano de la derrota.

 

La democracia es, aunque muchos la mancillen. Fernando Infante y Ramón López son demócratas porque son limpios y son limpios porque son demócratas. Es verdad que muchos lamentaremos, y el lamento es la mostración de una desazón, la retirada precoz de ambos políticos. Se esperaba mucho de su buena praxis en caso de que el electorado hubiese confiado en ellos en el número suficiente como para obtener alguna concejalía o escaño parlamentario. No podrá ser. Por lo menos, no en UpyD.

 

En esta tesitura, mi cabeza me conduce por los derroteros de la cultura más ignominiosa. La casa/cosa nostra. El mare nostrum con que el imperio romano nombraba al Mediterráneo. El juramento de ingreso de la cosa nostra pasaba/pasa por la lealtad al jefe y por el valor para defender al padrino. Entras vivo y sales muerto, te amenazan. Levanta tu dedo y haz brotar una gota de sangre, que simboliza tu nacimiento en nuestra familia. A partir de ahora somos uno hasta la muerte. Ahora eres un hombre hecho, un "amico nostro", un "soldato de la famiglia".

 

Fernando y Ramón nunca tuvieron sentido de propiedad política. Muy al contrario. Sí conocían el alcance y los límites de la posesión. Su altruismo y su filantropía les situaron en las antípodas de la corrupción. Los mejores, la aristocracia del oficio, siempre mueren los primeros. Lástima. Admiración. A don Fernando Infante. A don Ramón López.

 

Un saludo.

C.A.A.NSINO

 Todo no vale. Sí. Así es. Cómo va a valer todo. El fin no justifica los medios. En la extraordinariamente bella Punta Umbría, el Psoe de Gonzalo Rodríguez Nevado cree que la varita mágica del poder abre puertas y cierra ventanas al socaire del viento que sople. Está convencido de ello. Convencido a pesar de que sabe que su convicción no es producto de la aplicación de la legalidad. Seguro porque su certeza se alberga en la plataforma de creencia de su impunidad.

 

En Punta Umbría se ha instalado el régimen psoecialista más demagógico. Uno se cuestiona, a estas alturas del siglo, en qué instituciones públicas el socialismo lleva a cabo la esencial función que el concepto implica. Dónde se puede ver un atisbo de ese enorme caudal humanístico que es la idea socialista. Cuál de los dirigentes del Psoe español da ejemplo de austeridad, democracia y ajuste a la legalidad. Los habrá. Mas no los hallo. En Punta Umbría, menos. Ni su fabuloso emplazamiento ni la bondad singular de su paisaje ni la natural bonhomía de su gente bastan para hacer de ese enclave geográfico un mundo de convivencia social y política.

 

Los ataques reiterados a José Carlos Hernández Cansino forman parte de esta innoble forma de hacer política. Se ha llegado al acoso, a la amenaza, a la difamación e incluso a la agresión. José Carlos está soportando un calvario y un gólgota en el paraíso terreno de la gran playa de Huelva. Tanto por ser del PP como por oponerse constructivamente al Psoe.

 

El equipo de desgobierno del actual consistorio puntaumbrieño -alguno de cuyos miembros está imputado- lo ha colocado en la diana de sus descalificaciones. Es el enemigo a batir. Su candidatura a la alcaldía no es soportada ni admisible. Nada nuevo bajo el sol de los fascistas de pensamiento único. La libertad de expresión es un concepto indiscutido e indiscutible. En el archipiélago gulag del psoecialismo patrio, los derechos sólo son materializables por los amigos aborregados del tirano. Al resto de la humanidad, ni agua. A José Carlos, vinagre.

 

La intervención del Consejo Audiovisual de Andalucía (C.A.A.) resulta especialmente reveladora de la dimensión del problema de libertades en Punta Umbría. Un organismo tan manejado por la Junta de Chaves y de Griñán se ha atrevido -qué osadía, madre tía- a instar al operador municipal del Psoe, Onda Punta TV, para que cese la emisión municipal de carácter político. Rodríguez Nevado autorizó, o cuanto menos no se opuso, a que la telepsoe local retransmitiera un mitin del partido de Mario Jiménez, de Rubalcaba y de Zapatero. El CAA insta, ojo. Insta. Pide, ruega, solicita. No apremia ni urge. Simplemente suplica. Resulta probada la infracción al artículo 18.6 de la Ley General de Comunicación Audiovisual y el órgano muscular de la Junta se limita a advertir. A la próxima, te vas a enterar, se pone serio el sesudo organismo. Te voy a meter un multazo de miles de euros, anuncia. Sanción al pueblo. A los regidores psoecialistas, ni una moneda.

 

No se sabe si ha abierto un expediente informativo a los responsables de los hechos. Lo que sí me malicio, a la vista de la historia administrativa, es que, de haberlo hecho José Carlos, el tsunami de protesta sacudiría los cimientos de toda la localidad hasta ser devorada por las olas fantásticas del Atlántico. A José Carlos, leña. A Nevado, orejas y rabo. La doble vara de medir es que satisface las exigencias del más estricto demagogo.

 

Al señor Hernández Cansino le aguarda una jungla de obstáculos en su tránsito hacia la posible victoria electoral. Hay que ser un tarzán y un gandhi para superar el slalom imposible. No todo vale. Lo que aporta entidad y credito a cualquier institución democrática es el respeto a la ley y al pueblo soberano. A falta de respeto, sobra la tolerancia y está de más la justicia. Al CAA, que se arrime al toro de la normativa. Al Psoe de Nevado, que no toree las reglas. A Hernández Cansino, ánimo y al toro. La democracia vale esa travesía del desierto goebbelsiano.

 

Un saludo.

PENSIONES CON ENCANTO

 

 Los hoteles, pase. Los hay con encanto pero cuestan la muerte del cisne. Una fonda de quinta categoría que será, en definitiva, el destino de la pensión que trama el Gobierno, no pasa. Qué va a pasar. Si la pensión se sitúa en un sexto piso y se elimina el ascensor, el recorte físico ya desgasta al visitante. Si a ello se une que el agua caliente dura dos minutos de reloj, que la limpieza brilla por su ausencia, que no cambian las sábanas del inquilino anterior, que han subido el precio por noche y que el ruido es insoportable, nos haremos una idea de lo que se avecina.

 

El recorte de las pensiones es brutal. Lo notarán los que están a punto de jubilarse. Basta con que comparen las prestaciones de los que abandonaron el trabajo un año antes. La desconfianza reina y el desconcierto es atronador. El Pacto de Toledo ha sido traicionado hasta los tuétanos. No se podía esperar otra cosa del desleal Zapatero y del felón Valeriano.

 

El Fondo de reserva de la seguridad social se está convirtiendo en un fondo de reptiles. Hay que pagar para asegurar la continuidad del Gobierno. En cambio, por mucho que se remunere a los chantajistas canarios y vascos, el sistema de pensiones es un toro herido de muerte que no se sostiene en vertical. Del mismo modo, por más que se subvencione a las cúpulas/cópulas sindicales de CC.OO y de UGT, las clases más desfavorecidas seguirán pagando el pato de la indecente política psoecialista. Lo de los 67 años es el colmo de la corrupción moral.

 

A este paso, en que el primer trabajo se encuentra pasada la treintena, la jubilación no llegará hasta después de cumplidos los setenta sin aspirar, ni por asomo, a recuperar el cien por cien del haber regulador. Para entonces, un par de Gobiernos más como el que nos ha obsequiado el Psoe, y los españoles habrán perdido masa testicular como consecuencia de los golpes recibido en tan noble parte.

 

El Libro Verde sobre las pensiones que publica la Unión Europea, advierte que en 2040, o los trabajadores se retiran septuagenarios o perderán poder adquisitivo. Qué lista la UE. El pensionazo no esperará a esa fecha. Se adelanta a hoy mismo. La puerta la ha abierto el zapaterismo iletrado. Sin embargo, el impulso hacia el precipicio es cosa de Méndez y de Toxo que, con tal de seguir en el machito de las copas de alto standing, venden a sus padres y madres.

 

Zapatero amenaza con la boca chica que efectuará la reforma con o sin la anuencia sindical, pero con la boca grande busca el consuelo de los listos tontos en el mal de los muchos tontos listos. Si el sindicato de transmisión y el que engrandeciera Marcelino Camacho aceptan, como parece, la perfidia del acto que propone la madrastra de Blancanieves, se habrán llenado de gloria y el oprobio cubrirá por decenios la actividad de estas organizaciones.

 

El despilfarro perpetrado por el fascismo psoecialista halla su origen en la maldad de los derrochadores. Los esperpénticos augures de la economía, que presidiera Solbes, daban como seguro unos datos de desempleo que la realidad se ha encargado de desmentir. Con cinco millones de desempleados, y creciendo, el tinglado de las pensiones terminará derrumbándose si no se ponen contrafuertes y arbotantes que lo mantengan enhiesto.

 

En tanto se da apariencia de rectitud y de seguridad, Méndez se suma al Gobierno en demanda de un pacto global. Este acuerdo ventajista pasa por más de lo mismo. No puede ser de otra manera. Dos que se acuestan en el mismo colchón, se vuelven, si ya no lo son, de la misma condición. Lean, si no, los estatutos del Psoe: “la unidad del partido radica en la unidad de pensamiento y en la unidad de acción de sus militantes”. No busquen más. Ni se engañen. Escrito está.

 

Las pensiones con encanto son, en verdad, hoteles de lujo que disfrutan los del pensamiento único que observan la sumisión ciega al líder/dios. Me suena a arrebato islámico de carácter civil-militar. Pensionistas, apriétense los cinturones. Así y todo, se les va a caer el pantalón.

 

Un saludo.

EL INCIDENTE MÁS ACCIDENTADO

Rubalcaba, el gran faisán, el que fuera portavoz del gobierno de Felipe cuando los atentados de los Grupos Antiterroristas de Liberación (GAL), ha dado una vuelta más de rosca al tapón del frasco de los silencios impuestos. Don Alfredo, que no Diestéfano, sustantiva como incidente el hecho del chivatazo a la banda asesina ETA por parte, presuntamente, de algunos cualificados funcionarios del Cuerpo Nacional de Policía. Un incidente, sí señor.

 

Lo que los medios no han explicado es qué entiende por incidente el presidente in pectore del gobierno español. Si se refiere a algo sobrevenido en el curso de las negociaciones ocultas con la hez etarra o si, por el contrario, se trata de un aspecto relacionado con posibles acuerdos entre Eguiguren y Otegui en el que su importancia ha de ventilarse en pieza separada. Puede creérselo y omitirlo o, lo que es más verosímil, no se lo cree ni él pero nos los hace tragar a todos. Una cosa está clara. Rubalcaba tiene de bobo lo que Zapatero de listo. Rubalcaba emplea con propiedad el término incidente. Está queriendo reconducir el proceso hacia la categoría de error y desviar la atención lejos de la idea de traición al Estado español y al estado de derecho.

 

Un abismo. El que media entre acción errónea sin “animus criminis” y el acto doloso que persigue la comisión de un delito. Se gana el cielo si logra convencer a la opinión pública que lo del bar Faisán no fue sino una ocurrencia desgraciada de alguien que estuvo en un lugar indeseado en momento inoportuno. Y ya está. El averno le cae más cerca. El incidente tuvo todos los visos de premeditación y alevosía. La repercusión del soplo tuvo efectos explosivos. Y ello, porque un Gobierno se pasa la ley por el forro de sus caprichos y, desde su instalación en la impunidad, afrenta a la ciudadanía y se convierte en cómplice de una mafia infame.

 

El incidente que dice Rubalcaba es una cortadura en el principio de seguridad jurídica que consagra nuestra Constitución. El incidente es una hendidura en el corazón de los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado que ponen en juego sus vidas por defender al pueblo de la insania homicida del inframundo de Josu Ternera, de De Juana Chaos y de otros sujetos de nauseabunda vida. El incidente es una inscripción a fuego en la historia de la infamia contra España. El incidente es el concepto que descalifica a un político para los restos de su pobre vida.

 

Fuera Garzón, las diligencias procesales vuelven al cauce del que nunca debieron apartarse. La acción que Rubalcaba pretende escamotear es la más grave que ha vivido la joven democracia española, incluido el felizmente extirpado golpe de Tejero. El Teniente Coronel mostró cierta galanura de espíritu al dar la cara en un pronunciamiento militar objetivamente execrable. El Ministro oculta el rostro acerado para no reconocer que el Gobierno ha podido delinquir contra la soberanía del pueblo cuando su función institucional es la contraria.

 

El incidente como ruptura es Rubalcaba. Se ha cargado el potentado ministerial la credibilidad del Consejo de Ministros. Ha destripado las entrañas de la justicia. Ha llevado su mentira inacabada al límite de lo admisible. El mismo que llama incidente al paro, a la congelación de las pensiones, al recorte de los salarios de funcionarios, a la prolongación de la edad de jubilación, a la ley antidescargas, al paro degradador, al asunto Matsa, a la investigación parcial del atentado de Atocha. Y así.

 

Sólo le supera en la manipulación el gran Zapatero. En vez de incidente, denominó accidente a la voladura de la terminal 4 de Barajas. Detrás, ETA. Por qué será. Será. Es.

 

Un saludo.

LA HUELVA OSCURA

La ciudad más soleada de España, la más oscura. Contradicción “in terminis”, parece. Parece. Mas no hay tal recíproca destrucción porque sí es posible ser y no ser al mismo tiempo. Huelva es tan singular que aglutina en su seno lo más inverosímil. Tantas horas de luz y evitamos el terapéutico sol con techados de humaredas que, a su vez, ocultan la negrura del suelo, desvían el olor a azufre del infierno y simulan el desvaído azul de las aguas.

 

Huelva vive un infierno de contaminación. Por cielo, mar y tierra. La limpidez del medio ambiente ha dejado paso a la suciedad del ambiente medio. No hay día que los onubenses no amanezcamos con bocanadas de contaminación ni nos acostemos con el miedo de nuevos agentes de polución. Las balsas de fosfoyeso se hacen dueñas del paisaje marismeño urbano. El vertedero de Nerva da miedo. El transporte de sustancias peligrosas amenaza cada día nuestras carreteras. Huelva vive en un continuo sinvivir. La pregunta es por qué y hasta cuándo. La respuesta no pasa por injuriar a los onubenses y acusarles de no percibir de manera adecuada.

 

Pedro Jiménez, el lider de Izquierda Unida en Huelva, acaba de presentar una denuncia ante el Fiscal de Medio Ambiente por la presunta comisión de un delito en la planta de inertización de Palos de la Frontera. Los desechos industriales de otros territorios han ido a parar directamente al basurero de Nerva. Lo de vertedero presenta otras connotaciones. Hala, a la Cuenca Minera. Total. Lo que no quieren en Italia, Portugal o el resto de España, al suroeste de la península, al rincón del Estado, al muro de los lamentos inútiles.

 

La denuncia viene de Izquierda Unida. Por lo visto, ningún otro partido ni asociación cívica alguna había conocido que miles de toneladas de residuos nocivos hubieran pasado directamente al escombrero nervense sin someterse al tratamiento preceptivo en Palos.

 

La penultima, en la frente. Un camión de nerofumo, hollín que resulta de la combustión incompleta de cualquier materia orgánica, ha volcado su carga muy cerca del pantano de Nerva. Allí se dirigía el vehículo. La sinuosa carretera añade peligro al ya comprometido transporte. A falta de pan, más piedras. Que no nos falte de ná, que no, que no. Inversiones para revitalizar la mortecina economía de la región, ni una. Todo se encamina a la amortización territorial. A ver quién es el Mendizábal, antes que Madoz, que promulgue las leyes de resurrección. O, al menos, quién el deshollinador que reclame una imposible Mary Poppins.

 

Desde luego, la Junta de Andalucía que mangonea el partido único, no. Por supuesto que el Consejero de Medio Ambiente, menos. Se va a oponer el hombre a la empresa que le paga tanto por hacer nada. Que sea nacido y criado en Huelva, una higa la importa el accidente natalicio ante el peso de la bolsa y del poder. Basta, además, con que se fije en la actividad política abortada por su predecesora, calañesa nata, en la (dis)función.

 

Huelva oscura y soleada. El sol nos abandona al compás de los vertidos. La oscuridad nos domina al socaire de los albañales. Hagan números. Recuenten patologías. La peor de todas, la inacción. Ante el despliegue bélico de la Química invasora, no se produce la necesaria reacción de la Física al contraataque. Mientras no se actúe en consecuencia y en consonancia, Huelva seguirá en su indignante rol de cloaca máxima del imperio. Del imperio de los delincuentes.

 

Sol. Para Huelva, sol. Y luz. Naturaleza en estado puro. Incluso salvaje. Fieras, las que nos han convertido en el sumidero de Europa. Para Huelva, luz y sol.

 

Un saludo.

ADIOS, REY, COMO CATARSIS

El patio está que arde. El psoecialismo no anda. Corre que se las pela. Vive sin vivir en él y tan gran pérdida espera que muere porque no muere. Parafraseo groseramente a Santa Teresa, pero el partido más sectario del espectro político español se la mira y no se la encuentra. No sabe qué hacer para no perder las elecciones. No tiene probabilidad alguna de ganarlas. Se trata de amarrarse al mullido banco del galeón español. Voy de la santa de Ávila a Espronceda como quien abandona el AVE y se monta en un Cercanías.

 

La tesis de la catarsis halla un formidable argumento en la familia real. No es nuevo. Lo mantengo. De ahi que, hoy, veinticinco de enero de 2011, reproduzca en su integridad un artículo que se publicó a fines de 2009. Ahí va. Lo toman o lo dejan. Llámenme conspirador o consumidor de alucinógenos.

 

¿LOS BORBÓN COMO LOS ROMANOV?


 En algún artículo de este blog relacioné las imágenes y vinculé los destinos. Los destinos, que no los pasados. Los destinos. El fatum.



 Recién nombrado presidente, Zapatero y el Rey (en este orden) posaron para los medios. Los rostros destilaban cierto patetismo, una dosis de melancolía, una pincelada de miedo. Pura sensación. Sencilla estimulación sensorial que se transmitió al sistema nervioso. Compleja percepción que organizó e interpretó lo sentido. Zapatero y el monarca, circunspectos y desconfiados, exhibían semblantes oscuros, inquietos.



 A partir del triunfo electoral del PSOE tras el monstruoso atentado del 11 de marzo de 2004, la vida política española sufrió un extraordinario vuelco. Las consecuencias de todo tipo -sólo se me ocurren un par positivas- están dejando una profunda huella de desánimo en la dermis y en el "nous" de los españoles. Nous como espíritu. Fatum como azar  fatalista. Pathos como dolor de Laoconte.



 La familia del Rey don Juan Carlos no ha sido ajena a esos efectos malsanos. El republicanismo se abre paso en la voz y el gesto de la izquierda. La voz en el mensaje limpio y abierto de Julio Anguita. El gesto, en la mano crispada de los ultranacionalistas catalanes de Ezquerra. Voz y gesto contra trono. Gesto y voz contra altar. Monarquía e Iglesia vuelven a unir su suerte en la confusión que nos abruma.



 Sensaciones de frio y de oscuridad. Emociones fácilmente identificables pero difícilmente descriptibles. Presentimientos crueles. Intuiciones de muerte y de fin. Leyes gestálticas. Ya de cierre, ya de proximidad, ya de semejanza, ya de continuidad, organizo mi percepción sobre dos dinastías reinantes. A los Romanov se les acusó de chupadores de la sangre del pueblo. A los Borbón se les acusa. Se les acusa.



 ¿Por qué, articulista, retoma la misma percepción? La imagen, lector. He contemplado con detenimiento la postal navideña de los Príncipes de España. Barbado e informal el hijo del Rey. Sedente y cercana su esposa abrazando a sus hijas. A su lado, el Belén. Familia, nacimiento, vida. Mucha ternura junta. Demasiada. El subconsciente trae a mi memoria el rostro de una Bibiana feliz con el aborto, la retirada pública de los crucifijos, la reescritura de una historia, la ofensiva anticlerical, el latrocinio de algunos políticos, el chantaje sufragista de otros, la debilidad mezquina de unos cuantos, la hipócrita acción de no pocos.



 Me asalta, recurrente, la bestialidad del 11-M. Me hiere, impotente, la voluntad de tapar a la bestia. Me ofende la actitud del Gobierno. Llagas me causa el abandono de las víctimas. Erisipela me provoca la conexión hispano-francesa-marroquí en el caso Aminatu. Me escarnece la burla democrática. Me lastima el disparo a los derechos fundamentales. Me duele la burla a la Constitución
. No tenemos más asidero que esta Carta rota. La Familia real, tampoco.

 

Hasta aquí.

 

Un saludo.

PUNTO SIN RETORNO

 

Lo de Artur Mas es de manual. Si alguien pensaba que el nuevo president de la Generalitat iba a ser pelín moderado, tenía la misma probabilidad de acertar que el cerebro del pulpo Paul en los mundiales de fútbol. El octópodo sentaba sus lares allá donde el adiestrador indicaba en virtud de las apetencias gastronómicas del cefalópodo. Tener la cabeza en los pies, y viceversa, explica tantas cosas.

 

Artur Mas es un hombre de su tierra chica. De su época, no. Su ideología es liberal, así que, salvo el fascismo inherente a todo nacionalismo, no cabe aplicarle la etiqueta de totalitarista. Mas es un burgués. Burguesía catalana de trompeta que, agotada la bolsa financiera familiar, busca las américas en su propia comunidad de vecinos. En definitiva, a poco que piensen, los nacionalismos no son sino la elevación a rango de estado de lo que es una escalera regida por la ley de división horizontal. Buscan la extinción del condominio sin poseer siquiera el título de propiedad. Viven en precario y exigen la traslación de la finca. Son sujetos de desahucio y quieren hacer valer la propiedad por usucapión.

 

El nuevo portero de la finca catalanista se siente con más derechos que su predecesor Montilla, andaluz de nacimiento, el pobre, se dice el fijodalgo sin nobleza y sin generosidad de ánimo. Artur pertenece a la casta de advenedizos de Jordi Pujol. Nunca será Cambó. Ni Raimundo Lulio. Ni Marsé. Ni la muchacha de las bragas de oro. Calzonazo de estaño fundido en carne de separatismo nacional. Eso es Mas. Va de guapo actor y actúa de actor guapo. Se viste en la sastrería de toda la vida y sus trajes se cortan a la medida que el poder brinda.

 

Su ansia de segregar el predio le lleva a seguir la carrera alocada de los Montilla de toda la vida y de la pasta gansa. Se pasa al presidente del inmueble por los faldones de sus bien cortados pantalones. A la Junta de vecinos, la mira de arriba abajo anunciando la superioridad de la raza. A los estatutos comunitarios, orina. No hay norma legal allende el Estatut que se han ido cocinando a medida que el señor Zapatero defendía la catalanidad por encima de la española causa. Cuando el conserje tiene pillado al director por los cataplines, todo puede ocurrirle a la jerarquía. Mas dice ahora que la orden de Zapatero de prohibir nuevo endeudamiento de las comunidades, presupone un ataque a la libertad del pueblo. Del catalán, naturalmente. Que si persiste en su actitud, estará atacando a Cataluña. Y, además, por si no se entera, que si se pone chulo, le va a aprobar los presupuestos Vidal Quadras.

 

El laberinto de fortuna que escribiera Juan de Mena hace cinco siglos, glosaba la necesidad de que el rey presidiera con acierto sus funciones. En nuestros días, el rey agota su cargo en la cuerda que le ata al gobierno de Zapatero y el éxito de su misión se mide en el tiempo que el psoecialismo necesite a la testa coronada para hacer valer sus intereses concretos. Los del Partido, claro. El destino del rey determina tanto a los Rubalcaba como un perro viejo al final de una partida de caza. Tiro a la cabeza y sandiós.

 

El laberinto de fortuna de Mas y adláteres se construye en la finca del inútil presidente Zapatero. Inútil respecto a la nación. Muy necesario para el fin espurio de la división condominal. Las amenazas del punto sin retorno gustan al zangolotino de León. Incluso le incentivan en su enojosa tarea de dinamitar la estructura nacional. Prefiere dar y dar porque dando y dando consigue antes antes su mala intención destructora tora.

 

Laberinto sin fortuna el de los españoles que creen que Zapatero va a convocar elecciones antes de. Laberinto propio. Fortuna ajena. Que no, lectores, que no. La catarsis preelectoral arrastrará cadenas de sangre y movimientos de imparable odio. El punto de no retorno viene marcado en rojo en el calendario de concesiones a los independentistas. El retorno a la normalidad va a exigir, en palabras de Churchill, sangre, sudor y lágrimas. Sangre del pueblo. Sudor del pueblo. Lágrimas del pueblo.

 

Un saludo.

LA DERECHA ADELANTA POR LA IZQUIERDA

 

Juan Fernando López Aguilar no es lo que pudo ser. No será lo que no es. Está. Es. Poca cosa. Poca. El que fuera ministro de justicia de Zapatero creyó que hacer carrera política era equivalente a servir de alfombra mullida al líder. Las pisadas le sirvieron para situarse. Pura caricatura. Como sus dibujitos. Retomar el tiempo perdido pasa por justificar su trabajo como europarlamentario. Irrelevante su gestión interior, pura ficción su actividad europeísta. Lo más destacado de López Aguilar es su capacidad para decir monerías sin definir siquiera el importe de sus palabras. Dice lo que gusta oir a los jefes de la secta. Hasta ahí llega el hombre.

 

Lo último de este genio del tapiz horizontal es que le preocupa el avance de la extrema derecha. Profundo el hombre. Ve el alfiler del populismo en el pajar de los demás y no percibe la megaestructura de corrupción que se ha instalado en Ferraz. De Ferraz al mundo. Marcelino Iglesias defiende la defensa de las libertades con la lengua de la oposición y practica el liberticidio con la mano del gobierno. Pepe Blanco santifica el pluralismo con la voz de El País y de Público mientras sataniza la opinión de ABC o de La Gaceta. Zapatero habla de controlar el déficit de las comunidades de tercera división al tiempo que traspasa competencias a los dos grupos que monopolizan la ruptura de la mejor liga del mundo. Son. Es. Juan Fernando.

 

La extrema derecha avanza. Qué miedo. Para la extrema izquierda, claro. Lo que no se atreve a decir el valiente canario es qué países fomentan el advenimiento de esa derecha radicalizada. Si Hungría, con su ley mordaza. Si Francia, a través de sus exigencias a ciertas minorías étnicas. Si Marruecos, limitando la libertad religiosa de los cristianos y masacrando la integridad de los saharauis. Si Estados Unidos, con el reverdecer de los movimientos conservadores, línea "tea party". O si España, sumiendo en el desempleo a cinco millones de personas, o subvencionando a los dos principales sindicatos amigos, o untando el lomo de irredentos vasquistas y catalanistas, o suministrando fondos a las cajas amigas,...

 

La extrema derecha avanza, Fernando López Aguilar, allá donde la izquierda más corrompida gobierna. En países de gobiernos de izquierda ideológica en vez de pancista, la extrema derecha se come un donut. Y dos roscas se traga esa extrema derecha en los estados gobernados por la derecha seria. La derecha está adelantando a la izquierda por la zurda. Le gana la mano una y mil veces. Entonces, la izquierda, descompuesta y sin coartada, arremete contra la derecha. Como demonios se ponen. De los nervios enferman. No pueden soportar que la burguesía adelante a la progresía en el terreno social, y, lo que es peor, les propine un revolcón en el ámbito intelectual. No pueden aceptar tamaña competencia. La derecha está aprendiendo. Y rápido. La que sigue anclada en su envidia de siglos es esa izquierda de los Pablo Iglesias, de los Lenin, de los González o de los Zapatero.

 

La extrema derecha no avanza. La que retrocede es la izquierda. Son tan malos que, después de las alharacas de su llegada al poder, engordan las casas de unos y otros salvapatrias marxistas a costa de destruir las esperanzas del pueblo que, ingenuo, les entrega una y otra vez el poder. Forrados, despilfarran en cohetes y los artificios iluminan, apenas un instante, la oscuridad de una noche eterna.

 

Fernando López Aguilar. Si la derecha extrema se hace huecos, es por culpa de izquierdosos de boquilla como usted. Y como todos los de la panda que acaudilla el faisán. Una pasadita por el desierto opositor nos vendrá bien a todos. Incluso a usted, que seguirá viviendo de la sopa boba de Bruselas durante el tiempo que siga sirviendo los intereses del psoecialismo ruin. Truhan. Sin tilde.

 

Un saludo.

LA BURRA AL TRIGO

 

 El hombre es el animal que tropieza dos veces en la misma piedra. Lo malo del tema es que no son dos. Muchas más. Como a la burra, no existe correctivo suficiente que lo disuada de entrar en el sembrado. Nos reiteramos en el error amén de ignorar la lógica de la razón, la razón de la lógica y el peso de la justicia. Terquedad y reincidencia son paradigma de lo arcaico. Salvo que lo único que se pretenda es el trigo, la ambición colmada, el interés consumado. Salvo eso.

 

A lo largo de los dos años de vida del blog que me honro en tutelar, he tenido la voluntad, férrea voluntad, de escribir un artículo diario. Diario. Se trataba de proclamar la soberanía de la libertad de expresión y, al mismo tiempo, de mostrar que si se quiere, se puede y que si no se sabe, se aprende. Un poco de todo esto ha presidido esta actividad mitad literaria, mitad de análisis político.

 

Pues bien: si algún tema ha sido objeto de especial énfasis por parte de este abogado e historiador, ha sido, sin duda, el referido a la corrupción. Si lo piensan, es lógico que no pueda ser de otra manera. La democracia ha traído, con todas sus virtudes, un alud incontenible de golferías que, al amparo de las libertades, han sustituido el derecho por el torcido. La corrupción es una práctica que consiste en utilizar funciones y medios de las organizaciones públicas con la espuria finalidad de beneficiar a los gestores de las mismas. La corrupción, como vicio. La corrupción, como delito.

 

A lo largo de este tiempo, no me he sustraído a la necesidad de hablar claro y de fundamentar mis asertos. Sin embargo, el tema del presente artículo, de tan amplio exordio, no es sino recapitular sobre la idea de catarsis que se adivina sangrienta y cruel conforme el fantasma de las elecciones municipales aproxima el espectro de las autonómicas y, sobre todo, de la gran contienda de las generales.

 

La burra psoecialista no vuelve al trigo. La burra de Zapatero nunca salió del sembrado. Entró como pudo y quiso y allí permanece, asido el hocico y anclado el pataje a la hierba verde, hasta que el final de los mundos vuelva a ser anunciado por la trompeta del nuevo apocalipsis. O nosotros o el caos, dicen los sectarios del Gobierno zapateril mientras blanden centrales nucleares, amenazan pensiones desnudas, atizan la violencia propia culpando del mal a los ajenos, o atribuyen a Aznar los cinco millones de parados.

 

He referido, asimismo, que la catarsis necesaria no pasa por limpiar sus pecados ni reconocer sus deméritos ni expìar los delitos. No. He reiterado, y en ello me empeño de manera pertinaz, que la catarsis será exógena, y que su efecto multiplicador alcanzará tamaña dimensión que ríanse ustedes de la conmoción que nos causó el atentado del 11-M que llenó de oprobio a la nación española. Nunca admití, pura asepsia histórica y simple práctica jurídica, que la pequeña turba de islamistas fuera la autora de tan descomunal barbaridad mortífera. El sentido común impele a esa conclusión, sin necesidad de más estudios ni de otras investigaciones.

 

Cui prodest. A quién beneficia. El abc de cualquier pesquisa en torno a un crimen obliga a preguntarse el móvil de este tipo de operaciones. La respuesta tiene una lectura directa y otra inversa. La lectura inversa refiere que el atentado de Atocha no beneficia a Aznar ni a los populares. A sensu contrario, la lectura directa nos señala a los herederos directos del inmenso patrimonio que nos legara el anterior presidente del Gobierno español. Los grandes aprovechados de la trama nunca bien investigada fueron los psoecialistas y, con ellos, los enemigos de la derecha liberal: el fundamentalismo marroquí, la izquierda extrema y la clase empresarial del sector de telecomunicaciones desfavorecida por la muchachada aznarista.

 

Ahí radica la catarsis. En que la burra no quiere abandonar el campo de cereal. Si se demostrara la implicación del Psoe en el vil asesinato de cientos de españoles, el escándalo sería tal, que el propio Rubalcaba -el del engaño masivo- llevaría la mano de Zapatero -el bambi zangolotino y narciso- a firmar el decreto de estado de sitio para todo el territorio nacional. En esas condiciones, no cabe cita electoral. Y si las elecciones no son posibles, quedan eliminados los derechos y las libertades individuales y colectivos. Y si se anula el núcleo duro de la Constitución, ésta queda reducida a cenizas sin necesidad de organizar un golpe de estado militar. Y quién sería gobernando no puede ser otro que la banda conocida. Y cuando una pandilla de facinerosos se pone al frente de un país, aparte de esquilmar su hacienda, echan sal en sus campos para que la hierba democrática nunca más vuelva a crecer.

 

La burra al trigo. Está en él. Cocea con toda la mala leche que ha ido acumulando después de tantos años de poder. Saquemos a la burra del sembrado. Por las buenas. Nunca de modo violento. Con la ley en el puño derecho y el derecho en la mano izquierda. Dejen la crispación a la burra.

 

Un saludo.

EL COCHE OFICIAL

 

Y el móvil. Y el portátil. Última generación. Me pregunto si lo de Llaguno Rojas es verdad. La prensa así lo dice. El hombre, alto cargo de la Junta de Andalucía, tiene su cochecito leré y su chófer lará. Qué pasa. Los prohombres del Psoe merecen esto y mil cosas más. Envidia. Mucha envidia es lo que sobra en este país de los siete pecados capitales, que dijera Díaz Plaja. El pueblo no piensa, ingrato, que este nosequé psoecialista se parte el lomo y se rompe la cabeza pensando en el bien de su pueblo. Fíjense el ardor laboral del personaje que, estando de baja laboral, se pasea en el vehículo postinero para engendrar riqueza a su tierra. Encomiable el usías.

 

Y lo de Llaguno, qué, si se recuerda a dos Alfonso Guerra. La incontenible fuerza de la naturaleza que es el longevo diputado -que sí, del Psoe- ya se manifestaba en los albores de los ochenta cuando, para no perder tiempo en la cola que guardaban los simples mortales, ordenó fletar un avión que le recogiera en la frontera ayamontina. No crean. Lo del Psoe es contagioso. Les dan un escaño y se escoñan. No sé lo que tiene el cargo, mami, yo no sé lo que tiene el cargo.

 

Y lo de Guerrero. Doña Petronila es caso aparte. Ahorradora en su vida privada, consume como una descosida en su actividad pública. Se dice que es dueña de tres “chaletes”, de no sé cuantos euros y de algún que otro carro. Dueña y muy dueña. Nada que alegar. Debe gastar menos en gasolina que Mario en libros. El sueldazo que debe reunir todos los meses la dama andaluza para compilar tan extenso patrimonio. En tanto, coche oficial aquí y allá. Oficina electoral en La Orden. Será en el centro histórico. Eso. Lo de la orden es una jugada del subconsciente. Cerquita del Gran Teatro. La orden se refiere al alejamiento de la prensa no adicta. Además, que como reconocida emperaora de la Plaza de las Monjas, su palacete París. Despacho barato el suyo. Como el Palacio. Anda que vive mal la que se postula como candidata a alcaldesa de Huelva.

 

Y lo de Chaves es el misterio de la demoníaca trinidad. Tantos años en la vanguardia ministerial y resulta que no tiene ni para comprarse un Mercedes nuevo. Será cosa de la foto de la tortilla. Porque Felipe, qué posee. Poca cosa. El señor González no tiene donde caerse muerto. Todo el tiempo, errabundo, sin destino fijo. Coche oficial, sí. Faltara más que un expresidente de la cosa tuviera que desplazarse en un Volvo de más de diez años.

 

Y qué. Y nada. Que chupar del bote es una seña de identidad del psoecialismo eterno. Blindo mis bienes pero el patrimonio público, como no es de nadie, se dilapida. Madre. Lo que hay que sudar para llegar a estos extremos de indecencia. Esto no se estudia en las universidades. Esto se aprende en los manuales de ética del partido que malgobierna España. Si hubieran estudiado, seguro que sus profesores les hubieran inculcado valores de respeto. Algunos de ellos habrán ido a la escuela. Sin embargo, lo más probable es que los maestros explicaran el no robarás o el no codiciarás los bienes ajenos alguno de los días que hicieron rabona.

 

La vida es como un libro en blanco. Unos lo emborronan con sus golferías. Otros dejan las páginas tal cual las encontraron. Únicamente los honrados dejan en la pulcritud de la hoja el ejemplo de una vida dedicada al servicio público. El coche oficial es el paraíso de muchos sinvergüenzas. Y de muchas. No se me enfade  el rojerío bibianesco.

 

Tengo una ovejita Lucera. Tú no tienes nada. Él/ella, un hermoso coche oficial. Y un móvil. Y un portátil. Son la última generación de los politiquillos que ponen una vela a Lucifer y la otra a Satán. Con Dios no se atreven. No sea que les pille en un renuncio como al señor Llaguno. Rojas.

 

Un saludo.

LA VÍA PENAL

 

La posibilidad de optar por la jurisdicción penal dentro de la estrategia de ejercicio de acciones judiciales que un abogado puede plantear resulta chocante entre la casta colegial y, especialmente, en la jurisdicción. Qué pecado, dicen unos. Barbaridad, arguyen otros. Principio de intervención mínima, señalan entrambos. El límite es la gravedad del atentado contra la sociedad. Lo de la gravedad se ha enseñoreado del ya ambiguo concepto que es la indeterminación jurídica. Qué es lo grave y lo gravísimo. Distinga lo penal de lo administrativo. Por ejemplo.

 

El Supremo se conduce con una rapidez inusitada a la hora de remitir la presunta prevaricación de Chaves a la jurisdicción administrativa. Si existe o no el delito, es la primera cuestión a elucidar. Pudiera ocurrir que un top manta sea objeto de un juicio penal y un presidente de la Junta, no, cuando el escándalo del segundo, en virtud de sus atribuciones institucionales, de su recorrido partidista, de la magistratura que ostenta, es infinitamente superior al pobre inmigrante que se malgana su triste vida de extranjero en un país sin trabajo.

 

La reforma del Código Penal amplía la estricta frontera de la intervención mínima. Lo que pasa es que algunos jueces y no pocos fiscales son bien propensos a confundir la intervención mínima con la mínima intervención. La diferencia en la ordenación de los términos es tan decisiva como la de llamar pobre hombre a quien es, simplemente, un hombre pobre. Se ponga como se ponga el vicepresidente Chaves y diga lo que diga el Supremo de España, los hechos nos sitúan en un entorno prístino, transparente, ausente de bruma. Chaves padre era presidente de la Junta de Andalucía cuando Chaves hija era apoderada de Matsa. Concurren, pues, dos elementos objetivos y dos subjetivos que la propia doctrina del Ministerio Público reclama para hablar de prevaricación. Un doble parentesco y una doble función. En medio, el elemento temporal: al tiempo que lo era uno, actuaba la otra. No antes ni después. En ese ámbito doctrinal, cataclás. Diez milloncejos de euros, casi nada, pasan de la Junta a Matsa.

 

Mientras tanto, las denuncias interpuestas han sido archivadas debidamente. En la papelera del aseo. Lo cual nos introduce en un nuevo elemento prevaricador. El nuevo presidente, Griñán, ni siquiera se digna, ni para simular, abrir un expediente informativo que disipe dudas y desahucie sospechas. Qué va. El sustituto no tiene lo que hay que tener para despeinar al máximo dirigente chavista. Le iba a durar el cargo un telediario de Prisa.

 

Así que los que se rasgan las vestiduras por lo de la intervención mínima, más vale que comiencen a coser sietes y a hacer pespuntes. O tiran las costuras y adquieren nuevas togas. O directamente buscan nuevos horizontes laborales. O, sencillamente, se bajan al moro en la próxima. Lo que no pueden es generar más inseguridad jurídica que la que ya crea, per se, la propia Administración.

 

Estamos llegando a un extremo social en el que la Administración controla a la judicatura y a la Fiscalía. No al revés. Al derecho. Montesquieu se fue, al hoyo, tiempo ha, de la mano en el pico y la pala de los que en la Dictadura reivindicaban la separación de poderes. Eso era antes. Ahora los panchovillas de la inmundicia son los maximilianos andaluces. Y claro, no es lo mismo.

 

La decisión de la profesora sevillana de llevar al tribunal académico a los tribunales de justicia por una presunta falsificación documental, me parece un acto saludable. Los falseamientos documentales de la Administración son tantos que, de conocerse, sonrojarían al Ministerio público. Lo que pasa es que los fiscales miran el principio de mínima intervención. Mínima. Cuando el chorizo mangue seiscientos euros. Si el chorizo tiene que ver con la Administración, entonces al Contencioso. No sea que terminen en el trullo.

Un saludo.

SUPRIMIR, REPRIMIR

 

Lo de cortar cabezas es un juego nacional. La guillotina de los revolucionarios franceses fue la materialización de una idea mucho más antigua que el acto de decapitar. Coronamos, primero. Cortamos las testas reinantes, después. A poco que se desmande el campeón de lo que sea, acuciamos al verdugo a que lustre el hacha y se gane el sueldo. A degüello. Separada del tronco la chola del efímero líder. No importó nunca la calidad de su sesera o la magnitud de caletre de su calabaza. Tampoco el patíbulo en el que colocó el esqueleto del magín. Lo interesante siempre fue, es, cortar cabezas.

 

En democracia como en la dictadura, en régimenes monárquicos como republicanos, las instituciones se suprimen con velocidad del rayo. Los gobernantes pueden morir en la cama o en el olvido de la ciudadanía. Antes se privó a sus cuerpos del testuz donde escondía su supuesto juicio. Las instituciones nacen para ser suprimidas y, una vez eliminadas, vuelven a convertirse en objeto de concupiscencia de los mismos que las enterraron. Deporte de ociosos. Hobby de inconsecuentes.

 

La nueva apuesta colectiva es quitarse de enmedio a las diputaciones provinciales. No sirven para nada, es el clamor extendido de los debeladores de aquellas antiguas juntas antinapoleónicas. Son la simiente de la corrupción política provincial y nido donde se crían asesores de la nada y retaguardias políticas terminales, aseveran con gran énfasis. Nadie se detiene a explicar la importancia de estas colectividades públicas. Bastaría decir que su buen gobierno conduciría a apreciar su papel. Claro que como son desgobernadas, la sinécdoque se apodera una vez más de la realidad y metemos en la bolsa de la basura toda la mugre que generan los irresponsables que, en nombre de la democracia, se ciscan en ella. Suprimir diputaciones, no. Descabezarlas de ineptos, vía legal, pues claro. Como se despioja una pelambrera que no conoce champú.

 

La diana se ha puesto ahora, en los dos últimos años, en las Autonomías. En estas organizaciones del Estado español se apostan las vanguardias de la democracia regional. Pequeños reinos taifas se han reproducido en lo que debieran ser reductos descentralizados que procuran la cercanía de la política a las necesidades del pueblo. Es verdad que gastan lo que no ingresan, que deben lo que no tienen, que son avisperos de conspiradores, que hacen de la justicia leña, que de la enseñanza, escarnio y de la sanidad, aspaviento. Todo eso es verdad. No obstante ello, la Autonomía es una instuitución democrática consagrada en el Título Octavo de nuestra sacrosanta Constitución. El remedio no es matar a la Constitución. La solución pasa por exigir, por conducto de la legalidad, que los presidentes de esas comunidades sean tales en vez de reyezuelos golfos que se intitulan emperadores del vellocino de su ambición.

 

Puestos a sacar los colores a las vergüenzas de nuestro Parlamento, prescindamos de las Cortes. Total, si se hallan secuestradas por los partidos. Ya está. Extirpemos a los partidos por más que la metástasis corroe las vísceras del cuerpo social. Tampoco estoy por la labor. Los partidos políticos son fundamentales en un sistema de fuerza soberana del pueblo. Sería más fácil que actuaran conforme a derecho y de acuerdo a la bondad de la soberanía nacional. Si, como a día de hoy, continúan siendo banderías mafiosas donde se quita y pone secretario general, habrá que poner a pelar las greñas pobladas de liendres de sus dirigentes. Los nefandos, a la calle. Los buenos, que se les haga sitio. Con esta manía exterminadora, mañana acabaremos volando la caja torácica territorial de la nación española. De ese modo, habremos hecho el trabajo sucio a los etarras y parásitos de la banda asesina. Asimismo, habremos picado el anzuelo de la izquierda de vodevil que representa como nadie el genio del sainete bufo que es Zapatero. Con lo fácil que es destituir, sin privarle de su testera, a los incompetentes que se colocan al frente de las instituciones.

 

Lo demás es alentar la represión. Reprimir, lectores, no es sino castigar desde el poder y con el uso de la violencia, el libre ejercicio de la libertad y de la igualdad que la adjetiva. Eso sería el suicidio de la democracia. El mismo pueblo firmaría el decreto de muerte de su soberanía como un Robespierre de vía estrecha que decide autosuicidarse. Para ese viaje, no hacen falta estas alforjas. Entreguemos el poder al Psoe per saecula saeculorum. Y ya está. Se acabó la democracia. Muera su dictadura.

 

Un saludo.

LA IZQUIERDA SE REMUEVE

 

 Se revuelve y se agita. Cuando la izquierda moja su ideología bizcochable en el chocolate espeso de la derrota democrática, toda ella se embadurna de insano betún. Es un axioma. No importa el lugar, la fecha, la religión o el clima. Verdad que no precisa demostración. Va a misa. Lo mismo ocurre cuando la demagogia gana el partido a la democracia. La razón del voto nunca puede ser suplente en el partido de los pueblos. El banquillo no es sitio para sensatos. El fomento de los sentidos más sensuales y el sonido de la música más ligera puede gustar mucho a casi todos. Sin embargo, el estribillo fácil vende mejor que la novena sinfonía.

 

Los Gobiernos totalitarios siempre han caido en la tentación de recordar las circunstancias que hicieron posible su llegada al poder. Musolini y Hitler escarbaron en la bajuna económica para convertir sus figuras tiránicas en cantos de cisne del comunismo. Lo mismo que Lenin y Mao repitieron hasta la ronquera los desmanes del capitalismo. Elemento común de estos regímenes, la dictadura más repugnante y, con ella, el pisoteo de las libertades y de los derechos individuales. Unos y otros se funden en la boñiga infesta de sus propias deposiciones.

 

En España, el Gobierno democrático de Aznar ha provocado heridas en el partido psoecialista que nunca cicatrizaron. El hundimiento del Prestige no bastó a los de Zapatero. La campaña de la Guerra de Irak fue insuficiente para apartar a los electores de su intención de seguir votando a los populares. Atocha tuvo que ser. Zapatero se subió en esa estación. El leonés tuvo mucho cuidado, sin embargo, en recordar el atentado como leif motiv de su triunfo electoral. Mucho cuidado. Sí echó toda la carne al fuego de Irak, en una cabriola del recordatorio fáctico, para atraerse los aplausos del pueblo a su política inane y a su fantoche talante. Atocha fue la consecuencia de Irak. Zapatero, el almuédano de los islamistas radicales. Todo lo que contribuyera a atizar el odio contra el del “bigotito”, era manipulado con especial alumbramiento por los boys de la araña negra y del faisán.

 

La crisis es siempre el detonante que sublima las ansias delirantes de los dictadores. Ahora que la ruina tiene contra las cuerdas a los demagogos que irrumpieron en los andenes del sur madrileño, ahora, digo, los del Psoe tiran de su extenso repertorio propagandístico y de su amplio fondo de armario de violencias. Ahora, insisto, ante la inminencia del revolcón de las urnas en las municipales, los modos ya no se reprimen y el talante ofrece su verdadera faz. Toda una panoplia de actitudes recientes servirían de concausalidad a lo que se viene explicando. Todo un rosario de hechos noticiados sirven de base al anterior aserto. Con todo, me detendré en uno que explica hasta qué punto la tensión crispante y la crispación tensa constitúyense en las armas de destrucción masiva que tan ligeramente manejan los de Rubalcaba.

 

La agresión al Consejero de Cultura de la comunidad murciana es el ejemplo. Le han partido la cara. Tres individuos le han agredido. Hasta la fecha, la policía rubalcabiana no ha efectuado detención alguna. Cuando José Bono fue supuestamente agredido -en realidad, nunca se mostró ni se demostró el ataque-,  la reacción del zapaterismo fue contundente. En pocas horas se metió en chirona a unos ciudadanos que, poco después, fueron puestos en libertad porque su inocencia era indiscutida. En Murcia, no. No. Porque en Murcia, el Gobierno es del PP. Si estuviera en manos de los de Pepe Blanco, qué les digo. Ni siquiera cabría agresión. Y de producirse, cielo, tierra y mar serían escudriñados hasta encontrar a los autores.

 

No digo que los agresores pertenezcan al Psoe. Sí que son ultras de la llamada izquierda fascista. Y sí que mientras la sangre que corra sea la de gente del PP, nada pasa. Eso es una vergüenza. Los ataques al PP por parte del Psoe son un atentado a la justicia y a la ley. Las personas tenemos el deber, la ineludible obligación, de exigir que se respete el estado de derecho y de reclamar que la ley se aplique igual a todos. No valen silencios. La izquierda derechizada que el Psoe es, puede tener patente de corso. Esa patente debe serle retirada. Por asepsia democrática.

 

Un saludo.

DE QUÉ SE QUEJAN

 

Los españoles. Mira que somos quejicas. Total. Por tres pisotones, dos puñetazos, una buena puya y una manita de navajazos. En el alma. Muy hondas las heridas. De las que hacen sangrar. Así y todo, siguen de pie. Quejicas. No se acuerdan del seguro Zapatero.

 

Los trabajadores desempleados, a dos velas. Los funcionarios, con un cinco por ciento menos de ingresos. Las mamás, sin cheque bebé. Los ancianos, con dependencia sin ley. Los jubilados, los congojos de corbata. Para colmo de males, el IPC casi triplica el incremento salarial que se pactara en los convenios colectivos. El poder adquisitivo, como la luna en cuarto menguante. A diferencia del satélite, este cuarto se va a prolongar durante años. No se acuerdan de la Champions League de Zapatero.

 

Y mientras el carburante asciende peldaños en su escala de precios, los bancos restringen los créditos a las familias y a las empresas. El consumo toma las de villadediego, por más que la gente se arremoline en los cortinglés en busca de la imposible ganga perdida. Ahorra, español, que cuanto más guardes, más protegido estará tu líquido. No por mucho ahorrar, amanece más temprano. Si el consumo se frena, la producción se va al carallo. En cuyo caso, la competitividad de las empresas se traducirá o en cierre o en despidos por razones objetivas de pérdidas económicas. No se acuerdan de las promesas de Zapatero de que recortar derechos sociales, ni uno.

 

Las promesas de los psoecialistas valen lo que la palabra de un camello pillado con cámaras y ante cientos de testigos con un kilo de coca a la puerta de un juzgado. Lo mismito. Que la culpa es de Aznar. Por favor. Ahora resulta que a la mano derecha de Tomás Gómez, el candidato del Psoe a la presidencia de la Comunidad de Madrid ha sido condenada -condenada- por un delito de prevaricación. La sentencia disipa la presunción de inocencia. La señora Rollán es una delincuente. Que se recurra al Supremo, o no, es cosa distinta. No, por favor, no. Delincuentes son los del PP. Los psoecialistas son robinhoods de barrio y de pueblo. Roban a los ricos pobres para dárselos a los pobres ricos. Hagan memoria acerca de los cien años de honradez.

 

La queja es la manifestación de una desazón. Los españoles son unos quejicosos, acusan los amigos de Chaves. Se lamentan demasiado y sin causa. Qué razón tiene el papá de Paula, la de MATSA. En Andalucía habitan casi siete millones de personas. Siete millones. Y entre siete millones, se van a fijar en una hija, tres hermanos y cuatro sobrinos. Hombre, por favor. Por una docena de familiares, la “polvarea” que están levantando. Andalucía es tierra de luz y de copla, de risa y de grasia con ese de señoritos. En la tierra de María Santísima, que diría Pemán, no hallan acogida los jeremías, los plañideros o los gemebundos. Para un sarao post mortem, bueno está, pero para estas faenas, ya tenemos a Canal Sur. La una. La dos. La tres. Las que sean. Ad maiorem gloriam regis. Memento: Se puede morir de éxito.

 

Cuídate mucho de hacer llorar a una mujer; Dios cuenta sus lágrimas. Así reza un antiguo refrán español. Puede que Dios esté tan ocupado contando, que los creadores de penas aprovechen el momento para machacarlas más. Andalucía tiene nombre de mujer. Sus penas son tan viejas como su historia. Nunca paró de llorar. El cante jondo no es sino el desconsuelo desgarrado de corcheas. Los que dan el cante con los lloriqueos de los parados andaluces son los amigos de los telediarios del régimen. Tanto llorar. Griñán nos da pan, tierra, libertad,... y cursillos de formación. Y mañana, nos va a regalar , a qué no saben, como diría mi compadre -qepd- un “mojol”. Como el que había en El Conquero. Remember.

 

Un saludo.